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    Compañia Comercial Sekvat

    Viaje Hacia Puerto Libre: Un Murlog y un bidón de ron Inflamable La sirena coja, si alguna vez aquel viejo cascaron habia sido algo, sus dias de gloria hacia tiempo que habían pasado muy de largo. Su casco estaba deslustrado, salpicado por gran cantidad de lapas que moteaban la madera de por si erosionada por el salitre del oceano, las velas remendadas estaban amarillas, y aquellas piezas de metal que componían parte de su estructura presentaban manchas de oxido. Pero seguía a flote pese a todo, de eso si podia estar orgulloso Bancroft, capitán y dueño de aquel monton de basura flotante en el que se acinaban, él, y la veintena de almas que conformaban su tripulación. Desde la cubierta de mando se podia ver la atestada ciudad de trinquete, cuyos edificios de metal, madera y chatarra, crecían como setas a lo largo de toda la costa, trepando por los acantilados de la bahia hasta coronar los riscos mas altos de la pendiente. No eran los unicos navegantes, pues el vasto puerto comercial estaba lleno de una frenética actividad portuaria. Otros tantos cientos de barcos grandes y pequeños, de piratas, corsarios o simples viajeros, permanecían a la espera anclados en los muelles. Mientras Bancroft simplemente observaba, una mirada maliciosa se cernia sobre la espalda del viejo capitan. Avat, Sekare, Imzo, y la fiel Krolusko Thotha, cargada con las mercancías que habian obtenido en los Baldios, tomaron el barco que les llevó a alta mar, dejando atras la calidez de las costas de la sabana para adentrarse en los fríos oceanos occidentales. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Mercancias Piel de Kodo mediana: Una dura y extensa piel de Kodo pardo. Su tacto es rugoso asi como abrupto por los bultos naturales que en vida protegieron al animal de la mayoria de ataques de depredadores. Componentes “ Espiriturales “: Aunque muchos de ellos son bastante comunes, hay una respetable cantidad de hojas y plantas secas normalmente utilizadas por los chamanes de las tribus de la horda para “alcanzar “ una mayor comunión con los espíritus y los elementos, entre ellos se encuentran los cardos de sangre. -------------------------------------------------------------------------------------- Avat: Advertir notar. Navegar. Buscar. Comercio. Rumores Sekare: Advertir notar. Navegar. Buscar. Comercio. Rumores. Religión.
  3. Yesterday
  4. Una serie de carteles se reparten por los barrios y tablones de la gran capital e incluso algunos llegan a los pueblos cercanos, alguien se ha tomado exhaustividad tal tarea, de vez en cuando un bardo aparece en las zonas mas concurridas el cual empieza a tocar su instrumento y alzar la voz para cantar el anuncio trayendo la curiosidad de los viajeros y visitantes.
  5. Atributos 6 Físico 6 Destreza 8 Inteligencia 7 Espíritu 6 Percepción Valores de combate 24 Puntos de vida 32 Mana 7 Iniciativa 7 Ataque CC (Bastón) 7 Defensa Físico 1 Atletismo 1 Bastón Destreza 1 Bailar 1 Escalar 1 Defensa 1 Lanzador 1 Nadar 1 Sigilo Inteligencia 1 Fauna (Mamíferos) 1 Fauna (Dragonantes) 1 Fauna (Insectoides/Aracnidos) 1 Leyes (Justicia Pandaren) 1 Religión (Los Augustos Celestiales) 1 Conocimientos/Historia (Pandaria) 1 Arquitectura (Pandaren) 1 Sanación/Hierbas 1 Cirugía/Anatomía 1 Astronomía 1 Matemáticas 1 Alquimia Aprendiz (12): -Poción de maná menor -Poción ojo de gato Espíritu 1 Voluntad 1 Idioma elemental 1 Barrera elemental 1 Invocación curativa 1 Restauración de toque 1 Arma: Fluidez del agua Percepción 1 Comercio 1 Reflejos 1 Música (Canto) 1 Música (Pipa) Escuelas/Especializaciones Restauración Elemental Alquimia (Parcial)
  6. Nombre del Personaje: Higashi Saito Raza: Pandaren Sexo: Hombre Edad: 27 Altura: 2'15 Peso: 220 Lugar de Nacimiento: Floralba, Bosque de Jade Ocupación: Científico, Estudioso, Alquimista y Filósofo errante Descripción Física: Saito es un pandaren que no destaca demasiado de la media en altura, con un cuerpo en buen estado y un pelaje frondoso y brillante denotando el goce de buena salud. Su cabello está recogido en forma de coleta de caballo sobre la cima de su cabeza, de un color marrón oscuro que se repite a lo largo de varias partes de su cuerpo, siendo la excepción la zona del vientre, el pecho, las muñecas, los pies y partes de la cara en donde su pelaje es de un tono color blanco. Sus ojos son de un color verde oscuro que recuerda a los bosques de los que se origina, estando estos rodeados por dos manchas de pelaje marrón. Sus zarpas no son especialmente largas ni están mucho más afiladas que las de otros pandaren y de hecho se podría decir que, al contrario, sus zarpas son algo más pequeñas y redondeadas que las de la media. Descripción Psíquica: Saito es un pandaren disciplinado y diligente en todo lo que se propone, pudiendo llegar a abarcar largas horas de trabajo con gusto si con ello obtendrá nueva sabiduría sobre el mundo. Su perseguimiento del saber le ha vuelto un ser especialmente filosófico, a menudo planteándose situaciones y cuestionando cosas que el resto de sus compañeros raciales normalmente no se plantearían. Pero esto no lo hace en un afán de perder de vista el presente, lo cual considera de las cosas más importantes, si no en un intento precisamente de entender su presente y el de todos cuantos le rodean. ¿Cómo floreció esa flor? ¿cómo llegó a ser? ¿por qué la encontramos algo bello? ¿por qué una flor y no una piedra? ¿puede ser una piedra bella? ¿Qué es “bello”? Saito no ve estas preguntas como un medio para entender el pasado, ni el futuro, si no el presente en el que él y todos los demás viven, y adora plantearse tales preguntas durante horas, así como divagar largo y tendido sobre todas las cosas. Posee además un fuerte respeto por los elementales de Pandaria así como por los Augustos celestiales, de los cuales aunque adora a todos es Yu’Lon la fuente de su inspiración desde que era pequeño, pues por su color de ojos creció rodeado de historias y supersticiones que le ponían a él como alguien favorecido por la imponente y sabia entidad. En el resto de cosas Saito es de temperamento calmado y meditativo, con una astucia y conocimientos destacando por encima de la media en parte por sus orígenes, en parte por sus estudios y, quizás, incluso un poco en parte por un intelecto nato, incluso si Saito es demasiado modesto para reconocerlo de tal modo. Filosóficamente tiene una cierta inclinación por la filosofía Tushui, pero como muchos otros no recurre al fanatismo y trata de hallar un equilibrio en el que pueda mantener su flexibilidad sin dejar de lado su disciplina y diligencia. Prólogo: Cuando bebas agua, recuerda la fuente Un joven pandaren se encontraba observando desde su habitación el exterior, el resto de la enorme ciudad de Floralba. En aquellos precisos instantes se encontraban en pleno invierno, y el frío incluso en un sitio tan frondoso como lo era el Bosque de Jade era palpable. Fuera se podía apreciar toda la gloria de su ciudad natal, pues su hogar se encontraba en uno de los puntos elevados de la ciudad en donde las vistas y las perspectivas de estas eran sencillamente increíbles. El joven Saito de apenas nueve años solo podía atinar a maravillarse cada día observando las increíbles estructuras que decoraban su ciudad, recordando las historias y lecciones que su padre le impartía constantemente, pues ese era un buen gusto en común entre padre e hijo que el joven pandaren gustó desde pequeño compartir. Saito había crecido desde que tenía memoria con su padre, Higashi Dalai, como el mayor modelo a seguir y al que aspirar, e incluso si los años le demostrarían que el camino que le aguardaba era sustancialmente distinto, era innegable que en aquel entonces la figura de su