Psique

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  1. Catrice Drothel

    Historia -[...] Como puede ver, el salón es amplio y luminoso. Tres estanterías empotradas y un hogar preparado para llamas arcanas, a prueba de riesgos.-¿Tengo cara de pirómana? Supongo que no, que es parte del discurso estándar. Creo haber visitado unas veinte viviendas tan solo en este distrito, y todas estaban preparadas a prueba de algo. O es que este señor se había olvidado la chuleta en casa. Sí veinte, y además, en la misma calle. Suena trágico, lo se, pero es lo que hay. Cuando quieres comprar una casa en esta ciudad sin que la mitad de tu presupuesto se lo coma la inflacción, sobretodo en los distritos más occidentales, no puedes evitar sentirte un poco cuervo, picoteando lo que otros dejaron atrás cuando… Sabéis de lo que hablo. Algunos incluso prefieren mudarse a los barrios más próximos a la Corte, donde la inflacción sube como la espuma. Como si los fantasmas fueran a perseguirles por adquirir legalmente una propiedad. Uuuhh... Pero a los que pecamos de cínicos e incluso de un poco sociópatas, preferimos la intimidad de los edificios sin vecinos. -¿Quiere ver el dormitorio? Está escaleras arriba. El arquitecto destinó todos esos metros cuadrados para preparar un espacio ideal para una pareja, o un elfo.-Sí, claro, intenta arreglarlo. Carraspea.-Intimidad y sofisticación, estoy seguro de que será de su agrado señorita Drothel. -¿Cuánto tiempo dice que tiene la propiedad? -A penas un año, señorita. Las labores de reconstrucción concluyeron en este área hace apenas unos meses. Se tomaron muchas molestias en proveer a la zona de zonas verdes, parques y lugares de paz contemplativa. Planean abrir un colegio cerca…-No digo que sea mal vendedor, de hecho no lo es, soy yo la que es mala clienta. Vengo de una vivienda mucho más grande que esta, pero, bueno, eso él no lo sabe. Decidí hace unos cuantos meses que se me había quedado grande. Seguramente estarás cansado de escuchar la misma historia, y de hecho, es algo clónico en todos nosotros. Todos hemos perdido a alguien. Todos hemos conocido la cara de la devastación. Pero sobre todo, cada uno pensamos que nuestra desgracia es mayor que la de los demás simplemente por ser nosotros, presas de nuestro cínico egocentrismo. Perdí a mi familia, es un hecho, el mismo día en el mismo lugar. No hubo honra para ellos, solo sufrimiento. Pero a todos nos llega el momento de pasar página, antes o después, y ese duelo concluiría en cuanto me desapegase de lo que más me recordaba a ellos: mi hogar familiar. Comenzamos a subir las escaleras hacia el piso de arriba, y sí, la habitación era enorme, toda una planta para una cama y un vestidor, algo pretencioso, pero conociendo mi afán por acumular objetos materiales terminaré echando falta unos cuantos metros. -La nueva política de natalidad, ya.-Y pensar que a penas un siglo tener o no un hijo era cosa de unos pocos. Teníamos mucho tiempo para decidirlo y de cualquier modo, no era un paso inherente que debía darse sí o sí. Algunos se limitaban a tener una gratificante vida en pareja, pero ahora… Si nuestro número no fuera un problema, no habría barrios enteros abandonados. Y seguramente a este señor le iría mejor el negocio. Se le veía especialmente apremiado por vender. No le presto mucha atención, me deslizo hacia el baño. Me gustan esos colores, el cómo la piedra blanca se entremezcla con los azulejos celestes. Es bastante amplio, y ese espejo… ¿Enserio he llevado esta cara de agotamiento mental toda la visita? Pobre hombre. Saco de mi bolsa mi pintalabios y me repaso los labios, ahora que puedo. Algunos al ver este color tan llamativo piensan que es un alarde de egocentrismo, de ganas de robar atención, pero no es por eso. De hecho es el único maquillaje que suelo utilizar. -Es un bermellón precioso, señorita, le favorece. Si me dieran un cobre cada vez que alguien dice que es “bermellón”, me habría jubilado a mis ciento treinta y dos años. Y si me cobrasen por cada mala mirada que dedico al cotilla que me lo dice habría capital como para reconstruir el distrito más alejado por entero. Aborrezco este desfile de inmerecida confianza. Empieza a cansarme. Me repaso los labios y aquí entra el silencio incómodo que te has ganado. Ibas por buen camino, en serio, pero hay cosas que no. Porque no son tuyas, y realmente no te importan, simplemente alimentan tu morbo. Y por cierto, no es carmín, es un rojo con subtono azul precioso y único. Imbécil. Si supieras algo del planeta mujer, sabrías que el carmín se mueve con facilidad y que tienes que andarte con ojo para no terminar hecho un cuadro. El primero me lo regaló mi madre que además tuvo el decoro de explicármelo, de esa manera consiguió que dejase de morderme los labios por nerviosismo. Porque por si no te has dado cuenta, sí, soy muy nerviosa y no del nervio bueno y divertido de chica adolescente que se sonroja con mirarla, no. Imagina un lince con un mal día, malas pulgas y hambre. Sí, esa soy yo. Así que cuando a los “valientes” como tu les parece una buena idea desdibujar la linea entre lo adecuado y lo atrevido, me disparan los nervios, termino mordiendome los labios y entonces me tengo que tomar un momento, respirar, mirarme al espejito de mano, recordarme por qué está penado el homicidio y volver a colocarme debidamente el pintalabios. Es como una pausa autoimpuesta, un “ey, respira, o te saldrán arrugas”. -Gracias.-¿Qué? Todos somos unos hipócritas, sobretodo cuando se trata de mantener las formas socialmente impuestas. Vaya sonrisa más socarrona y autosuficiente le sale. -Entonces si está segura de su decisión la citaré en unos días para firmar los documentos pertinentes.-Iba a salirme caro, porque del mismo modo que la situación actual no favorece a la venta, tampoco favorece a la compra, pero creo poder ocuparme del pago entre lo que consiga vendiendo mi casa y mi sueldo de recluta.
  2. Catrice Drothel

    Ficha en proceso
  3. [Ficha] Catrice Drothel

    Atributos 6 Físico 7 Destreza 7 Inteligencia 6 Percepción Valores de combate 24 Puntos de vida 21 Mana 7 Iniciativa 8 Ataque a Distancia (Arco corto) 8 Ataque a Distancia (Arco largo) 9 Ataque CC Sutil (Espada ligera) 8 Defensa Habilidades Físico 1 Atletismo Destreza 1 Arco corto 1 Arco largo 1 Espada ligera 1 Escalar 1 Defensa 1 Nadar 1 Sigilo 1 C. sin armas - Equilibrado Inteligencia 1 Fauna 1 Leyes 1 Sanación/Hierbas 1 Supervivencia 1 Tradición/Historia 1 Detectar energía 1 Encantamiento básico 1 Transmutación básica 1 Abjuración básica 1 Evocación básica 1 Alterar masa Percepción 1 Advertir/Notar 1 Buscar 1 Rastrear 1 Reflejos 1 Dibujo 1 Etiqueta Escuelas/Especializaciones Transmutación
  4. Guía intensiva: TotalRP 3

