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  1. Última semana
  2. Al alijo

    " Se acercaba el frio, como otros tantos años. La luna del cazador había ya alcanzado su cenit hacia casi un mes. Si algo sabiamos todos, era que el frio encrudecia la guerra, poniendonos al limite. Aunque no era mucho, pensar en tener un lugar secreto para esconder suministros podria ayudar de cara al futuro. Aquel iba a ser nuestro secreto. Madam Victoria, dueña de uno de los burdeles de Wadelwich, habia aceptado el trato de darnos una caja de suministros por las setas de Danzarona, utilizadas como afrodisiacos, drogas y sustancias que hacian olvidar a uno donde estaba. No habia sido facil conseguirlas, pues el territorio donde crecian no estaba desocupado..." Alijo oculto en el interior del tronco de un arbol talado. Las setas proliferan entorno a sus raices que aunque muertas, aun se aferran a la blanda tierra que le dieron en su dia sustento Comida de perro Comida de perro encontrada dentro de una de las cajas de viveres destinadas a los Marcados. Parece ser mas una broma pesada y de mal gusto por parte de algun soldado, pero la triste realidad es que sigue siendo comida Cecina Carne seca he insípida extremadamente salada que no sabe a nada y deja una sensacion rasposa en la lengua. Esta pensada para durar, logrando al menos alejar al hambre durante unas pocas horas. " Tal vez no podamos escapar de la guerra, pero si podemos intentar sobrevivir a ella " "Jeacob Corvanus" ------------- Participantes Jeacob: Advertir notar. Hierbas. Fauna y flora. Atletismo. Sigilo. Trepar Cormac: Advertir notar. Hierbas. Fauna y flora. Atletismo. Sigilo. Ilusion. Trepar
  3. Informe de exploracion Dia 5 tras la salida de Wadelwich Caravana perdida Vieja caravana con el emblema del reino de Gilneas dibujado en su lona desgarrada por zarpas. Aunque hace poco menos de una semana de su desaparición, ha sido erosionada rapidamente por la humedad de la fangosa hondonada, donde permanece volcada y varada a medio tragar por el lodo. La mayoria de suministros que portaba en su interior se han desparramado a su alrededor, muchos sacos y cajas con recursos valiosos yacen en las podridas aguas, junto a los cadaveres hundidos he hinchados de los dos conductores. La mercancía que tuvo la suerte de caer en tierra firme fue presas rapidamente de las alimañas del bosque. Los cristales rotos de las ampollas de brebaje y las cajas con el simbolo de la casa real de los alquimistas, delata que los huargen no dejaron ni un vial entero, ni tampoco supervivientes. Recursos encontrados o-Escasas raciones de comida y materiales o-Diario maltrecho de Alfred " Diario de Alfred Grecklok. Conductor de caravanas " " Partimos el 28 de Octubre con la esperanza de llevar estas mercancias al frente, sabia desde el principio que era peligroso, seria un ingenuo si no pensara asi. Todos teniamos clara la situación pero no nos quedaba otro remedio que hacerlo, la paga era buena, pero aparte del dinero, muchos de nosotros teniamos familiares en Wadelwich y esta era casi la unica forma de poder verles. Jonathan, Clara, incluso Charles que era soldado y nuestra escolta tenia un hermano marcado alli. El invierno se acercaba y debiamos de apresurarnos para llevar los suministros hacia Wadelwich antes de que el tiempo se encrudeciera aun mas. Este iba a ser nuestro cuarto viaje por los caminos del Norte. Solo espero tomar el camino correcto..." -------------------------- Participantes Jeacob: Advertir notar. Buscar. Sigilo. Defensa. Ballesta ligera. Espada ligera. Atletismo. Snacion Hierbas Cormac: Advertir notar. Buscar. Sigilo. Defensa. Invisibilidad. Espada ligera. Atletismo
  4. Informe de exploracion. Dia 3 tras la salida desde Wadelwich Objetivo: Búsqueda de recursos Un viejo molino de agua abandonado situado al Suroeste, a dos dias de distancia de Wadelwich. Es el hogar de un famelico perro propiedad del antiguo dueño, cuyo cadaver reseco aun permanece dentro del edificio. La rueda del molino esta rota, asi como la sierra que se utilizaba para cortar la madera. Varios leños estan por cortar en la caseta donde se procesaban los troncos. Recursos encontrados o- Unidades de madera o-Chatarra y metales o-Mecanismos simples //----------------------- Participantes: Jeacob: Advertir notar. Atletismo. Reflejos Cormac: Advertir Notar. Atletismo. Reflejos
  5. Más temprano
  6. Shawn A. Stonecrow