padre era una de las cosas que más maravillaba al joven. Su padre se trataba de una persona jovial y optimista, capaz de valorar cada placer de la vida sin perder de vista jamás su deber en la sociedad del Imperio; su labor era tan sagrada para él como los mismos augustos celestiales y pocas cosas había en el mundo capaz de apartarlo de la diligencia que aportaba en su trabajo además del tiempo que pasaba con su familia, la cual siempre había sido y siempre sería su primera prioridad. ¿Y a qué se dedicaba su padre, que tanto fascinaba al joven? Como uno de los Eremitas de la ancestral ciudad de Floralba, su padre se dedicaba a la recaudación de todo conocimiento por antiguo que fuese y a mantener la historia de su pueblo para que nuevas generaciones pudiesen aprender de los errores y aciertos del pasado y aplicar la nueva sabiduría encontrada en esas lecciones, y fue de su padre de donde surgió en Saito el enorme respeto por los Eremitas de todo el Imperio Pandaren que hasta la actualidad aún carga consigo. Ese frío día de invierno en particular tenía algo de especial. Saito tenía nueve años ya porque los acababa de cumplir, y este era su cumpleaños. Era muy temprano por la mañana y se acababa de despertar, pero incluso tan temprano ya podía oír a sus padres más allá de su habitación preparándolo todo para otra enorme celebración llena de los conocidos de sus padres y los amigos que Saito había conocido en sus pocos años de vida en la ciudad. Pero, lo más importante, habría otro año más una enorme cantidad de las increíbles comidas preparadas por su madre. Su madre, Higashi Jia Li, siempre había sido una figura más doméstica y maternal para Saito de lo que lo era su padre. Donde su padre se encargaba de cultivar los conocimientos de su hijo y la disciplina, su madre se encargaba de cultivar en su hijo la bondad y el aprecio por la vida, una labor que Saito siempre valoraría y atesoraría en sus recuerdos como la más valiosa de sus memorias. Ella era además quien preparaba todos esos deliciosos platos y recetas de un sabor incuestionable que dos veces al día reunían a su pequeña familia. Sin embargo, a pesar de oír a sus padres trabajar duramente en tenerlo todo preparado para recibir con un enorme festín a todos los vecinos, conocidos y amigos de la familia no podía oír ningún regaño de sus padres, por lo que solo podía asumir con total certeza que Mei no se encontraba levantada aún. Higashi Mei Lin se trataba de su hermana menor de seis años, tres años más joven de lo que lo era Saito. Se trataba de una bola de energía que siempre iba detrás de su hermano mayor, metiéndose en problemas y toda clase de situaciones en las que de alguna u otra forma acaba envolviendo a su hermano inocente en las locuras de su hermana y en los que el joven pandaren no tenía ningún interés en verse envuelto en primer lugar, pero parecía ser algo casi inevitable. A pesar de ello era su hermana, y él la apreciaba más que a nada en el mundo solo seguido por el amor, admiración y respeto que profesaba a sus padres. Luego, mientras con toda la calma del mundo Saito se vestía para afrontar el animado y ajetreado día que le esperaba para su cumpleaños, oyó el primer ruido de cerámica rota avisando de que su hermana se había levantado al fin, seguido de un pequeño regaño de su padre y los sonidos posteriores de una risa restándole importancia tras el reproche. Oyendo las risas, Saito a menudo se daba cuenta en una muestra de madurez excepcional para su edad que de nada podía quejarse, pues la fortuna era buena y le sonreía, y la prosperidad abundaba en su pequeña familia. Acabando de colocarse su ropa de tela fina y suave se dirigió con una sonrisa y pasos veloces a donde su familia se encontraba. Efectivamente, su madre ya se encontraba preparando toda clase de platos que no podía esperar a hincarles el diente para probar y saborear cada uno de ellos. Su padre se encontraba barriendo los restos de una pequeña jarra de cerámica que usaban para guardar agua y su hermana, presta y activa como siempre ya había desaparecido de la escena, probablemente para salir por todo el barrio a reunir gente. Y aunque Saito prefería y valoraba más las celebraciones modestas y las pequeñas muestras de afecto, no podía negar que la compañía de sus vecinos era buena y siempre bienvenida, y que el esfuerzo y esmero que sus padres ponían en dar un gran día en el cumpleaños de cada uno de sus hijos era digno de valoración y agradecimiento. Ese día transcurriría sin incidentes, y sería el cumpleaños que Saito con más fuerza recordaría por el resto de su vida, pues era la última celebración que él y su hermana compartirían jamás con su madre. Capítulo 1: Es de las nubes más negras que cae la lluvia más fresca Tras cuarenta y siete días de intensa lucha, Higashi Jia Li había acabado falleciendo al perder su lucha física contra una enfermedad acarreada por el duro invierno. Había enfermado tan solo dos días luego del noveno cumpleaños del joven Saito, y ahora la ausencia y el agujero en la familia se hacía sentir con dolor y pena. Pero su padre, fuerte y con una sabiduría que para los inocentes niños parecía infinita, se sentó junto a sus hijos en un banco de piedra. Justo en frente había un hermoso árbol de hojas rosas, hojas diminutas aún, que despertaban con la recién entrante primavera. Era la clase de árbol favorito de Jia Li y era por esa misma razón que era allí, debajo de este que yacía ahora su madre. Su padre les explicó allí, en esa misma tarde, sobre conceptos a los que los jóvenes niños aún eran inocentes. Les explicó sobre la pérdida y la pena, y les relató la historia del Emperador Shaohao. Con su ejemplo y una de las historias que tanto fascinaban a ambos niños, Dalai logró explicar a sus hijos de una manera simple cosas tan complejas como la vida misma y la lucha de cada día por mantener en equilibrio las emociones. Fue con ese ejemplo y esa historia que les explicó el por qué era importante no dejarse vencer por el miedo, la duda o incluso la ira. Fue con ese ejemplo que les explicó que no debían enfadarse con la naturaleza o el mundo por haber tomado a su madre tan temprano, si no que en su lugar entendiesen que algunas cosas no podían ser cambiadas y que otras tantas estaban destinadas a suceder, y que en su lugar honrasen la memoria de su madre viviendo cada día como si fuese el último, pues era lo que ella habría querido y esperado de sus hijos. Aunque la herida tardaría en sanar, las palabras de su padre en aquella tarde de los primeros días de primavera calarían profundo en ambos niños, que crecerían para convertirse en jóvenes amantes de la vida misma, entendiendo que todo ocurría por una razón. Los años consiguientes pasaron con una relativa normalidad. Su padre dedicaba más tiempo a sus hijos que a su trabajo en ausencia de Jia Li, pero era un precio que estaba dispuesto a pagar pues incluso si valoraba su trabajo, nada era más importante que la familia y Dalai lo tenía claro. Y, con el tiempo, algunos de los platos que había aprendido a preparar a sus hijos llegaron a rivalizar incluso con los de su difunta amada. Saito había alcanzado la adolescencia, y fue con sus 16 años que se enfrentó a la primera gran decisión de su vida. Tres caminos se habrían ante él de los cuales podría escoger solo uno y alteraría el curso entero de su vida. El joven se encontraba en su habitación observando de manera meditativa la imponente ciudad de Floralba desde la altura como solía hacerlo desde que tenía memoria. Una suave brisa recorrió la ciudad arrastrando varias hojas de otoño por el aire que cruzaron por enfrente a la ventana de Saito, varios metros más adelante. El sol se estaba ocultando en el horizonte y el día estaba llegando a su fin. Había tenido una buena vida en