    Objetos creados por la comunidad y cómo importarlos Este apartado está destinado a recoger todos los items que creemos que pueden ser de utilidad para otros jugadores. Si tenéis alguna propuesta hacedmela llegar por mp o por discord para mantener este tema limpio. Una vez tenemos creado un objeto en nuestro Total RP 3 tenemos la opción de "enviarlo" a otro jugador sin que sea necesario que estemos logeados para comerciarselo, una opción útil para registrar aquellos objetos que queramos que cualquier miembro de la comunidad pueda acceder a ellos fácilmente. Con la versión 2, el addon cargaba todos aquellos objetos que estaban accesibles de otros jugadores, pero por motivos de seguridad en la versión 3 esta opción se eliminó y ahora deberemos importarlos manualmente o a través de comercio. - Tengo un objeto que quiero exportar a otro jugador Vamos a la Database y buscamos en la lista el objeto que queremos exportar. Clickamos botón derecho sobre él para abrir las opciones y seleccionamos "Exportación rápida". Se nos abrirá una ventana con un código, el cual debemos copiar. Si el objeto tiene unas dimensiones superiores a 22kb, tendremos que hacer una "Exportación completa", lo que creará un archivo en la dirección de nuestro wow dentro de la carpeta WTF. El nombre del archivo nos lo facilita el programa en la ventana que nos aparecerá tras una pequeña pantalla de carga. Buscamos el archivo y se lo enviamos al otro jugador. - Quiero importar un objeto a mi wow En la parte inferior de la Database encontramos los siguientes botones: Nota: si no los ves es porque estás utilizando una versión antigua del Total RP 3. La que recomiendo usar es Total RP 3 1.3.5.3 y TRP xtended 1.1.1. Con "Importación rápida de objetos" podemos importar a nuestro Total RP el objeto cuyo código tengamos. Clickamos en el botón y nos aparecerá un cuadro de texto donde deberemos pegarlo. Y listo, ya tenemos el objeto en nuestra Database. Si el objeto a importar es muy grande (archivo >22kb), tendremos que usar la opción "Importación total". Una vez tenemos el archivo del objeto que queremos importar, lo ponemos en la carpeta WTF y clickamos en el botón "Importación total". El addon locarizará solo el archivo y nos saldrá una ventana como esta: Le damos a aceptar y ya tendremos el objeto en la lista de la Database. Lista de creaciones de la comunidad - Manual de juego de Pluma y Espada Un item documento que se puede añadir al inventario del Total RP 3 Extended. En él está recogido el sistema de juego que utilizamos en PyE (Magias no incluidas). Es un usable (click derecho para abrirlo). Método de importación: total. Link de descarga. Creado por Psique. //Iré añadiendo estos días, incluido el sistema de magia que lo tengo a medio hacer.
  5. Guía intensiva: TotalRP 3

    Consejos y trucos
  6. Guía intensiva: TotalRP 3

    Misiones No estoy segura de si haré al final este apartado, tal vez de a futuro.
  7. Una (tardía) despedida

    Ya se te echa muchísimo de menos, ahora que confirmamos que no vas a estar con nosotros... Momento sad incoming. Nos hemos reido, han salido muchos memes de muchas situaciones divertidas y no puedo si no lamentar mucho que te tengas que marchar Y_Y Espero que no sea a muy largo plazo y que en algún momento tengas algún huequito para dejarte caer por aqui. Un besico Proto, espero que sea lo que sea lo que te mantiene ocupado sea bueno por lo menos^^
  8. [Peregrinaje] Santo y Seña