    Ilustración de Bobkehl Nombre del personaje: Shawn A. Stonecrow Altura: 1,84m Raza: Humano Peso: 80-90kg Sexo: Hombre Lugar de Nacimiento: Costa sureña de Páramos de Poniente Edad: 36 Ocupación: Aventurero, Comerciante / Iniciado Defias Descripción Física: Tiene el cuerpo propio de una persona acostumbrada al esfuerzo físico y la vida en el campo. Ligeramente alto, de complexión esbelta y musculosa, sin llegar a la corpulencia. Posee el cabello largo, oscuro en apariencia y castaño a la luz del sol; ojos verdes claros y afilados, enmarcados por unas cejas prominentes y ligeramente arqueadas, mirada oscurecida pero de gesto habitualmente sereno; tono de piel oliva suave, acostumbrado al sol. Salvo por la morfología propia de su rostro, generalmente no destaca por unos rasgos concretos llamativos, sino corrientes en las tierras del sur. Desprende un olor propio ligero y agradable, lo que indica que se asea regularmente y que procura dormir en un lugar libre de humedad, a no ser que alguna situación se lo impida. Como todo parameño normalmente suele llevar el perfume de la tierra y los campos de trigo, pero a menudo suele llevar sobre sus ropas la fragancia propia de altamar. Su tono de voz es acorde a su físico, firme, moderadamente grave y cálido, de dicción melosa cuando adquiere un tono suave y susurra, o por el contrario pudiendo endurecerse ampliamente cuando alza la voz. Salvo por algunas cicatrices poco relevantes, la única marca digna de mención es el tatuaje de su mano derecha: Un engranaje; símbolo que acostumbra a llevar oculto bajo las ropas o empleando guantes de piel o cuero. Eventualmente lo hace también mediante vendas de pugilista. Su habitual vestimenta suele ser rudimentaria en colores poco llamativos, envolviendose de una camisa holgada de lino y cuello acordonado, pantalones de la misma confección sencilla, y para rematar unas botas de cuero grueso de caña alta. Ya en mayor grado de vestiduras, intercambia sus pantalones por unos acolchados con refuerzos de cuero suave y se acompaña de una casaca de marinero. Si lo estima oportuno, se cubre de un paño de lino grueso al cuello, con el que normalmente se resguarda del frío, el viento o las miradas incómodas. En cuanto a otros enseres, entre sus armas cuenta con un alfanje de hoja ancha y un basto cuchillo de caza (de confección orca). Luego porta otro tipo de objetos tales como una brújula rudimentaria y un grimorio donde archiva los documentos y registros de sus asuntos comerciales en general. Descripción Psicológica: Caótico Neutral (Bueno) Escéptico, propenso a la rebeldía, astuto… y por ende, peligroso. Si bien estas son algunas palabras que lo describen, tan sólo rascan la superficie de su personalidad. Shawn es un hombre cuya vida le ha dado pocas oportunidades de ser verdaderamente feliz o gozar de la tranquilidad de una vida sencilla. A pesar de ello, se muestra optimista, osado y pocas veces su voluntad desfallece. Cuando ocurre, que suele ser por puro agotamiento emocional o psicológico, ya tarde más o tarde menos, con el tiempo procura levantar cabeza y seguir adelante con fuerzas renovadas. Su pasado y sus ideales le han convertido en una persona que no se conforma con su propio bienestar, sino que se guía por el propósito de luchar por la libertad y lo que considera justo, aunque ello signifique realizar actividades ilícitas o de dudosa moral. Es un idealista de mentalidad anárquica y carácter insumiso, que rechaza por encima de todo el sometimiento al poder sobre quienes no lo tienen. Vive valiéndose de una brújula moral alimentada por el sentido ético y autocrítico, aunque a veces también por el odio. Del mismo modo ve la carencia de caridad como una absoluta falta de respeto, y son principalmente aquellas personas avariciosas u opulentas quienes son fácilmente puestas en su punto de mira. Asimismo ha hecho de las actividades criminales su forma de vida, tratando de sobrevivir y combatir la miseria tomándose a menudo la justicia por su mano. Aun así, no por ello ha dejado de desenvolverse en los entornos “civilizados” y no tan civilizados de la sociedad, aunque los considere como ambientes potenciales de vicio y decadencia. En su lugar suele preferir las regiones rurales o la satisfactoria visión del mar abierto. No es una lumbrera académica, pero ha sabido aprovechar y desarrollar su intelecto cultivando gran variedad de disciplinas desde su temprana juventud, sobretodo gracias a su educación como cadete de marina y sus posteriores experiencias en tierras lejanas. De aquellos años pese a sus reconocibles calificaciones y méritos, se le recuerda como alguien difícil de meter en vereda, prestando atención sólo a lo que le interesa o en lo que se concentra. Aunque puede pecar de ser algo despistado, en general lo compensa siendo taimado y tenaz, que en la suma de su conducta particular puede dar lugar a una figura incómoda o problemática, especialmente para aquellos que representan alguna autoridad. Para otros, con pretensiones o intereses más dilatados, puede incluso llegar a ser un verdadero dolor de muelas a medianoche, tanto si le conocen personalmente como si solo son testigos de los hechos que provoca. Tales son sus principios que no dudará en robar e incluso matar si es necesario, o al menos siempre que exista una causa que lo justifique. Como por ejemplo, si se ve amenazado, tratará de acabar con la vida de quien se haya propuesto poner en peligro la suya, ya sea incluso un protector de la ley o un imbécil con delirios de hacer el bien. Desde su punto de vista, a menudo no son sino ignorantes perros al servicio del poder. Desde joven reconoció la verdadera cara del Imperio, además de entender desde algún tiempo que no se puede dialogar con mentes cerradas. Así, del mismo modo no siempre se puede salvar a alguien que se ahoga y solo puede conseguir arrastrar a uno hasta el fondo del agua. Se podría decir que no es propenso a discutir en dichos términos y que tiene muy claro lo que sabe. Por muy drásticos o radicales que se puedan considerar sus métodos o acciones, es alguien capaz de sentir compasión si puede permitirse tal cosa, así como fallarle en algún momento la voluntad dependiendo de la situación. Es por ello que pese a su frialdad, detesta el sufrimiento gratuito y procurará evitarlo siempre que sea posible. A veces incluso demuestra creer en las segundas oportunidades. La conjunción de estos y otros aspectos hacen de él un hombre de contrastes, complicado a primera vista, de un tono gris inconstante cuyos actos pueden difuminarse entre una neblina de sombrías tinieblas así como alumbrar brillantes momentos. En una situación propicia gusta gozar de la buena compañía, el buen yantar, y la camaradería. No es persona que callaría sus pensamientos más básicos a la hora de decir la verdad, que, aunque esto podría ser una virtud a la que otorga gran valor, no olvida el coste que ello puede tener. Quizá por eso emplea cierto grado de sarcasmos, o sencillamente se mantiene en silencio describiendo algún gesto. Por lo general es alguien serio, tranquilo y de una sana predilección por la privacidad. Siempre actúa dando valor a la discreción y la intimidad de su vida, lo que hace que su confianza sea de difícil acceso y para él suponga de los bienes más preciados que puedan existir. Del mismo modo trata de no herir la confianza de quien le conoce y le ha otorgado la suya, no siendo compatible con los casos en que ejerce sus artimañas. Más allá de esos muros, es alguien capaz de mostrarse sumamente cálido, fraternal y afectuoso. Dichos aspectos internos protege con gran recelo, pues entiende que también podrían ser utilizados para herirle. Es así, pues, cuando ha entrado alguien en su vida con tal proximidad, que es capaz de hacer todo por cuidar y defender a esa persona sin importarle su propia integridad o seguridad, pudiendo situarlo como alguien pasional e incluso vengativo. Algunos sólo podrán decir que no es más un caso perdido, un pobre diablo o un canalla. Pero si en el corazón de Shawn hay espacio para albergar algo más que aquello que aparenta, el tiempo lo dirá y sólo unos pocos sabrán descubrirlo. Phalcor Es una pequeña e inteligente ave, propia de Kalimdor, que fue encontrada por Shawn siendo tan solo un polluelo durante sus años en las yermas planicies y costas de Los Baldíos. Con él guarda un vínculo cercano y cariñoso, considerándolo uno de sus seres más queridos. Tanto más que su acompañante es su plumífera amigo, gracias a el cual ha podido prevenir a tiempo algún escollo cuando le advierte del peligro con sus graznidos, o, cuando le da por chapurrear ciertas palabras. “Besito” y “Galleta” son algunas de las más habituales. Historia: Nace en el seno de una familia sencilla cuyo hogar tenía lugar en los viejos Páramos de Poniente, tal y como eran conocidos antes de la primera guerra. Por aquellos años su abuelo aún vivía, aunque tuvo la fortuna de dejar el mundo en su vejez poco antes de los horrores que traería consigo la aparición del Portal Oscuro, así como las terribles criaturas que lo iban a cruzar. Su padre era un humilde capataz constructor, quien en su juventud había comenzado a trabajar en prospecciones mineras, pudiendo arreglárselas él mismo para levantar su propia casa con el paso de los años. Su proyecto: Un hogar en el que su esposa, mujer de origen Kul'Tirense, y su recién nacido primogénito, pudieran vivir en paz y prosperidad. Sin embargo aquella calma no iba a durar sino unos pocos años, casi como una pequeña muestra de piedad por parte del destino. Todo comenzó cuando empezaron a escucharse historias escalofriantes. Rumores que hablaban de extrañas y brutales criaturas recorriendo los pantanos del Este. Fantasías, quizá… pero que con el paso de los meses hacía que las dudas y el temor se hicieran cada vez más difíciles de contener. Gregor, por sus contactos y amigos, recibía noticias de que algo más serio estaba ocurriendo, poniendo en verdadero peligro la seguridad de todos, y la del reino mismo. Poco tenían aquellas historias de mentira o fantasía. Viendo cómo sus temores se hacían realidad, finalmente se admitió lo que todos sospechaban. La amenaza era real, la guerra contra la llamada Horda había estallado. No había región que no sufriera los estragos de algún grupo de orcos haciendo escaramuzas mientras saqueaba y arrasaba las aldeas o granjas que encontraban a su paso. Cuando no mataban sin piedad a cualquier lugareño, se lo llevaban prisionero para no volver jamás. Se decía incluso que era mejor morir a ser usado para sus oscuros propósitos. Gregor confiaba en que su pequeña finca pudiera pasar desapercibida gracias a su localización, entre la costa y las montañas del Sur de Poniente, lugar idóneo para la reservada vida que siempre había soñado. Pese a todo, en Arroyo de la Luna todos temían por la llegada de aquellas criaturas en cualquier momento, y el pueblo no estaba demasiado lejos. Ya algunos incluso habían empezado a preparar defensas, iniciativa en la que se implicó. De cualquier modo, la violencia de aquellos orcos no tenían rival frente a unos simples campesinos, cosa que irritaba mucho las esperanzas de los pueblerinos. El Rey Llane, sin embargo, se mantenía convencido de que no había nada que temer y que el reino prevaleceria. Nada más lejos de la realidad. Muchos habrían querido que las palabras del monarca y su seguridad bastaran para aplacar la amenaza de la Horda, pero, mientras aguardaba en la capital, las aldeas continuaban ardiendo una tras otra. Así hasta que el humo comenzó a llegar a las puertas de la ciudad. El padre de Shawn sabía que quedarse quietos en la región sería lo mismo que aguardar a la muerte. Tal como lo pensaba, prueba de ello fue cómo no pasó demasiado tiempo en saberse del asesinato del rey por obra de infiltrados orcos. Para entonces, más de medio reino era pasto de la destrucción y el fuego. Durante mucho tiempo recordaría las enormes columnas de humo elevarse más allá del bosque de Elwynn. Fue entonces cuando fue declarado el gran éxodo. Shawn tenía apenas siete años. Desde entonces un día normal era ver como a su primo de quince años lo sacaban a rastras de la cama y lo hacían desaparecer en mitad de la noche. Su tío Jensen nunca se recuperó de aquel trauma. Él tampoco lo olvidaría. Durante meses, casi un año, viajaron hacia el norte seguidos por la despiadada amenaza de la Horda, sintiendo a los feroces orcos tras la pista de cada refugiado que trataba de escapar. Shawn tuvo que acostumbrarse a crecer durante años muy convulsos y confusos, haciendo que su joven mente se defendiera de todos aquellos horrores evadiendose de la realidad o creando una amnesia selectiva de aquel tiempo. De los años en Trabalomas solo sabe, o quiere admitir, que su padre trabajó a menudo en preparar defensas e instalaciones para las fuerzas de la Alianza y que su tío se había alistado en un barco con la firme intención de cobrarse venganza contra los orcos. Para él, salvo los vagos recuerdos de su infancia, las primeras memorias datan del fin de la segunda guerra, en torno a su regreso al sur y el tiempo en que su padre pasó a trabajar en en el proyecto de construcción del castillo de Nethergarde junto al Gremio de Albañiles. Gregor se había unido luego de demostrar sus habilidades durante el conflicto, ganándose un lugar entre los demás artesanos y trabajadores. Por otra parte, Jensen había enloquecido luego de haber estado en un buque de guerra durante los enfrentamientos en altamar. Las historias de su tío todavía consiguen helar la sangre de las venas. Hoy día sigue describiendo una imagen medio ida, siempre con su mano izquierda temblorosa desde entonces. Shawn recuerda unas fuertes pesadillas tras una ocasión que le escuchó hablar de unas monstruosas tortugas marinas. De cómo sus colosales cuerpos emergian de los mares, y que al abrir sus grotescas mandíbulas proyectaban el pútrido aliento de la muerte mientras destrozaban los cuerpos de quienes caían por la borda. Jensen, dijo, que al cerrar los ojos aún podía escuchar los gritos desesperados de sus camaradas a través de la tormenta. Siempre conseguía crear un silencio incómodo y perturbador después de cada palabra, el resto del tiempo parecía tranquilo mientras se agarraba de la botella. En cuanto a su madre, Gregor simplemente le dijo que se había marchado de regreso a Kul'Tiras. Rara vez la volvió a mencionar. Regresar a casa fue extraño y no menos siniestro. Su hogar, al igual que la mayoría, eran sólo un copioso cúmulo de remanentes y ruinas. Páramos de Poniente era muy diferente a como lo recordaba, o quizá era su impresión, pero había un espíritu común de hermanamiento y esperanza por volver a levantar aquellas tierras. Con eso bastaba. Sin embargo Gregor sabía que, pese al fin de las hostilidades, aguardaban tiempos difíciles para todos. Los Stonecrow tendrían que apoyarse y prepararse para soportar años de escasez y verter mucho sudor hasta que los campos volvieran a dar alimento y el reino pudiera recuperar su normalidad. Afortunadamente, se daría un gran plan de trabajo por parte del Gremio de Albañiles: La Casa de Nobles de Ventormenta les había contratado para realizar la reconstrucción de la ciudad capital. Un proyecto masivo, pero que devolvería la prosperidad a tantos que habían perdido todo. Por aquel entonces Shawn ya tenía sobre once o casi doce años. Era una época complicada, de fatigas y mucho esfuerzo, pero pese a la victoria sobre la Horda y la calma general era difícil asegurar que todo estuviera garantizado. Aún existía la amenaza del Portal Oscuro, allende las Tierras Devastadas, como también se sabía que aún merodeaban orcos en alguna parte del reino, especialmente en las zonas más escarpadas remotas de Crestagrana. Gregor, al igual que muchos otros, comprendía que el mundo tal y como lo conocían había cambiado mucho. Existían cosas más allá de su entendimiento, más grandes y poderosas, de las que nunca imaginó posible. Orcos, brujería, demonios… Gregor temía que Shawn corriera tarde o temprano la misma suerte que su hermano Jensen, perturbado de por vida. Ya de por sí demostró ser un niño con dotes, saludable, pero había enfrentado a muchos traumas en muy poco tiempo y aquello le había afectado. Cuando no le costaba dormir, luego dormía demasiadas horas, como si en los sueños encontrara una vía de escape a una realidad demasiado dura para una mente tan joven. Luego, los libros eran su pasatiempo más habitual, y pese a que luego también disfrutaba salir a jugar en aquellos inmensos campos con las imaginarias espadas de madera o caña, pareciera que todo hubiera sido no más que pesadillas. Su padre sabía que algo había hecho mella en él, y, si esperaba verle feliz algún día, afrontar los desafíos que muy probablemente estuvieran aguardando… primero debía de hacerle fuerte. Siempre detestó aquel argumentario de su propio padre, el abuelo de Shawn. Decía siempre “la letra con sangre, entra”, recordando la mano dura con la que fue educado hasta que pudo valerse por sí mismo y vivir su propia vida. No negaba que el trabajo y el esfuerzo hacían camino a la madurez, pero esos derroteros que solía despachar el abuelo Stonecrow no eran sino conceptos muy rancios y propios de gente demasiado simple. Shawn era un muchacho inteligente, por lo que solo bastó enseñarle el camino. Gregor se sorprendió de ver la predisposición de Shawn cuando le sugirió unirse como cadete a una academia militar de la marina. De ese modo no pasaría demasiado tiempo lejos el uno del otro, sino que podrían permanecer en la misma ciudad mientras ésta era reconstruida. Jensen, pese a que amaba a su hermano, no era precisamente la mejor de las tutelas mientras trabajaba junto al gremio. Solo desde entonces la familia Stonecrow pudo disfrutar de un ambiente de verdadera paz, pese a los problemas habituales que surgían de vez en cuando. En cierto modo Gregor era más optimista de lo que consideraba. No pocas veces llegaron incluso a pasar hambre y penurias. A fin de cuentas… lo habían perdido todo. Dormían en chozas improvisadas y la comida había que conseguirla, cosa que no siempre era deseable que Jensen se ocupara de ello. Mientras tanto, Gregor volvía de trabajar con las manos peladas y la espalda torcida, al menos con unas monedas para la manutención de los obreros y poder sobrevivir hasta que llegaran tiempos mejores. Vivieron años con la promesa y la esperanza de que aquellos momentos difíciles terminarían pasando. Él no lo decía, al igual que poco se hablaba, pero a veces aquel trabajo tan duro e interminable se cobraba más de una vida cuando ocurría un accidente. Sin duda, nadie debía atreverse a decir que la ciudad se levantara solo con el sudor de sus gentes, sino también con su sangre. La academia mientras tanto permitió que Shawn pudiera cultivar una amplia variedad de disciplinas, a pesar de que era de los cadetes con más remiendos. También aprendió a sobrevivir en las calles, buscando a menudo su propia comida cuando golpeaba el hambre. Era un pequeño rufián, pero no carecía de buen corazón. Mientras se esforzaba y trabajaba en la academia, ya fuera haciendo tareas portuarias y aprendiendo el oficio de marinero cual aspirante a grumete, el tiempo libre lo dedicaba a compartirlo con sus propios amigos. Dentro de la academia muy pocos, pero fuera de ella, en los barrios y callejuelas donde otros muchachos tenían todavía menos suerte, allí estaba. Shawn siempre supo cuál era su sitio, incapaz de reconocerse junto a los otros cadetes que eran mayormente hijos e hijas de oficiales o gente pudiente. De hecho, Shawn solía discutir con su padre sobre por qué unos sí podían dormir en casas de piedra bajo la lluvia, mientras ellos todavía tenían que apañarse con tiendas y cabañas. Gregor a veces se preguntaba por qué su hijo era tan sagaz. Pero le entendía perfectamente. Sólo podía consolar los ánimos recordando que su hogar aún estaba en Poniente, y que allí aguardaba hasta que pudieran regresar y volver a levantarlo, que merecía la pena todo aquel esfuerzo. Y era verdad. O una verdad a medias, ya que a medida que pasaban los años, cada vez más cerca de completar la tarea de reconstrucción… las cosas no parecían prometer un final feliz. Ya era cada vez más habitual la tensión que crecía en torno a la resolución del proyecto. Había muchos rumores y poco alentadores en torno a la retribución del trabajo. Sí, los costos eran altos como cabría esperar de un proyecto así, pero pareciere que la Casa de Nobles estuviera reticente a cumplir con su parte. Shawn ya era un adulto. Había pasado los últimos años, luego de que dejara la academia por… “conducta desobediente”, como intendente de un pequeño barco que mercadeaba con pieles y mercancías varias entre Ventormenta y el puerto de Menethil. No le iba mal, se independizó joven y demostró valerse por sí mismo, pero el sueño de los Stonecrow parecía desmoronarse a medida que las protestas empezaron a tener su razón de ser. Y así fue. Había pasado alrededor de una década, años de interminable trabajo y dedicación, únicamente alentado por limosnas para su desarrollo y la esperanza de una recompensa justa cuando el reino volviera a levantarse. El momento llegaba, pero las promesas parecían disolverse y retorcerse en una maraña de excusas y falsas prórrogas. Durante el tiempo restante, Ventormenta ya no era el escenario de la armonía y la fraternidad que habían unido a sus gentes en el propósito de construir un futuro digno y próspero para todos. No, sólo era próspero para una parte, sobretodo para la burguesía que disponía de las grandes casas y estructuras como si hubieran sido suyas desde tiempos remotos. La abundancia era boyante pero solo entre aquellos cuyas manos permanecían suaves, únicamente pulidas por el contacto de las monedas. El resto, recorría las calles protestando y reclamando lo que les correspondía por derecho. Tanto Shawn como su padre recordó las miradas de espanto y rechazo de los nuevos ciudadanos de la capital, como si hubieran olvidado quienes habían arrimado el hombro para levantar cada piedra de aquellas calles. Como si fuera totalmente inadecuado reclamar el fruto justo de tantos años de trabajo. En el mejor de los casos, sólo recibían insultos. La pugna llegó a durar años, tiempo en que las reclamaciones acabaron dando paso a las protestas activas cuando ya la Casa de Nobles no podía excusarse más. Debía cumplir con lo prometido, sin olvidar los intereses por demora, y pagar al Gremio de Albañiles lo que se le debía. La respuesta de los nobles: disolver el gremio. La orden de artesanos y trabajadores fue deslegitimada por decreto, obligando a su completa desarticulación y cese de sus actividades. Pese a que no todos en la ciudad estaban de acuerdo con la decisión, esto no evitó que terminaran surgiendo violentos disturbios en las calles y barrios de la ciudad. Lo peor fue cuando una piedra firmó la sentencia de aquella disputa sobre la frente de la reina Tiffin. Shawn había regresado a la ciudad tras su último viaje en el ‘Newgates’, donde trabajaba, comprobando la aparente quietud de la ciudad. Obviamente, pese a la tranquilidad era notable que algo había ocurrido mientras estaba ausente. Podía temer lo peor, pues sabía de su padre que la situación estaba alcanzando un punto crítico. Supo entonces de la muerte de la consorte del rey Varian Wrynn, quien en su depresión había dictado luto real y endurecido las ordenes de seguridad de la ciudad y las regiones. Sin duda en las calles aún se mostraban los desperfectos de los disturbios, manteniendo muchos muros llenos de pintadas y los locales cerrados por reformas… Así en todo. La ciudad incluso parecía más vacía. Pero más vacío era como encontró la habitacion de su padre y tío, cuando regresó a la posada donde se habían empezado a hospedar, así como su pecho fue invadido por el dolor y el miedo. Solo había un solo lugar posible al que ir, la ciudad ya no era segura para él. Pese a su aparente normalidad, era evidente que había un esfuerzo común para tratar de ignorar los últimos sucesos. Shawn pensó que se pretendía enterrar mucho más, aparte del cuerpo de la reina Tiffin. Antes de emprender la marcha al sur, hacia su viejo hogar en Páramos de Poniente, un impulso le motivó a ir en dirección de la prisión. Sabía que suponía un riesgo tentar a la autoridad