Floralba, y aquel apego por su tierra natal y todas las personas maravillosas que había conocido allí era lo que hacía la decisión tan difícil. Su primera opción era permanecer allí, permanecer junto a su hermana, su padre y todos sus amigos y conocidos, sus vecinos y hasta los animales y mascotas del barrio, todo con cuanto había crecido y a cuanto tenía apego y cariño. Tendría que conformarse con estudios locales, quizás acabar abriendo un negocio, tener una vida totalmente normal pero rodeado de todas las personas que amaba. Pero una parte de él sentía un impulso de aventura y una atracción por lo desconocido, una necesidad de conocer más de lo que abarcaba su ciudad, y su padre lo sabía. Sus otras dos opciones involucraban abandonar la ciudad por una cantidad de años indeterminados, quizás incluso por siempre. Su padre se había sentado a tener una charla seria con su hijo hacía siete noches ya. Le preguntó a su hijo que quería hacer, que le gustaba y cual era su verdadera pasión en la vida. Tal fue el orgullo de su padre, un Eremita erudito hasta la médula, cuando su hijo mencionó que su pasión era el aprendizaje y el estudio de todas las cosas que le rodeaban, e incluso de él mismo y el resto. Saito desde siempre había sido un joven que le fascinaba todo y que le encantaba hacerse preguntas sobre el mundo y el yo, y su padre lo sabía e incluso lo entendía. Fue esa noche que su padre le presentó sus otras dos alternativas. Por un lado podía dirigirse a uno de los templos dedicados a Yu’Lon en el Bosque de Jade, donde entrenaría junto a los monjes y eruditos que dedicaban su vida al estudio de los augustos celestiales, con especial énfasis en la sabiduría y el entendimiento propio, y era por sus ojos verdes que muchos en su círculo de amigos e incluso su propia hermana creían que aquel era el destino de Saito, beber de la sabiduría de Yu’Lon y convertirse en un monje dedicado a la divinidad. E incluso a Saito no le disgustaba la idea, pero su padre creía en un camino distinto para su hijo, un tercer camino que no había contemplado. En una de las grandes academias más multidisciplinarias del Valle de los Cuatro Vientos, en la ciudad de El Alcor, se encontraba un tío de Saito y hermano de su padre, y era además la academia en donde ambos hermanos habían estudiados. Era la academia en donde su padre había estudiado. Allí podría cumplir con la mayor pasión de Saito, la cual fervientemente había heredado de su padre: Allí, podría comprender el mundo que le rodeaba, estudiar el pasado, aprender del pasado y trabajar por mejorar el presente. Además; tendría a su tío, otro Eremita, que podría darle guía y cobijo en aquella ciudad. Y una parte de él le fascinaba la simple idea de conocer a su tío, de quien apenas había oído de su existencia en todos sus años de vida. El sol se había acabado de ocultar en el horizonte. Saito entendía la profundidad de esta decisión, pues estaba decidiendo el transcurso entero de su vida. Sus tres decisiones se limitaban a permanecer junto a su familia y amigos, convertirse en el monje que todos esperaban que se convirtiera o seguir su pasión y estudiar en una lejana academia. En cualquier caso, la decisión era delicada y Saito lo meditaba cada noche desde que había tenido esa charla con su padre, preparándose para el momento de afrontar la decisión, pues en su corazón no debía haber duda alguna cuando el momento llegara. La noche había caído. Saito cerró la ventana y apagó las luces de su habitación soplando suavemente las llamas. Pronto tendría que tomar una decisión, y no había mejor modo de hacerlo que bien descansado… Capítulo 2: Para quien no sabe a donde ir, todos los caminos sirven Una joven Ashigaru de no más de veinticinco años se había ofrecido a acompañar al joven Saito hasta la salida del Bosque de Jade. Lo cierto es que el bosque era peligroso para cruzarlo un joven de dieciséis años en solitario, así que la compañía en el camino había sido más que bienvenida por Saito. Para su fortuna, sin embargo, nada había ocurrido en el trayecto y tras varios días habían logrado alcanzar la salida del bosque que daba al Valle de los Cuatro Vientos. En ese punto la Ashigaru se despidió de Saito y sus caminos se separaron, pues debía regresar a Floralba y el joven continuar su trayecto hasta El Alcor. El trayecto a lo largo del valle pronto se tornó monótono, pero Saito apreciaba una belleza inexplicable en el paisaje con cada paso que daba en aquella nueva tierra. Acostumbrado a grandes extensiones de árboles cubriéndolo todo, el valle contrastaba con enormes extensiones de tierras visibles desde la lejanía y distancias casi vertiginosas que jamás habría imaginado. En donde no había grandes extensiones de césped, las granjas inundaban la vista junto con alguna aldea ocasional. Saito mismo tuvo que cruzar un par de ellas durante su viaje a El Alcor, en donde le recibieron con los brazos abiertos, con comida y con hospedaje, lo cual facilitó enormemente su travesía. Tras algunos días recorriendo los extensos caminos del valle el joven llegó a su destino. La enorme ciudad comenzó a alzarse en la lejanía, solo para recién tras un par de horas alcanzar la entrada a la ciudad. Allí tuvo que seguir las indicaciones que su padre le había dado para hallar la casa de su tío en El Alcor. Aunque algo perdido al comienzo, tras pedir algunas indicaciones a los lugareños logró encontrar el sitio. La casa de su tío se presentaba más grande que el hogar del que él provenía. Su tío le recibió con los brazos abiertos y una jovial y grave risa, acompañado de su esposa. Higashi Wu Hou era un nombre que no había oído en mucho tiempo excepto en contadas ocasiones de boca de su padre pues, aunque era su tío, este vivía demasiado lejos como para haber sido relevante durante la infancia de Saito. Por otro lado, Higashi Shi Lí era un nombre que jamás había oído, pues el casamiento de Wu Hou había sido hacía relativamente poco tiempo. Su tío se trataba de un pandaren alto, robusto aunque no especialmente musculado y de una voz gruesa, así como un pelaje de un tono marrón mas claro que el de su padre, de quien en comparación Wu Hou era además el más adulto, precisamente siete años más que su hermano menor. En la cocina ya esperaban a Saito con un auténtico banquete solo digno del Valle de los Cuatro Vientos, mayor incluso a los que había visto en las mejores festividades junto a su familia. Su tío le contó que trabajaba como Eremita, además de ser maestro de varias disciplinas en una de las academias de El Alcor, en donde compartía sus conocimientos con pandarens de todas las edades, jóvenes y adultos. Esa misma noche tras el festín con el que Wu Hou había recibido a su sobrino se le mostró a este la habitación en la que se estaría hospedando, en la segunda planta del hogar. La casa de su tío, así como su nueva habitación, se trataban de algo más grande y espacioso de lo que solía acostumbrar en su viejo hogar en Floralba y sin dudas le costaría un tiempo adecuarse al cambio. Para finalizar su tío se comprometió a llevarle al otro día hasta la academia, en donde podrían inscribir a Saito para recibir una educación más formal. Las luces de la habitación se apagaron y Saito quedo a solas una vez más. Observó por la nueva ventana de su habitación, ahora se trataba de una casa de dos plantas a lo cual no estaba acostumbrado pero la idea de poder ver la ciudad desde lo alto era algo a lo que sí estaba acostumbrado ya. Con cuidado tomó asiento en el escritorio que habían preparado para él y comenzó a escribir una carta que enviaría al día siguiente para hacer saber a su padre que el viaje había ido bien y que había llegado a salvo. Su nueva vida en El Alcor había comenzado. Capítulo 3: El tiempo discurre como el río, nunca vuelve La música