    Un perro llamado Joe La mañana era apacible, a pesar de las densas nubes que baticinaban una tormenta de verano que insistía en no despegarse de la localidad de Costasur desde hacía ya dos días, con lluvias breves pero intensas, que comenzaban tan rápido como se desvanecían. Transitaban el pinar que cobijaba el camino desdibujado rumbo a uno de los pueblos cercanos, protegidos por una carabana que vendía su resguardo a los peregrinos que comenzaban su andanza desde Costasur hacia la aún lejana Tumba de Uther. El verdor del bosque era tan intenso e imperturbable como los ojos de una víbora. Quedaba descubrir dónde escondía los colmillos. - "Tenía un perro llamado Joe, jou jou."-Cantaba Jack Willem, el dueño que aquel humilde negocio, con voz rasposa y pobremente entonada, aburrida como la vida que llevaba.-"Que cuando ladraba decía jou, jou, jou."-Gabrielle se había desinteresado totalmente tanto de la canción como de la conversación que libraba con sus dos amigos mercenarios, pero necesitaba preguntarlo. -"¿El camino es seguro?" -"Tan seguro como ese chochito en un arrabal, encanto. Estamos lejos de la zona de guerra, pero siempre hay sorpresas."-Gabrielle optó por no responder, ni tampoco se molestó en intentar restarle a esa indebida respuesta cuando Armand pareció dejárselo claro con una indirecta. Estaba tan acostumbrada a las respuestas soeces de los de baja casta que no sabía si sentirse apenada o reir por no llorar. Decidió dejarlo estar, atenta al camino. Armand continuó una superficial conversación con su guía durante unos minutos, hasta que la tranquilidad se vio perturbada por un silbido al viento. Una saeta. Un caballo derribado, un mercenario muerto y el segundo de los caballos de tiro hincando la rodilla en el suelo cuando una tercera se le hincó en el muslo. Luego, silencio. La víbora volvía a cerrar la boca y a esconder los colmillos antes de retroceder y dar otra dentellada, asomando la cabeza entre los arbustos. Cinco figuras vestidas en cuero negro y encapuchadas se revelaron instantes después. Pero ese brillo sepulcral, desalmado, solo podía ser de -"¡Renegados! ¡Armand, cubrid el flanco!"- ¿Qué acabo de hacer...? El arrojo de intentar organizar la defensa salió de ella con una exalación, un impulso inconsciente. No era premeditado, y no pudo sino castigarse por ello. ¿No habías dejado la costumbre? Tus palabras son tan firmes como la arena entre los dedos. Acalló sus pensamientos tan pronto como el enemigo comenzaró el ataque. Pronto se vieron rodeados. Jack bajó de un salto del carromato y se enzarzó con uno de ellos, así lo hizo también su compañero y Armand al otro lado del carro. Gabrielle cubrió la parte trasera del carromato, protegiendo a los peregrinos que no paraban de chillar presas del terror.Vio tanto en aquellos ojos incandescentes... Tantos recuerdos malogrados. El aire se cargó con los sonidos del metal entrechocando. Todos parecían poder mantener a ralla a su enemigo, mientras el quinto se mantenía al margen, contemplando la escena con indiferencia. Todos salvo uno. Armand tuvo el día. Ese que nadie querría tener, cuanto hiciera lo que hiciera, salía mal. Su maza no lograba alcanzar a su enemigo, que constantemente desviaba sus ataques, para devolvérselos con una fuerza atroz. Tres golpes bastaron para someter al joven paladín, momentos antes de que Gabrielle consiguiera acabar con el suyo. Jack había recibido un mal golpe en la rodilla, pero mala hierba nunca muere, y ahí seguía, peleando, así como hacía su compañero en mejores circunstancias. Cuando dejó que la punta de su espadón besase el suelo, manchada de carne correosa y sangre seca, oscura como la medianoche, Gabrielle contempló como Armand caía al suelo presa de las heridas. No tardó en acudir en su ayuda, evitando que este diera muerte al novicio. Jack cayó después, llevándose al Vacío a aquel malogrado ser consigo, y el mercenario, consiguió hacer que su enemigo retrocediera y se batiera en retirada junto a aquel que se limitó a ser espectador. Mortacechadores silenciosos que ni si quiera les brindaron palabra alguna, como si no fueran más que presas en el bosque. Conejos para un lobo. Gabrielle se arrodilló junto a Armand, y pegó su oreja a su pecho comprobando sus constantes. El mercenario no encontró rastro de vida en el cuerpo de su amigo, que maldijo a viva voz, como si su muerte hubiera sido culpa del pobre Jack que nunca volvería a incordiarle con sus cansinas canciones del folclore. Sin caballos, sin guía, se tomaron un momento de reflexión. -Y ahora... ¿Qué?-Le preguntó Gabrielle desalentada a Joe. Irónico el nombre cuanto menos, o tal vez aquella canción no era más que una broma conjunta. El mercenario desenfundó su puñal y dio muerte al animal malherido, que no paraba de bramar de agonía. Con aquel silencio, se miraron, miraron a los pasajeros, al novicio y con voz pesada y apática, optó por decidir. -Estamos cerca de Villa del Castor. Nos desviaremos del camino, pero dudo que en estas condiciones consigamos llegar a Lobrega antes del anochecer. Y no tengo ganas de tentar al lobo una segunda vez hoy. Joder.-Lanzó una patada furibunda a la rueda del carro y escondió sus manos tras la nuca, mirando al cielo, conteniendo la impotencia. Esa maldita impotencia. Llegaron a Villa del Castor en a penas media hora, intentando no detenerse en exceso. Allí, pidieron atención médica para Armand, que sin medios ni manos no pudieron hacer más que malvendarle las heridas para que no se desangrase. La fiebre no tardó en llegarle por una infección, los delirios y la consciencia intermitente. Gabrielle se pasó la mano pesadamente por el rostro, sin saber qué hacer. Qué hacer. -No puedes irte sola.-Le espetó Joe, que de la noche a la mañana se había quedado sin jefe, sin amigo y sin trabajo.-El camino es peligroso. Os mataréis los dos. -¿Qué insinuáis pues que me proponga hacer? No pienso dejarle morir. -Haz lo que te de la gana, solo era un aviso. -¿Sabéis de alguien que esté dispuesto a alquilar una montura hasta Lobrega? -Depende de lo que te urja. Se inteligente y que no se te note si no quieres que te desplumen como a una maldita gallina.-Gabrielle le miró sintiendo el temperamento que yacía bajo la piel. Pero prefirió tomarse unos momentos... Y no poner en medio su orgullo para que saliera herido. Suspiró pacientemente, cerrando los ojos y cerrando con más firmeza las manos entorno a la taza de té. -No sabéis cuanto siento lo de Jack. -No lo sientes.-Le cortó, no estaba arreglando nada. Pero tampoco era justo sentirse responsable por su muerte.-No le conocías.