a que le encerraran a él por estar emparentado con algún agitador, y no se equivocarían, pero necesitaba averiguar si los nombres o apellidos de sus familiares figuraban en algún registro de detenciones. Shawn llegó a la desértica plaza a mediodía, con el fuerte sol iluminando las calles. Algo en los muros llamó su atención… “La máquinaria no funcionará si las piezas reniegan” A pesar de que la pintura había sido emborronada, tratando de retirarla, aún quedaban marcas legibles. De igual modo, se distinguía un gran dibujo de un engranaje. Mientras Shawn escudriñaba el significado de aquellas palabras, alguien lo sorprendió colocando una mano sobre su hombro. Al principio creyó que era un guardia urbano, pero nada más lejos de la realidad. Era su tío Jensen. Su encuentro fue un alivio final al cúmulo de agonías que estaba experimentando desde su llegada. Se abrazaron, dando gracias, pero Shawn no podía esperar por saber de su padre. No estaba con él. Jensen describió en su rostro el gesto que menos deseaba ver su sobrino en aquel momento. Un suspiro amargo se escapó, poco antes de que pudiera continuar. Sin embargo, Shawn necesitaba urgentemente saber qué había pasado. La respuesta: desaparecido. Su tío decía que había intentado averiguar si estaba en la prisión, pero no obtuvo más que una violenta invitación a que saliera. Cierto era, cuando se dio cuenta, que Jensen presentaba varias heridas y contusiones por el cuerpo, incluyendo la cara. Si Gregor no estaba allí dentro, era probable que estuviera muerto. Volver a Páramos de Poniente, a la vieja finca, era la idea que sugirió Shawn. Buscarle, encontrar pistas. Conocía bien a su padre y sabía que no se iba a desvanecer como un fantasma sin dejar antes alguna nota. Era un hombre lo bastante inteligente… Jensen por el contrario se opuso. Hacía años que la vieja casa permanecía abandonada. El viaje hasta el sur, aparte de peligroso y costoso, sería en vano. Pronto aquellas excusas arrancaron una discusión entre los dos. Shawn quiso pegarle, pero tampoco hubiera sido justo. Jensen sabía de sobra todo cuanto había pasado en aquella ciudad mientras él no estaba. Debía concederle eso y más. Ambos marcharon hacia el puerto. Al parecer, Jensen tenía un plan. Aquel plan consistió en tomar un barco, pese al pánico que tenía Jensen al mar, y poner rumbo norte. Era necesario alejarse un tiempo del reino de Ventormenta, al menos hasta que las cosas se calmaran. De regreso a Trabalomas, una vez más, Shawn se sorprendió de encontrarse de nuevo en aquellas tierras aunque sin poder recordar nada con exactitud. Lo que más le llamó la atención, fueron los campos de internamiento orcos. Al principio volver a contemplar a aquellos seres le revolvió el estómago durante un tiempo, aunque fue invadido por un sentimiento mucho más inusual y pesado del que podía imaginarse. Era lástima. Siempre tuvo el recuerdo de unas criaturas monstruosas y brutalmente sanguinarias, nada que ver con lo que contemplaron una vez allí. Había orcos varones, mujeres, ancianos e incluso niños y niñas. Pero… Aquel pero se repetía constantemente en su cabeza. Chocando repetidamente contra la idea que se había formado en su cabeza. Los horrores de su pasado seguían allí en su recuerdo, pero lo que tenía ante sus ojos era muy diferente. Estaba mal, incluso. Estaba realmente mal. No era capaz de admitirlo con palabras, mucho menos delante de nadie allí, y ni por asomo delante de su tío. Pero… no encontraba diferencia entre ellos. Si, sus colmillos eran mucho más grandes, su piel y su corpulencia no pasaban desapercibidas… Pero respiraban, reían, se abrazaban… Así como jadeaban, gruñían y se enfrentaban, cuando los celadores les hostigaban obligándoles a marchar o trabajar en alguna tarea. Eran esclavos, cuanto menos. Shawn se preguntó si su padre, de estar vivo o en aquella prisión, no estuviera recibiendo la misma hospitalidad. Algunos humanos eran particularmente hábiles en ejercer la crueldad cuando se trataba de alguien diferente… Por aquel entonces, se produjo la segunda gran discusión entre él y su tío. Fue breve y bastó para darse cuenta de que Jensen aún guardaba el recelo de la venganza en su interior. No quiso saber más del tema. Shawn tampoco. Cuando llegó el momento de abandonar Trabalomas los hechos les habían cogido de imprevisto, como si volviera a repetirse la misma historia. Comenzó con siniestros rumores, que luego con los meses cobraban cada vez más fuerza. Cuando emergió el Azote de Lordaeron, así como la tercera guerra, Jensen y Shawn fueron de aquellos que se sumaron inmediatamente a la iniciativa de dejar las Tierras del Este. Con alrededor de veinticinco años, Shawn se embarcó junto a su tío rumbo al continente desconocido; Kalimdor. Aquellas salvajes tierras podrían haber marcado a Shawn, haciéndole ver que hay cosas mucho más grandes y poderosas más allá de los confines de su entendimiento y que, pese a quien le pese, los orcos eran el menor de los problemas. En parte así fue, pero a medida que crecía y maduraba, no olvidó el lugar de donde venía. Desde los muelles de Theramore, cuando fue fundada, pudo ver el horizonte mientras el sol desaparecía tras el océano, vislumbrando en su recuerdo la tierra que le vio nacer y todo cuanto había quedado allí. No importaba cuantos años podían pasar. Shawn nunca olvidó, ni perdonó. En cierto modo podía experimentar cierto alivio, como si allí pese a la naturaleza indómita de aquella tierra pudiera disponer de un nuevo comienzo. Pero de qué servía, si con ello daba la espalda a todo en lo que creía. Shawn sentía el peso de los remordimientos. Probablemente su padre languidecía de soledad, pena e incertidumbre en las oscuras mazmorras que él y sus compañeros ayudaron a levantar. Jensen parecía satisfecho en Theramore, lidiando con la Horda siempre que las circunstancias se lo permitían. Ahora tenía más problemas con los mandos que con la bebida. Shawn, a diferencia de su tío, prefirió ser independiente y ganarse su sustento únicamente colaborando en las necesidades del bastión u ocupándose de sus propios asuntos. Fue así como empezó a fomentar los puertos libres. Llegó un momento en que Shawn bien podría haberse acabado convirtiendo en algo parecido a un pirata. En cualquier caso, se abrió a un mundo diferente del que había conocido hasta ahora, descubriendo multitud de individuos de toda clase de razas. Algunas más amistosas que otras. Aprendió a cazar y comerciar pieles exóticas con las razas tribales de la región a cambio de bienes varios que eran más fáciles de obtener a través de los mercados y almacenes de la Alianza, y viceversa, prueba de ello es un collar de colmillos de jabaespin y un basto cuchillo para desollar que guarda consigo desde su primer encuentro con unos orcos. Ninguna de sus actividades congeniaba con las ideas de Jensen, ni con las de muchos otros en el bastión humano. A pesar de que estuviera aceptado por la relativa paz entre ambas facciones, Shawn aprendió a mantener sus asuntos con toda discreción. Era difícil conciliar el sueño, pese a su nueva forma de vida. Cada noche recordaba una pregunta que se había estado repitiendo en su cabeza desde el momento que llegó: ¿Hasta cuándo? Una noche, a su encuentro con Jensen en el camarote donde se hospedaban (si, pese a que Theramore no era precisamente pequeña, en la ciudad portuaria era más sencillo aprovechar los barcos para dormir), Shawn enfrentó directamente a su tío en busca de una respuesta. Igualmente era un adulto y podía tomar sus propias decisiones. ¿Pero acaso ya nunca iban a regresar a su verdadero hogar? ¿Acaso permitirían que Gregor se pudriera en una celda, o que aceptaran su desaparición sin más? ¿Iban a olvidar, como todos en Ventormenta, la traición que se había hecho sobre su propia gente? Jensen quedó mudo por unos largos segundos. No tenía una respuesta clara que ofrecer, salvo tomar la botella al otro lado de la mesa. Shawn, pese a que por norma era alguien tranquilo y apacible, arrojó el cristal contra una de las paredes del camarote de un manotazo. Tenía su temperamento, y además era fuerte. Su tío comprobó que los ojos de su sobrino habían dejado de ser los de un muchacho confuso y asustado, que en lugar de amargarse como los suyos habían escogido enfrentarse a sus temores. Era un cobarde, estaba muy cansado de batallar y perder… Una bocanada de hastío escapó de entre sus labios, su mano temblaba como de costumbre. La mirada del viejo lobo de mar yacía apuntando hacia los maderos del suelo, hasta que levantó la mirada de nuevo hacia su sobrino. Entonces Shawn lo supo. Jensen le había estado mintiendo, ninguna de aquellas preguntas tenían una respuesta clara, porque no la había. Antes de que pudiera reaccionar, Jensen le detuvo. Alzó la mano y se dispuso a explicarle la verdad. Una verdad que era difícil de entender, difícil de soportar. Tras los fuertes disturbios, Gregor hizo prometer a Jensen que lo protegería y le alejaría de Ventormenta el tiempo suficiente hasta que la situación pudiera normalizarse. Una promesa que era imposible de cumplir porque las cosas en el reino no iban a cambiar. Estaban condenados, despojados de todo derecho. Gregor seguía vivo, pero se había visto obligado a tomar un camino por el que un padre sentía imposible arrastrar con él a su familia. Shawn se sentía descompuesto, la razón era sencilla: Su padre se había convertido en enemigo del reino. Todo vínculo con Gregor pondría en riesgo la vida de ambos, por tratar de protegerse unos a otros. Por el impacto que provoca la interferencia de los sentimientos en el ejercicio del cometido que ahora perseguiría, la venganza, la retribución… la justicia. Shawn lo comprendió como si la respuesta hubiera estado presente, diáfana, pero había sido incapaz de reconocerlo. Quizá porque no podía o no quería. Aquello significaba muchas cosas, quizá una de ellas, es que tal vez su padre sacrificaría su propia vida por aquello en lo que creía. Y por eso, posiblemente lo mejor era desaparecer. Shawn tenía treinta años prácticamente. Había pasado demasiado tiempo creyendo que todo se había perdido, conviviendo con la derrota y la incertidumbre a diario. Su padre tenía su misma edad cuando se abrió el Portal Oscuro por primera vez, ahora le tocaba tomar una decisión a él. Sin embargo, aún debía descubrir qué significaba todo aquello. Para colmo, la quietud y relativa tregua en Kalimdor tocaría a su fin. Esta vez la nación de Kul’Tiras, con quien compartía lazos sanguíneos por línea materna, había llegado a las costas con el propósito de acabar con la Horda. Shawn había crecido rodeado por la amenaza de aquellos seres, pero el tiempo y las circunstancias le permitieron ver las cosas de manera diferente. A ojos de Jensen los orcos iban a seguir siendo enemigos naturales, y quizá estuvieran destinados a enfrentarse para toda la eternidad, pero Shawn ya había dejado atrás esas ideas. Él miraba mucho más allá, veía más profundamente la naturaleza de los conflictos, tuvieran el origen que tuvieran. Para él, era mucho más grave la hipocresía y la traición perpetrada por su propia gente. Ahora estos mismos hombres amenazaban la frágil paz que se había logrado construir. Nuevamente los mismos errores, y la armonía hecha pedazos. Tanto Shawn como su tío tenían instinto para prever los problemas que se avecinaban, pero era muy tarde para huir. El bloqueo y súbito control de Theramor por parte del gran almirante Proudmoore hacía imposible evitar la contienda… Estaban entre la espada y la pared, entre la Horda que se congregaba para iniciar el asalto a la ciudadela, y el látigo de la Alianza para combatirla. Todo el que rehusara acatar las órdenes, era arrojado a las mazmorras. Para Jensen fue fácil tomar la espada. Para Shawn, era diferente: Fue llevado a las celdas de los cuarteles junto con otros tantos indecisos, “para que pudiera reflexionar hasta que pudiera ser juzgado debidamente por desacato y traición”. Cuando todo acabó, la Horda abandonó Theramore sin verter ni una gota de sangre más de la requerida. El gobierno de la ciudad portuaria recuperó su legítimo orden, pese a quienes habían caído por la tiranía de unos pocos. Aquel capítulo de la historia enseñaría valiosas lecciones a Shawn, cuyas decisiones estaban por tomar. Jensen estuvo a punto de morir. Sus ansias de venganza ciega le llevaron a enfrentarse a cualquiera que tuviera la piel verde, sin cuestionarse la profundidad de aquella situación, pero una segunda oportunidad le permitió también aprender a tomar mejores decisiones. En su lecho, mientras se recuperaba de las heridas, hizo que Shawn le trajera su cuaderno personal. Una bitácora propia, que hacía las veces de diario. Bajo la tela de una de las solapas, mediante las indicaciones de su tío, Shawn extrajo un viejo papel de uno de los pliegues. Había permanecido allí guardado durante años. Aquel trozo de pergamino, que pertenecía a una de las muchas hojas de un grimorio de tamaño medio, llevaba un escrito hecho por el puño y letra de Gregor... Luego de que pudiera leer esas palabras, Jensen le confesó que si quería saber más debía buscar a alguien llamado Barlow, quien con toda seguridad estaría aún en las celdas. La única advertencia era: si estaba determinado a seguir ese camino, debía comprender que ya no habría vuelta atrás. Jensen le dijo que aún debía hacer una cosa más: Esperar a la medianoche y aguardar al cambio de turno; además, llevar consigo dos odres con vino. Shawn titubeó, no creía que fuera a ser tan sencillo como sobornar a los guardias con alcohol, pero Jensen insistió. Cuando Shawn entró a los cuarteles todo parecía normal, salvo por la considerable magnitud de residentes en las enfermerias. Había un ambiente sosegado propio de las horas tardías y, para su sorpresa, no hubo reticencia en que accediera a las celdas. Ya había estado allí, de hecho. Tan pronto le detuvieron de seguir avanzando, Shawn únicamente mencionó que pasaba a visitar a un amigo. Ante el silencio, decidió sacar uno de los odres como muestra. Los dos guardias tomaron el odre y volvieron a sentarse, dejando que Shawn continuara hacia la galería de celdas. Se sorprendió de la facilidad con la que la seguridad podía ser burlada, pero no era momento para hacerse preguntas al respecto, tenía que ver a alguien. Aunque no sabía muy bien a quién… No había sino unos pocos presos, mayormente con estado de embriaguez y durmiendo la mona. En la penúltima celda se detuvo, pronto algo llamó su atención. Sus ojos ya habían visto aquel dibujo en los muros de Ventormenta. Estaba convencido de que el engranaje de su mano era una pista, luego el hombre que se sujetaba la cabeza alzó la mirada. A los pocos segundos de silencio, con gesto severo le preguntó quién era. Shawn se sentía extraño ante la forma tan fluida en que se desarrollaban las cosas, aunque pronto intuyó que Jensen sabía lo que se hacía y que aparentaba ser más ignorante de lo que realmente era. No saber bien dónde estaba, o por qué, solía incomodar bastante a alguien como él dado que siempre evitaba sentirse a la deriva. Tanto literal como figuradamente. “Un amigo”, dijo finalmente Shawn, después de preguntarse si era necesario decir su nombre. Evidentemente, no se conocían. Cuando Barlow alzó una ceja y volvió a hablar, no fue necesario que terminara la frase: “Un amigo traería vi…”. Shawn había sacado el odre. El hombre se levantó y caminó sin prisa hacia los barrotes, más pendiente de Shawn que del propio vino que le extendía. Era evidente que éste solo era una excusa, o una invitación a parlamentar. Barlow sujetó los barrotes con su mano derecha, la cual lucía el tatuaje del engranaje. Shawn también pudo observar el dorado anillo de su dedo índice tras un gesto de soslayo, antes de que la otra mano tomara el vino. Nuevamente, Barlow describió un brillo inquisitivo en sus ojos azules. En cambio los de Shawn parecían llenarse de nuevas preguntas, había algo que no le cuadraba. El hombre frente a él lucía varios detalles inconexos. Aparentemente, viéndole en pie y a la luz, lucía una vestimenta propia de la flota de Kul’Tiras que poco tenía que ver con el hecho de que llevara tatuado el engranaje en su mano. Poco podía ser una coincidencia, su instinto se lo decía. Shawn hizo la pregunta más obvia, “la cuestión es, quién eres tú”. Barlow, si así se llamaba, esbozó una sonrisa jubilosa. Aún así mantenía un gesto afilado y adusto, pero a través de sus labios se escapaba una tenue risa. Parecía complacido, cosa que intrigaba aún más a Shawn. “Un amigo”, Barlow asintió. Alzó el vino y dio varios tragos antes de devolverle el odre a Shawn, invitando a compartirlo. Luego le sujetó la mano derecha un instante, sin forzarla, preguntándole a él dónde llevaba la marca. Pareciera que Shawn estuviera hecho para conocer todas las respuestas. Quizá cuando dos mentes piensan igual, las palabras surgen por sí solas. Respiró profunda y suavemente, dejándose llevar por la reflexión de aquel momento durante unos breves segundos. “Aquí…”, respondió, llevándose una mano al pecho. Barlow volvió a recuperar la seriedad, asintiendo quedamente. Sin duda le comprendía más allá de lo que imaginaba. Ya poco les faltaba para comerse la boca el uno al otro. De repente, comenzaron a darse cuenta de la situación. Tan pronto empezaron a mirarse raro mutuamente, ambos estallaron en carcajadas durante un rato. Shawn tuvo que secarse una lagrimilla, incapaz de contener el humor, Barlow mantuvo la sonrisa unos instantes y luego retomaron la conversación. En ese momento Shawn le dijo que había venido a verle por indicación de Jensen. Sin embargo, antes de que pudiera acabar la frase, Barlow le detuvo. Su gesto se había descompuesto, desbaratando su ceño para dar lugar a una melancólica y sorprendida mueca. “Tu eres el hijo de Gregor”, musitó. Su aliento parecía agitarse, sin apartar la vista de Shawn. Como si le conociera de toda la vida, atravesó los barrotes con sus brazos y se abrazó de él tanto como pudo. Aquel instante tomó a Shawn por sorpresa, haciéndole sentir más vulnerable que cualquiera de las situaciones que había vivido hasta el momento. Curiosamente no sabía si por el tiempo que extrañaba un gesto así, temblaba por dentro sin saber qué pasaba. Permanecía sediento por descubrir quién era ese hombre y qué podía saber se su padre. Llevaba demasiado tiempo esperando respuestas. Entonces Barlow le soltó y llevó su mano derecha a un lateral del rostro de Shawn, sujetándolo con firmeza. “Realmente eres la viva imagen de tu viejo”, dijo, luego entonó una suave risa. Obviamente Shawn, pese a que sentía una agradable y prematura confianza hacia Barlow, seguía confuso hasta que éste apaciguó sus dudas. Para empezar su nombre era James, quien además era un cercano amigo de su padre. Prometió que las respuestas llegarían pronto, lo importante era saber que Gregor estaba bien, que volverían a reunirse cuando fuera el momento adecuado. De momento tocaba esperar solo un poco más, hasta poder reunirse en un entorno más apropiado. Dos días más tarde liberaron a Barlow de su detención, las causas habían sido motivadas por una reyerta sin importancia. Shawn dedujo por qué, pues solo así pudo haber dicho Jensen que seguramente continuaría en las celdas, por tanto mucho tenía que ver que detrás de ello hubiera una significativa y acalorada discusión entre ambos. Probablemente el vino hubiera sido una manera de hacer las paces. Barlow lo confirmó, admitiendo que se parecía a Gregor más de lo que imaginaba. Del mismo modo, Barlow puso al día de cómo habían ido las cosas en los reinos del Este. La situación pintaba mal en Ventormenta, para poco variar, entre otras cosas. Fue entonces cuando Shawn supo que tanto Barlow como su padre estaban involucrados en algo más que una mera oposición contra el gobierno de Ventormenta. Obviamente Barlow pretendía no entrar tan pronto en un tema tan delicado, pero ya era tarde para aquellas sutilezas tratándose de Shawn. Aún poseía el manifiesto. Esta información era de absoluto secreto y exigía la máxima discreción de su parte, por una cuestión vital y de interés para la causa, así que Barlow le instó a quemarla de inmediato. Shawn conocía ya las palabras de memoria, después de leerlo repetidas veces, una y otra vez, y aunque fue reticente al principio finalmente hizo lo más sensato. Quizá tras haber podido conocerlas ya su propósito estaba suficientemente satisfecho. Deshacerse de la única posesión que le acercaba a Gregor de alguna forma le permitió comprender que las cosas materiales carecen de valor real. A menudo no son sino un lastre físico y espiritual. Sin embargo, para Barlow aquello sirvió como muestra del compromiso que era capaz de hacer. Sólo entonces le habló de la Hermandad Defias, que ya empezaba a conocerse en las regiones. Shawn apenas había escuchado rumores hasta entonces, pero lejos de las historias que buscaban criminalizar y demonizar sus acciones, aprendió la verdadera naturaleza que había detrás. No era de extrañar que sintiera su propósito ligado al de esta causa, la de hacer justicia y vengar los ultrajes cometidos contra el pueblo. Y, personalmente, contra él y su familia. Lejos del romanticismo de la rebeldía Barlow no esperaba menos del hijo de Gregor, pero aún era muy pronto para él. Independientemente de lo que pensara, Shawn le hablaba muy en serio. Sus ojos denotaban un profundo recelo que no se había desvanecido con el paso de los años. Por fuera su apariencia podía describir a un hombre disciplinado y afable, cualidades que no tenían por qué ser ajenas a él; sin embargo Barlow distinguió algunos rasgos más tras la mirada de Shawn. Entre otros, la paciencia. Eso sí era algo con lo que podía contar. Barlow era incapaz de situar a Shawn en las operaciones de la hermandad ni mucho menos, ni era un honor que se pudiera ganar o merecer por cuestión de voluntad. La verdad, tratándose de ser hijo de quien era, fue todo cuanto esperaba ofrecerle. Sin embargo Barlow ya sospechaba con que aquello no bastaría. La determinación de Shawn a seguir aquel camino desde que estallaron las protestas, tal como le ocurrió a todos aquellos que soportaron el peso de las grebas sobre sus cabezas, era algo innegable e incuestionable. Únicamente su momento se había postergado indefinidamente hasta aquel instante, y ni él ni nadie le iba a cambiar. La ira de un hombre paciente es todavía más peligrosa que su espada. Barlow podía hacer dos cosas, observar a partir de ese momento, o… guiarle. Quizá Jensen sabía que desde el instante en que su sobrino supiera del destino de su padre, no habría quien pudiera detenerlo o desalentarlo a seguir sus pasos. Aunque estos le pudieran llevar a la muerte. Probablemente había esperado lograr en Theramore lo que no pudo en Páramos de Poniente con su propio hijo, Hanse. Jensen sólo trataba de protegerlo. Cuando Shawn fue a despedirse, su tío le recordó que hay muchas más cosas por las que vivir que la venganza. La respuesta de su sobrino, aunque entendía aquello que le decía, arrancó una lagrima de sus cansados ojos: rendirse ante la injusticia, olvidar a quienes la padecieron y permitir que se perpetúe, eso es morir en vida. Shawn salió de los cuarteles de Theramore sintiendo que algo en su interior había cambiado. O quizá no. Sencillamente parecía que un gran peso había desaparecido por fin, y que el vacío de su interior se había llenado por la claridad y el hecho de saber quién era. Antes de continuar, apenas dando unos pasos, algo llamó su atención… La noche cubría el cielo con infinitas estrellas, pero bajo este a un lado del camino una pequeña criatura sollozaba: Un polluelo indefenso que apenas podía alzar el vuelo. Sin pensarlo dos veces, instintivamente Shawn lo recogió del suelo y se lo llevó al bolsillo de pecho de su casaca. Aquel encuentro lo consideró una señal tras la conversación que más tarde tendría con Barlow. Antes de alzar el vuelo, primero iba a tener que aprender. Varios años han transcurrido desde aquella noche. En la fecha presente, un barco atraca en los muelles de la gran ciudad de Ventormenta con un pasajero muy diferente a como la recordaba. Shawn había alcanzado los treinta y seis otoños, empleando los últimos años en prepararse para su nueva etapa de regreso en su tierra natal. Su historia comienza ahora.
  7. Por no perder la costumbre