sonaba alta en la ciudad. Se podía oír a los habitantes de El Alcor yendo de un lado al otro constantemente y preparándose para las festividades de verano y un aire jovial llenaba las calles de la ciudad, pues pocas cosas había que le gustase más a un pandaren que las festividades y los banquetes enormes llenos de bailes y risas. Saito atravesaba aquellas congestionadas calles tratando de alcanzar la academia, con calma y sin apurar sus pasos. Tenía ya veinticuatro años y la vida en El Alcor le había tratado bien. Tras seis años en la academia había logrado abrirse un hueco rápidamente e incluso si no solía ser especialmente popular sus ideas y meditaciones a menudo eran escuchadas, pues si por algo destacaba Saito era por su capacidad de razonar y meditarlo todo. El aire dentro de la academia era mucho más calmado. Aunque en El Alcor todos se preparaban para enormes festividades y banquetes todos tenían claro que la academia se trataba de un sitio de contemplación y aprendizaje, aunque no faltaba en la recepción de esta la preparación de algunos banquetes menores como parte de las celebraciones. Allí Saito se encontró con Wu Hou, quien había partido hacia la academia más temprano ese día. Las palabras que intercambiaron fueron breves, pues su tío se dirigía a impartir clases sobre arte y ciencia arcana mientras que, por otro lado, Saito se dirigía a una pequeña aula apartada en donde se estudiaban toda clase de danzas, movimientos, sonidos y música para conectar con los elementos. El día que Saito dijo a su tío, hacía ya tres años, que añadiría a todos sus estudios diarios un par de horas dedicadas a un reducto grupo de la academia enfrascados en el estudio elemental, Wu Hou le costó creérselo. Siendo un hombre ducho en los secretos de lo arcano había esperado que el joven Saito siguiera sus pasos, pero el caso había sido totalmente distinto. En su primer año el joven pandaren había mostrado un interés creciente por la música, el baile y el canto pues lo consideraba el modo más puro en el que un ser inteligente podía comunicarse. Como mera consecuencia natural, tras oír la historia de Yin y Yang en su segundo año durante sus lecciones sobre la historia del Imperio Pandaren el interés del joven adulto por todo lo relacionado a ellos no hizo si no más que crecer, y es sobre la historia de Yin y Yang probablemente lo más concreto en lo que llegó a versarse relacionado con la historia pandaren. Luego de eso había sido solo cuestión de tiempo antes de que, a las clases de matemáticas, astronomía, historia, música, alquimia y una larga lista de disciplinas distintas que le interesaban, se sumase el estudio de la comunicación elemental. Sin embargo, tras varios años Wu Hou lo había asumido e incluso alentaba a su sobrino a continuar con el camino que fuese de su pasión y elección, pues pocas cosas más importantes había que el estar conforme con la vida que uno mismo ha escogido, y eso era algo que su tío al igual que su padre comprendían a la perfección. El día acabó lentamente y el sol había comenzado a descender por el horizonte. La academia comenzaba a quedar vacía, y aunque la academia no cerraba de manera oficial era tradición como en cada año con la llegada de las diversas festividades de verano que muchos en la academia dejasen de lado sus responsabilidades un tiempo para dedicar enteramente las festividades y celebraciones a los grandes banquetes y fiestas. Su tío era una de esas personas, pero no él. Saito sabía apreciar las festividades y las aprovechaba tanto como podía, y sin lugar a dudas dedicaba menos horas de estudio y meditación durante los tiempos de verano, en donde podía aprovechar a reunirse con las amistades que había conocido durante su tiempo en El Alcor y festejar y comer juntos, o aquellas escapadas de un romance de verano de hacía dos años con una aventurera errante que había pasado por la ciudad, el cual se desvaneció con el tiempo cuando la intrépida y vigorosa aventurera volvió a partir de la ciudad en busca de aventuras. Saito incluso fue tentado ante la invitación de partir con ella, pues reconocía la pasión que la suscitaba la oportunidad de recorrer el continente de lado a lado para ver con sus propios ojos todo lo que había aprendido y sobre lo que usualmente meditaba y divagaba durante largos ratos. Pero era algo para lo que no estaba preparado, y había rechazado la invitación prefiriendo permanecer en El Alcor junto a su tío, estudiando tras la seguridad y comodidad que la academia otorgaba. Pero quizás, y solo quizás, eso podría llegar a cambiar un día… Pues la semilla de la duda y la tentación ya había sido plantada. Epílogo: El dragón inmóvil en las aguas profundas se convierte en presa para los cangrejos Saito cargaba ya con veintisiete años en su espalda. Se encontraba en su habitación, observando por la ventana de la segunda planta de la casa de su tío la ciudad de El Alcor. Hacía frío y una suave nieve caía fuera, pues era invierno. Nieve, jamás había visto nieve en las espesas junglas de las que procedía, pero desde hacía años era ahora algo habitual para él y a lo que se había acostumbrado. A veces nevaba en invierno y le parecía algo normal. ¿Cuándo se había normalizado? En algún punto hacía años, seguramente. Era su cumpleaños, pero era también un día gris. Su tío, quien le había dado cobijo por años, finalmente había enfermado debido a su elevada edad. Tan solo tenía setenta y siete años para la edad de su fallecimiento, lo cual a sus ojos le parecía una edad algo temprana y prematura, pero lo cierto es que su tío siempre había sido alguien más dado a los placeres y gustos de la vida que muchos de sus compañeros raciales, y la edad de su muerte era probablemente algo esperable. A dos habitaciones de distancia aún podía oír el llanto de la esposa de su tío, ahora viuda. Le tocaba a él escribir la carta a su padre informándole del fallecimiento de su hermano. Encendió lentamente una vela sobre su escritorio y tomó un trozo de papel junto con un frasco de tinta y una elegante pluma. Mojando la punta en la oscura tinta azul comenzó a escribir, símbolo por símbolo y con una excelente caligrafía el mensaje para su padre. El mensaje no era complejo, pues sabía que su padre era fuerte y que su filosofía sobre la vida era infranqueable, y era él quien en un primer lugar le había preparado hacía ya dieciocho años para enfrentar estos momentos oscuros con paz y equilibrio. Además informó a su padre de otra noticia junto con la carta. Con la muerte de su tío no quería continuar siendo un incordio a la ahora viuda de su difunto tío, pues aunque no dejaba de repetir que estaría encantada de alojar con los brazos abierto a quien como un hijo había criado durante años, lo cierto es que Saito sentía que había llegado la hora de marcharse. Sentía que había llegado al límite de lo que podría aprender eficazmente desde la academia, pues el dragón inmóvil en las aguas profundas se convierte en presa para los cangrejos, como la frase de una de sus antiguas maestras de danza solía recitar. Había llegado el momento de poner a prueba todo aquello que había aprendido en la academia y de experimentarlo con sus propios ojos, pues no había mayor fuente de sabiduría en la vida de cualquier ser vivo que la experiencia propia, aquella única cualidad que separaba al mayor de los necios del mayor de los sabios. Aquella misma noche tras terminar de escribir la carta, Saito comenzó a empacar todas sus pertenencias para tenerlas prontas a la primera luz del alba, entregando de paso la carta para su padre a algún viajero que se dirigiese a Floralba, en una de las enormes caravanas pandaren. Él por su parte tomaría su propio camino pronto, pues un continente lleno de ancestral sabiduría le aguardaba.
  7. SpetznazsGandalf