-Gabrielle volvió a alargar un tenso silencio, antes de mirar su reflejo sobre la infusión. -Gratitud por la ayuda y los servicios prestados. Si pudiera hacer algo por vos, hacédmelo saber.-Se levantó de la mesa dispuesta a marcharse a visitar a Armand, cuando en última instancia, Joe volvió a hablar. -...Si vais hacia Stromgarde... ¿Podrías darle esto a alguien? Gabrielle miró lo que le tendía. Armand se removía entre sueños, infectos de pesadillas. La fiebre no le dejaba dormir, pero tampoco mantenerse en vigilia. Lo observó en silencio unos instantes, reticente a despertarle, o a alarmarle, lo que fuera que pudiera provocarle. Le había visto llorar en los pocos momentos en los que estuvo despierto, apenado por la muerte de Jack y de Oel. Era tan familiar aquel sentimiento... La Compasión es la virtud más difícil de equilibrar, el gran martirio de los misericordes. Pero de eso consistía este viaje, ¿no? De superar el duelo al que todo paladín se somete, cuando deja de repetir lo aprendido y reflexiona. La naturaleza humana no nace afín a la Luz, esta, debe amoldarse, cambiarse, forjarse como el buen acero. Y esto muchas veces, conllevaba a los feligreses a librar una batalla en su mente, cuanto la imperfección humana se debate por seguir latente frente a los ideales que intentamos inculcarle. El misericorde debe aprender que no puede ayudar a todo el mundo, que incluso a veces, es mejor no intervenir. El tenaz debe impedir que su perseverancia se enferme y deforme ante la adversidad o las acciones truncadas, para tornarse impotencia, y que de ella, nazca la inquina y el resentimiento. Y el respetuoso debe aprender que no toda conducta es disculpable, o que no todo aquel que comete un error debe juzgarse sin tener en cuenta las circunstancias, conoce, y te hará fuerte. Es difícil. Todo lo es. Gabrielle le acarició la mano, y con la poca lucidez que pudo brindarle, le ayudó a vestirse, preparó el caballo y se encaminaron hacia Lobrega, con un corcel sin dientes y mucha distancia que salvar. Armand era un peso muerto recostado contra ella, obligada a alcanzar a ver algo sobre el hombro de este. Era agotador, le cargaba la lumbar, le ardían sus propias heridas... Pero él no se merecía acabar así, de esta manera. Estaba convencida de que estaba destinado a un fin mayor, rezaba porque así fuera, y poder llegar a tiempo junto a alguien que pudiera devolverle la salud. Durante el camino, le asaltaron las dudas, la pena... Y mantener el silencio era incluso más doloroso que cualquier herida física. Al final, de entre sus labios temblorosos y sus ojos empañados salieron palabras cojas, magulladas y enturbiadas, que él no oiría. Armand se removió, farfulló algo, e intentó mantenerlo consciente como fuera. Le preguntó si le gustaban los caballos, qué opinaba de ellos. Cualquier cosa que sirviera para mantenerlo consciente. Le pidió siete u ocho veces que no muriera de camino, que fuera fuerte. -Háblame, inténtalo. No te duermas.-Le insistió. -Me gusta... Caminar. Los caballos... Son útiles.-Hizo una pausa, le costaba hablar, interrumpido constantemente por una pesada tos.-¿Tú... Cómo estás? -Bien.-Dijo, la respuesta automática, la que siempre ha de ser dicha cuando a uno le preguntan eso. Le mintió, pero era mejor así. -¿A ti te gustan? -Sí, pero yo a ellos no demasiado.-Armand rió quedo. -¿Por qué...? -Los animales son muy empáticos, sobre todo los mansos. Captan el aura de las personas... Esa misma presencia que suelo inspirar en quienes me rodean, la perciben ellos también. No es que se pongan violentos conmigo, se vuelven reservados y tienden a evitarme. Conocí una vez a un maestro de canes. Seguro que habrás oido sobre ellos, de la Cruzada. Tenía una buena jauría con él. Pero a pesar de lo terribles que eran, con él se comportaban como cachorros. Admito que sentí cierta envidia. - A mi..los caballos..suelen lamerme la cara.. -Un bache le hizo perder la escasa estabilidad que tenía, casi cayéndose al suelo. Gabrielle lo mantuvo en vilo como pudo, obligándose a mantener tu peso contra ella como fuera, sentado al frente en la silla. - No estamos lejos... -Dijo, en un intento por autoconvencerse. Le facilitó algo de agua cuando la amargura de la garganta le impedía hasta hablar. - Gracias por cuidar de mi... -Le dijo en un tenue hilo de voz. -No te me mueras aquí -le pidió por duodécima vez- con eso me contento... Tienes que morir... En una gran batalla, tras purgar el mal de este mundo. Tiene que ser así.... -Creía en él. De corazón. Se le hacía inconcedible que muriera siendo tan joven.-Me recuerdas tanto a alguien... - ¿Eso es bueno...? -A mi hermano Jian. Es... Da igual lo que preguntes, un norteño embadurna sus recuerdos con el dulzor de la miel y el ácido de la sangre. -¿Mur...ió? -Sí. -Dijo en un breve desaliento, mirando al frente.-Mi consuelo fue... Que murió mucho antes del desastre. Mi fe está en que su cuerpo hoy no vague entre docenas de ellos. Era... Dulce, afectuoso, y puro de corazón. Rubio, claro... -Le apartó el pelo de la cara, compacto por la fiebre.- A pesar de que tú eres todo un hombre... Tienes esa pizca de inocencia que solo tienen los niños, mucho antes de madurar y perderla. Hay un brillo especial en tus ojos. Desearía que jamás lo perdieras. -¿Inocente...? ¿Qué quieres decir? - Me refiero a... ...-Gabrielle acalló repentinamente cuando sus sospechas se despejaron. No estaban solos, y sin más opciones, la huida era la única viable.- ... Maldita sea... Agárrate. Gabrielle espoleó al caballo y este apretó el paso con un bufido sentido. Armand alcanzó a ver un túnel, la hierba desdibujándose a su alrededor, perdiendo sus pinceladas por la velocidad. El horizonte poco a poco aplanó el relieve de las colinas, volviéndose uniforme... De nuevo las sombras y las luces, los mareos por el trote, y la fiebre hizo el resto, sumiéndole en un profundo estado de inconsciencia mientras a su alrededor todo se detuvo. El frenetismo, las pezuñas del caballo sobre la tierra batida, los alaridos de Gabrielle alentándole a apretar más el paso... Y lo que fuera que les perseguía. Rol de Costasur->Villa del Castor->Lobrega(en curso). Armand interpretado por @Thala. Habilidades: Maza pesada, reflejos, defensa, imbuir arma, advertir, tradición/historia. Gabrielle interpretada por @Psique. Habilidades: Espadón pesado, reflejos, defensa, advertir, cabalgar. Consecuencias: Armand cayó inconsciente (-4 de vida), y arrastra heridas serias que le pudieron atender malamente. Necesita atención médica, y tras recibirla, -1 a todas las acciones de atributo físico/destreza durante 2 sesiones. Tiene fiebre y debilidad por las heridas infectadas. Pedazo de penco a ver si aprender a tirar dados.
  9. Shànliáng, el Zurdo

