SwordsMaster

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Sobre SwordsMaster

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  1. Retiro

    omg too much drama Ya en serio, Jano. Suele llegar el momento cuando las horas no dan y hay que sacrificar cosas. Yo también sacrificaría el rol si los tiempos se me hicieran más cortos, y supongo que eventualmente lo harán. Tu decisión es de lo mas sensata y normal, y me alegro por ti. Buena suerte en todo y cuídate del mal sin nombre por las noches. (¿Suficiente drama para ti? Puedo decorar el mensaje aún más si quieres)
  2. [Trabalomas] Operación Broquel

    VTP Nombre en clave: Vecinos de la Torre Próxima Era de tarde en las Laderas de Trabalomas. Desde el campamento, observando la posición del sol, se podía intuir que quizás faltaban unas horas aún para el ocaso. Jared y Santiago se habían reunido en un inicio debatiendo sobre la torre abandonada que se encontraba al noreste del campamento, y pronto se les unieron Elegost y Pecas. Jared propuso una idea que quería tratar de descartar: Iría a dialogar con los habitantes de la vieja torre, acompañado por Pecas, mientras Elegost y Santiago cuidaban ocultos desde los flancos. Cuando se disponían a partir una visita inesperada llegó al campamento; Alayratiel. Santiago no le dio mucho tiempo a saludar a nadie o ponerse al día con Elegost, pues nada le gustaba la idea de retrasar la misión con semejantes impertinencias: Destinó a Alayratiel junto a Jared en la misión diplomática y entonces se pusieron en marcha. A mitad de camino Elegost y Santiago ya se habían separado del grupo diplomático, buscando alcanzar los flancos de la torre por el bosque, subirse a un buen árbol y tratar de no llamar la atención para poder vigilar tanto al grupo como a la torre desde allí. Cuando el grupo alcanzó la torre, un lancero estaba frente a una hoguera improvisada en la entrada, que no tardó en desenfundar su lanza al avistar a los campistas vecinos. Las palabras se intercambiaron durante largo rato. Se intentó ofrecerles ayuda, alojamiento, trabajo, comida. Toda ayuda ofrecida lo denegaron fervientemente. Sobre el final, el hombre de la lanza había llamado a casi cuatro más de los suyos de dentro de la torre que solo esperaban problemas por parte del grupo. Sin embargo el grupo diplomático de campistas se retiró pacíficamente, con la única advertencia de tomar su campamento y marcharse, además de una insinuación de que habían descubierto que tenían a un vigía armado en los árboles haciendo guardia mientras hablaban. Al final, al grupo solo le quedó volver al campamento con un amargo sabor en la boca y una sensación de que se acercaban problemas. // Rol corto de diálogo con los vecinos, creo que no fueron mas de 2 horas. Este es el primero de los dos resúmenes sobre este rol, el siguiente lo postearé luego con lo que ocurrió un par de días luego. Master: @SwordsMaster Participantes: @Kario como Jared Miller - Advertir/Notar @Blues como Audrey Lee - Advertir/Notar @Rupphire como Alayratiel Aureaster - Advertir/Notar @Stannis the Mannis como Elegost Faler - Escalar, Sigilo, Advertir/Notar @SwordsMaster como Santiago de Sveri - Escalar, Sigilo, Advertir/Notar
  3. Decoradores

    Dios sabe que lo necesito.
  4. [Ficha] Higashi Saito

    Atributos 6 Físico 6 Destreza 8 Inteligencia 6 Percepción Valores de combate 24 Puntos de vida 24 Mana 7 Iniciativa 7 Ataque CC (Vara de combate) 7 Defensa Físico 1 Atletismo Destreza 1 Escalar 1 Vara de combate 1 Defensa 1 Nadar 1 Sigilo 1 Lanzador Inteligencia 1 Fauna (Pandaria) 1 Religión (Augustos celestiales) 1 Sanación/Hierbas 1 Tradición/Historia (Pandaria) 1 Arquitectura Pandaren 1 Matemáticas 1 Astronomía 1 Alquimia -Poción explosiva débil -Poción de salud débil -Poción de maná débil -Poción de Yu'Lon débil 1 Idioma elemental 1 Protección elemental menor 1 Pacificar elemental menor 1 Respiración acuática 1 Invocación curativa 1 Sanación elemental Percepción 1 Comercio 1 Bailar 1 Reflejos 1 Música (Canto) 1 Música (Pipa) Escuelas/Especializaciones Restauración Elemental Alquimia Aprendiz Poción explosiva débil: Un frasco arrojadizo hasta a 2 turnos de distancia que genera 1d3 de daño que ignora armaduras a un máximo de 3 objetivos juntos. Poción de Salud Débil: Regenera 1d6 PdV en combate. Solo puede sanar daño leve (Por encima del umbral de herido). Poción de maná débil: Calma la mente, restableciendo 1d3 PdM al ser ingerida. Poción de Yu'Lon débil: Aumenta la velocidad de pensamiento del usuario y su conexión con las artes místicas, otorgando +1 de Inteligencia (Sin alterar el Maná) durante tantos turnos/minutos como nivel de alquimia del creador. Tras acabar el efecto la mente queda entumecida, otorgando -2 de Inteligencia (Sin alterar el maná) durante lo que queda de día.
  5. Higashi Saito