    Lo dejo aquí también, por los loles. (Y de paso el original, que no tiene tanto tiempo-...pero habia ganas de pintarlo con mas ganas)
  8. El Gremio de Albañiles (The Stonemasons Guild) Trasfondo/Resumen El Gremio de Albañiles (The Stonemasons Guild) era un gremio de artesanos y constructores, similar a la Real Unión de Canteros enana (Royal Stonecutters Union), con Edwin VanCleef como su líder electo. Construyeron el Castillo de Nethergarde y luego fueron contratados por la Casa de los Nobles de Ventormenta para reconstruir la Ciudad Capital después de la Segunda Guerra. A través de años de trabajo, completaron la reconstrucción de Ventormenta, momento en el cual las facturas, tarifas y salarios del Gremio de Canteros quedaron sin pagar y sin pagar. Sin embargo, el gremio tenía algunos partidarios de nobles familias, como Tiffin Wrynn o el conde Erlgadin y su hijo S. J. Erlgadin, quienes habían tratado de encontrar una solución al creciente conflicto. Especialmente, la reina Tiffin fue la mayor partidaria de pagar al Gremio de Albañiles la suma inicialmente acordada. En ese momento, Edwin VanCleef había sido elegido líder de los Canteros, y habló, exigiendo la restitución de sus trabajos. En respuesta, la Casa de los Nobles de Ventormenta ordenó que se disolviera el Gremio de Canteros, lo que, comprensiblemente, enfureció a VanCleef. Liderando un motín, VanCleef condujo a los Canteros hasta las afueras de la ciudad. Durante los disturbios, el teniente y asistente más confiable de VanCleef, Bazil Thredd, fue capturado y encarcelado. En espera de juicio e interrogatorios, Thredd fue casi olvidado en la prisión al igual que muchos otros miembros. Al regresar VanCleef, después de sacar a los restos de los Canteros de Stormwind, se aprovechó del estado relativamente desprotegido de Páramos de Poniente y usó su considerable mano de obra para ahuyentar a muchos de los granjeros y hacerse cargo del puñado de minas de oro. Muchos se fueron con Edwin VanCleef y juntos formaron la Hermandad Defias. Desde entonces, aprovechando los recursos a su disposición, VanCleef tramó un plan de retribución contra el gobierno de Ventormenta. Información adicional Fechas de interés y situación temporal Año 7 : Post-2ª Guerra / Nethergarde / Inicio de la reconstrucción de Ventormenta Se establece el castillo de Nethergarde, para mantener una vigilancia constante sobre la "brecha dimensional" que sigue existiendo en las Tierras Devastadas. Su construcción fue financiada por los varios reinos de la Alianza de Lordaeron, algunos más voluntariosos que otros, y fue erigido por el Gremio de Albañiles bajo la supervisión de Edwin VanCleef. Los más célebres líderes de la Alianza, junto al Kirin Tor, convencieron a los miembros de la Alianza que tan alto coste en cuanto a la construcción de dicha fortaleza era bien merecido considerando los peligros que suponía la posibilidad de una segunda invasión. Siguiendo la derrota de la Vieja Horda durante la Segunda Guerra, hombres y mujeres regresaron a las ruinas de Ventormenta y comenzaron a reconstruir su reino, así como sus hogares como testamento de su propia supervivencia. Al mismo tiempo, la gran ciudad comenzaba a ser minuciosa y sacrificadamente reconstruida por el Gremio de Albañiles, quienes habían sido contratados por la Casa de Nobles. Año 15-18 : La Alianza se quiebra / Liberación de la Horda Los líderes de las naciones de la Alianza comienzan a reñir y discutir sobre las posesiones territoriales y la disminución de la influencia política. El rey Terenas de Lordaeron comienza a sospechar que el frágil pacto que habían forjado durante su hora más oscura no duraría mucho más. Terenas había convencido a los líderes de la Alianza para que prestaran dinero y trabajadores para ayudar a reconstruir el reino sureño de Ventormenta, que había sido destruido durante la ocupación orca de Azeroth. Los impuestos tan altos que resultaron, junto con el alto costo de mantener y operar los numerosos campos de internamiento de orcos, llevaron a muchos líderes, Genn Greymane de Gilneas en particular, a creer que sus reinos estarían mejor separados de la Alianza. Miembros conocidos - Edwin VanCleef - Baros Alexston - Morgan el Coleccionista - Erefor Pelija Objetos de interés Anillo ("El anillo del Coleccionista"), sugiere que los miembros del Gremio reciben un anillo por su larga duración como miembro, obsequio de VanCleef. Gravado con las palabras 'Por años de servicio: - EVC'. Capa del Gremio de Albañiles, prenda común de los obreros y miembros del gremio.
  9. [Bosque del Ocaso] Instaurar la Concordía