    Descripción Física Shànliáng es un pandaren que responde a los estándares de su raza, si le sumamos el intenso ejercicio físico al que se somete a los miembros del Shado Pan. De pelaje que difiere entre el negro y el blanco. De mirada fría, ojos pequeños y rasgados, enmarcados en las manchas negras que los rodean y resaltan. Su pelaje es denso y engrosa su cuerpo, cae lacio y lustroso. Descripción Psíquica A pesar de la primera impresión, su carácter no siempre acompasaba al helor de sus ojos. Es dado a la conversación, al disfrute de las pequeñas cosas, en especial a la tranquilidad y a las costumbres de su raza. Suele dedicar tiempo y espero a todo cuanto hace, como si formase parte de un rito que merece ser debidamente conmemorado. Aunque pacífico, no puede evitar ser competitivo, a veces hasta un punto poco recomendable. Constantemente se compara con sus iguales, aspirando a superarles en todo cuanto le es posible. Tiene un gran tesón, pero también, un pesado orgullo, que aunque lo viste de dignidad y honra, a veces le hace menospreciar las decisiones de otros e incluso cuestionarlas, volviendo aquello que le hace fuerte en su mayor debilidad. Es imperfecto, a pesar de que sea algo que no reconocería, y es la suma de todos esos fallos que le hacen pandaren lo que le vuelca a alimentar su voraz orgullo, su mayor complejo. No tiene malas intenciones sin embargo, ni una sola pizca de malicia. Y sería capaz de sacrificar cuanto tiene por los suyos, por su orden. Y por Pandaria. Edad 23 Altura 208 cm Peso 220 kg Lugar de Nacimiento Aldea Sri-la, Bosque de Jade Ocupación Acólito del Shado Pan Capítulo I: La vela y el hozen Shànliáng nació en la humilde aldea pesquera de Sri-la, al norte del Bosque de Jade. Su familia dedicaba su vida entera a la faena marítima, que era sustento para las familias tanto de Sri-la como de las aldeas colindantes. Bajo la adusta mirada de la estatua mogu que coronaba la cascada del acceso montañoso que llevaba al poblado, Shànliáng creció guiado por un gran tesón, que le auguraba un futuro prometedor en lo que fuera que se propusiera hacer. Era más fuerte que el resto de sus compañeros, pero también terco como los Yaks de las estepas del oeste. Con el tiempo, la labor aunque humilde y necesaria del pescador, se le quedaba corta para las aspiraciones fue madurando conforme crecía, hasta el día en el que los enviados del Shado Pan acudieron a su humilde aldea para descansar de su viaje, parada que aprovecharon para evaluar a los jóvenes y buscar en ellos el espíritu que el Shado Pan deseaba ver en sus nuevos acólitos. Impresionado por la presencia de estos, aún demasiado joven como para probar su valía en el patio del Shado Pan, corrió hacia su madre y con orgullo en el pecho le declaró que su aspiración sería la de convertirse en uno algún día. Fue así como dejó atrás los juegos típicos de los niños de su edad y comenzó a entrenarse en cuerpo y alma. Todos los días, recorría el camino de acceso en empinada cuesta, para seguidamente deshacerlo. Trabajó sus brazos y sus piernas hasta que estos, se volvieron fuertes, incluyó en sus rutinas diarias prácticas tales como la meditación y el equilibrio, y aprovechó las horas entre redes y barcos para afinar su destreza y perfilar su eficiencia. Si hoy era capaz de empacar la pesca del día en una hora, ¡mañana lo haría en media, o incluso en menos! Y con esa energía que cada mañana recobraba, continuó su entrenamiento hasta el día en que se hizo recio, y se sintió preparado para la llegada de los enviados del Shado Pan, dispuesto a hacerles saber de su valía. Pero en aquella ocasión, ninguna de las miradas experimentadas de los Shado Pan se posaron en él, y contempló con orgullo herido como otros acomodaban los sellos tallados en marfil en sus dedos, mientras él, desencajado, los veía marchar. A partir de ese momento, Shànliáng se volcó enteramente en ayudar no solo a su familia, si no a cualquier miembro de su aldea, ofreciéndose a facilitarles desde las tareas más nimias a las más correosas, sin reproche, e imprimiendo en ellas toda la dedicación que era capaz de enarbolar, esperando que tal vez así, su laboriosidad llamase la atención de los monjes de cara a la siguiente convocatoria. Pero una vez más, ninguno se fijó en él. Furioso por el desdén que creía ver en los monjes, se acercó a uno de ellos. -¿Por qué?-Preguntó Shànliáng.-¿Por qué ellos sí y yo no? Soy el miembro más entregado de esta aldea, me entreno a diario y soy más que digno de tener al menos, la oportunidad de demostrar mi valía en el templo. ¿Por qué se me priva de tal cosa? El Shado Pan, un curtido pandaren que respondía al nombre de Yu Enh, miró fijamente al muchacho que le reprochaba, examinándolo de cerca. - Porque lo que te mueve no es otra cosa que el cumplir tus propias expectativas-le aseveró el shado pan-, Formar parte del Shado Pan no es un derecho, es un sacrificio para quien tenga el espíritu de tomar tal camino. -Y cuando quiso dar la conversación por zanjada, volteando de nuevo hacia el camino, Shànliáng se adelantó un firme paso, e insistió. - Entonces, dejadme demostraros lo contrario. Una única vez, y si fallo, no insistiré nunca más. Por favor, es lo único que os pido. -Y dicho esto, se arrodilló en imploro sincero, ante lo cual, el Shado Pan suspiró largamente. - Está bien.-Le dijo en un tono seco.-Te ofreceré la posibilidad de demostrar que me equivoco a través de una sencilla prueba. Si eres capaz de cumplirla adecuadamente, te entregaré un anillo. Gratificado por la respuesta del monje, Shànliáng volvió a alzarse con una amplia sonrisa, y se puso en manos del Shado Pan. Una única prueba, sería fácil si le dedicaba la suficiente determinación, como en todo cuanto hacía. Yu Enh le guió a través de un viejo sendero que conducía hacia un lateral de la cascada que la estatua del mogu vigilaba con ojos petreos, y una vez allí, le invitó a sentarse junto a la caída del agua, allá donde la tierra se humedecía por su proximidad. Shànliáng le miró con determinación y alegría al mismo tiempo, mientras el Shado Pan prendía una pequeña vela y cubría con su zarpa la llama de la agresión del agua que salpicaba a esa altura. -Tu tarea es sencilla: mantén la llama de la vela prendida durante un día y una noche. Si soportas el cansancio y el hambre, y esta llega íntegra al atardecer del segundo día, te daré el anillo del tigre blanco. Shànliáng le miró con cierto escepticismo, por lo sencillo que parecía aquella prueba, pero viendose incapaz de lanzarle reproche alguno, se dispuso a cumplir la tarea que se le encomendó, alzando la zarpa y tomando la vela, cobijándola de la agresividad de la cascada. Lo que al principio era una tarea nimia se convirtió en toda una prueba de perseverancia. Las aguas de la cascada salpicaban incansablemente, más aún cuando una ráfaga de viento arremetía sobre ellas. Mantener la zarpa en vilo para resguardarla también conllevaba su propia ciencia, pues si pretendía resguardarla del todo, se quemaría, pero ceder al peso de mantener esa posición conllevaría el fracaso. En conclusión, la prueba resultó ser más difícil de lo que parecía en un inicio. Pero no era perseverancia lo que el faltaba, así que allí permaneció, aun cuando el hambre hacía rugir sus tripas o el cansancio amenazaba con convencerle de dejarlo. Con la luz del siguiente día, llegaron los contratiempos. Un pequeño Hozen que deambulaba por las ramas de un árbol cercano consideró divertido el tentar su temperamento con travesuras y bromas. Constantemente, le lanzaba ramitas, frutos, y todo cuando encontraba al alcance de la mano. -¡¿Qué es lo que quieres?!-Le preguntó molesto Shànliáng, alzando la vista hacia las ramas del cerezo. El hozen sonrió ampliamente. -Makaku estar en medio, makaku es comekaka. ¡Fuera, fuera! Sitio ser de mio, de miko, no de comekaka, ¡mio! A Shànliáng no le era extraño el tratar con los hozen, pues en aquella zona había varias familias que vivían en los árboles. Era común que cuando se aburrían, bajasen hasta el poblado para molestar a los pescadores durante su faena. Y había aprendido que ignorarles solo servía para que insistieran, más y más, hasta que al final, la travesura se convertía en un problema de verdad. Los hozen solía querer algo a cambio de la tranquilidad, y se irían por donde han venido. -No puedo irme.-Le explicó.-Tengo que evitar que la vela se apague.