    Nombre del Personaje: Higashi Saito Raza: Pandaren Sexo: Hombre Edad: 27 Cumpleaños: 04 de Huáiyí (04 de Enero) Altura: 2'15 Peso: 220 Lugar de Nacimiento: Floralba, Bosque de Jade Ocupación: Científico, estudioso, alquimista y filósofo errante Descripción Física: Saito es un pandaren que no destaca demasiado de la media en altura, con un cuerpo en buen estado y un pelaje frondoso y brillante denotando el goce de buena salud. Su cabello está recogido en forma de coleta de caballo sobre la cima de su cabeza, de un color marrón oscuro que se repite a lo largo de varias partes de su cuerpo, siendo la excepción la zona del vientre, el pecho, las muñecas, los pies y partes de la cara en donde su pelaje es de un tono color blanco. Sus ojos son de un color verde oscuro que recuerda a los bosques de los que se origina, estando estos rodeados por dos manchas de pelaje marrón. Sus zarpas no son especialmente largas ni están mucho más afiladas que las de otros pandaren y de hecho se podría decir que, al contrario, sus zarpas son algo más pequeñas y redondeadas que las de la media. Descripción Psíquica: Saito es un pandaren disciplinado y diligente en todo lo que se propone, pudiendo llegar a abarcar largas horas de trabajo con gusto si con ello obtendrá nueva sabiduría sobre el mundo. Su perseguimiento del saber le ha vuelto un ser especialmente filosófico, a menudo planteándose situaciones y cuestionando cosas que el resto de sus compañeros raciales normalmente no se plantearían. Pero esto no lo hace en un afán de perder de vista el presente, lo cual considera de las cosas más importantes, si no en un intento precisamente de entender su presente y el de todos cuantos le rodean. ¿Cómo floreció esa flor? ¿cómo llegó a ser? ¿por qué la encontramos algo bello? ¿por qué una flor y no una piedra? ¿puede ser una piedra bella? ¿Qué es “bello”? Saito no ve estas preguntas como un medio para entender el pasado, ni el futuro, si no el presente en el que él y todos los demás viven, y adora plantearse tales preguntas durante horas, así como divagar largo y tendido sobre todas las cosas. Posee además un fuerte respeto por los elementales de Pandaria así como por los Augustos celestiales, de los cuales aunque adora a todos es Yu’Lon la fuente de su inspiración desde que era pequeño, pues por su color de ojos creció rodeado de historias y supersticiones que le ponían a él como alguien favorecido por la imponente y sabia entidad. En el resto de cosas Saito es de temperamento calmado y meditativo, con una astucia y conocimientos destacando por encima de la media en parte por sus orígenes, en parte por sus estudios y, quizás, incluso un poco en parte por un intelecto nato, incluso si Saito es demasiado modesto para reconocerlo de tal modo. Filosóficamente tiene una cierta inclinación por la filosofía Tushui, pero como muchos otros no recurre al fanatismo y trata de hallar un equilibrio en el que pueda mantener su flexibilidad sin dejar de lado su disciplina y diligencia. Historia Prólogo: Cuando bebas agua, recuerda la fuente Un joven pandaren se encontraba observando desde su habitación el exterior, el resto de la enorme ciudad de Floralba. En aquellos precisos instantes se encontraban en pleno invierno, y el frío incluso en un sitio tan frondoso como lo era el Bosque de Jade era palpable. Fuera se podía apreciar toda la gloria de su ciudad natal, pues su hogar se encontraba en uno de los puntos elevados de la ciudad en donde las vistas y las perspectivas de estas eran sencillamente increíbles. El joven Saito de apenas nueve años solo podía atinar a maravillarse cada día observando las increíbles estructuras que decoraban su ciudad, recordando las historias y lecciones que su padre le impartía constantemente, pues ese era un buen gusto en común entre padre e hijo que el joven pandaren gustó desde pequeño compartir. Saito había crecido desde que tenía memoria con su padre, Higashi Dalai, como el mayor modelo a seguir y al que aspirar, e incluso si los años le demostrarían que el camino que le aguardaba era sustancialmente distinto, era innegable que en aquel entonces la figura de su padre era una de las cosas que más maravillaba al joven. Su padre se trataba de una persona jovial y optimista, capaz de valorar cada placer de la vida sin perder de vista jamás su deber en la sociedad del Imperio; su labor era tan sagrada para él como los mismos augustos celestiales y pocas cosas había en el mundo capaz de apartarlo de la diligencia que aportaba en su trabajo además del tiempo que pasaba con su familia, la cual siempre había sido y siempre sería su primera prioridad. ¿Y a qué se dedicaba su padre, que tanto fascinaba al joven? Como uno de los Eremitas de la ancestral ciudad de Floralba, su padre se dedicaba a la recaudación de todo conocimiento por antiguo que fuese y a mantener la historia de su pueblo para que nuevas generaciones pudiesen aprender de los errores y aciertos del pasado y aplicar la nueva sabiduría encontrada en esas lecciones, y fue de su padre de donde surgió en Saito el enorme respeto por los Eremitas de todo el Imperio Pandaren que hasta la actualidad aún carga consigo. Ese frío día de invierno en particular tenía algo de especial. Saito tenía nueve años ya porque los acababa de cumplir, y este era su cumpleaños. Era muy temprano por la mañana y se acababa de despertar, pero incluso tan temprano ya podía oír a sus padres más allá de su habitación preparándolo todo para otra enorme celebración llena de los conocidos de sus padres y los amigos que Saito había conocido en sus pocos años de vida en la ciudad. Pero, lo más importante, habría otro año más una enorme cantidad de las increíbles comidas preparadas por su madre. Su madre, Higashi Jia Li, siempre había sido una figura más doméstica y maternal para Saito de lo que lo era su padre. Donde su padre se encargaba de cultivar los conocimientos de su hijo y la disciplina, su madre se encargaba de cultivar en su hijo la bondad y el aprecio por la vida, una labor que Saito siempre valoraría y atesoraría en sus recuerdos como la más valiosa de sus memorias. Ella era además quien preparaba todos esos deliciosos platos y recetas de un sabor incuestionable que dos veces al día reunían a su pequeña familia. Sin embargo, a pesar de oír a sus padres trabajar duramente en tenerlo todo preparado para recibir con un enorme festín a todos los vecinos, conocidos y amigos de la familia no podía oír ningún regaño de sus padres, por lo que solo podía asumir con total certeza que Mei no se encontraba levantada aún. Higashi Mei Lin se trataba de su hermana menor de seis años, tres años más joven de lo que lo era Saito. Se trataba de una bola de energía que siempre iba detrás de su hermano mayor, metiéndose en problemas y toda clase de situaciones en las que de alguna u otra forma acaba envolviendo a su hermano inocente en las locuras de su hermana y en los que el joven pandaren no tenía ningún interés en verse envuelto en primer lugar, pero parecía ser algo casi inevitable. A pesar de ello era su hermana, y él la apreciaba más que a nada en el mundo solo seguido por el amor, admiración y respeto que profesaba a sus padres. Luego, mientras con toda la calma del mundo Saito se vestía para afrontar el animado y ajetreado día que le esperaba para su cumpleaños, oyó el primer ruido de cerámica rota avisando de que su hermana se había levantado al fin, seguido de un pequeño regaño de su padre y los sonidos posteriores de una risa restándole importancia tras el reproche. Oyendo las risas, Saito a menudo se daba cuenta en una muestra de madurez excepcional para su edad que de nada podía quejarse, pues la fortuna era buena y le sonreía, y la prosperidad abundaba en su pequeña familia. Acabando de colocarse su ropa de tela fina y suave se dirigió con una sonrisa y pasos veloces a donde su familia se encontraba. Efectivamente, su madre ya se encontraba preparando toda clase de platos que no podía esperar a hincarles el diente para probar y saborear cada uno de ellos. Su padre se encontraba barriendo los restos de una pequeña jarra de cerámica que usaban para guardar agua y su hermana, presta y activa como siempre ya había desaparecido de la escena, probablemente para salir por todo el barrio a reunir gente. Y aunque Saito prefería y valoraba más las celebraciones modestas y las pequeñas muestras de afecto, no podía negar que la compañía de sus vecinos era buena y siempre bienvenida, y que el esfuerzo y esmero que sus padres ponían en dar un gran día en el cumpleaños de cada uno de sus hijos era digno de valoración y agradecimiento. Ese día transcurriría sin incidentes, y sería el cumpleaños que Saito con más fuerza recordaría por el resto de su vida, pues era la última celebración que él y su hermana compartirían jamás con su madre. Capítulo 1: Es de las nubes más negras que cae la lluvia más fresca Tras cuarenta y siete días de intensa lucha, Higashi Jia Li había acabado falleciendo al perder su lucha física contra una enfermedad acarreada por el duro invierno. Había enfermado tan solo dos días luego del noveno cumpleaños del joven Saito, y ahora la ausencia y el agujero en la familia se hacía sentir con dolor y pena. Pero su padre, fuerte y con una sabiduría que para los inocentes niños parecía infinita, se sentó junto a sus hijos en un banco de piedra. Justo en frente había un hermoso árbol de hojas rosas, hojas diminutas aún, que despertaban con la recién entrante primavera. Era la clase de árbol favorito de Jia Li y era por esa misma razón que era allí, debajo de este que yacía ahora su madre. Su padre les explicó allí, en esa misma tarde, sobre conceptos a los que los jóvenes niños aún eran inocentes. Les explicó sobre la pérdida y la pena, y les relató la historia del Emperador Shaohao. Con su ejemplo y una de las historias que tanto fascinaban a ambos niños, Dalai logró explicar a sus hijos de una manera simple cosas tan complejas como la vida misma y la lucha de cada día por mantener en equilibrio las emociones. Fue con ese ejemplo y esa historia que les explicó el por qué era importante no dejarse vencer por el miedo, la duda o incluso la ira. Fue con ese ejemplo que les explicó que no debían enfadarse con la naturaleza o el mundo por haber tomado a su madre tan temprano, si no que en su lugar entendiesen que algunas cosas no podían ser cambiadas y que otras tantas estaban destinadas a suceder, y que en su lugar honrasen la memoria de su madre viviendo cada día como si fuese el último, pues era lo que ella habría querido y esperado de sus hijos. Aunque la herida tardaría en sanar, las palabras de su padre en aquella tarde de los primeros días de primavera calarían profundo en ambos niños, que crecerían para convertirse en jóvenes amantes de la vida misma, entendiendo que todo ocurría por una razón. Los años consiguientes pasaron con una relativa normalidad. Su padre dedicaba más tiempo a sus hijos que a su trabajo en ausencia de Jia Li, pero era un precio que estaba dispuesto a pagar pues incluso si valoraba su trabajo, nada era más importante que la familia y Dalai lo tenía claro. Y, con el tiempo, algunos de los platos que había aprendido a preparar a sus hijos llegaron a rivalizar incluso con los de su difunta amada. Saito había alcanzado la adolescencia, y fue con sus 16 años que se enfrentó a la primera gran decisión de su vida. Tres caminos se habrían ante él de los cuales podría escoger solo uno y alteraría el curso entero de su vida. El joven se encontraba en su habitación observando de manera meditativa la imponente ciudad de Floralba desde la altura como solía hacerlo desde que tenía memoria. Una suave brisa recorrió la ciudad arrastrando varias hojas de otoño por el aire que cruzaron por enfrente a la ventana de Saito, varios metros más adelante. El sol se estaba ocultando en el horizonte y el día estaba llegando a su fin. Había tenido una buena vida en Floralba, y aquel apego por su tierra natal y todas las personas maravillosas que había conocido allí era lo que hacía la decisión tan difícil. Su primera opción era permanecer allí, permanecer junto a su hermana, su padre y todos sus amigos y conocidos, sus vecinos y hasta los animales y mascotas del barrio, todo con cuanto había crecido y a cuanto tenía apego y cariño. Tendría que conformarse con estudios locales, quizás acabar abriendo un negocio, tener una vida totalmente normal pero rodeado de todas las personas que amaba. Pero una parte de él sentía un impulso de aventura y una atracción por lo desconocido, una necesidad de conocer más de lo que abarcaba su ciudad, y su padre lo sabía. Sus otras dos opciones involucraban abandonar la ciudad por una cantidad de años indeterminados, quizás incluso por siempre. Su padre se había sentado a tener una charla seria con su hijo hacía siete noches ya. Le preguntó a su hijo que quería hacer, que le gustaba y cual era su verdadera pasión en la vida. Tal fue el orgullo de su padre, un Eremita erudito hasta la médula, cuando su hijo mencionó que su pasión era el aprendizaje y el estudio de todas las cosas que le rodeaban, e incluso de él mismo y el resto. Saito desde siempre había sido un joven que le fascinaba todo y que le encantaba hacerse preguntas sobre el mundo y el yo, y su padre lo sabía e incluso lo entendía. Fue esa noche que su padre le presentó sus otras dos alternativas. Por un lado podía dirigirse a uno de los templos dedicados a Yu’Lon en el Bosque de Jade, donde entrenaría junto a los monjes y eruditos que dedicaban su vida al estudio de los augustos celestiales, con especial énfasis en la sabiduría y el entendimiento propio, y era por sus ojos verdes que muchos en su círculo de amigos e incluso su propia hermana creían que aquel era el destino de Saito, beber de la sabiduría de Yu’Lon y convertirse en un monje dedicado a la divinidad. E incluso a Saito no le disgustaba la idea, pero su padre creía en un camino distinto para su hijo, un tercer camino que no había contemplado. En una de las grandes academias más multidisciplinarias del Valle de los Cuatro Vientos, en la ciudad de El Alcor, se encontraba un tío de Saito y hermano de su padre, y era además la academia en donde ambos hermanos habían estudiados. Era la academia en donde su padre había estudiado. Allí podría cumplir con la mayor pasión de Saito, la cual fervientemente había heredado de su padre: Allí, podría comprender el mundo que le rodeaba, estudiar el pasado, aprender del pasado y trabajar por mejorar el presente. Además; tendría a su tío, otro Eremita, que podría darle guía y cobijo en aquella ciudad. Y una parte de él le fascinaba la simple idea de conocer a su tío, de quien apenas había oído de su existencia en todos sus años de vida. El sol se había acabado de ocultar en el horizonte. Saito entendía la profundidad de esta decisión, pues estaba decidiendo el transcurso entero de su vida. Sus tres decisiones se limitaban a permanecer junto a su familia y amigos, convertirse en el monje que todos esperaban que se convirtiera o seguir su pasión y estudiar en una lejana academia. En cualquier caso, la decisión era delicada y Saito lo meditaba cada noche desde que había tenido esa charla con su padre, preparándose para el momento de afrontar la decisión, pues en su corazón no debía haber duda alguna cuando el momento llegara. La noche había caído. Saito cerró la ventana y apagó las luces de su habitación soplando suavemente las llamas. Pronto tendría que tomar una decisión, y no había mejor modo de hacerlo que bien descansado… Capítulo 2: Para quien no sabe a donde ir, todos los caminos sirven Una joven Ashigaru de no más de veinticinco años se había ofrecido a acompañar al joven Saito hasta la salida del Bosque de Jade. Lo cierto es que el bosque era peligroso para cruzarlo un joven de dieciséis años en solitario, así que la compañía en el camino había sido más que bienvenida por Saito. Para su fortuna, sin embargo, nada había ocurrido en el trayecto y tras varios días habían logrado alcanzar la salida del bosque que daba al Valle de los Cuatro Vientos. En ese punto la Ashigaru se despidió de Saito y sus caminos se separaron, pues debía regresar a Floralba y el joven continuar su trayecto hasta El Alcor. El trayecto a lo largo del valle pronto se tornó monótono, pero Saito apreciaba una belleza inexplicable en el paisaje con cada paso que daba en aquella nueva tierra. Acostumbrado a grandes extensiones de árboles cubriéndolo todo, el valle contrastaba con enormes extensiones de tierras visibles desde la lejanía y distancias casi vertiginosas que jamás habría imaginado. En donde no había grandes extensiones de césped, las granjas inundaban la vista junto con alguna aldea ocasional. Saito mismo tuvo que cruzar un par de ellas durante su viaje a El Alcor, en donde le recibieron con los brazos abiertos, con comida y con hospedaje, lo cual facilitó enormemente su travesía. Tras algunos días recorriendo los extensos caminos del valle el joven llegó a su destino. La enorme ciudad comenzó a alzarse en la lejanía, solo para recién tras un par de horas alcanzar la entrada a la ciudad. Allí tuvo que seguir las indicaciones que su padre le había dado para hallar la casa de su tío en El Alcor. Aunque algo perdido al comienzo, tras pedir algunas indicaciones a los lugareños logró encontrar el sitio. La casa de su tío se presentaba más grande que el hogar del que él provenía. Su tío le recibió con los brazos abiertos y una jovial y grave risa, acompañado de su esposa. Higashi Wu Hou era un nombre que no había oído en mucho tiempo excepto en contadas ocasiones de boca de su padre pues, aunque era su tío, este vivía demasiado lejos como para haber sido relevante durante la infancia de Saito. Por otro lado, Higashi Shi Lí era un nombre que jamás había oído, pues el casamiento de Wu Hou había sido hacía relativamente poco tiempo. Su tío se trataba de un pandaren alto, robusto aunque no especialmente musculado y de una voz gruesa, así como un pelaje de un tono marrón mas claro que el de su padre, de quien en comparación Wu Hou era además el más adulto, precisamente siete años más que su hermano menor. En la cocina ya esperaban a Saito con un auténtico banquete solo digno del Valle de los Cuatro Vientos, mayor incluso a los que había visto en las mejores festividades junto a su familia. Su tío le contó que trabajaba como Eremita, además de ser maestro de varias disciplinas en una de las academias de El Alcor, en donde compartía sus conocimientos con pandarens de todas las edades, jóvenes y adultos. Esa misma noche tras el festín con el que Wu Hou había recibido a su sobrino se le mostró a este la habitación en la que se estaría hospedando, en la segunda planta del hogar. La casa de su tío, así como su nueva habitación, se trataban de algo más grande y espacioso de lo que solía acostumbrar en su viejo hogar en Floralba y sin dudas le costaría un tiempo adecuarse al cambio. Para finalizar su tío se comprometió a llevarle al otro día hasta la academia, en donde podrían inscribir a Saito para recibir una educación más formal. Las luces de la habitación se apagaron y Saito quedo a solas una vez más. Observó por la nueva ventana de su habitación, ahora se trataba de una casa de dos plantas a lo cual no estaba acostumbrado pero la idea de poder ver la ciudad desde lo alto era algo a lo que sí estaba acostumbrado ya. Con cuidado tomó asiento en el escritorio que habían preparado para él y comenzó a escribir una carta que enviaría al día siguiente para hacer saber a su padre que el viaje había ido bien y que había llegado a salvo. Su nueva vida en El Alcor había comenzado. Capítulo 3: El tiempo discurre como el río, nunca vuelve La música sonaba alta en la ciudad. Se podía oír a los habitantes de El Alcor yendo de un lado al otro constantemente y preparándose para las festividades de verano y un aire jovial llenaba las calles de la ciudad, pues pocas cosas había que le gustase más a un pandaren que las festividades y los banquetes enormes llenos de bailes y risas. Saito atravesaba aquellas congestionadas calles tratando de alcanzar la academia, con calma y sin apurar sus pasos. Tenía ya veinticuatro años y la vida en El Alcor le había tratado bien. Tras seis años en la academia había logrado abrirse un hueco rápidamente e incluso si no solía ser especialmente popular sus ideas y meditaciones a menudo eran escuchadas, pues si por algo destacaba Saito era por su capacidad de razonar y meditarlo todo. El aire dentro de la academia era mucho más calmado. Aunque en El Alcor todos se preparaban para enormes festividades y banquetes todos tenían claro que la academia se trataba de un sitio de contemplación y aprendizaje, aunque no faltaba en la recepción de esta la preparación de algunos banquetes menores como parte de las celebraciones. Allí Saito se encontró con Wu Hou, quien había partido hacia la academia más temprano ese día. Las palabras que intercambiaron fueron breves, pues su tío se dirigía a impartir clases sobre arte y ciencia arcana mientras que, por otro lado, Saito se dirigía a una pequeña aula apartada en donde se estudiaban toda clase de danzas, movimientos, sonidos y música para conectar con los elementos. El día que Saito dijo a su tío, hacía ya tres años, que añadiría a todos sus estudios diarios un par de horas dedicadas a un reducto grupo de la academia enfrascados en el estudio elemental, Wu Hou le costó creérselo. Siendo un hombre ducho en los secretos de lo arcano había esperado que el joven Saito siguiera sus pasos, pero el caso había sido totalmente distinto. En su primer año el joven pandaren había mostrado un interés creciente por la música, el baile y el canto pues lo consideraba el modo más puro en el que un ser inteligente podía comunicarse. Como mera consecuencia natural, tras oír la historia de Yin y Yang en su segundo año durante sus lecciones sobre la historia del Imperio Pandaren el interés del joven adulto por todo lo relacionado a ellos no hizo si no más que crecer, y es sobre la historia de Yin y Yang probablemente lo más concreto en lo que llegó a versarse relacionado con la historia pandaren. Luego de eso había sido solo cuestión de tiempo antes de que, a las clases de matemáticas, astronomía, historia, música, alquimia y una larga lista de disciplinas distintas que le interesaban, se sumase el estudio de la comunicación elemental. Sin embargo, tras varios años Wu Hou lo había asumido e incluso alentaba a su sobrino a continuar con el camino que fuese de su pasión y elección, pues pocas cosas más importantes había que el estar conforme con la vida que uno mismo ha escogido, y eso era algo que su tío al igual que su padre comprendían a la perfección. El día acabó lentamente y el sol había comenzado a descender por el horizonte. La academia comenzaba a quedar vacía, y aunque la academia no cerraba de manera oficial era tradición como en cada año con la llegada de las diversas festividades de verano que muchos en la academia dejasen de lado sus responsabilidades un tiempo para dedicar enteramente las festividades y celebraciones a los grandes banquetes y fiestas. Su tío era una de esas personas, pero no él. Saito sabía apreciar las festividades y las aprovechaba tanto como podía, y sin lugar a dudas dedicaba menos horas de estudio y meditación durante los tiempos de verano, en donde podía aprovechar a reunirse con las amistades que había conocido durante su tiempo en El Alcor y festejar y comer juntos, o aquellas escapadas de un romance de verano de hacía dos años con una aventurera errante que había pasado por la ciudad, el cual se desvaneció con el tiempo cuando la intrépida y vigorosa aventurera volvió a partir de la ciudad en busca de aventuras. Saito incluso fue tentado ante la invitación de partir con ella, pues reconocía la pasión que la suscitaba la oportunidad de recorrer el continente de lado a lado para ver con sus propios ojos todo lo que había aprendido y sobre lo que usualmente meditaba y divagaba durante largos ratos. Pero era algo para lo que no estaba preparado, y había rechazado la invitación prefiriendo permanecer en El Alcor junto a su tío, estudiando tras la seguridad y comodidad que la academia otorgaba. Pero quizás, y solo quizás, eso podría llegar a cambiar un día… Pues la semilla de la duda y la tentación ya había sido plantada. Epílogo: El dragón inmóvil en las aguas profundas se convierte en presa para los cangrejos Saito cargaba ya con veintisiete años en su espalda. Se encontraba en su habitación, observando por la ventana de la segunda planta de la casa de su tío la ciudad de El Alcor. Hacía frío y una suave nieve caía fuera, pues era invierno. Nieve, jamás había visto nieve en las espesas junglas de las que procedía, pero desde hacía años era ahora algo habitual para él y a lo que se había acostumbrado. A veces nevaba en invierno y le parecía algo normal. ¿Cuándo se había normalizado? En algún punto hacía años, seguramente. Era su cumpleaños, pero era también un día gris. Su tío, quien le había dado cobijo por años, finalmente había enfermado debido a su elevada edad. Tan solo tenía setenta y siete años para la edad de su fallecimiento, lo cual a sus ojos le parecía una edad algo temprana y prematura, pero lo cierto es que su tío siempre había sido alguien más dado a los placeres y gustos de la vida que muchos de sus compañeros raciales, y la edad de su muerte era probablemente algo esperable. A dos habitaciones de distancia aún podía oír el llanto de la esposa de su tío, ahora viuda. Le tocaba a él escribir la carta a su padre informándole del fallecimiento de su hermano. Encendió lentamente una vela sobre su escritorio y tomó un trozo de papel junto con un frasco de tinta y una elegante pluma. Mojando la punta en la oscura tinta azul comenzó a escribir, símbolo por símbolo y con una excelente caligrafía el mensaje para su padre. El mensaje no era complejo, pues sabía que su padre era fuerte y que su filosofía sobre la vida era infranqueable, y era él quien en un primer lugar le había preparado hacía ya dieciocho años para enfrentar estos momentos oscuros con paz y equilibrio. Además informó a su padre de otra noticia junto con la carta. Con la muerte de su tío no quería continuar siendo un incordio a la ahora viuda de su difunto tío, pues aunque no dejaba de repetir que estaría encantada de alojar con los brazos abierto a quien como un hijo había criado durante años, lo cierto es que Saito sentía que había llegado la hora de marcharse. Sentía que había llegado al límite de lo que podría aprender eficazmente desde la academia, pues el dragón inmóvil en las aguas profundas se convierte en presa para los cangrejos, como la frase de una de sus antiguas maestras de danza solía recitar. Había llegado el momento de poner a prueba todo aquello que había aprendido en la academia y de experimentarlo con sus propios ojos, pues no había mayor fuente de sabiduría en la vida de cualquier ser vivo que la experiencia propia, aquella única cualidad que separaba al mayor de los necios del mayor de los sabios. Aquella misma noche tras terminar de escribir la carta, Saito comenzó a empacar todas sus pertenencias para tenerlas prontas a la primera luz del alba, entregando de paso la carta para su padre a algún viajero que se dirigiese a Floralba, en una de las enormes caravanas pandaren. Él por su parte tomaría su propio camino pronto, pues un continente lleno de ancestral sabiduría le aguardaba.
  6. [Trabalomas] Operación Broquel