    Una mala idea Ilustrado por Remarin A veces el destino de una persona queda sellado desde el momento en el que toma una mala decisión. Las personas que no saben dominar sus emociones acaban tarde o temprano cometiendo algo de lo que se acaban arrepintiendo, muchas veces además haciendo daño también a sus más cercanos. Llevaba casi dos horas caminando solo por los senderos del bosque maldito con la esperanza de encontrar el río que lo separaba de Elwynn, pero la oscuridad de la noche pasaba factura a su visión y cordura: las sombras que pensaba ver por el rabillo de sus ojos le atormentaban en cada cruce que cogía, los aullidos de los alrededores le provocaban sudores fríos recorrer todo su cuerpo. Quizás estaba teniendo demasiada suerte al no haberse encontrado con hordas de no-muertos o bandas de brujos, pero esa suerte acabó con las primeras luces del amanecer que se colaban por los árboles. Un único gruñido bastó para hacer temblar los pies de Mark. Al girarse solo pudo ver durante un segundo la alargada figura de una mitad bestia, mitad hombre, abalanzándose sobre él con ambas garras por delante. No quedó nada.
  10. [La Corte de los Mendigos] El Ojo de la Tormenta

    La calma en la Tormenta El sonido envolvente de las llamas no paraba de dar su testigo ante la vida derramada en las calles, el carmín teñía lo que quedaba de quienes aun la poseían pues los que ya no lo tenían eran apilados en montones para su posterior despiece. Los cascos del destrero que portaba al nigromante se dejó escuchar por la estrecha calzada mientras marchaba a un punto del asentamiento, los soldados que le seguían se mantenían incansables en su tarea inmunes a los que lo rodeaban solo escucharían la voz de su Maestro. Jasón observó el rastro abierto, los regueros que habían dejado los Van Klaud por lo que fue su hogar, un hogar que por ahora supuraba por la herida abierta que habia sido dejada por Alester y Catrina. Un movimiento de su derecha se pronunció antes de que un haz verdaceo llegará contra uno de los cuerpos de los caidos. Y seria mejor cerrar esa herida antes de que mas carroñeros se acercaran. Consecuencias:
  11. [Misiva] Se buscan voluntarios.

    Ajusta sus hombreras, pone su espada en una desgastada y ordinaria funda de cuero, poco después da un vistazo a la cama del cuartel con tentación para posteriormente tomar su casco y acudir a la llamada del cabo. (Me uniré a la misión con el recluta, de morir no pasa)
  12. Ausencias.