    Guiles

    Atributos10 Físico8 Destreza6 Inteligencia5 Espíritu4 PercepciónValores de combate40 Puntos de vida24 Mana4 Iniciativa12 Ataque CC (Mangual)12 Ataque CC (Mandoble)>12 Ataque CC (Pelea CC (Equilibrada))10 Ataque CC Sutil (Lanza ligera)10 Defensa Habilidades Físico 2 Atletismo 2 Mangual 2 Mandoble 2 Pelea CC (Equilibrada) Destreza 2 Lanza ligera 2 Equitación 1 Escalar 2 Defensa 1 Nadar 1 Sigilo Inteligencia 1 Religión (Luz Sagrada) 1 Supervivencia 1 Conocimientos/Historia (Reinos Humanos) Espíritu 1 Voluntad Percepción 1 Advertir/Notar 1 Etiqueta Escuelas/Especializaciones
  8. SpetznazsGandalf

    Guiles

    Nombre del Personaje Guiles Raza Humano Sexo Hombre Edad 24 Altura 2'15. Peso 120 kg. Lugar de Nacimiento Fortín de la Casa Le Gray, Arathi. Ocupación Combatiente. Descripción Física Un hombre descomunal, tanto en estatura como en corpulencia. Supera con creces la media de los varones strómicos por varias cabezas. Es de rasgos duros y marcados, con la nariz aguileña y la cabeza rapada, suele lucir una barba pelirroja de pocos días, descuidada. Habitualmente va embutido en su armadura, oscura como la mismísima noche. Del cinto cuelga un amenazante mangual, y a la espalda un mandoble de picada y terrible hoja que amenaza con alcanzar en altura a la mayoría de sus congéneres, un arma que solo podría ser blandida por alguien de su calibre. Una cicatriz de zarpazo recorre todo el lado derecho de su rostro, alcanzando también el ojo, que luce vacuo, en un tono blanquecino desprovisto de vida. Descripción Psíquica De carácter guerrero y luchador, adiestrado desde bien niño para ser un asesino sin precedentes al servicio de la nación y su casa, encuentra placer en la muerte y el conflicto. También se ocuparon de auspiciar en su carácter las llamas del patriotismo, convirtiéndole en un claro camarada que daría su vida al servicio del reino si fuese necesario. Las palabras que quizá más le definen son: valiente, tenaz, y temerario. Ficha Rápida No (600 palabras mínimo) Historia Era una noche fría y tormentosa, una noche lúgubre en la que la mujer del Lord Le Gray daría a luz al primero de sus hijos. Lo que ellos no sabían es que aquella noche marcaría el nacimiento de un monstruo. Guiles fue un bebé de tamaño sencillamente descomunal, ocho kilos y medio. Su madre se desangró al nacer él. Ya desde bien niño fue un paria, asustaba a los demás chiquillos debido a su gigantesca altura. Su padre, que había quedado viudo, se casó otra vez con una mujer de alta cuna, y engendraron al que sería el hermano menor de Guiles. Tras el nacimiento de su hermano fue dado de lado a nivel familiar por sus particulares características, aunque su padre vio algo en él. Algo que el resto no veía. Había nacido para sembrar muerte y terror, y debía de sembrarlo en favor de su casa. Así fue como su padre encaró la mentalidad de Guiles hacia la guerra, y el joven pasó su infancia con una espada en la mano. Fue mandado a Stromgarde para convertirse en el escudero de algún caballero sin demasiada relevancia, aunque su carácter terco y temerario provocó que fuese reconducido a casa no muchos años después de eso. En la ausencia de Guiles, su padre había engendrado una hija. Continuó con sus entrenamientos intensivos en la fortificación de su padre, adquiriendo todavía más masa muscular. Nunca le faltó de comer, y él tampoco era de apetito flojo, por lo que su ya de por sí vasta complexión solo acrecentó. Un día como otro cualquiera, su padre le contó que el feudo pasaría a manos de su hermano. Guiles no se tomó muy bien eso, él era mejor guerrero que su hermano, y todos lo sabían. Así que fue a buscar a su hermano, y tiró un guantelete al suelo frente a él, desafiándolo a un duelo a muerte. El día del duelo era soleado, la muchedumbre se reunía alrededor de la arena que había sido levantada en los dias anteriores. El ambiente era incluso demasiado tenso como para hacer apuestas, los dos posibles herederos del Lord se batirían en duelo a muerte. Al fin llegó la hora, y ambos se personaron en la arena, Guiles lucía su armadura, negra y aterradora, junto a su mandoble. Su hermano una armadura blanca como la nieve y una espada junto a su pertinente escudo. Tocaron las cornetas, y chocaron los aceros. Apenas dos minutos despues Guiles decapitó a su hermano de un brutal tajo, alzándose como campeón. En un acto barbárico que hizo temblar a todos los presentes, tomó la cabeza de su propio hermano y la arrojó frente a su padre. El Lord Gray, iracundo, desenvainó su espada y plantó cara al gigante, aunque su muerte fue tan fatídica como pronta, siguiendo los pasos de su amado y recientemente decapitado hijo, murió a manos de Guiles. Él no quiso matar a su padre, pero su padre estaba dispuesto a matarlo a él, así que fue una cuestión de pura supervivencia, cosa que muchos no entendieron. Debido a las atrocidades cometidas, los hermanos de su padre acometieron contra él. Acabó siendo apresado y finalmente exiliado, despojado de toda herencia o título, y acabó tomando la vida de vagabundo.
  9. [Día 2] Las lluvias de sangre bañaran a nuestros enemigos, más seremos nosotros quienes recojan la que ellos expulsen. Los sacerdotes de Hakkar, aunque excepcionales, se cuentan como los más poderosos y reconocidos entre la mayoría de las tribus que sirven a este Loa. Encargados no solo de aconsejas y proteger al Jefe de la Tribu, también bendicen a sus aliados con magias que requieren rituales y sacrificios tan crueles que a los ojos de cualquier persona decente deberían ser castigados. Los sacerdotes tienen la potestad de elegir a los más fuertes de la tribu, para luego purificarlos en un ritual de sangre y dar paso a los berserker tan temidos. Sin duda, este proceso puede ser letal para quien lo sufra, sin embargo, otras veces, no sale como debería y da lugar a los conocidos como Rabiosos. Nacidos de los rituales de sangre y sacrificios de seres vivos, los berserker pierden la razón y olvidan sus vidas pasadas, siendo solo portadores de los deseo de su Loa. Muchos lideran las vanguardias de los asaltos trols, teniendo la oscura fama de coleccionar los miembros del cuerpo seccionados de sus enemigos como trofeo. Los berserker no suelen vivir mucho, más aquellos que han sobrevivido a su encuentro advierten de que no parecen sufrir el dolor como los demás y que su búsqueda de sangre muchas veces los lleva a atentar contra aliados y enemigos. Como bien dicen ellos, la sangre correrá para el gran Loa, sea de quien sea. O bien maldecidos desde su nacimiento o deformados por las causas de un ritual fallido, los Rabiosos representan la línea más pesada de las tribus trol. Aunque si bien son muy pocos, sus usos en sus saqueos y batalla varían desde arrojar piedras a sus enemigos o quebrantar las defensas más débiles construidas. Aunque en cuerpo a cuerpo sobrepasan en fuerza a los berserker, la mayoría de estas criaturas no viven demasiado debido a lo expuestas que están y sus golpes aunque son mortales, también son lentos y fáciles de esquivar. Sin embargo, muchos han muerto a manos de estas criaturas y para desgracia de todos, otros muchos morirán.
  10. Última semana
  11. Bastián

    [Ficha] Livia Cazarratas

    Nombre: Livia Cazarratas Atributos 5 Físico 8 Destreza 6 Inteligencia 6 Espíritu 8 Percepción Valores de combate 20 Puntos de vida 24 Mana 9 Iniciativa 9 Ataque a Distancia (Honda) 9 Ataque CC Sutil (Cuchillo) 9 Ataque CC Sutil (Combate Des. Def.) 9 Defensa Habilidades Físico 1 Atletismo Destreza 1 Cuchillo 1 Combate Des. Def. 1 Escalar 1 Defensa 1 Lanzador 1 Nadar 1 Robar bolsillos 1 Sigilo 1 Trampas/Cerraduras Inteligencia 1 Fauna (Mamíferos) 1 Supervivencia 1 Conocimientos/Historia (Reinos Humanos) 1 Peletería 1 Carpintería Espíritu 1 Voluntad Percepción 1 Honda 1 Advertir/Notar 1 Buscar 1 Callejeo 1 Comercio 1 Rastrear 1 Reflejos 1 Rumores 2 Apuntado Diestro 2 Escurridizo Escuelas/Especializaciones
  12. Bastián