    Actualización con estado actuales para reflejar lo que se ha hecho o no hecho: Comida y agua: Alimento y bebida es lo más básico para sobrevivir. Ya sea cazando, comerciando (En Costasur o en otros sitios), saqueando bandidos, ayudando granjeros para que os recompense con lechugas y tomates o haciendo favores al posadero para que os de cerveza. Cualquier modo que se os ocurra de traer alimentos y bebida para el grupo, sabed que la Luz os lo agradece. Pero a quien se le ocurra tratar de sustituir el suministro de agua con un suministro constante de cerveza, juro que lo cuelgo desde la muralla de Costasur. Estado actual: Se posee comida en forma de pescado para un tiempo. Si no se encuentra variedad, se espera una racha de mucho estofado de pescado, sopa de pescado, pescado asado, pescado "a la brocheta" y toda dieta de pescado imaginable. Materiales de construcción: Tal y como suena. Desde piedra hasta madera y pasando por clavos y tornillos. Tenemos por delante la tarea de hacer de esta región un sitio seguro, y no es algo que se logre únicamente a base de buenas intenciones y de matar bandidos y renegados. Necesitamos estos materiales si queremos siquiera pensarnos en hacer los caminos más seguros y formar un campamento en condiciones sin recurrir a la generosidad de Costasur de dejarnos acampar dentro de sus murallas. (Os cuento un secreto: Su generosidad dudosamente sea eterna. En especial luego del discurso del escudero). Estado actual: Se posee una cantidad ínfima de madera recogida de los alrededores y bastantes clavos y algo de cuerda enviados por la Iglesia junto a la caravana, así como un par de algunas herramientas básicas de construcción pertenecientes a Elegost y Santiago. Se necesitan más suministros y herramientas para el resto del grupo. Dinero: Seamos realistas. No tenemos dinero. Ahora mismo, el dinero de este sitio se resume al sueldo de un cabo, un escudero y un capellán. El dinero sirve para todo, el dinero es la fuente de la vida en cualquier sitio; aquí y en la isla más recóndita del Imperio. Con el dinero se puede comprar comida y agua cuando nuestros esfuerzos por conseguir ambas cosas fallen. Con dinero se compran materiales de construcción cuando no hay ningún sitio de donde seguir rapiñando. Y más importante, con el dinero se consigue que cualquier persona esté dispuesta a ayudar, y carecemos de verdaderos constructores. Por lo que cualquier modo que se os ocurra (Por favor, LEGAL o juro que os mato) de conseguir dinero bienvenido sea. Tenemos un mercenario en el grupo, si alguien quiere saber cómo hacer dinero sin ser nada en la vida más que golpear cosas, él es el hombre al que preguntar. Si queréis buscar dinero de otras maneras (Es preferible), estoy seguro de que en muchos sitios podrán dar uso los habitantes de Trabalomas a todo tipo de habilidades. Estado actual: El grupo no posee dinero en lo absoluto más que los sueldos oficiales que a veces ni llegarán. Un campamento en condiciones: Si en algún momento rebosamos de materiales y estos sobran, sería muy bienvenido poder mudarnos fuera de las murallas de Costasur y poder alzar un puesto de control y mando más permanente en el bosque, pero por el amor a la Luz, si se os ocurre hacerlo, hacedlo lejos de los renegados. Aprended del pasado del norte. Un campamento en una zona segura evitará muchas muertes, incluso si no es tan épico como en las novelas con las que muchos hemos crecido. Estado actual: El campamento se movió fuera de Costasur hacia los bosques, en un sitio en donde la recolección de madera y agua es buena debido al río cercano y los abundantes bosques, así como contar con la defensa natural de varias colinas a los lados. Se han alzado tiendas y algunas defensas muy precarias, pero se necesita aún el alzamiento de defensas más duraderas que sean capaces de resistir algo de verdad. Gente: Finalmente, si conseguimos un campamento fuera de las murallas que podamos expandir libremente, necesitaremos gente. Gente de armas sobra en el mundo, gente de otros tipos es lo que necesitaremos. Constructores y, si la situación lo requiriese, gente capaz de cultivar (¿De verdad creéis que se puede alimentar un campamento a base de rapiñar comida?) Estado actual: El campamento cuenta con los voluntarios habituales así como las cinco novicias y el iniciado que la Iglesia ha enviado junto a la caravana, pero estos últimos no son ninguna clase de trabajadores experimentados, incluso si pueden hacer el apaño con la guía necesaria. Se necesita un modo de atraer gente, pero la situación actual del campamento hace completamente insostenible grandes poblaciones si no se toman medidas para garantizar un suministro de comida constante. No han habido cambios significativos respecto a las otras misiones ni nada lo suficientemente impactante como para alterar las dificultades, aunque se ha realizado una entrega de suministros a las fronteras (Que ni siquiera salió tan bien) que ha puesto al menos al grupo en la mirada de algunos pocos muertos de hambre.
  7. [Trabalomas] Operación Broquel