-Intentó razonarle con tono suave. El hozen miró la pequeña vela que costenía en la zarpa, luego, la cascada, y divertido, miró al pandaren. -Makaku ser tonto, agua jeringa llama. ¡Tú ser comekaka! ¡Tú irte! -Si hay llama, me quedo. -¡Makaku jeringar llama tonces! El Hozen bajó a toda prisa del árbol y corrió hacia el pandaren, el cual se levantó de un salto. Mientras el hozen revoloteaba a su alrededor, brincando y corriendo intentando apagar la llama de un soplido, Shànliáng intentaba frustrarle sus intentos, deslizando los pies y volviéndose con soltura, por difícil que fuera el mantener la llama candente con tales aspamientos. Cansado, Shànliáng le miró hecho una furia, con los pies casi al borde del precipicio. -¡Ya basta! ¡No he venido para molestarte, pero tengo que cumplir este cometido! No te lo repetiré una segunda vez. El hozen se tomó aquello como un reto, y volvió a intentarlo dando un tremendo brinco hacia él para quitársela de entre las manos. Shànliáng se echó a un lado, pero la sensación de triunfo se desvanecería rápidamente al ver como el hozen caía por el precipicio, agarrándose como pudo de un saliente mientras chillaba de terror. El pandaren miró desencajado cómo las manos del hozen peleaban por mantenerle ceñido a la roca, resbaladiza por el agua de la cascada. Entonces, soltó la vela, por mucho que lo lamentase, y se apresuró a ayudarle a subir de nuevo, alargando la mano hacia él. El hozen se tumbó sobre la tierra como si el cielo quisiera tragárselo, y miró sorprendido al pandaren que había corrido a ayudarle. -Makaku ser malo, makaku molestar a comekaka, pero no dejar que hiciera kraku. No ser comekaka, makaku bueno. El pandaren no le respondió. Se aproximó a la vela que al caer sobre la tierra húmeda se había apagado, al igual que su posibilidad de entrar en el Shado Pan. Apenado, se dejó caer de rodillas, pero de nada servía discutir con el hozen. Era su naturaleza. Así que, afrontó su fracaso y volvió a sentarse junto a la cascada, esperando que llegase el atardecer. El hozen insistió mucho en compensarle. Le trajo frutos, chatarra y bichos como disculpa, pero el pandaren estaba demasiado apenado con su suerte como para molestarse siquiera en responder. El monje acudió con el crepúsculo al lugar, y miró al muchacho allí donde le había dejado, con la vela apagada en el regazo, derrotado. Shànliáng le explicó lo que había sucedido, y le devolvió al Shado Pan la vela, inclinando la cabeza con pesar. El hozen contempló la escena desde la rama del cerezo, y sin más ocurrencias, le lanzó una rama al Shado Pan, quien le miró desde abajo. -¡Comekaka deja en paz! ¡Makaku proteje vela! Ser miko quien jeringar. No tú. -¿Te ha salvado este chico de la caída?-Le preguntó levantando la voz. El hozen asintió efusivamente, luego negó, y finalmente, dejó la cabeza inclinada hacia su hombro. -Makaku salvar miko, así que miko protege vela. ¡Comekaka no tocar vela!-Y le lanzó otra ramita, demasiado cobarde como para enzarzarse contra él a una distancia menos segura. Shànliáng mantuvo la cabeza agachada, aceptando el sermón del monje. Este, en lugar de deshacer el camino, le tendió la mano, con el anillo de marfil con el tigre blanco en él. El joven pandaren no entendió ese gesto, y desconcertado, se atrevió a preguntarle. -Fallé la prueba, no soy digno de este obsequio. -Eso es cierto, no conseguiste mantener la vela encendida, pero el fracaso es parte de la vida, muchacho. Debemos asumir nuestros errores. Renunciaste a tu futuro para salvar a quien lo necesitaba, renunciaste a tu mayor ambición. ¿No es eso acaso lo que se espera de un Shado Pan? Aún veo una niebla en tu interior, pero esta prueba no consistía en que aprendieras, si no en que te probases a tí mismo. Además, en mis planes no estaba este hozen. Una nueva ramita golpeó el sombrero del Shado Pan, y este, no pudo sino reír. Shànliáng miró el anillo entre sus dedos, incrédulo, pero aceptando el saber del monje. -Acude al templo del Shado Pan en la cima Kun Lai, dentro de dos meses. Y abrígate, el camino es inclemente, pero te recomiendo no llevar arma alguna, ni armadura. -¿Por qué? ¿No acabas de decir que el camino es peligroso? -Sí, pero una vez allí no las necesitarás. Prepárate bien pues deberás hacerlo solo. Capítulo I: Las flores rojas El ardor de la mano izquierda acaparaba sus pensamientos, como el llanto de una cría llamando a su madre. Había sido listo, o eso pensaba, al decidir meter la mano torpe en el brasero, y no la diestra. Tuvo que indagar profundo entre las brasas para dar con la última de las monedas, pues para su vergüenza, llegó el último tras atravesar el frío lago. A pesar de los yetis que tuvo que sortear en el paso montañoso, a pesar de las aguas frías que le habían obligado a desprenderse de la camisa que llevaba por no rendirse a la hipotermia, incluso a pesar del hambre y de la brutalidad de la prueba de las campanas -cuyas notas aún retumbarían en sus sueños durante mucho tiempo-, irónicamente, era ese escozor lo que le resultaba un martirio. El más nimio de todos. Ni siquiera el soplo del viento contra su apelmazado pelaje por el agua era comparable, allí, en el saliente. Shànliáng el fatigado, el exhausto, el muerto de frío y de hambre, miró con desinterés las pasarelas dispuestas sobre el vacío que se encontraban enfrente, pero su expresión cambió radicalmente cuando escuchó al maestro del Wu Kao ordenarles que se situasen al final de las mismas. Sus pies temblorosos comenzaron a caminar sobre la madera, hasta casi sentir el filo con los pies. Si caía, no iba a sobrevivir. Mientras el maestro hablaba, le dedicó una mirada fugaz a Tzu Sú, el pandaren que de los cuatro que habían participado en la prueba de las campanas con él, era el único que había sobrevivido. Uno cayó por la muerte silenciosa, otro, por la muerte que roba. De poco les sirvieron sus armas, pues cuando se precipitaron a tomarlas bajo el espacio de la campana de la Muerte que Salva, el tigre, la Muerte Silenciosa se precipitó contra ellos, acabando con la pandaren cuyo nombre se lamentaba en no recordar. El último murió poco antes de haberlo matado, cuando el veneno de la pitón del bambú hizo efecto. Ninguno la vio, nadie, y cuando la vieron brotar de entre sus ropas mojadas, pequeña y plácida, entendieron el por qué. Podían llegar a medir más de cuatro metros de longitud, pero en aquel caso, eligieron a una cría de apenas un palmo, cuyo veneno es aún más potente. Fue una muerte repentina, una cruel y desalmada. ¿Pero acaso no es así un ladrón? No tenía sentido cuestionar el carácter de las pruebas, ni las condiciones. Conforme las fue afrontando, Shànliáng entendió que no eran más que la representación de la crudeza, la que habita más allá del hogar, del Bosque de Jade. Más allá del Espinazo del Dragón. Pero esta no parecía prueba alguna. Sino un suicidio. Había llegado demasiado lejos como para morir ahora, y menos porque simplemente se lo ordenasen. Era digno de estar allí, al menos, hasta el último momento. Mientras el maestro pronunciaba la cuenta atrás, Shànliáng solo tuvo un segundo para prestar atención a su alrededor. Arriba, en los tejados de tejas negras cubiertas parcialmente por la nieve, despuntaban las siluetas de unos dragones perfectamente tallados, con gruesas escamas, cada una, parecía haber sido confeccionada con esmero. No sabía sobre orfebrería como determinar si aquellos detalles eran legítimos o no. Sólo que no estaban cubiertas de nieve. Había sentido miedo, dolor, sufrimiento, desesperación y hambre, pero su orgullo era demasiado grande como para permitirle una pizca más de duda. Así que, saltó cuando la cuenta atrás concluyó, puntual, como la partida de los barcos pesqueros de su hogar, el cual no había parado de añorar muy desde sus adentros. La gravedad tiró de él, y el viento azotó su pelaje hasta que le fue imposible mantener los ojos abiertos por la intensidad de las corrientes, que mientras él caída, ellas ascendían, libres de toda carga. En aquellos breves momentos, Shànliáng reflexionó sobre lo vivido, sobre el mismo camino que le había llevado hasta ese lugar. Todo pasó rápido, pero más raudas fueron las garras que lo atenazaron por los antebrazos en el aire y se lo arrebataron a la gravedad. Incrédulo, Shànliáng abrió los ojos para contemplar a aquel dragón ónice que lo guiaba de nuevo hacia arriba. Vio como aquellos que se habían arrojado valientemente hacia el precipicio, también fueron recogidos. Mas para aquellos que se permitieron unos instantes de duda no hubo tal suerte, y entre ellos, alcanzó a ver a Tsu Zú. Creyó que alargando la mano podría salvarle de las fauces del abismo, estaba tan cerca... sin embargo, el mismo dragón que le daba alas, hizo un quiebro para evitar a Tsu Zú, como si el pandaren no fuera más que una roca que caía desde gran altura intercediendo en su trayecto. Su rostro se tiñó de vacío y desolación cuando las nubes invernales censuraron el fatídico final del que se había ganado su lealtad y simpatía, al haber recibido en su lugar uno de los embates de la Muerte Silenciosa en su lugar. Juntos, le habían dado muerte, pero solo uno viviría para contarlo. Sus pies se posaron con una delicadeza inusitada, pues a pesar de lo que pudiera parecer, aquellos seres tenían dominio absoluto sobre sus movimientos, fueran grandes o pequeños. Y con el mismo despliegue, regresó de nuevo al tejado del templo con el resto de dragones. Algunos ni si quieran habían alzado el vuelo. La inmensa mayoría en realidad. Empezaron siendo tantos, y acabaron tan pocos. Cinco se retiraron ante la advertencia de que para quienes fallaban una sola de las pruebas, les esperaba la muerte. Pocos se echaron atrás con la prueba de las Tres Campanas, si bien no sobrevivieron ni la mitad de los que entraron en aquellos habitáculos. Los que quedaban tras aquello eran firmes guerreros, o hábiles pandaren que habían evitado su muerte contra el tigre o la pitón. Pero ante aquel abismo, la promesa de que quienes no mostrasen duda al saltar no recibirían daño alguno sonaba irrisoria, y muchos cuestionaron internamente las palabras del maestro del Wu Kao, firmando su propia sentencia. Estaban enteros los que quedaban, más o menos. Pero aquellos no eran los ojos que había visto ante las puertas del templo del Shado Pan. Ninguno era en ese momento como lo fue cuando emprendió el viaje. Shànliáng miró sus ojos pálidos en la superficie reflectante del acero del brasero, mientras se encaminaban ante la presencia del señor del Shado Pan, el gran Taran zhu, para que fuera el testigo máximo del juramento que les