    Livia Cazarratas

    Nombre del Personaje Livia Cazarratas Raza Huargen Sexo Mujer Edad 18 Altura 1,69 Peso 45kg Lugar de Nacimiento Callejuelas de Saint-Lapopie, Gilneas Ocupación Cazadora/Peletera Descripción Física Mujer humana delgaducha y nutrida por la mala vida, con una tez oscura, afeada por varias cicatrices sobre la piel, con un cuerpo ligero, de poca estatura, que sin embargo no pierde rapidez, resultando ser más ágil y flexible de lo que parece en primer lugar. Con sus años dorados consumidos dentro del gueto, posee un rostro, que si bien joven, se le asoman marcas, orejas y arrugas sobre una faz que siempre parece verse exhausta, de grandes ojos ambarinos que alguna vez brillaban, ahora eternamente cansados, que se asoman junto a una pequeña nariz y unos delgados labios, por sobre su cabello que cae descuidado y sucio como una melena oscura, alguna vez marrón, ahora deslutrada. Su forma feral es chepuda, de extremidades largas y estiradas, con un pelaje pardo que cubre todas las zonas de su cuerpo, de garras oscuras y ojos que aunque conservan el color ambarino, brillan con aspecto animal. Descripción Psíquica Livia es una joven terrenal, sin grandes motivaciones, con sueños rotos y esperanzas más bien pocas, conformada por moverse guiada por sus instintos más básicos como el hambre y la sed. Pese a esto, muchas veces, parece hacerlo a regañadientes, con una constante actitud de pereza y malgana. Con una astucia aguda, que no destaca sin embargo por sus conocimientos lejos de su oficio, sabe perfectamente como sobrevivir en el gueto donde creció sin recurrir a la fuerza ni a la forma huargen, la cual evita activamente pues le aterra adoptar tal cosa. Cuando se trata de fabricar trampas puede llegar a demostrar creatividad, en cierta medida. Le gusta la ironía y los comentarios ácidos. Ficha Rápida Si (150 palabras mínimo) Historia Livia, mejor conocida como la Segunda Mejor Cazarratas de Saint-Lapopie, una ciudad al noreste de Gilneas, hija del Primer Mejor Cazarratas de Saint-Lapopie, Chasse Cazarratas. Ambos vivían en una ciudad muy pobre, cuyo antiguo señor fue colgado por rebelde y la gestión del nuevo dejaba que desear. Con una madre que murió al parirla, Livia creció bajo la guía de un padre arisco, afectado por la muerte, y la constante búsqueda de aprobación, persiguiendo su cariño y afecto. A muy corta edad tuvo que ponerse a seguir los pasos de esta ya que la hambruna los estaba azotando, aprendió del oficio de su padre. Cazar alimañas, ratas generalmente. Trabajo sucio e insalubre, pero bien recompensado por aquellas gentes de economía boyante que requieren de alguien que se encargue de tales criaturas de un modo rápido y silencioso. Livia aprendió a cazarlas, a mantener la boca cerrada y también a cerrar un precio justo, cuando se podía permitírselo. Su padre, alguna vez un rebelde, no respetaba la ley del noble de entonces, que remplazaba a su señor original, y muchas veces usaba a Livia para el hurto y el robo, con intención de ganar una paga adicional. Esto se mantuvo así hasta que una Livia de doce años de edad, casi trece, cuando ella y su padre fueron asaltados por una criatura lobuna humanoide mientras mataban plagas en un establo no muy lejos de la ciudad, aunque el hombre no pudo ser salvado, la niña, aunque herida, sobrevivió. Fue llevada hasta la ciudad para que un médico le atendiese pues aunque sus heridas fueron tratadas parecía haber contraído una violenta fiebre. Este reconoció con lamento que se trataba de la cepa huargen, y por joven que fuera, no sobreviviría sino dentro de las perreras, donde la joven fue arrastrada por los soldados de Cringris esa misma noche. Allí, aunque como una huargen débil y pequeña, aprendió a sobrevivir no por la fuerza, sino por la resistencia y la inteligencia, escurridiza y huidiza, aprendió de las alimañas que alguna vez cazó por profesión y ahora le servían de alimento, durante varios años. Conforme fue creciendo adquirió un gusto amargo por la vida, la mala vida, esta que te roba todo y no te permite aspirar a nada, donde si naces en la mugre, morirás en la mugre. Aceptando tal cosa como una realidad, en la actualidad se dedica a vivir con amargura y dificultad, cazando ratas y sobreviviendo, a sabiendas de que posiblemente morirá en el gueto que la vio crecer antes de poder aspirar a una vida mejor.
  13. Nombre: Liu-Tang Atributos 7 Físico 7 Destreza 6 Inteligencia 7 Espíritu 6 Percepción Valores de combate 28 Puntos de vida 28 Mana 7 Iniciativa 9 Ataque CC (Vara de Combate) 9 Defensa Habilidades Físico 2 Atletismo 2 Vara de Combate Destreza 2 Defensa Inteligencia 1 Fauna (Réptiles) 2 Leyes (Justicia Pandaren) 1 Navegar 2 Religión (Los Augustos Celestiales) 1 Cirugía/Anatomía 1 Supervivencia 2 Conocimientos/Historia (Pandaria) Espíritu 2 Voluntad Percepción 1 Advertir/Notar 1 Buscar 1 Comercio 1 Música 1 Reflejos Escuelas/Especializaciones
  14. Radz