    Reconocimiento ¿no-letal? de la vieja torre No era ningún secreto ya para los miembros del campamento que no muy al noreste del asentamiento que habían alzado se encontraba una vieja torre abandonada y derruida, en desusos desde la gran guerra contra los orcos y que había sido maltratada por el tiempo. Era desconocido si la torre poseía o no gente ocupándola, si estos serían amistosos u hostiles o incluso podía estar siendo usada como una base secreta renegada. Hasta donde el grupo sabía, era un misterio. Y Elegost y Santiago sabían mejor que nadie que el desconocimiento era el primer paso de la perdición. Estaba lloviendo, así que se equiparon con sus capuchas y trajes de exploradores, preparándose para una misión de reconocimiento. Algo rápido, ir y volver sin ser vistos o reclamar el control de la torre si estaba desocupada. Arcos en mano comenzaron a avanzar fuera del Campamento de avanzada militar falverino de la Luz en dirección este. Por el camino Santiago y Elegost fueron discutiendo la estrategia para la misión de reconocimiento. El plan era simple: Mientras Santiago funcionaba como oteador cercano, Elegost buscaría un sitio elevado desde el que mantener vigilado a su compañero. Avanzaron cada uno por su lado. El Montaraz del norte avanzó en dirección norte, y encontrando un enorme árbol al oeste de la vieja torre comenzó a escalarlo. Para su fortuna llegó a la cima con una destreza increíble, y además logró mantenerse oculto a los ojos de la única persona visible en la entrada de la torre, una persona con una lanza y una hoguera protegida de la lluvia por una lona y cuatro palos. Simple, pero ingenioso. En la cima de la torre no logró divisar a nadie vigilando en ese momento, por lo que era imposible para el montaraz saber si habían más desde su posición. Santiago por otro lado escaló unas colinas también al oeste de la vieja torre, pero desde otro ángulo más cercano al frente que Elegost y desde bastante más cerca. Santiago logró mantenerse oculto de la vista del vigía frontal. Todo estaba bien y Santiago se mantenía vigilando, si todo seguía así en un rato podrían volver y poner puesta en común de lo que cada uno había visto. Pero obviamente las cosas no podían ser tan simples. Elegost pudo notar desde su árbol que los ocupantes de la vieja torre habían improvisado una plataforma de madera desde la que vigilar en la cima. Aunque ahora mismo no había nadie allí, pudo ver una improvisada escalera formada de sogas que llevaba a la plataforma sacudiéndose de un lado al otro. Alguien estaba subiendo y, lo que era peor, desde la cima de la torre sería excesivamente fácil descubrir a Santiago. Pero Santiago, estando en una zona inferior a Elegost, no tenía forma de saber que debía alejarse y ponerse a salvo si Elegost no encontraba el modo de llamar su atención, y el tiempo se agotaba. El montaraz intentó primero imitar el sonido de un ave típica de Elwynn, de manera que Santiago reconociera que era Elegost y se diese la vuelta. Pero debido a la lluvia camuflando el sonido y un desperfecto en la entonación del montaraz Santiago continuó completamente ignorante al sonido. Entonces fue cuando Elegost tomó la única decisión que creyó correcta: Lanzaría un pequeño golpe de Luz al cabo que no debería de hacerle, en teoría, una cantidad excesiva de daño más allá de una molestia. Pero que sorpresa para Elegost cuando la Luz, de entre todas las veces, decidió aquella en particular para acudir a su llamada con todas sus fuerzas, dirigiéndose en forma de un brillante destello hacia Santiago, que recibió el choque de Luz en el pecho y se dejó caer al suelo gritando de dolor ante las quemaduras. Y para mal de males, el vigía de la entrada también había visto el enorme destello de Luz viajando desde la posición de Elegost, ahora revelada, hasta la posición de Santiago, ahora también revelada. El dúo, sin embargo, había llegado en una misión de reconocimiento y no estaban dispuestos a entablar combate solo ellos dos contra un número de fuerzas desconocida, aunque luego lograría ver Elegost que se trataban de tres. En un comienzo, Santiago fue el primero en reaccionar luego del desastroso choque de Luz. Anteponiéndose al dolor y apenas manteniendo su conciencia el montaraz arcano emprendió una carrera hacia la espesura del bosque, en donde apenas desapareció del rango de visión del vigía decidió ocultarse, buscando arbustos y revolcándose entre el barro y la tierra para camuflar sus olores corporales. Elegost por otro lado decidió bajar del árbol, pero en el apuro de bajar deprisa antes de la llegada del vigía se apoyó con demasiada fuerza en la rama equivocada, que se rompió llevándose consigo al montaraz al suelo. El vigía comenzó a correr hacia el grupo y Elegost pudo ver a dos personas más salir de la torre. Tenía que salir de allí. Haciendo gala de su entrenamiento físico, el montaraz comenzó a correr por la espesura del bosque como si fuese su entorno natural, y en apenas una fracción de tiempo ya había perdido a sus persecutores y pudo llegar a salvo al río que daba con el campamento. Santiago por otro lado permaneció escondido. Al comienzo el vigía se quedó en la espesura para buscar y vigilar que nadie se hubiese quedado detrás, pero fue incapaz de encontrar a Santiago y tras desistir volvió a la torre. En el momento en el que Santiago al fin quedó solo en el bosque salió de su escondite y se dirigió también al Campamento de avanzada militar falverino de la Luz, en donde debería de ponerse al día con Elegost y pedir explicaciones por aquel aberrante ataque con Luz que le había propinado y que había puesto en riesgo toda la misión. Pero, al menos, la parte de "reconocimiento" había sido una especie de éxito precario... Incluso si les había costado enfadar a sus vecinos. Y solo la Luz sabía que consecuencias podría acarrear eso. // Rol corto como preparación para investigar a los moradores que habitan una torre derruida y abandonada al noreste del Campamento de avanzada militar falverino de la Luz. El éxito de la misión respecto al reconocimiento ha sido positivo, pero con el efecto secundario de haber abierto las hostilidades con los vecinos del campamento, lo cual puede traer consecuencias hacia todo el campamento y todos quienes habitan el campamento. Participantes/Habilidades usadas: @Stannis the Mannis como Elegost Faler: Escalar - Atletismo - Reprender esencia - Sigilo - Advertir/Notar - Esencia sagrada - Reflejos @SwordsMaster como Santiago de Sveri: Escalar - Atletismo - Sigilo - Advertir/Notar - Reflejos
  8. [Trabalomas] Operación Broquel