ataría a partir de entonces a una vida entregada, extenuante y sacrificada. Capítulo II: Hasta que el orgullo sangre Durante semanas, vestido con las ropas holgadas de los acólitos del templo practicó, hasta que los peludos nudillos se desnudaron, hasta que la piel se volvió pellejo para tornarse herida, y de la herida, nació el callo. El frío se había hecho un compañero habitual cuando se acostumbró a que las estaciones pasaran desapercibidas en tan alta cumbre, salvo el invierno, que se hacía notar como las astillas entre los nudillos. Mientras practicaba en el patio pedregoso con el resto de novicios, que adelantaban las palmas repitiendo incansablemente un mismo golpe al unísono, alzó la vista hacia quien los supervisaba, en lo alto de las escaleras. Intercambiaba unas palabras con otro bufanda roja mientras se internaban en el edificio. Cuando concluyó el entrenamiento, pidió audiencia con este, armado de orgullo, pero disciplinado como le habían enseñado a ser. Shànliáng se inclinó con respeto ante su maestro, el cual le instó a que tomase asiento frente a él, al resguardo del frío y en compañía de una taza de té. Desde la ventana se podía contemplar la basta extensión montañosa que coronaba el templo en su cima, pero en medio de esta, un solitario árbol desnudo mecía sus ramas al viento. En ellas, empezaba a brotar las flores rojas, y no pudo sino reflexionar sobre ello. Ya habían pasado tres convocatorias, la cuarta ya era inminente, y seguía compartiendo los mismos entrenamientos que aquellos que acababan de llegar. El sentimiento de progreso era mínimo, esperando que aquellos que dictaban el ritmo del adiestramiento vieran en él una chispa, algo, algo que él sentía que tenía por encima de todos los demás, pero que sus maestros pasaron por alto. El maestro no tenía prisa en romper el silencio, en calma, siguió el cauce de la mirada de su discípulo, hasta alcanzar a ver los capullos nacientes de las flores rojas. -Quiero aprender.-Le dijo, directo, sin miedo. Cuando Lu Seng volvió su rostro para encarar al muchacho, vio la bruma en aquellos ojos azules.-Estoy listo para empezar. -Ya estás aprendiendo.-Le dijo con absoluta calma, tomando la taza y llevándosela a los labios. La tranquilidad de su maestro le erizaba la pelambre, le despertaba desquicio. -Llevo más de un ciclo practicando los mismos movimientos. Soy preciso, soy persistente, he superado cada reto que se me ha planteado. Pero sigo siendo un… -Un acólito del Shado Pan, tu bufanda sigue siendo blanca. Aún tienes mucho que aprender. -¿Qué puedo aprender en este patio que no se me haya enseñado ya?-Ante la muestra de orgullo que se le revelaba en su discípulo, el Shado Pan se incorporó y con un gesto de su mano, le indicó que se levantase. Shànliáng obedeció de inmediato. -Enséñame la mano con la que combates.-Shànliáng se posicionó, ocultando la zurda tras la espalda como le habían enseñado y adelantando la diestra con la palma apuntando hacia arriba en vertical. El Shado Pan la miró con brevedad, prolongando otro silencio.-Ahora enseñame la determinación de un Shado Pan. Shànliáng aguardó un instante inmóvil, enfrentando la mirada cargada de seguridad y veteranía de su maestro. Deshizo la postura, la recompuso cual reflejo de un espejo, y ahora quedaba adelantada la zurda. En la palma curtida, justo en el centro, se apreciaba la cicatriz que dejó la moneda del brasero: el rostro de un tigre rugiente, el emblema de los Shado Pan. -Acompáñame.-Le dijo después, y se encaminó hacia la puerta que daba al patio, donde la siguiente ronda de acólitos comenzaba a entrenar. Rostros fuertes, redondos, cansados, incluso aniñados, de hombres y de mujeres. Grandes, fuertes, flacos, débiles. Shànliáng se recompuso, estirando la espalda, contemplando con soberbia el patio y a quienes lo moraban.-Míralos. Fíjate en sus movimientos, en la sincronización. Cuando uno deja de pensar, es cuando realmente fluye.-Se llevó las manos a la espalda y ahí las cruzó.- Debemos ser equilibrio, dejar en manos del instinto y la costumbre las pequeñas decisiones para que nuestra mente deba ocuparse tan sólo de las importantes. Es por eso que repetimos cada movimiento. Invitamos al cuerpo a que aprenda, a que fluya, mientras la mente es educadaba de acuerdo a los valores de la paciencia, la perseverancia. Y la humildad. Invulnerable a la insinuación, Shànliáng continuó mirando el entrenamiento de los acólitos en silencio. -Entre ellos, hubo potenciales guerreros, cazadores, que pudieron ser útiles para las fuerzas Ashigaru o que pudieron tener una vida plácida en las llanuras del Valle de los Cuatro Vientos como labradores o comerciantes. Pero están aquí. También entre ellos hay muchachos jóvenes, el que más, tiene apenas nueve años.-Nueve… Se dijo para sí, contemplando al pandaren más pequeño, de pelaje castaño moteado.-Y del primero al último, merecen estar ocupando su lugar en la fila, ni uno más ni uno menos. Todos superaron las pruebas de acceso, y todos juraron ante el señor de Shado Pan, convirtiéndose en acólitos. Ni más, ni menos. Tú sin embargo, fuiste pescador según me consta, hijo único de una acomodada familia en la aldea de Sri-la.-Shànliáng le miró entonces.- Así pues, discípulo mío, ¿qué te hace pensar que eres mejor que ellos? -Mi destreza, mi eficacia, mi perseverancia. Soy mejor que el mejor de todos ellos. -¡Ying, preséntate ante tu maestro!-Vociferó el pandaren desde lo alto de las escaleras. Los demás siquiera se detuvieron para curiosear, continuaron con su entrenamiento como si no ocurriese nada. La pandaren ascendió las escaleras hasta situarse frente a ellos y se inclinó con sumo respeto, juntando las palmas. -Quiero ver cómo os desenvolvéis. Os batiréis en duelo a manos desnudas aquí y ahora. Quien consiga reducir a su rival y mantenerlo con la espalda pegada al suelo, superará esta prueba. No hubo más indicaciones, ni qué significaba superar aquel reto improvisado. Seguro de su superioridad, se dispuso frente a su oponente, que son ojos de un ambar apagado le devolvieron la mirada. Pero el combate no duró mucho. Shànliáng se precipitó contra ella, dando el primer paso, como si tuviera prisa por terminar todo aquel circo, y cuando adelantó su diestra, la pandaren le inmovilizó el codo y fluyó como solo pueden las corrientes de aire. Antes de darse cuenta, un golpe sordo en su espalda le hizo tener constancia de que había dado contra el suelo, y la pandaren ahora se encontraba sometiéndolo a una llave que le hacía imposible el moverse, mucho menos incorporarse. Era más fuerte que él, más rápida, pero sobre todo, paciente. No… Shànliáng se debatió, intentando librarse de ella, pero no podía. Su maestro contempló con ojos fríos cómo el combate había concluido tan rápido como empezó y le indicó a su discípula que liberase al pandaren. -¿Cuanto tiempo llevas aquí, Ying? -Séis años, maestro.-Dijo con voz solemne. -¿Y qué te hace mejor que el resto? -Todos somos iguales, nuestras bufandas son blancas hasta el día en que merezcan ser bermellón.-El maestro complacido asintió y miró a Shànliáng, que tenía la mandíbula apretada y la barbilla baja presa de la vergüenza. La despidió con la diestra y la pandaren volvió a la formación. -Enséñame la mano con la que combates.-Le recitó a su discípulo, sin endurecer un ápice el tono que sin embargo, cayó sobre él con el peso de una avalancha. Shànliáng adelantó la diestra, retomando aquella postura.-No.-Le dijo, y tras unos instantes de duda, mostró su otra mano, la zurda, la que prefirió sacrificar para coger la moneda por inseguridad.- A partir de hoy, la determinación de un Shado Pan y su fuerza serán representadas por esa mano. No volverás a emplear la diestra para tus ejercicios, deberás aprender por tí mismo cómo priorizar tu mano zurda. En la prueba de las monedas, elegiste tomarla con esa, confiando en que serías el más listo, o más bien, por miedo a perder capacidades con tu mano diestra y evidenciar que eres menos que los demás. Tu orgullo te hace débil, Shànliáng. Es por eso que a partir de hoy, aprenderás el significado de la humildad, y serás tan virtuoso como te permite el orgullo: serás el peor de todos ellos. El más débil, el más mediocre, y el más indefenso. Shànliáng no sabía pelear con la zurda, era cierto, pero, ¿humildad? El pandaren miró a su maestro con un cierto reproche, con el orgullo herido. Ahora, no solo iba a detener en seco su progreso, sino que debería empezar el camino desde cero. Y lo haría solo. Shànliáng apretó los puños y miró hacia la formación de los acólitos. -El orgullo es bueno, hasta que deja de serlo, Shànliáng. Pero no es algo que yo pueda trasmitirte con palabras, debes de entenderlo por ti mismo. Del mismo modo que algún día, descubrirás que nuestras pasiones pueden ser nuestros peores enemigos. Tu prueba de humildad acaba de empezar, y si de verdad tienes interés en superarla, harás lo que te digo, incluso cuando no te esté vigilando.-Shànliáng no respondió. - Esto no es un castigo, es un entrenamiento. ¿Ha quedado claro?-Endureció la voz, le obligó a mirarle. Y en sus ojos vio la misma bruma que apreció el enviado del Shado Pan cuando se disputaba el derecho de portal el anillo de marfil. -Sí, maestro.-Le respondió apresuradamente. -Vuelve a la fila.-Su entrenamiento ya había concluido, pero optó por no añadir más reproches. Descendió las escaleras, cansado y mermado por el día de ejercicio intenso, y se posicionó. Adelantó la zurda, y comenzó.
  10. [Ficha] Shànliáng