    Me complace anunciar el fin de mi ausencia, ahora puedo volver y con ganas Aunque mi horario será exclusivamente latino jaja. Pero bueno.
  13. Diego de la Cruz

    Nombre: Diego de la Cruz Atributos 6 Físico 8 Destreza 6 Inteligencia 6 Percepción Valores de combate 24 Puntos de vida 18 Mana 7 Iniciativa 9 Ataque a Distancia (Pistola de chispa) 10 Ataque CC Sutil (Espada Ligera) 9 Ataque CC Sutil (Daga) 10 Defensa Habilidades Físico 2 Atletismo Destreza 1 Pistola de chispa 2 Espada Ligera 1 Daga 1 Escalar 2 Defensa 1 Nadar 1 Robar bolsillos 1 Sigilo Inteligencia 2 Leyes 1 Religión 1 Pesca 1 Cocina Percepción 1 Advertir/Notar 2 Etiqueta 1 Reflejos
  14. Diego de la Cruz

    Nombre del Personaje Diego de la Cruz Raza Humano Sexo Hombre Edad 34 Altura 1'71 Peso 65kg Lugar de Nacimiento Ventormenta Ocupación Matarife, pescador Descripción Física Una barba bien cuidada, ni muy larga ni muy corta adorna su cara, junto a un bigote largo y gracioso que reposa encima de sus labios superiores, haciendole cosquillas a su nariz. Tiene una lara melena que corona su cabeza, pero que tapa un sombrero de ala ancha. Su altura es promedia y lo que más destaca en él es una capa marron que va a juego con su indumentaria de tonos blancos y marrones. Descripción Psíquica Es bien hablado, ama la comida y la compañía de las mujeres. Su forma de hablar ya delata su ser que se rige por el honor, menos a la hora de combatir donde suele usar tretas de traidores y cobardes, pero efectivas. Se guía por las leyes de Ventormenta, aunque suele mostrarse indiferente al mundo entero, a no ser que obtenga beneficios, marcando así una personalidad bastante egoísta. Ficha Rápida Si (300 palabras mínimo) Historia Diego de la Cruz, es el hijo menor de una familia mercantil y adinerada, los Cruz. Su padre junto su hermano mayor llevaban una taberna y un pequeño local de comercio en Ventormenta, donde iba abierto en popa. Su madre, era la hija de un mercader que vendía pescado. Al unirse las dos familias el negocio mercante salió disparado, ingresando cantidades muy reconfortantes de dinero a la familia Diego era el menor con 7 años de diferencia. Su hermano mayor vino cuando el negocio acababa justo de empezar y daba sus primeros frutos, y luego, Diego vino en el máximo esplendor del negocio. Desde pequeño, Diego rehusaba de aprender la profesión de comerciante, pues pensaba que era una de las más monótonas y aburridas vidas que se le podía ofrecer a un hombre. Siempre pendiente de la bolsa, de que se vende, de que no... Aburrido. El chico desde pequeño mostraba una clara perspicacia y daba frutos en cuanto a ser espabilado, se las podía apañar solo. Los problemas en casa eran cada vez peores, y su padre cada vez aguantaba menos tener a un hijo de diez años incapaz de hacer nada. No por capacidad, sinó por interés. Harto de tantos dramas, un día el joven cogió las maletas y se largó por su cuenta. Como todo en la vida, las primeras semanas fueron duras. De primera mano degustó que era tener un vacio en el estomago. Pero, gracias a su ingenio, se las supo arreglar. Aprendió a robar, a colarse en los jardines de las casas ajenas que hacian de una buena cama para el niño. Hasta que un día metió la mano en el bolsillo reluciente y cargado de monedas equivocado. Cuando alzó la vista hacia la persona que le tenía agarrada la muñeca pudo sentir el pánico. Unos ojos negros y afilados repasaban rasgo a rasgo de su rostro. Una melena blanca caía por su espalda y el ala de un sombrero le impedía que el sol se proyectase en su cara. Lo que más le extraño no fue la punzada dolorosa de una buena bofetada bien dada. Sinó en que el hombre no le soltó, solamente se dedico a observarle profundamente. Diego intentó soltarse, pero recibió otra bofetada y por arte de magia, o mucha suerte quizás, esa bofetada le hizó serenarse ante el pánico que sentía. Cuando todo parecía más tranquilo, el hombre viejo se lo llevó a una posada y le dio un plato que comer bajo la condición de que le explicará su vida y porqué iba metiendo la mano donde no tocaba. Tras una larga charla, el hombre se presentó como Sir Alberto Gallardo, que según explicaba el anciano, fue el instructor de esgrima y futuro guardaespaldas de un noble menor. Alberto declaró la pena que sentía por el niño y por lo que se había convertido y le ofreció alojamiento en su villa a las afueras de Villadorada, que se le fue concedida por los años de servicio al noble y prometió que lo educaría. A lo que obviamente Diego aceptó sin rechistar. Con cierta facilidad los dos simpatizaron. Diego era la viva alma joven, rebelde e inexperta en la vida, mientras que Alberto representaba la sabiduría y experiencia. Alberto no podía resistirse a la nostalgia que emanaba Diego, pues era ansioso y con ganas de descubrir cosas nuevas. Pronto los dos serian uña y carne. Diego empezó como ayudante en la villa. Limpiaba el caballo de Alberto, hacía la compra, cocinaba y tambien aprendía a leer y a escribir bajo las enseñanzas de sir Alberto. Pasados los años, Diego aprendió a manos de Alberto el arte de la cortesía, la etiqueta, algo que siempre había admirado del porte de Alberto. A la mayoría de edad, obtuvo una ropera de buena manofactura, ropera con la que más tarde aprendería esgrima con Alberto. Vinculando su amistad en el proceso a cada día que pasaba. Tanto, que hasta Diego empezó a quererlo como a un padre. Durante su adolescencia, había coincidido varias veces con la hija de Alberto, una joven doncella de piel de porcelana, mejillas de terciopelo y de una larga, lisa y dorada cabellera. Al principio Diego no le importaba mucho la chica, sinó Alberto. Pero con la edad, el cariño, el amor y el deseo carnal subyugaron la mente del jovenzuelo hacía la chica. Y parecía que ella tambien. De noche, hacían escapadas al pajar para desearse y satisfacer sus caprichos. Pero esos caprichos pronto se volvieron una necesidad real de cariño, hasta que se presentaron a Alberto como pareja. Él mismo hizo el papeleo y financió el casamiento, con la esperanza de algún dia poder tener nietos de su hija y de su mejor y más preciado aprendiz. Pero, el destino de esa familia estaba sellado. Y como una maldición de heredación, Alberto y la esposa de Diego cayeron enfermos. No hubo tiempo despedidas, solamente lagrimas. Diego trabajaba para un amigo de Alberto que necesitaba de matarifes como guardia personal, y el tiempo libre que tenía el joven espadachin lo pasaba en la costa, pescando, costumbre que había adquirido hace un tiempo gracias a Alberto, pues cada tarde los dos iban a pescar mientras se explicaban las historietas del dia. Ambos murieron y Diego se quedó solo. Se pudo quedar con parte de la herencia de Alberto tras casarse Diego con su hija. Con esa herencia pudo comprarse una casa modesta en los barrios mercantes de Villadorada. ¿Y ahora? Ahora malvive en la ciudad, de vez en cuanto hace encargos en Ventormenta. O se dedica a vender lo que pesca.
  15. [Misiva] Se buscan voluntarios.

    Llegan dos cartas idénticas a los cuarteles ubicados en Ventormenta y Villadorada, las trae un niño de no más 16 años, con cada carta hay una bolsita con 10 plateadas justas. De: Felipe Orshen. Sargento de la XV compañía, XIII Legión. Para: Capitanía de Villadorada. Asunto: Voluntarios. Fecha en el envio: Decimocuarto día del décimo mes. Con la luz. Escribo personalmente esta carta desde la Muralla de Thoradin para pedir una movilización de reclutas o voluntarios, me es indiferente, hacia la Muralla. Hace días que recibo constantemente cartas de un alcalde de un pequeño poblado leñador, el poblado Norasur, ubicado en el interior de la arboleada Roblemar. Las cartas siempre delegan lo mismo: Bandidos. Pero últimamente, mencionaban a desapariciones de aldeanos. Lo normal eran muertes, robos de alimentos, entre otros... Pero ¿Para que robar aldeanos? Es un tema que hace semanas que me agitaba la cabeza, pero ahora con los aldeanos desaparecidos, no concilio el sueño. No he podido actuar antes porqué tengo a todos mis hombres estancados en otros menesteres. Por ello, pido a un grupo de voluntarios que se presente en la muralla para que vayan a explorar la villa. Me es indiferente su experiencia, solo necesito que vayan ahí a comprobar que sucede, informar y que vuelvan a sus hogares si así lo desean. Aunque aquí tampoco sobran efectivos y hay mucho trabajo que hacer. Por la Emperatriz. Por la luz. Por el Imperio. // @El errante @Malcador @Vagabundo
  16. [Elwynn] La prole