    Una pesca común y corriente sin nada fuera de lo habitual ni locuras delirantes -Vamos a pescar- Es lo que había dicho el Montaraz del Norte hacía unos minutos. Dirigirse a pescar era lo que hacían ahora. Se estaban quedando sin comida y, si nadie daba un paso al frente para conseguirla luego del fracaso de caza de Elegost, ellos dos tendrían que hacer algo. Dirigiéndose a la orilla del río cercano al Campamento de avanzada militar falverino de la Luz, ambos montaraces comenzaron las preparaciones. Mientras Santiago se dedicaba a buscar un buen banco de peces, Elegost se dedicó a buscar carnada. Cuando ambos habían localizado lo que necesitaba, siguió la realización de algo para pescar. Caminaron hasta un enorme árbol caído cerca del que buscaron y rapiñaron buenas ramas y madera, la cual aunque Elegost obtuvo con facilidad Santiago tuvo que dedicarse un buen rato a ello ya que el hacha no dejaba de quedarse enterrada en la madera, siendo incapaz varias veces de desatorarla. Mientras tanto, Elegost se fabricó una excelente caña de pescar junto con un anzuelo que poseía en su mochila de explorador, y Santiago le siguió con una caña de una calidad algo inferior pero utilizable. Con eso dicho, comenzaron a pescar. Se dirigieron hacia el banco de peces que Santiago había localizado, colocaron la carnada y arrojaron los anzuelos al agua. Al comienzo la espera se hizo larga. Elegost acabó sucumbiendo y se durmió en el sitio. En cierto momento algo picó en la caña de Santiago... Demasiado pesado para sus endebles brazos. Para cuando Elegost despertó Santiago ya no se encontraba allí, pero Elegost no pareció notarlo quien creyó que su compañero simplemente seguía por ahí. Con paciencia continuó su pesca. Su primera captura fue un pequeño pescado del tamaño de una mano. El Montaraz luego de esa pesca, que al menos había sido algo, continuó. Durante uno o dos intentos solo se dedicó a perder más carnada. Sin embargo fue entonces cuando el GRAN MONSTRUO del río se desveló ante los ojos del montaraz. La caña jaló y se retorció, pero su calidad de construcción resistió. Los músculos del hombre se tensaron, peros su brazos resistieron. Comenzó a retroceder, paso a paso y de manera lenta mientras luchaba con lo que fuese que aferraba su caña de pescar, amenazando con arrastrarlo y hundirlo al fondo del agua si por un solo momento cedía en sus esfuerzos. Otro paso. Las manos le sudaban. Otro paso. Los músculos le ardían. Otro paso. Y otro. Y otro. Y finalmente, logró sacar a tierra aquello que había sido aferrado por el anzuelo. Se trataba de nada más ni nada menos que un gigantesco pez del tamaño de un hombre del cual era imposible explicarse cómo había siquiera llegado en primer lugar al río. Pero Elegost no se detuvo a hacerse esas preguntas, su primer instinto fue aferrar su hacha y correr para tratar de darle al pez y evitar que este volviese al agua. Pero no solo falló, pues el enorme monstruo se encontraba dando saltos y retorciéndose en su desesperación por volver a respirar. Si no que además recibió un coletazo en la cara que casi le hizo caer. El montaraz estaba determinado a no permitir que ese pez se escapase a como diese lugar. Arrojó el hacha a un lado y se arrojó a propinarle un puñetazo al pez.... Una idea que solo a Elegost en toda su insensatez se le habría ocurrido. Luego de un breve intercambio de golpes y coletazos, el pescado acabó demasiado cerca de la costa e, impulsándose de un salto y con una maravillosa voltereta en el aire, volvió al agua salpicando completamente al estupefacto montaraz. Luego de eso, mientras Elegost aún se encontraba congelado observando el agua a donde su enorme presa se había escapado, Santiago salió de entre el agua luchando con un pequeño múrloc que le llegaba a las rodillas en altura al cabo. Aparentemente había sido arrastrado dentro del agua por el pequeño ser infernal mientras pescaba y recién ahora lograba escapar. Agotado remató al pequeño múrloc (Quizás una cría abandonada) y se tomó un segundo para recuperar el aliento ignorando su estupefacto compañero, pues ambos habían sufrido experiencias increíbles y dolorosas a su propia manera. En ese momento llegó Pecas, quien comiendo bayas tranquilamente se dedicó a observar al par. Santiago luego de aquella experiencia con el múrloc decidió que no pescaría más ese día, pero Elegost siguió adelante desalentado completamente por la pérdida del gran monstruo del r- Y entonces, volvió a picar. ELEGOST LO SINTIÓ, Y VOLVIÓ A INCORPORARSE LLENO DE VIGOR. Comenzó a jalar de la caña y visto como el agotado Montaraz no se las arreglaba tan bien esta vez, Santiago corrió a echarle una mano. Entre ambos aferraron la caña y comenzaron a retroceder, acercando al gran monstruo a la costa. Y finalmente allí estaba de nuevo para dar guerra a Elegost. Pecas y Santiago se mantuvieron al margen sin estar seguros si el pez sería de la clase "Come-hombres". Pero Elegost en su determinación infranqueable por conseguir esa suculenta fuente de alimento y en una casi muestra de locura se lanzó con los puños contra el gran monstruo. Por un segundo intercambió un par de golpes y un coletazo. Pero esta vez, cuando el gran monstruo se acercó a la costa preparándose para huir de nuevo Elegost lo tomó de la cola con fuerza y comenzó a jalar, arrastrándolo más y más lejos. Luego se le arrojó encima para inmovilizarlo e, increíblemente, lo logró. Inmovilizada la enorme monstruosidad solo fue mantenerla en ese estado hasta que finalmente murió de asfixia. Elegost se había hecho con el Monstruo del río. Luego de eso el montaraz trató de seguir pescando, pero cuando una vez más se encontró con una extraña criatura marítima jalando con fuerza de su caña, decidió que era mejor soltar la caña y olvidar lo de la pesca. Ya tenía un pez gigante. Era suficiente. No necesitaba más. Los tres charlaron por un rato. Pecas comentó a Santiago de un extraño comerciante en ropajes blancos y con acento extranjero que había pasado por el campamento junto a dos guardaespaldas hacía rato, afirmando que quería hablar con "el líder del campamento" y que se estaría hospedando en la posada de Costasur. Santiago interrogó durante un par de minutos a la muchacha sobre el mercader, antes de acabar afirmando que tendría que dirigirse a Costasur cuando tuviese tiempo. Finalmente entre charlas, enfados y otras cosas diversas el grupo se dirigió de nuevo al campamento, en donde el agotado cabo acabaría recurriendo a una de las poticosmos de Elegost para aliviar su dolor y armando un alboroto en el campamento, haciendo volar varios de los estandartes de Lordaeron y asustando a las novicias. Un día común y corriente sin nada fuera de lo habitual ni locuras delirantes. // Rol de una tarde para obtener comida. Gracias a la racha de dieces y la perseverancia de Elegost ahora se cuenta con un enorme pescado del tamaño de una persona entre los suministros de comida y dos pescados más pequeños del tamaño de una mano. Además Pecas ahora odia a Santiago. Master: @SwordsMaster Participantes/Habilidades usadas: @Stannis the Mannis como Elegost Faler: Supervivencia - Buscar - Carpintería - Reflejos - Combate desarmado - Defensa - Pesca - Alquimia (Poticosmos) - Esencia sagrada @SwordsMaster como Santiago de Sveri: Supervivencia - Buscar - Carpintería - Reflejos - Pesca - Nadar - Arcanokinesis - Defensa @Blues como Audrey "Pecas" Lee: Esencia sagrada - Defensa
  9. Santiago de Sveri