    Liu-Tang

    Nombre del Personaje Liu-Tang Raza Pandaren Sexo Hombre Edad 33 Altura 216 Peso 220 Lugar de Nacimiento Xiun (Valle de los Cuatro Vientos) Ocupación Adepto del Buey Negro Descripción Física Un pandaren con un cuerpo resistente y con enormes zarpas. Su pelaje es negro con pequeñas manchas blancas en algunas partes del cuerpo, como en la cara y en algunas extremidades. Descripción Psíquica Afable, cariñoso y con grandes ganas de hablar. Le encanta viajar y no dejará de prestar ayuda a nadie. Siempre buscará la amistad. Ficha Rápida No (600 palabras mínimo) Historia Historia Liu-Tang, ese es el nombre que le dieron de cachorro. Pelaje negro como el de un Yak de Kun-Lai y unas zarpas grandes como las de un tigre de Tong-Long. Un cachorro tranquilo que seguia el lema, “Si algo te ocurre, tenga o no tenga solucion, no debes preocuparte”. Marcado por ello, por sus padres, seguia las enseñanzas del Augusto Niu-zao. Su padre un monje que decidió dejar sus enseñanzas cuando estaba a punto de culminar su trabajo para fundar la cervecería que daría algo de prosperidad a la familia Pelajenegro. Xiu-tan, su madre nunca se preocupó por seguir el camino de su esposo en relación al combate y la vida en los monasterios. Hija de un granjero del Valle de los Cuatro Vientos, que murió a causa de la propia vejez junto a su esposa que por el contrario falleció de pena ante la muerte de su compañero de toda la vida. Puestos ya en la historia de mi pequeña familia, ahora es momento de que os cuente que ha ocurrido hasta hoy. Ya me conoceis, soy Liu-Tang y acabo de llegar a Floralba.Soy adepto del Buey Negro y sigo firmemente las enseñanzas que mi maestro me ha enseñado. Y direis, que hago aqui. Bueno, mi misión es recorrer cuantos pueblos y ciudades pueda antes de volver con mi maestro. De donde soy, ya lo sabéis, de Xiun, un pequeño pueblo al sur del Valle de los Cuatro Vientos. Mi historia no es demasiado emocionante pero se que algun día conseguiré que lo sea, pero si puedo contaros alguna aventura increíble que he protagonizado en uno de mis viajes. En concreto una, en la que acabamos luchando contra enormes tigres blancos que tenian de zarpas gigantes. ¿Quereis oir esa? -¡Esa ya la has contado, Pelajenegro, otra! Esta bien, veamos, que os parece la historia del rescate de Tai-Ming, que fue capturada por los horribles Hozen para pedir un rescate a cambio de platanos. -¡Esa es nueva, esa esa! Esta bien, todo comienza en el pueblito granjero de Biun. No muy lejos de aqui. ¿De verdad que no lo habeis oido? Pues cuando llegué a Biun, la gente estaba corriendo de aquí para allá, como buscando algo, muy preocupados y muchos lloraban. Se podia ver que todo estaba revuelto y que en una casa en especial la puerta de madera estaba desencajada. Yo caminaba con mi baston y mi odre de cerveza negra cuando me pare a preguntar a un vecino, se le notaba preocupado, desde luego y su mirada me pedia por favor que los ayudase. Tai-Ming habia desaparecido, la cachorra mas lista del pueblo que tenia a todos encantados por sus tartas de manzana que cada dia de fiesta regalaba a todos para que se animasen. Parecía buena niña, asi que tras comentarme que habian visto a Hozen llevarsela en volandas fui en busca de sus padres. Tras ofrecerles mi ayuda, me encaminé con parte de su familia y vecinos al poblado Hozen. Creo recordar que la tribu se llamaba Rompewakus. El idioma Hozen es divertido y dificil de aprender. Quiza algun día pueda aprender algo. Bueno, que me desvio. Caminamos al poblado Hozen con paso firme y buscando pistas, cuando al paso y de repente un grupo de Hozen con un zapato Tai-Ming nos hablaba en su complicado idioma. Acabamos deduciendo que querían un barril de plátanos a cambio de la cachorra, parecía un cambio decente y fácil pero no ibas a negociar con ellos, no al menos de esa forma. Corrimos al pueblo y tras dar la información, se creo un plan perfecto. Pintaron de amarillo rabanos y los metieron en el barril. Cuando se los llevamos a los Hozen, hicieron un intercambio rapido. Nosotros por supuesto corrimos aun mas rapido de lo que ellos se dieron cuenta. Tai-Ming volvió a casa y todos volvieron a su vida normal. Desde luego aunque mi labor fue pequeña es una aventura que es digna de contar. ¿Que os parece? -Floja… Como sois, bueno, debo dejaros para emprender mi marcha a la posada, tengo todavia unas cuantas cervezas que catar. Mañana os contaré otra historia, porque soy Liu-Tang Pelajenegro
  15. Radz

    [FICHA] Leonardo

    Nombre: Leonardo Atributos 7 Físico 6 Destreza 6 Inteligencia 7 Espíritu 7 Percepción Valores de combate 28 Puntos de vida 28 Mana 9 Iniciativa 8 Ataque a Distancia (Arco) 9 Ataque a Distancia (Arcabuz) 7 Defensa Habilidades Físico 1 Atletismo Destreza 1 Equitación 1 Escalar 1 Defensa 1 Nadar 1 Sigilo Inteligencia 1 Arquitectura 1 Artillería (Cañones) 2 Leyes (Reinos Humanos) 1 Navegar 1 Tortura 1 Supervivencia Espíritu 1 Voluntad Percepción 1 Arco 2 Arcabuz 2 Advertir/Notar 1 Buscar 1 Callejeo 1 Comercio 1 Rastrear 2 Reflejos 1 Rumores Escuelas/Especializa
  16. Nombre del Personaje Baldur Matador Raza Enano Sexo Hombre Edad 45 Altura 1,49 Peso 107KG Lugar de Nacimiento Tierras del Interior Ocupación MATADOR Descripción Física Pelirrojo, de pelo largo atado la mayor parte del tiempo, piel blanca medio bronceada tirando a rojiza. De complexión muy robusta y corpulenta, alto (para otros enanos). Suele llevar siempre una expresión tranquila. Va siempre vestido con ropa tradicional de los Martillosalvaje sumado a varios pedazos de cuero que sirven como protección. Descripción Psíquica Calmado y reflexivo la mayor parte del tiempo, es de palabras cortas, directas y groseras, yendo siempre al frente del asunto para resolver las cosas de la manera más práctica posible. Es cuando está en una pelea que libera su ira y rabia contenidas, volviéndose un guerrero imparable de ataques violentos que aguanta el dolor como un verdadero martillosalvaje tiene que hacerlo. Sus objetivos son simples y claros, encontrar, junto a su hermano, sabiduría y buena pelea en tierras alejadas de su patria. Ficha Rápida Si (150 palabras mínimo) Historia - En proceso de cambios -
  17. Psique