    Altaplaza Ilustración de Victor Hugo Harmatiuk Le gustaba que le lamiera la mano. La pasaba una y otra vez por su suave lomo, recorriendo su hocico húmedo y sus delicadas orejas, haciendo presión en su lomo y en sus cuartos traseros, terminando en la cola que movía con felicidad cada vez que volvía a acariciarlo. Lo repetía una y otra vez, porque sabía que la recompensa iba a ser siempre la misma: El cachorro movería la cola con entusiasmo, restregando las patitas con emoción y finalmente le lamería la mano en recompensa por las caricias, dándole toquecitos con el hocico y mordisqueándole de forma amistosa la mano. Lo repetía de nuevo, y de nuevo obtenía el mismo resultado. Rince reía, feliz. Amaba a los animales, los animales jamás le habían dicho cosas malas. Se guardaban sus malas palabras para sí mismos, y por eso eran tan buena gente. Solo ladraban, de tanto en tanto, pero a pesar de todo no dedicaban ningún insulto. Le gustaban los animales y, se repitió, no había nada mejor en el mundo que un perro que no le ladrara. Echaba de menos a Tiki. Era un perro que ladraba mucho y con fuerza, pero nunca había intentado morderle. No no, eso nunca se lo haría Tiki, porque Joy lo había criado muy bien. Echaba de menos también a Joy, aún mas que al malo de Tiki. No había salido a recibirlo cuando se había acercado a la casa, ofreciéndole los pastelitos que de tanto en tanto hacia. A veces estaban rancios, pero le echaba siempre un poquito de compota por encima y eso hacia que todo el mal sabor se pasara. La compota por encima era el secreto de cualquier plato que estuviera rico, estaba convencido de que hasta el plato de lentejas mas malo estaría rico si le echaba toda la compota por encima. Pero hoy no había salido con su bollito y su compota. Ni siquiera cuando los que había guiado hasta allí habían quemado la casa había salido. Se preguntaba si no estaría un poco enfadada Joy, al ver que le habían quemado la casa, y como haría ahora para hacer sus bollos. Estaba convencido de que necesitaba algo de su cocina para hacerlos. Royce tampoco estaba. No le gustaba Royce, ladraba mas que el perro, pero cuidaba de su ma' y Joy siempre le decía lo bueno que era y lo bien que se portaba con ella. Él también se enfadaría cuando viera que le habían quemado la casa, pero seguro que podían conseguir otra. Rabia muchas en el campo, y podían hacer como él y coger la que mas les gustara. Volvió a acariciar a perro con énfasis, riendo mientras el cachorro se deleitaba en cada caricia, jugando con emoción con el desconocido y dejándose cuidar. Se le saltaban las lágrimas de la risa, emocionado con el nuevo amigo. Pero en el fondo echaba de menos a Tiki, a pesar de lo que le ladraba.
  17. La Avanzada Reposo de Cárdena Planteamiento: La zona aislada y las congregaciones de manadas salvajes desaconseja abandonar el perímetro seguro de la avanzada. Las caravanas de suministros no acudirán al lugar por ese mismo motivo, y partir es riesgo de muerte que asumirá cada uno. La trama no está enfocada a ser lineal, ni su conclusión depende de cumplir un objetivo, sino que acabará en el tiempo en el que el aislamiento preventivo termine y de esa forma, los personajes puedan abandonarla de manera segura, en el mejor de los casos. Las decisiones tomadas dentro de la avanzada favorecerán su supervivencia o su caída. - Información de zona El Reposo de Cárdena es una breve avanzada dirigida por la Cruzada Escarlata. No hay efectivos suficientes para librar incursiones o ataques premeditados, de principio a fin, esta avanzada tiene como objetivo guarecer a los viajeros, peregrinos o tropas de tal forma que la noche no les sorprenda en mitad de un yermo desolado y peligroso de camino a su destino. Empalizadas, estacas y un pequeño foso rodean la avanzada de dos entradas. Fue establecida hace años y estos, no han pasado en balde, pues a penas ha recibido el mantenimiento necesario para erigirse como un enclave seguro. Poco más que suficiente. Por suerte su posición al sur, a dos jornadas del lago favorece que las hostilidades no sean asiduas. Es el paso intermedio entre la Avanzada Bermella y el Puesto Sacrorum, a dos jornadas de distancia cada uno. El bosque que la rodea conocido por Arboleda Pañidera es el refugio perfecto para los enemigos que moran estas tierras, por lo que predecir sus movimientos se vuelve una tarea difícil si no se realizan comprobaciones exteriores. Sus moradores están habituados a despertarse mañana si y mañana no con el renqueo multitudinario de una de las dos grandes manadas de no-muertos que moran en los bosques apegados contra la empalizada, que por algún motivo nunca llegan a juntarse. Los viejos muros soportan el empuje de una, pero muy dificilmente quedarán impasibles que ambas se llegan a congregar ante sus puertas. -Sin más detalles por el momento- - Quienes la habitan Las Sacrílicas Aunque la Cruzada Escarlata es un organismo con un nacionalismo ferviente y unas creencias uniformes, no es secreto para nadie que no todos quienes forman parte de ella lo hicieron por voluntariedad o confianza, sino por necesidad. No muy lejos se encuentra la Basílica de Nuestra Señora la Piadosa, un antiguo convento de sanadores que tenía como objetivo ofrecer cobijo y asistencia al herido, al enfermo, al viajero cansado y al marginado. Y aunque la mayoría no sobrevivieron a la conquista de la Plaga, cuatro de ellas se congregan en esta avanzada, mirando con nostalgia hacia la alta y lejana colina donde el esqueleto abandonado de la orden de las Sacrílicas permanece impasible y oscurecido, anhelando algún día poder reformar la orden y seguir ofreciendo subsidio al necesitado. Aunque en su pecho engalonan la Llama, sus corazones se mantienen firmes a sus principios, con la mujer y el cántaro como escudo impresos en ellos. Los caballeros del Ágape Junto a ellas, el grueso de las tropas escarlata que protegen el asentamiento en su día formaron parte de la Orden del Ágape. Unidos como siempre en hermandad inamovible, el asentamiento se rige casi por mayoría absoluta por estos supervivientes, otrora caballeros y escuderos de la Abadía de Lobrem, que sumaban a las mesnadas de Lady Blaumeux como ejemplares jinetes. Su líder, el otrora Lord Faux de Naón por diferencias con otros tres abanderados, tozudo por naturaleza e inquebrantable como el titanio, mantuvo siempre un margen de actuación respeto al resto de las mesnadas, lo que llevó tanto a él como a sus caballeros más allegados a sobrevivir al desastre. Irónico es que el orgullo les proveyera de seguridad donde el honor y la valentía fueron sesgados como los campos ahora pustulosos. -Falta uno por presentar- - Personajes relevantes Sor Gaspara hermanas: 118549 92618 Anciana y desgastada por la vida, es una mujer de oido corto pero con envidiable lucidez a pesar de estar cerca de los ochenta años. Regentaba la Basílica de Nuestra Señora la Piadosa en el momento de la venida de la Plaga a la zona, y ceñuda a la hora de dar la espalda al pasado y a toda una vida volcada a la orden de las Sacrílicas, vio una oportunidad irrefutable cuando oyó hablar de la existencia de la Avanzada del Reposo de Cárdena, y junto a sus tres hermanas supervivientes, se estableció hace años en el lugar, no lejos de las ruinas del convento, confiando en que la situación es temporal y más pronto que tarde, las fuerzas de la Cruzada volverán a retomar el lugar y poder refundar así su amada orden. Aunque no guarda especial simpatía por el viejo cruzado, no se entromete en sus decisiones, y tanto ella como sus hermanas de oficio se limitan a realizar las labores hogareñas y a atender a los viajeros y a los heridos cuando estos llegan a la avanzada. Se dice que su conexión con la Luz tiene un fervor que muchos otros envidiarían, pero sus palabras muchas veces alteran por su falta de tacto. Sor Maribel 6174 Maribel es una muchacha joven de apenas unos diecisiete años que fue adoptada por las monjas sacrílicas cuando fue abandonada a los pocos meses frente a la puerta de la basílica. No ha conocido otra vida que no sea la oración y la dedicación a la santa labor de sanar y asistir al necesitado. Aunque es una joven inquieta y dulce, su complacencia llega incluso a extremos denigrantes. Rara vez dice abiertamente su opinión, aplastada por las expectativas que sus hermanas tienen puestas en ella como la más joven. Sus breves nociones en medicina y su falta de experiencia en tareas mayores, suele versela en las cocinas, con la colada o adecentando el asentamiento. No pide más ni aceptará menos. Lord Faux de Naón 1333 El viejo cruzado fue quien desde años atrás insistía en erigir una avanzada en el bosque cenizo, y que a pesar de los consejos de sus mandos que veían la zona como peligrosa y dificilmente defendible, no descansó hasta dar con la oportunidad perfecta para intentarlo. Se dice que partió en compañía de sus ocho caballeros, fieles a él por siempre, y que cuando uno de ellos volvió para informar, el cruzado había vencido fauna y terreno y había conseguido asentarse. Ante la inesperada noticia, la Cruzada accedió a alzar una avanzada de paso en el lugar que hiciera de punto de descanso entre las dos avanzadas intermedias, en mitad de la arboleda Pañidera. Faux guarda un apego especial por aquella tierra, que otrora pertenecía a su señorío. Ahora, despojado de todo lo que una vez le hizo grande, le ha plantado cara al destino, enfrentándose ante todo mal que ose volverlo a expulsar de sus tierras. Tozudo, huraño, cortante y con poca paciencia, malo a la hora de recibir consejos, tomándolos como afrenta a su poblada cabeza. Alguien difícil de tratar, por edad y por sesera. Enol el Joven 108840 1540 armadura: 1836 Aunque ya hace años de eso, y es tan adulto como otros, sigue portando el mote que le pusieron cuando no era más que un niño que ayudaba a los caballeros a vestirse y a prepararse como escudero. Hijo mediano de una familia menor, fue puesto al servicio de la Orden del Ágape cuando a penas tenía doce años, con la esperanza en que algún día pudiera convertirse en caballero y aportar honra a su familia. Un hombre despierto y ágil, que es el primero en proponerse para ayudar y el último en volver. Aun así, un gran orgullo le viste, a veces afeando el buen fondo que tiene.
  18. Correspondencia apresurada

    En un tocón abierto en el camino que se separaba hacia el bosque maldito, introducida en su interior tal y como el hombre le comentó que dejara la misiva. Te e conseguido lo que querias. Te espero en la caseta del vosque cerca del cruce de Torzal y Riofrio, la de los cazadores y peregrinos. Date prisa, no se si eso aguantará. @Focus
  19. Memes (que intentan ser) graciosos

    (Se lo dedico a Alondra <3)
  20. [Corte de los Mendigos] Sangre y Tinta

    Alester se encontraba en la Torre observando el horizonte, sin hacer nada, recuperando su bello cuerpo de las heridas causadas por la traición y la guerra. Apoyado en la muralla, tocaba una flauta robada, molestando a los cultistas que entrenaban aquél día en la azotea. De repente, uno de los Cultistas comentó algo de lejanía y Alester se tomó unas vacaciones fuera de la Torre, con el permiso de su amado maestro preferido. Al cabo de dos semanas, una misiva con un sello desconocido llegó a Jasón. A. Señor, el árbol caído. Día de la cosecha. Huele a cuero y gloria. @Focus
  21. [Elwynn] La prole

    Ilustración de Jeremy Wilson El escudero Alfón se afanaba en terminar de organizar todo lo que debía en aquel almacén, buscando con cuidado los restos de cristales que habían sido reclamados para su custodia. El Templario Zoltan parecía un tanto turbado cuando habían comentado de sacar aquello de su caja, observándolos con la severidad que la ocasión demandaba y aventurándose después a intentar averiguar un poco más sobre ellos y para qué los pedían. Pese a que lo usual era deshacerse de tan ominosos artefactos el objeto había atraído la atención de alguien que había demandado un análisis más exhaustivo para el que, por supuesto, habían contado con sus agentes y no con las manos inexpertas de la Orden. Pese a todo y no sabía muy bien como aquello había acabado recayendo en ellos, en virtud de no-se-qué archivo que tenían de un caso anterior, en el que alguno de los suyos había echado una mano como buenamente podía para luego ocuparse de otra cosa una vez terminada la faena de campo. Un clásico que esperaba poder replicar con exactitud. No le hacía ninguna gracia acercarse a la caja que Zoltan le había indicado, bien oculta y custodiada. Si la habían sellado y aislado de forma tan exhaustiva era evidente que no le iba a otorgar el mayor de los placeres. Al parecer, ciertas similitudes habían empezado a producirse cuando los cristales habían llegado recientemente a manos de los Inquisidores y no quisiera la Luz que si aquellos dos asuntos estaban conectados alguien pudiera irse de rositas. Algo que a él hastiaba profundamente, cuando lo fácil habría sido devolver aquellos objetos al averno del que habían salido y dejar de preocuparse por si eran o no de la misma familia de atrocidades. Siguió así Alfón buen rato, discutiendo para sus adentros los diversos pros y contras de terminar las cosas a mazazos, introduciendo finalmente la caja que habían demandado en otra con una leve pátina de veraplata cubriendo sus paredes interiores, entregándola al contacto de la Inquisición que así lo había requerido. Entrañablemente feliz de deshacerse de esa pesada losa por fin. A quién le cayera el muerto a partir de entonces le importaba poco, mientras mantuvieran aquella cosa lejos. Si la mitad de lo que Zoltan le había chismorreado era medianamente cierto, quien se hiciera cargo de aquel marrón iba a tener entretenimiento para rato.
  22. [Elwynn] Tumba Abierta