    Santiago observaba a la nada en su tienda, con una vela encendida iluminando levemente el interior. Se había consumido ya media vela sin que hubiese escrito nada en el papel, su mirada perdida. Había sido un día especialmente revelador, y el hecho de que un simple conjuro de Luz hubiese sido capaz de infligirle tanto daño no lograba tranquilizar sus pensamientos. ¿Tan mal había actuado en su vida, que era castigado de ese modo? ¿Tan malas decisiones había tomado, que incluso la Luz era capaz de despreciarlo, a él que aún caminaba entre los vivos? Una parte de él quería creer que había sido una única vez excepcional, una canalización exótica de Elegost que solo había dado la casualidad de haber sido especialmente dañina. ¿Pero cómo podía contentarse a creer eso, que un golpe de mala suerte había sido el único factor responsable de tal dolor? ¿Como podía no creer... Que finalmente lo único que le faltaba por darle la espalda, lo había hecho? ¿Cómo iba a hacer las paces con la Luz? Y entonces, como si de una chispa de inspiración divina se tratase, comenzó a escribir. El peso del mundo La esperanza ya no está En la esencia de mi ser Y el cielo... Ha perdido su color Mientras se para el tiempo Y el silencio hace eco Mi dolor... Carece de valor Dime, Luz ¿Me... Estás, condenando? ¿Es este el precio a pagar Por mis errores? Te ruego por redención Te necesito Para seguir ¿Puedes oírme aún? Porque lo gritaré en alto Incluso si mi palabra No importa Es como si cargase El peso del mundo Desearía de algún modo Ser capaz salvarnos a todos Pero un chico es todo lo que en verdad soy Quizás si sigo creyendo... Mis sueños se cumplirán... Cumplirán... Luego de cada batalla... Toda vida muerta ya Puedo aún sentir la brisa en mí No importa cuanto lo intente Siempre es el mismo final La vida vuelta mi enemiga Dime, Luz ¿Me... Estás, condenando? ¿Es este el precio a pagar Por mis errores? Te ruego por redención Te necesito Para seguir ¿Puedes oírme aún? Porque lo gritaré en alto Incluso si mi palabra No importa Es como si cargase El peso del mundo Desearía de algún modo Ser capaz salvarnos a todos Pero un chico es todo lo que en verdad soy Quizás si sigo creyendo... Mis sueños se cumplirán... Cumplirán... Pienso gritarlo en alto Aunque sé que mi palabra No importa Como si cargase El peso del mundo... Desearía de algún modo Ser capaz salvarnos a todos Pero un chico es todo lo que en verdad soy Aún así gritaré en alto Incluso si mi palabra No importa Es como si cargase El peso del mundo Espero de algún modo Poder salvarnos a todos Pero un chico es todo lo que en verdad soy Quizás si sigo creyendo... Mis sueños se cumplirán... Cumplirán... Esto es culpa de @Stannis the Mannis que me rompe el personaje.
  10. [Trabalomas] Operación Broquel

    El Montaraz contra el bosque El montaraz se despertó finalmente. El agotamiento había sido intenso, y solo cuando despertó, hambriento y desorientado, entendió que había estado horas allí y que había comenzado a anochecer. Viendo que le esperaría una noche dura se puso inmediatamente manos a la obra. Escaló el árbol más cercano, estando a nada de caerse cuando una rama se rompió bajo sus pies. Ya un par de metros más arriba Elegost tomó su cuchillo y comenzó a debilitar la base de las ramas, para posteriormente aplicar fuerza y hacerlas caer. Luego de un par se tornó ambicioso, tratando de ascender más en el árbol. Aquella fue su perdición, pues una mala pisada y la rama bajo sus pies se rompió, luego la otra y finalmente en la que se aferraba con las manos. Para cuando llegó al suelo había caído sobre su propia pila de ramas, rompiéndolas todas en el proceso y dejándolas en un estado inútil para montar ninguna clase de tienda. Sin embargo al menos pudo usar la madera del pino para encenderse una hoguera juntando algo de yesca de los alrededores. Seguido a eso comenzó a abrir y vaciar el ciervo que había cazado ese mismo día. Metía hacha, sacaba tripa, metía hacha, sacaba tripa. Todo lo que no servía lo apartó, y con lo que servía tomó una parte, armó unas brochetas y comenzó a calentar la carne sobre la hoguera. Un buen rato después, al fin se encontraba comiendo para reponer algo de energías, pues había dormido todo el día y se había saltado todas las comidas. La noche ya había caído, y un viento bastante fuerte comenzaba a alzarse con la llegada de nubes que cubrían parte de las estrellas del cielo nocturno. El montaraz, viendo que con ese viento y la mala calidad de los recursos de la zona no podría montar una tienda en condiciones, decidió recurrir a otra forma alternativa aprovechando que el ciervo se encontraba ya vacío, pero habiéndole dejado las costillas. Buscó por los alrededores durante un corto tiempo usando el hacha imbuida en Luz sagrada para poder guiarse en la oscuridad. Cuando regresó a donde su animal muerto y su hoguera lo hizo junto a varias ramas de pino robustas y resistentes. Con destreza y sin amedrentarse comenzó a usar las ramas para estirar el interior del ciervo, con sumo cuidado de no romper ni las ramas ni la piel. Tras unos minutos lo había logrado, y ese sería su saco de dormir aquella noche. Antes de ello, sin embargo, se retiró hasta su hoguera y se sentó frente a esta, agotado. Las llamas danzaban fieramente impulsadas por la fuerza del viento. Su baile era casi hipnótico, y pronto estas dejaron inmerso al agotado montaraz en su baile y sus pensamientos, ajeno a la realidad que le rodeaba. Y maldita la hora que se había tomado un descanso, pues pudo sentir algo penetrándolo por encima de la bota, en la pierna. Un mosquito, fue su primer pensamiento, antes de comenzar a sentir el terrible ardor y darse cuenta de una verdad más terrible, mientras algo se escurría por entre la espesura. Cuando alzó la tela del pantalón se encontró con una escena totalmente desalentadora: la marca de dos colmillos. Sin perder ni un segundo tomó su cuchillo y se realizó un corte por encima de la altura del mordisco, tratando de retrasar que el veneno llegase al corazón, pero quien sabe si no era tarde ya. Mientras rebuscaba por vendas y hierbas medicinales en su mochila las posibilidades cruzaron la mente del capellán. ¿Serpientes letales? Sabía de una por esta zona, pero sus síntomas no encajaban del todo con su veneno. Eso dejó como posibilidad varios tipos de serpientes no letales, pero todas podrían acarrear consecuencias nada agradables. Habiendo dado con vendas y hierbas se puso presto manos a la obra. Lo primero fue vendar el corte que se había realizado, mientras mascaba las hierbas que se aplicaría. Seguido a eso se retiró las hojas y plantas de la boca y las aplicó sobre el mordisco, vendando por encima de este para que las hierbas mascadas se quedaran allí. No había hecho demasiado para aliviar su dolor. El rato pasó, con el insoportable ardor en la pierna. El viento era ya bastante fuerte y las nubes cubrían el cielo nocturno completamente, mientras un sudor frío comenzaba a recorrer el rostro del montaraz. Había pasado el día, pero nadie había venido a por él. ¿Quizás a nadie le preocupara? No... Él tenía fe. Tendría fe hasta el último momento de que irían a por él. Se movió con dolor y a duras penas hasta su improvisado y no muy agradable interior de ciervo para refugiarse del viento, pero si una cosa estaba clara es que poco sueño podría reconciliar. Las horas pasaban. Insoportables, extrañas y ajenas. El mareo era constante e iba a peor con cada minuto que pasaba. ¿O quizás eran horas? A veces su consciencia amenazaba con desvanecerse, o quizás lo hacía pero tan poco cambiaba en el interior de aquel ciervo que le era imposible darse cuenta. Podía sentir la fiebre que tenía y el sudor frío recorriendo todo su cuerpo. Horas luego llegaron los delirios. Una voz, una canción, una canción y una voz. ¿Un viejo amigo? Viejos amigos, gente viva, gente muerta. Más fiebre, más mareo. La noche se había vuelto un desfile insoportable de fiebre y locura. Y entonces, nada. Solo él, la fiebre y su sudor frío una vez más. Pasó un rato. El viento se oía algo menos feroz que lo que lo era anoche. Cuando asomó la mirada fuera del ciervo pudo ver un cielo matutino totalmente nublado, con nubes grises. Salió lentamente del animal, deshecho y agotado. Nadie había venido. A nadie le importaba. No era importante. Nadie había movido un dedo por él en más de 24 horas. Todo cuanto pudo atinar a hacer cuando vio que algún animal nocturno había aprovechado mientras deliraba para hacerse un festín con la carne del venado, fue tomar un par de hojas de su mochila, volver a encender la hoguera y con algo de agua realizar un té. Sabía a poca cosa. Tampoco había hecho mucho para aliviarlo. La pierna le ardía, le ardía tanto. El montaraz comenzó a juntar sus cosas y se colgó su mochila a espaldas. Comenzó a avanzar sin revisar la dirección o saber a donde. Unos arbustos sonaron detrás suyo, algo había a sus espaldas, pero el montaraz solo siguió avanzando, hasta que alguien se paró en frente suyo y le posó la mano en le frente... Santiago acabó de realizar una infusión para Elegost, que con cuidado ayudó a beber pues no estaba en ninguna condición de hacer nada. Seguido a eso, le rodeó con el brazo y le ayudó a ponerse de pie y lo guió de nuevo hasta los pies de la ciudad de Costasur. El mundo solo había movido un dedo por él, y solo al último momento. // Rol final de Elegost, que habría ocurrido desde el inicio del viaje de Santiago, Kaileth, Pecas y Jared (El cual aún debe ser posteado) a una aldea fronteriza hasta la mañana del día siguiente. @Stannis the Mannis como Elegost Faler: Supervivencia - Sanación/Hierbas - Buscar - Advertir/Notar - Fauna - Escalar - Crear Luz @SwordsMaster como Santiago de Sveri sobre el final: Rastrear - Sanación/Hierbas
  11. [Trabalomas] Operación Broquel