    Atributos 6 Físico 8 Destreza 6 Inteligencia 6 Percepción Valores de combate 24 Puntos de vida 18 Mana 7 Iniciativa 10 Ataque CC Sutil (Combate sin armas - Defensivo) 10 Ataque CC Sutil (Combate sin armas - Ofensivo) 9 Defensa HABILIDADES Físico 1 Atletismo Destreza 2 Combate sin armas - Defensivo 2 Combate sin armas - Ofensivo 1 Escalar 1 Defensa 1 Nadar 1 Sigilo Inteligencia 1 Fauna 1 Leyes 1 Religión 1 Sanación/Hierbas 1 Supervivencia/Cazar 1 Tradición/Historia 1 Chispa de Chi 2 Palma del Tigre 1 Niebla protectora Percepción 1 Advertir/Notar 1 Buscar 1 Rastrear 1 Reflejos ESCUELAS/ESPECIALIZACIONES Tigre Blanco
  11. Decoradores

    Súper like.
  12. Addons, parches y comandos útiles

    Añadido BugGrabber y BugSack.
  13. Fēngniǎo Zhao

    Fēngniǎo Zhao Descripción Física Lo primero que llama la atención en ella es que su altura está por debajo de la media respecto al resto de pandaren. Nació débil, y su salud se resiente con facilidad, es por ello que se la ve algo delgada para ser un pandaren. Tiene los ojos de un intenso color verde, y su pelaje oscila desde el blanco hueso al ébano. Suele llevar el pelo recogido en dos pequeños moños en lo alto de su cabeza. Descripción Psíquica Inquieta, tal vez hiperactiva. Siempre va de un lado a otro aun que tenga que arrastrar su deficiente tono físico. Sea cual sea el momento del día, siempre está ocupada haciendo algo. Es una enamorada de las artes, sobretodo de la escritura, a la cual le dedica una gran parte de su tiempo. Es precisamente eso lo que ha conseguido que aspire a convertirse en Eremita algún día. Siempre con ansias de aprender, de cuanto sea. Tiene un caracter dulce, a veces demasiado volcado en los demás, rayando la insistencia indecorosa, pero su entusiasmo es sincero, estimulado por casi todo cuanto no sabe, irrefrenable pero a veces, resulta encantador. HISTORIA Fengniaö nació temprano, y su alumbramiento vaticinaba un fin irremediable, pues era débil, pequeña y frágil como las flores del cerezo. Desconsolados por este hecho, sus padres hicieron llamar a un gran número de sanadores y boticarios, con el fin de que subsanara el mal con el que había nacido. Y con la marcha del último, se miraron apenados. Poco más estaba en su mano para ayudar a su hija recién nacida. Ante la duda que les asolaba y el temor que les atormentaba, Xiao Xiao, la madre ya añeja de Xihan, un día les habló de Chi Ji y de lo que hace muchos años, antes incluso de que el progreso llevara a la brillantez a la medicina pandaren, se hacía en estos casos. La anciana pandaren de aspecto y sonrisa afable juntó sus manos sobre la cabeza de su bastón y así, empezó el relato. Una vez, en las lejanas llanuras del Valle de los Cuatro Vientos, habitaba una familia de laboriosos obreros. Estos dedicaban su vida a la construcción de los hogares de sus coetáneos, mas un día, su primer hijo nació débil, muy enfermo, y nada había que pudieran hacer para salvarle. Así pues durante la mañana, el inexperto padre alcanzó a ver una gloriosa figura planeando sobre el verde valle. Era Chi Ji, el Augusto. Con voz en grito, dejó su martillo a un lado y le cuestionó. -¡Chi Ji, oh glorioso Augusto, tú que con tu vuelo nos traes esperanza y sosiego, dime, qué he de hacer por salvar a mi hijo! El Augusto se posó en una loma cercana, dejando sombrado al pandaren, pues su embergadura era increiblemente extensa. La grulla más hermosa que pandaria había visto. Con ojos cálidos, agachó la cabeza y dijo: - Si tu amor por tu hijo es honesto, con sumo gusto velaré por él. Pero necesito una prueba que demuestre que el sentimiento es puro. -¡Lo que sea!-Dijo el pandaren, implorando de rodillas. -Si de verdad su vida está por encima de cualquier otra cosa, deberás renunciar a aquella posesión que más dicha te traiga, una cuyo valor sentimental la ponga por encima de todo cuanto tienes.-Y dicho esto, el Augusto retomó el vuelo, alejándose placidamente. El pandaren pensó en su legado familiar, la espada de sus ancestros, con la cual el mal que reside en el Bosque de Pavor era enfrentado durante siglos. Dudó, pues en aquella reliquia, la única que de verdad tenía un valor honesto, había más de una generación de dedicación y de memorias. Pero el amor por su hijo era demasiado grande como para dejarle morir. Y así hizo. Ofreció la vieja espada en ofrenda para el augusto una noche, y cuando despertó al día siguiente, esta había desaparecido. En su lugar, una pluma roja como el más vivo de los fuegos resplandecía por los rayos de sol que se filtraban por la ventana, posada sobre la almohada de su hijo, que alegre y vivaz, reía mientras la miraba. Con ella, la fiebre se había desvanecido, y nada quedaba en su pequeño cuerpo que le provocase dolor. Absolutamente agradecido, acogió a su hijo entre sus brazos, y desde entonces, el niño creció fuerte y gozó de una larga vida. Sin estar muy seguros de que aquello funcionase, Xihan, la madre de la criatura contempló a su niña en la cuna, encogida, durmiendo profundamente fruto de un inmerecido agotamiento. Luego sostuvo entre su zarpa el collar de jade que durante generaciones había sido el legado de las mujeres de su familia, el cual heredaban al casarse. Se lo retiró del cuello, apenada por tener que desprenderse de él y así hizo, como su propia madre le relató. Fuera por Chi Ji, por suerte o para honra de los médicos, Fēngniǎo se recuperó, y disfrutó de la niñez en Verdemar, su pueblo natal en el Bosque de Jade. Era una entusiasta estudiante, y la hiperactividad de la que hacía gala en contraste con su frágil salud era bien conocida entre su familia. Siempre dispuesta a aprender, de lo que fuera. Fue su abuela Xiao Xiao quien alimentaba cada día la mente de la niña con historias del folklore. Le hablaba de los Augustos, de la rebelión pandaren, pero también del resto de habitantes que residían en pandaria. No tenía el extenso conocimiento de un eremita, pero en su día fue una discípula de Chi Ji, y viajando llegó a almacenar un valiosísimo conocimiento. Y eso era a lo que le instaba, le decía que el verdadero conocimiento no está en los libros, que Pandaria misma rezuma sabiduría esperando a ser encontrada. Se aficionó a las historias que le contaba su abuela, y a pesar de que sus ojos verdes le insinuasen que llegaría a ser una gran discípula de Yu Long, el Augusto de jade, su sed de aprender hacía que siempre dijera con entusiasmo que su sueño era ser eremita, y redactar y conservar el conocimiento Pandaren para que nunca fuera olvidado. Hasta entonces, aprendió mucho sobre medicina de la mano de su abuela y de su madre, quienes regentaban una botica para todo tipo de remedios. Aprendió las bases de la acupuntura, de la masoterapia y de tantas otras disciplinas médicas con las que aprendió a sanar y cuidar a quien lo necesitase. Su ímpetu al final le dio el nombre que enarbolaba legítimamente, pues Fēngniǎo en pandaren significa “colibrí”, todo un acierto por parte de su abuela, quien le puso ese nombre cuando apenas se acercaba el día de su nacimiento. Y así, Fēngniǎo esperó pacientemente a que llegase el día en que cumpliera su mayoría de edad y pudiera emprender su camino, viajando por todo pandaria para aprender de los sabios de la Cima Kung Lai, de los inquietos grumel, ver bailar a los maestros de los elementos, visitar los extensos campos de cultivo del Valle de los Cuadro Vientos, las renombradas cervecerías pandaren y contemplar la extensión selvática de la Espesura de Krasarang. Había tantas maravillas ahí fuera, que con impaciencia contaba los días que restaban. Verdemar era una preciosa aldea, pero empezaba a ser una jaula demasiado pequeña para tan inquieto colibrí.
  14. [Ficha] Fēngniǎo Zhao

    Atributos 5 Físico 7 Destreza 7 Inteligencia 7 Percepción Valores de combate 20 Puntos de vida 21 Mana 8 Iniciativa 7 Defensa Habilidades Físico 1 Atletismo Destreza 1 Nadar 1 Sigilo Inteligencia 1 Comercio 1 Fauna 1 Leyes 1 Religión 2 Sanación/Hierbas 2 Tradición/Historia 2 Acupuntura 2 Masoterapia 1 Anatomía 2 Alquimia Alivio del Viajero Sedante suave Arrojo del ratón Aliento del Despertar Percepción 1 Advertir/Notar 1 Bailar 1 Buscar 1 Reflejos Alquimia: Aprendiz: Alivio del Viajero: Alivia la fatiga y calma el cansancio. Sana 1d6 de daño por encima del umbral de herido. Solo tendrá efecto una vez al día. Se puede usar en combate. Sedante suave: Alivia el dolor y permite las intervenciones más complejas. El efecto es interpretativo. Arrojo del ratón: Otorga +1 de Destreza durante tantos turnos/minutos como nivel de alquimia del creador. Tras acabar el efecto otorga -2 de destreza durante lo que queda de día. Aliento del Despertar: Devuelve la consciencia a alguien inconsciente durante un breve periodo de tiempo, si el objetivo se encuentra en ese estado debido a heridas graves (tantos turnos como nivel de alquimia). Esta consciencia es vaga, y el objetivo se sentirá adormilado y débil como para seguir luchando, pero podrá balbucear y ser ligeramente consciente de lo que está pasando. Si se debe a un desmayo inocuo, permanecerá despierto.