    EPÍLOGO El mecenas Ilustración de Richard Anderson Johnny Tresdedos alargó una mano para dar un leve golpecito en el hombro de Ramírez, impidiendo que diera una segunda cabezada del sueño. Llevaban horas leyendo, sentados en la pequeña mesa en el salón de la casa, y había tenido que reponer un par de veces el aceite en los candiles. Los utilizaban cerrados, de cristal, evitando que las llamas se acercaran demasiado a los documentos que ahora con preciado interés inspeccionaban, en busca de pistas que en otro momento se les hubieran podido pasar por alto o nuevos hallazgos en los legajos que habían podido salvar de otros ejemplares. Habían encontrado lo que creían una carta, aunque estando la deplorable condición en la que estaba y siendo como era ya difícil el sacar algo en claro de aquellos galimatías, tardarían en averiguar lo que en ella se explicaba, si es que algún día lo lograban. Afuera, la oscuridad y el silencio de la noche abrazaban el callejón al que daba la entrada del humilde caserón que habían empezado a utilizar para sus propósitos hacia unos pocos meses y al que por fin le habían sacado partido. Esparciendo rumores sobre la ostentación del Lord y su variada colección de encubierta literatura apóstata habían conseguido atraer la atención del pequeño grupo de mercenarios que andaba tras la pista de los libros heréticos. Un agradable encuentro que de momento no parecía muy fructífero a sus ojos, pero que Ramírez había calificado de 'fenomenal', pese a la cara de limón que había mostrado en todo momento el agente y la severidad con que había participado en la conversación la joven. Pese a todo las cosas habían salido mejor de lo que esperaban, desde luego. No solo habían aprendido un par de cosas útiles sobre como funcionaba el contrabando y la compraventa de información - algo que los ayudaría en días venideros- sino que habían dado con un grupo interesante que podía servir a sus intereses. Un plan sin incidentes...aunque eso no era del todo cierto. Por supuesto las cosas podrían haber salido mucho mejor si gran parte de las pruebas que ese grupo había conseguido reunir no hubiera volado en pedazos al romper el cristal de visión que mantenía el nigromante en el interior de su choza. El Lord insistía ahora en que tal vez pudieran sacar algo más del pequeño grupo. Ver para creer, claro, pero como idea era interesante. Pensaba asegurarse durante los días venideros de cómo afrontaban la situación y todo movimiento que realizaran. Había algo que no terminaba de cuajar en él, como las intenciones del hombre que parecía al mando y que había desmentido el hecho, cargando esto en hombros de la joven que lo acompañaba. No les pasaba por alto tampoco que, aunque entregado a la Inquisición, el despreciable hechicero que habían capturado tenía toda la entrepierna y parte del cuello amoratados, como si hubiera recibido alguna suerte de paliza. Se habían asegurado de sacarle información antes, estaba convencido, pues esas heridas no eran fruto del enfrentamiento que había tenido lugar en el embarcadero. Iba a seguir su pista y mantenerse al acecho. Espiar y escuchar, a fin de cuentas, se le daba bien.
  23. [Elwynn] Tumba Abierta

    El Hechicero Ilustración de Nele Diel Tresdedos se acercó a los restos calcinados del pequeño muelle, dando un par de patadas a los restos de cajas y papelajos que aún estaban por ahí esparcidos, amontonados de forma inconexa y con trozos y páginas desperdigadas producto de la desmañada experiencia del novicio de la Mano de Plata. Era algo que a estas alturas no sorprendía: si de algo tenían fama los miembros de las Órdenes de la Luz era de usar menos el cerebro que el don, algo con lo que más de uno podría escribir una tesis al respecto. No extrañaba pues que la Iglesia prefiriera tener sus propios agentes, en vez de apoyar su investigación y su labor en los miembros de las mismas. Torreardiente desde luego no iba a estar muy feliz con esto-...como no lo estaba Lord Ramírez, claro. Algo podía rescatarse pese a todo, aunque había tenido que rebuscar durante largo rato entre los papelajos y los libros deshechos, seguro de que los agradables espectadores que se habían asomado desde la otra orilla no se acercarían viendo lo que había ocurrido con su compañero y sus esbirros. Hacía ya rato que el grupito se había retirado, arrastrando a su capturado rehén en dirección a Villadorada. Que el hechicero no hubiera muerto de un mazazo lo consideraba ya un milagro tras lo que había ocurrido, y tal vez algo interesante pudiera salir de sus podridas entrañas antes de que fuera entregado al juicio de la Luz. Tuvo que recordarse de nuevo que era a Ramírez a quien servía, y ahora mismo otras eran sus prioridades. Pero, ¿ A quién no alegraba la noche ver a uno de esos despreciables seres morder el barro? El propio Lord lo celebraría con alegría, estaba seguro. ¿Y él? Él iba a montar una maldita bacanal.
  24. Prólogo De Pies Ensangrentados y Atardeceres Ocres "Recorrerás oscuras sendas, y tus pies se posarán sobre las espigas del rosal infecto sólo si tu entereza te permite ir más allá del dolor de la carne me encontrarás al final del camino donde no hay dolor, y la penitencia acaba." Las sonrisas de un reencuentro amargo, bajo un cielo anaranjado y oxidado por la podredumbre. Con la lustrosa armadura cubierta de polvo, que esconde cardenales y cortes de un viaje difícil y tormentoso abriéndose camino a través de las laderas muertas. Allí, sobre la colina, aguardando el aliento que falta para la vuelta a casa. No era un asunto de gran peso el que los había arrastrado tierra adentro, no que ellos supieran, aunque los ojos opacos del asistente del Cruzado invitaban a pensar que el mensaje era importante y ajeno a sus competencias personales o vinculadas. Extraña e irregular era esa misiva. Al resguardo de la hoguera, buscando los resquicios del abrigo de la hermandad olvidada al sur, donde la vitalidad anestesia y la mente olvida, volvieron a cruzarse viejas miradas amigas y no tan amigas. Un guiso especiado que atontase el paladar, bienrecibido cuando tan fácil es de olvidar los dones de la vida cuando la vista yace puesta tan arriba, en la inalcanzable y ambicionada cúspide de esa gran causa. El cruzado, el sacerdote y la monja se desvisten de su hábito, y se recubren de humanidad y flaqueza. Pues sin el acero, la herida ya no tiene tras qué esconderse, ni el orgullo por dónde amagar salvo en resguardo de las propias inseguridades. Ya vendría el amanecer infecto, a recuperarles el fanatismo que el exiguo sueño consiguiera derrotarles. A través de un camino empozoñado avanzaron. Sin puntos ciegos, convergenciendo como una voluntad que por si sola avanza, duela o sangre. Un paraje retorcido cuyos recuerdos se escondían tres metros bajo tierra, castaño y fébril, si no muerto. Silencioso a veces, pues los muertos no bailan ni canta. Ruidosos otras, pues la muerte aqui es verdugo pero no enterrador. Colonias de hongos parasitando las superficies de los árboles mutados, cortezas como tallas de retorcidos seres que insinúan una decadente humanidad. Algunos bocalizan y suplican en silencio, otros miran ruidosamente los pasos de quienes no tienen tiempo para deparar en ellos. Entre dos colinas se halla la entrada al viejo bosque ceñudo y enjuto, donde los árboles por apiñados casi parecen apegarse buscando aire que respirar. Un aliento pestilente del viento que los recorre y los abriga. Una boca de mil dientes esbeltos entre una densa niebla con hedor acre y envenenado. Qué dicen de los corderos que alegres caminan hacia el matadero, aun cuando saben qué encontrarán tras su verjas. Y cuestionan cuan fácil olvida el sur su causa. Pero no cuestionan quien sería capaz de amasar la misma integridad que ellos para soportar esa visión una sola vez. Un ecosistema fébril pero latente, que esconde horrores inimagibles o quietud dinámica tras los árboles que susurran mil pecados cometidos por la gracia de la veneración hacia uno mismo. Tres órdenes unidas por la misma causa, tres lenguas que hablan enredadas y se tropiezan entre ellas. Las primeras tiranteces surgen cuando el sol anuncia su inminente muerte en el horizonte, cuando la exigente y apresurada marcha se detiene un instante para que el aliento recurra a enarbolar palabras necias y miradas cansadas. Riñas entre hermanos, pues nadie habló de entendimiento, sino de sobrevivirse. Una melancólica figura contempla el bosque sobre un pequeño barranco, cabizbajo y equino, a un lado del camino de tierra batida. Un caballo domado por la muerte, perdido su jinete, vida y lustre, pues ni las fardas que aun porta recuerdan ya sus colores. Silencioso e ignorante, ellos, atentos y desconfiados, decidieron que sus pasos le alejasen de él, manteniéndose en la vieja carretera hacia el Reposo de Cárdena. Los vientos arrastras gruñidos hambrientos, y lamentos que la muerte ha tornado en sádica furia. Con la noche inminente, y no lejos de su destino, vagan recorriendo un camino carente de amenazas, pero no de advertencias. La tranquilidad en aquellas tierras sólo significa que se avecina lo peor. Resumen: El grupo emprende el camino hacia el siguiente punto de peregrinaje conocido como Reposo de Cárdena, tras abandonar la Avanzada Bermilla. En el camino inquietantemente libre de problemas, encuentran un carromato destrozado y signos de batallas entorno a él, sospechando de que algo grande los asaltó y no dejó rastro alguno de sus defensores. Un solitario caballo vagabundea por el bosque, sin actitud agresiva, sino ausente. Deciden continuar su camino sin enfrentarse a él. Marchó en dirección contraria. Queda poco tiempo antes de que caiga la noche, por lo que deciden recobrar la marcha a mayor ritmo para llegar a la Avanzada cuanto antes. Tesalia pierde el guante izquierdo consumido por un esputo de un árbol mutado. Detalles de la sesión: Sesión de dos tardes, pendiente de finalizar (siguiente capítulo). @Psique como Gabrielle (master): Atletismo, advertir/notar. @Thala como Kingsley: Atletismo, Proteger Esencia, Esencia Sagrada, Buscar, Advertir/Notar @Kario como Jared: Atletismo, Advertir/Notar, Defensa, Buscar. @Imperator como Thomas: Cabalgar, Advertir, Defensa, Atletismo. @Focus como Tesalia: Atletismo, Ballesta ligera, Advertir/notar, Reflejos, Defensa, Rastrear. @Prototaip como Ifán: Atletismo, Advertir/notar, Defensa. Amenazas descubiertas: - Árboles escupidores: flora mutada que arroja esputos de una baba pegajosa que corroe el acero pero ignora el cuero y la carne. La existencia de esta amenaza favorece que se congreguen entorno a ella otros "depredadores" oportunistas, pues es un problema para las tropas pesadas. Habilidades especiales. Moco abrasivo: Una sustancia gelatinosa, pegajosa e increiblemente corrosiva que deteriora el acero. El objetivo puede intentar desprenderse de ella con una tirada de Destreza Dif 13, si no lo consigue, el moco se esparcirá e irá degradando el acero lentamente. Cada 2 turnos, se pierde un punto de Absorción permanente. Se puede repetir la tirada cada turno. - Árboles plagados y colonias de hongos: árboles inofensivos que descubren en su corteza la silueta de humanoides retorcidos, fruto de la corrupción. Algunos vocalizan enmudecidos, otros pueden llegar a moverse ligeramente. Se los observa en bosques plagados de pequeños hongos que provocan dificultades a la hora de respirar y facilidad a la hora de enfermar. Habilidades especiales: aumenta en 2 la dificultad en el gasto de PV al recorrer grandes distancias a través de de la vegetación. [(Dif.+2) + Estorbo)] - (Físico + Atletismo) - Carcasa errante: no-muerto menor, lento y torpe. Una molestia nimia en solitario, atroz en grandes grupos. Salud 8 PdV Armadura 0 Absorción Ataque +5 Ataque Defensa +4 Defensa Defensa Mágica +0 Defensa Mágica Iniciativa +2 Iniciativa Daño 1d3 Daño Habilidades Especiales La Horda. Los zombies son enemigos mediocres y débiles. Pero su peligro radica en el número. Hasta un gran caballero acorazado que se vea aislado y rodeado por una marabunta de zombies se enfrenta a una muerte segura si no es capaz de abrirse paso entre la marea de muerte. Hasta un zombi extra puede atacar por cada uno de los flancos de un enemigo humanoide estándar (3 por el frente, 2 por cada flanco, 2 por la retaguardia). Además, por cada zombi en cuerpo a cuerpo contra un mismo enemigo (Incluso si no tienen espacio para atacarle) a partir del 5 zombi, da +1 de daño a todo zombi que ataque a ese enemigo, hasta un máximo de +5. (Ej: Si un enemigo está siendo atacado por 8 zombies , todos estos zombies recibirían un bono de +3 al daño) Habilidades Uhh... - Caballo no-muerto: equino reanimado, extrañamente ausente sin actitud agresiva. - ¿?: Algo grande y peligroso se arrastra entre los árboles.
  25. Everan

    Atributos 6 Físico 6 Destreza 8 Inteligencia 6 Percepción Valores de combate 24 Puntos de vida 24 Mana 6 Iniciativa 8 Ataque a Distancia (Vara de combate) 8 Defensa Habilidades Físico 2 Atletismo Destreza 2 Vara de combate 2 Defensa Inteligencia 1 Leyes 2 Tradición/Historia 2 Dominio del alma 1 Idioma demoníaco 2 Invocación Menor: Diablillo 1 Sacrificio vital 1 Piedra de salud Percepción 2 Advertir/Notar 1 Etiqueta
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