    Adiestramiento Montaraz de grado Principiante: Nivel 1 Pupilo 02: Audrey Lee El sol había asomado hacía ya un par de horas, comenzando su rutina de iluminación sobre los reinos del este. Varias cajas se apilaban a un lado resguardadas bajo un par de lonas sujetadas con palos, pero su cantidad era notablemente menos que el primer día. La comida se estaba agotando. Era una situación delicada, que requería ser manejada con tacto sin atemorizar a los voluntarios en el campamento. Así que Santiago decidió gritarle a Elegost que se estaba agotando la comida. Y como eso no funcionó, Santiago se encaminó al puesto de vigilancia montaraz de Elegost junto a Pecas. Y entonces, bloqueándole la vista al mar, se lo volvió a repetir. Quedaba poca comida. Por supuesto, Elegost ante esa situación poco pudo hacer ya para ignorar a Santiago. Con pesadez se dirigió a su rincón de pieles al que llamaba "tienda", y se cambió colocándose ropa adecuada para el bosque junto con su arco Artamir. Elegost entonces decidió que saldrían de caza para traer algo por el momento, y que de paso llevarían a Audrey al bosque para enseñarle a hacerlo. Santiago decidió prestar su arco a la muchacha para la ocasión, pues él podría arreglárselas para obtener algo de comida por otros métodos y era una buena ocasión para que Elegost le diese un par de lecciones de arquería. Lentamente se dirigieron a la salida de la ciudad, en donde tomaron el camino que salía de Costasur y poco más adelante, se adentraron al bosque por la derecha del camino. Antes de avanzar más, Elegost hizo que Santiago y Audrey se revolcaran un poco por tierra y césped para quitarse el olor a civilización. Los dos primeros lo hicieron con bastante naturalidad, claramente habiéndolo hecho varias veces antes. La muchacha, por otro lado, apenas logró hacer un trabajo decente, y ahora se encontraba sucia por algo que solo le había salido medio bien. Cuando el montaraz del norte dio la señal, el grupo siguió avanzando. Por un buen tramo Elegost y Santiago lideraron la marcha, buscando rastros. Al comienzo rastros fríos, pero finalmente dieron con algo. Sin embargo, dejaron lugar a Pecas para ver si podría darse cuenta por ella misma. Dubitativa y sin saber exactamente qué buscaba, la muchacha acabó encontrando las marcas en el árbol de las astas de un ciervo. Con algo más de esfuerzo, Pecas pudo incluso ver algunas ramas rotas y más marcas en un árbol más lejos hacia el norte. Habiendo encontrado Elegost heces del animal ya frías (pero no endurecidas aún) y estando tan temprano en la mañana, hizo la suposición de que el animal habría pasado allí la noche, lo cual parecía tener cierto sentido. El grupo siguió avanzando al norte hasta las marcas que la chica había logrado avistar. Allí se dividieron, buscando cada uno rastros en distintos sitios de la zona. Aunque Audrey intentó duramente, lo cierto es que más allá de las marcas en el árbol que pudo ver desde lejos fue incapaz de encontrar la continuación del rastro del animal, si había alguno. Elegost sin embargo tuvo más suerte, y en un terreno algo más elevado que el que se encontraba Pecas logró encontrar más heces, pero esta vez aún ligeramente tibias, y logró retomar el rastro hacia el este. Los tres cazadores avanzaron otro buen tramo, antes de que Elegost se detuviese para avisar de que se adelantaría. Quedando Santiago y Pecas atrás, el joven montaraz arcano lo consideró una buena oportunidad para enseñarle un par de trucos a la joven. Al comienzo se limitaron a recoger algunas ramas del sitio, pero luego Santiago se hizo cargo de esa tarea para dejar a Pecas buscar algún arbusto con bayas cercano. Como la muchacha no sabía identificar qué bayas eran malas, decidieron que si encontraba llamaría a Santiago para que lo hiciera. Así, mientras Santiago recogía ramas y conseguía fibra para improvisar algo similar a una cuerda, Pecas se dedicó a buscar arbustos con bayas. Y en un comienzo, lo logró. Detrás de dos arbustos y bien escondido encontró un tercer arbusto lleno de unas bayas bastante gordas y apetitosas, que llamaban a la hambrienta novicia a comer. Sin embargo, ésta acabó tomando la decisión más sabia y llamó a Santiago para que pudiera decirle si eran comestibles. Tras inspeccionarlas un momento, el cabo tuvo que informarle para desgracia de la muchacha hambrienta que eran, de hecho, una clase de bayas que causaban estreñimiento... Quedando descartadas del menú. Sin embargo eso no fue obstáculo para la joven terca, que continuó su búsqueda de bayas. Tras otro largo rato, volvió a llamar a Santiago esta vez rebosante de felicidad y alegría. Lo tomó y jaló de su mano llevándole a la fuente de su felicidad: No uno, no dos, si no tres arbustos de bayas uno al lado del otro había encontrado. Y para mayor fortuna, Santiago pudo afirmar que se trataban de bayas totalmente comestibles. Sin dudarlo mucho comenzaron a llenar sus bolsas y mochilas con bayas, y aprovecharon a saciar su apetito hasta que a los pobres arbustos poco más que hojas y ramas les quedó. Volviendo a la trampa, Santiago le explicó a Audrey su funcionamiento en detalle, y le mostró paso a paso como montarla. Se trataba de algo diminuto para encerrar liebres, conejos, ardillas o incluso ratas; cualquier alimaña del tamaño adecuado. No era una trampa capaz de matar en sí misma, pero podía encerrar algo dentro que se pudiese comer y eso era lo más importante. Sin embargo, Santiago deshizo la trampa cuando acabó de explicarle para incredulidad de la muchacha. A fin de cuentas, no se quedarían allí el tiempo necesario para atrapar algo, tampoco volverían tan adentrados al bosque... Y dejar la trampa puesta solo sería condenar a alguna alimaña del bosque a morir encerrada por ningún motivo particular. Finalmente, como Elegost no volvía de su caza, Santiago decidió explicarle a la joven como volver a Costasur, y aunque con algo de ayuda dejó que esta se diese cuenta por sí misma que, en realidad, volver a la ciudad era bastante simple en donde se encontraban. Se habían alejado hacia el norte por el camino de Costasur, y luego habían avanzado por la derecha del camino hacia el bosque; o sea, se adentraron al este del mismo. Además sabían que Costasur era una ciudad costera, y que la costa se encontraba al sur. Lo que finalmente dejaba dos opciones: por un lado podían avanzar por el bosque en dirección sur hasta alcanzar la costa, y luego avanzar hacia el oeste por la costa hasta alcanzar la ciudad. O, como también sabían que no habían cruzado el camino principal que dividía norte y sur de Trabalomas, y que por ende se encontraban en la zona sur, podían dirigirse al oeste hasta dar con el camino principal de Costasur, y luego avanzar al sur por el mismo hasta dar con la ciudad. Pecas decidió, sabiamente, que la opción más segura era alcanzar primero el camino, y tras explicarle a pecas como obtener la dirección del este durante el día, y con este el norte y el sur, se pusieron rumbo al oeste. Ambos dieron con el camino, y comenzaron su marcha al sur para volver a la ciudad, con las bolsas y mochilas cargadas de bayas. No era mucho, pero al menos sería un suplemento a lo que sea que Elegost acabase trayendo de su caza... Si traía algo. ------------------------------------------------------------ Mientras tanto... El montaraz del norte continuó avanzando al este, alejándose más y más de donde se había separado de Santiago y Audrey. No tardó en oírlo. Aunque el sonido se encontraba increíblemente lejos y era bastante difícil de oír, el experimentado oído de Elegost logró captarlo, y con su conocimiento sobre fauna descifró el sonido. Había localizado a su ciervo, pues eran sonidos de apareamiento. Raudo y veloz comenzó a avanzar en dirección al sonido, hasta que un largo tramo más adelante logró dar con su presa. Con una increíble demostración de habilidad (Que desafortunadamente nadie más que los árboles verían ese día), Elegost logró avanzar y esconderse cerca de los ciervos, hasta estar escondido a apenas un par de metros sin ser detectado, más de lo que varios cazadores podrían jactarse jamás. El montaraz esperó pacientemente. El animal se encontraba procreando, y la vida era algo que sin duda apreciaba, por lo que dejó que el animal acabara. Y cuando al fin estuvo a solas con su presa de nuevo, cargo una flecha. Por desgracia no se había tratado del mejor disparo del montaraz, que apenas rozó al animal lo suficiente para generarle un pequeño tajo a un lado. El animal, naturalmente, se dio a la huida con una velocidad increíble. Sin embargo Elegost había logrado acercarse bastante al animal antes, por lo que este no llegó a alejarse demasiado antes de que otra flecha volase hasta él, esta vez enterrándose en el muslo y dificultándole el seguir corriendo. Sin embargo ese era su instinto, y rápidamente el animal continuó su huida del cazador, que ni lento ni perezoso comenzó a correr detrás del animal. La carrera era algo muy reñido entre Elegost. A pesar de tratarse de un animal herido, un ciervo incluso en ese estado era bastante veloz, y si el montaraz no hubiese estado en tan buen estado físico el animal seguramente habría logrado escaparse a los pocos segundos de persecución. Pero no fue el caso, y el entrenado cazador mantuvo la marcha corriendo detrás una distancia digna de maratón, e incluso logrando recortar una pequeña distancia de tramo en tramo, que aprovechaba para detenerse y disparar antes de seguir corriendo para no perderle de vista. Una flecha más fue todo lo que el montaraz logró dar al ciervo, que se resistía rotundamente a morir. Llegado a un punto, Elegost decidió que no valía la pena seguir corriendo, y se detuvo a retomar el aliento. Y durante varios minutos, eso fue todo lo que hizo: Retomar el aliento. En frente suyo se escurría un rastro de sangre que el animal herido por varias flechas había dejado. Comenzó a seguir el evidente rastro de sangre a un paso lento, andando por el bosque. La caminata fue algo larga, pero acabó dando con el animal muerto a la distancia por las heridas y la pérdida de sangre. La hembra que el ciervo había preñado hace apenas un rato se encontraba allí, pero Elegost decidió simplemente espantarla, pues ante todo era un cazador con principios. Finalmente alcanzando su presa, el montaraz se desplomó sobre el suelo y apoyó la espalda sobre el animal ensangrentado. Cerró los ojos un momento cansado... Y antes de que pudiese darse cuenta, había quedado dormido en medio del bosque usando un animal muerto como almohada. // Rol de una noche (Aunque on-rol era de mañana temprano) Master: @SwordsMaster Participantes y habilidades usadas: @Blues como Audrey "Pecas" Lee: Supervivencia - Buscar - Rastrear - Trampas - Fauna @SwordsMaster como Santiago de Sveri: Supervivencia - Trampas - Sanación/Hierbas - Fauna @Stannis the Mannis como Elegost Friederich Faler Faleri von Falveri: Atletismo - Arco Largo - Supervivencia - Rastrear - Buscar - Fauna - Sigilo
  12. [Sugerencia] vida.

    vida con un punto al final. esto es el subtitulo del post. es muy formal. final y formal riman. ¿os preguntáis a menudo qué es exactamente una rima? yo tampoco. He venido a hablar de la vida y a tocar fibras sensibles, así que agarraros los pantalones porque se viene una tormenta de fuego y arena. Con ese disclaimer de responsabilidades apuntado, comenzaré. La salud. ¿Qué es la salud? Ya sabes qué es la salud, claro. ¿Sabes como se calcula la salud? Exacto. 1 punto de Físico = 4 de salud. Esto significa una diferencia de 12 de salud entre Físico 6 y Físico 9. Y si 12 no os parece mucho, os invito a hacer las cuentas contando una armadura de cotas reforzadas. Ahora, luego del cambio que ocurrió hace ya bastante tiempo en el que las armaduras pasaron a ser algo más restringido según el atributo, creo firmemente que la posibilidad de usar placas y cota reforzada a partir de Físico 7 ya es una ventaja enorme, como para además sumar cantidades enormes de salud en los niveles más altos del atributo. Si con Placas y 28 de vida ya es casi imposible morir, quiero que saquéis las cuentas para 36 de vida. Es obvio que un mastodonte con 9 de Físico soportará mucho más castigo que alguien con 7 de Físico, y antes de decir que Físico solo sirve para la vida; no, Físico sirve para atacar con la gran mayoría de armas. Físico, con la posibilidad de tener mucha más salud y poder portar armaduras que absorban enormes cantidades de daño, se ha convertido en ese atributo que nadie quiere tener bajo y todos desearían tener alto. Y uno puede argumentar que "Es que el modo de derrotar a alguien con 9 de Físico es(...)" NO. No debería ser. No estoy diciendo que alguien con 6 de Físico tenga que estar en igualdades de condiciones ante alguien con 9 de Físico, solo que no debería de ser totalmente imposible un triunfo. Y no, no lo es. Uno puede justificar de nuevo "Es que si estás encima de una ladera, que si emboscada, que si sigilo, que si por la espalda" uno no debería de tener que estar aprovechando cada ventaja circunstancial del sistema a la vez solo para tener algunas posibilidades solo por el simple hecho de que otro tenga músculos fuertes, y ni siquiera hablamos de algo asegurado. Es por eso que, aunque es algo chapucero, anoche junto a un usuario diseñé una sencilla tabla que creo disminuye muy sutilmente la diferencia entre grados de salud en apenas 1 punto, pero que acaba bajando a tierra los valores más altos de salud sin dejar de tener los personajes con Físico alto una ventaja bastante elevada por encima de otros personajes con físicos menores. Y de esa tabla, presento tres posibilidades: 1) Físico 4: 5+3.4 = 17 (+1) Físico 5: 5+3.5 = 20 (+0) Físico 6: 5+3.6 = 23 (-1) Físico 7: 5+3.7 = 26 (-2) Físico 8: 5+3.8 = 29 (-3) Físico 9: 5+3.9 = 32 (-4) Físico 10: 5+3.10 = 35 (-5) 2) Físico 4: 4+3.4 = 16 (+0) Físico 5: 4+3.5 = 19 (-1) Físico 6: 4+3.6 = 22 (-2) Físico 7: 4+3.7 = 25 (-3) Físico 8: 4+3.8 = 28 (-4) Físico 9: 4+3.9 = 31 (-5) Físico 10: 4+3.10 = 34 (-6) 3) Físico 4: 6+3.4 = 18 (+2) Físico 5: 6+3.5 = 21 (+1) Físico 6: 6+3.6 = 24 (+0) Físico 7: 6+3.7 = 27 (-1) Físico 8: 6+3.8 = 30 (-2) Físico 9: 6+3.9 = 33 (-3) Físico 10: 6+3.10 = 36 (-4) A la izquierda vemos la cantidad de puntos de Físico. Al centro la fórmula con la que se calcula la Salud y a la derecha la Salud junto a cuanto gana o pierde con relación a la fórmula actual. Cada posibilidad la hice pensando en un punto de ancla distinto respecto a la fórmula actual. En la primera, el punto de ancla es Físico 5, que permanece con 20 de Salud y el resto de atributos se alteran a partir de ahí. En la segunda, el punto de ancla es el valor mínimo de salud, 16, que se mantiene en el Físico 4. En la segunda tabla todos pierden salud, pero me parece algo excesivo. Y finalmente la tercera tabla toma como punto de ancla el 6 de físico, el promedio, y todos los niveles de salud crecen o decrecen a partir de ahí. En todas ellas sin embargo, la brecha entre los niveles de salud es disminuida. Y tampoco creo que rompa nada, ya que es por un desbalance enorme que lo propongo precisamente. Tengamos en cuenta que alguien con Físico 5 no puede usar nada más que no tenga 1 de absorción adicionalmente a su salud, y alguien con Físico 4 sencillamente no puede ni usar eso a pesar de que supone 0 de estorbo, comiéndose el daño como viene. Alguien con físico elevado puede sin embargo usar armaduras pesadas que absorben grandes cantidades de daño, y eso de por sí ya es una enorme ventaja a partir de Físico 7 Espero que me refutéis, change my mind, me aburría antes de irme a clases, bla bla bla, atentamente: Rey de reyes Swordsmaster. spoiler alert: te lo aviso, es spoiler: esta propuesta no llegará a nada porque os mataréis en los comentarios. te avisé del spoiler, pequeño rebelde. no debiste quedarte a leer esta parte -.- b-bakka
  13. [Trabalomas] Operación Broquel

    Tras hablar por la noche con Kaileth otra nueva nota apareció por el campamento con la misma caligrafía que las anteriores, indicando que claramente habían sido escritas por Santiago. Lumínicos y voluntarios Se hace saber de que el Tudesco (Kaileth) está organizando un pequeño grupo para poder recolectar alga estranguladora, la cual puede ser usada para venderla a precios reducidos a los habitantes en pos de obtener algunas monedas con las que hacerse con suministros, y a la vez comenzar a ganar la confianza de los nativos. Le he puesto a él a cargo de esta tarea. Yo le asistiré, pero quien quiera ayudar en la recolección tendrá que reportarse ante el no tan amado y cuestionablemente grandioso Tudesco, no a mí, pues es quien se encargará de organizarlo. Vuestro amado e incuestionable grandioso Cabo Santiago de Sveri Obviamente no iba a faltar oportunidad de atacar el ego del mercenario.
  14. Santiago de Sveri

    La misma noche en la que Elegost y Santiago habían acordado entrenar a Nadia como Montaraz, Santiago no pudo contenerlo. En unas horas, su mente ya estaba goteando oscura tinta, la sangre de su creatividad, sobre el papel. Aunque quizás no expresaría lo que le harían vivir a la joven, sin dudas expresaba lo que el entrenamiento de montaraz había sido para él. Nadia le esperaba un camino difícil por delante. Nadia tenía mucho que vivir. ABRE LOS OJOS Es hora de entenderlo De aprender la lección No cuentes nunca con alguien más Ni aquí ni en otro lugar Quise un día encontrar Entre los míos un lugar Pero esos eran deseos absurdos De una persona ciega ¡Abre los ojos! Ve el mundo igual que yo Yo un superviviente Tú intento de héroe ¡Abre los ojos! Olvida tus fantasías Ahora madura.. Tiempo es ya Es la realidad Abre los ojos... Siempre igual al crecer Confiado e inocente Cegado ante la verdad Que la vida no es justa Pero llegó el momento Una verdad, que has de enfrentar: Si dependes de otros... No sobrevivirás --------------------- Y mientras das el paso En un camino que es tuyo Lo ves todo tan claro El modo de sobrevivir Es tú solo... ¡Abre los ojos! Ve el mundo igual que yo Yo un superviviente Tú intento de héroe ¡Abre los ojos! ¡Observa la Luz fallar! Ahora madura.. Tiempo es ya Es la realidad Abre los ojos... ¡ABRE LOS OJOS!