    Griska O'Sullivan

    "En la guerra moderna, morirás como un perro y ni sabrás por qué." -Ernest Hemingway- A veces recordaba el trueno de los arcabuces en la plaza real. Fuertes como el rugido de un león. Los desfiles en las fiestas y el apogeo que celebra a lo grande la altivez de un reino que sobrevive sin tomar la mano ajena. Somos gilneanos. Las palomas blancas alzando el vuelo entre guirnaldas de colores bajo un cielo encapotado. Bonanza y prosperidad se tercie lo que se tercie. Los paseos elegantes de las mesnadas reales, que hacían girar sus armas entre las manos en perfecta sincronía, como extensión de su propia honra. La humareda que se levanta con olor a pólvora. Su hermano siempre se abrazaba a las faldas de su madre, ella sin embargo, miraba con ojos brillantes los cañones que retaban al cielo. Por el rey. Por Gilneas. Era su momento favorito durante su niñez, cuando bajaban a la ciudad por el festejo, hospedados por un querido amigo de su padre que al igual que él, portaba con orgullo el título de caballero en nombre de la casa Rohdet, una casa menor vasalla de otra sensiblemente más influyente. En tiempos de paz, cuando ensillar el caballo significaba salir a enlucir su ego más que un deber. Y lo recordaba así, cuando se reunían en otoño cuando las hojas se teñían de los colores de los zorros que cazaban, y él, le dejaba acompañarle. En la vieja hacienda de su padre, vecina de otras tantas, conoció a Timber y Joan, hijos de conocidos de conocidos, aunque no es que importase cuando se es niño. Recorría los campos de calabazas, contaban historias de miedo en Sanheim, siempre compitiendo, siempre metiéndose en inocentes líos cuya métrica la dictaba el enfado de sus madres cuando se recogían al caer la noche. Siempre la propia gritaba más que ninguna. Eran inseparables. Hablaban de que cuando fueran mayores, se convertirían en caballeros, se casarían con una doncella noble y regentarían una casa con grandes jardines. Pero la vida no esperó a esos sueños cuando irrumpió casi de golpe en sus vidas, tal vez demasiado temprano. El conflicto que enfretó hermanos contra hermanos no tardó en reclamar a todo aquel que estuviera dispuesto a luchar por la causa. De repente era necesaria una alineación para poderte considerar parte de una nación que empezaba a descomponerse a escondidas tras el muro. Y ellos, ya mayores para empuñar un arma pero aún jóvenes como para no dejarse enamorar por las palabras de aquellos que sabían vender la ficción mejor que ellos la entendían, tomaron caminos diferentes. Griska, siempre bajo el ala de su padre, se unió a las mesnadas de Lady Rohdet. Timber y Joan apoyaron a sus familiares al norte. Aunque joven, Griska demostró tener una puntería y ojo tan finos que no tardó en demostrar su utilidad con los arcabuceros. Su padre no esperaba menos de ella, aun cuando su virtud estaba en el enfrentamiento directo y no tras las nubes de pólvora. Padre e hija compartieron los caminos y las escaramuzas que terminaron por templarle el carácter. Nada que no pudiera digerirse escudándose en una causa justa y leal, en contrapunto a los que como él los llamaba, “perros sin correa”. Pasó a formar parte de las mesnadas a los quince años, y hasta años más tarde, cuando la lucha entre hermanos empezaba a acabarse, no volvió a ver a sus amigos de la infancia que como a ella, la guerra civil les había cambiado. Corría el invierno del año 21 D.a.P, una estación que había sido especialmente fría e inmisericorde. Habían peinado a conciencia un puñado de aldeas perdidas en los montes de más al sur, en busca de los poco posibles reductos de rebeldes que estuvieran intentando capear el temporal y la derrota inminente. Dos hombres murieron por congelación, y la falta de motivación y los años de entrega en defensa de la Corona frente al traidor de Crowley y sus milicianos sin a penas descanso, sin vuelta al hogar, había levantado muros en sus mentes, que empezaron a deshumanizar a los rebeldes a los que culpaban de su eterna marcha. Dejaron de ser “perros sin correa” hacía ya un par de años, para ser nombrados de formas mucho peores. Su padre le decía que tras esta cruzada de justicia encontrarían reposo en el hogar, aunque la guerra prometiera a los caballeros engordar su renombre y no escatimaba en ensoñaciones para mantenerse avivado. Una mañana tras una noche de camino incesante entre la nieve, llegaron a la aldea de Testera, cuyo nombre difícilmente olvidaría. Las casas habían sido abandonadas hacía décadas tal vez, un lugar para no ser encontrado. Pero ellos también tuvieron esa ocurrencia. Los arrastraron fuera entre bufidos y amenazas. Los sacaron de sus camas y se juntaron con los heridos y los enfermos. Eran cerca de una docena de rebeldes que al verse superados en armamento y número, depusieron las armas. Un ardor desagradable en la garganta y un regusto a bilis le vino cuando reconoció a dos jóvenes que formaban parte de esa manada, ya crecidos y maduros, aunque seguían siendo ellos, más o menos. Su padre cabiló en silencio sobre qué hacer con ellos, pero sus hombres estaban cansados y enfermos, abatidos por esta guerra que ya había perdido hasta su significado. Hacía frío fuera y no tenía suficiente para compartirlo con ellos. No conocieron otro juicio que no fuera el de la pólvora. Le discutió. De repente todas las espectativas puestas en ella como hija mayor se vinieron abajo, y el lobo que seguía las huellas de su padre abrió las fauces contra él. Y este, enfadado y fatigado, le hizo entender de la peor forma que la guerra decide por uno quien es amigo y quién no lo es. En aquel patio trasero de la finca cubierta por la nieve, formó en línea con sus hermanos de armas para dar muerte a sus hermanos de la infancia. Apuntó por encima de sus cabezas, pero otros no fallaron el disparo. Recordaría siempre como Timber, el pequeño, el más peleón de los tres se encogía de miedo como un gatito ante la muerte acechante. Y cómo Joan alzaba sus manos al aire, libre, liberado de esta guerra infernal por la que estaba dándo su vida con gusto. Hacía tiempo que había dejado de ser una niña, pero la mujer que entró en esa aldea era distinta a la que salió de ahí. Su padre y ella empezaron a distanciarse, sin peleas, sin debates. Como si la conciencia tirase de ellos hacia caminos diferentes e inescrutables para el opuesto, opacos como la más oscura de las noches en las que ni la Niña Azul resplandece en ausencia de la Dama Blanca. La guerra te la vendían de la manera más atractiva que fuera posible, para que acudieras con motivación nacionalista a defender los intereses de tu reino. Cuando fuera tarde te darías cuenta de que no son monstruos a los que das muerte, ni a rufianes ni a tiranos. Si no campesinos, levas, e incluso mujeres a los que les habían condenado al exterminio al norte, cuando el Muro para quienes lo habitaban significaba protección, para ellos fue la pared frente a la espada. O los colmillos. Esos nuevos enemigos, esos monstruos, volvieron a resucitar el afán por la lucha y la justicia, llegando incluso a engrosar su heredado ego con el abatimiento de esas feroces bestias desde la seguridad de la distancia, al otro lado del cañón de su rifle. No fueron encontronazos limpios ni glorificantes, en ocasiones incluso con el protocolo implantado por el brebaje, veía cómo sus compañeros cambiaban de estar compartiendo un lugar junto a él en la hoguera del campamento, a evitarle la mirada en el recogido frío y amontonado destinado para los marcados. Aunque no todos tenían esa suerte, y los que si, pronto encontraban la muerte al recibir las primeras ondonadas del fuego cruzado cuando pasaron de enfrentarse a las bestias, a volver a pelear entre hermanos, entre reinos. Sus amigos murieron por Gilneas. Por otra Gilneas. Su hermano dio la vida por Gilneas, pero cuando despertó encadenado y abandonado en las calles del Gueto, sin causa y sin dignidad, se quitó la vida. Y Griska daría su vida por Gilneas, como lo hicieron ellos, como lo haría su padre. Como lo hubieran hecho sus hijos y sus nietos. Como hicieron desde siempre. Pero la guerra no conoce la clemencia, y a quien no se lleva, jamás queda inalterable. Una madrugada del 14 de enero del año 33 se llevarían su orgullo a golpe de artillería, cuando las tropas Imperiales avanzaron y tomaron el asentamiento donde se establecía su unidad. Perdió su puntería, a costa de conservar el brazo. La situación era tan desesperada que ya no quedaba hombre, mujer o niño capaz de portar un arma sin que hubiera sido reclamado a alguno de los frentes que los arrinconaba. Por qué un soldado incapacitado debía ser una excepción cuando ellos no lo eran. Con qué derecho. Y ahí, empezó la caída en picado, cuando durante su huida, un depredador aún mayor, posiblemente un marcado cualquiera del gueto que había quedado sin brebaje mucho tiempo los encontró.
  18. Nashe

    [Ficha] Baldur Matador

    Atributos8 Físico6 Destreza6 Inteligencia7 Espíritu6 PercepciónValores de combate32 Puntos de vida28 Mana6 Iniciativa10 Ataque CC (Maza ligera)9 Ataque CC (Cuerpo a cuerpo defensivo)>8 Defensa Habilidades Físico 1 Atletismo 2 Maza ligera 1 Cuerpo a cuerpo defensivo Destreza 2 Escalar 2 Defensa 1 Nadar Inteligencia 1 Leyes (Honor Enano) 2 Religión (Chamanismo) 2 Supervivencia 1 Conocimientos/Historia (Clanes Enanos) Espíritu 1 Idioma elemental 1 Detectar espiritus 1 Introspección elemental 1 Detección elemental 1 Llamada elemental 1 Barrera elemental 2 Arma muerdepiedras Percepción 1 Advertir/Notar Escuelas/Especializaciones Mejora
  19. Psique

    Griska O'Sullivan

    Nombre del Personaje Griska O'Sullivan Raza Humano Sexo Mujer Edad 43 Altura 1.85 Peso 89 Lugar de Nacimiento Gilneas Ocupación Ex-médico de campaña, marcada Descripción Física Una mujerona ancha y fornida, de espalda gruesa y notoria fuerza. De piel bronceada y oscuros cabellos, mirada determinante y fija que reta y pelea contra todo aquel que la mira. Su brazo izquierdo ha perdido funcionalidad, siendo notablemente más delgado que el derecho. Descripción Psíquica No se anda con chiquitas. Es una mujer de mucho carácter pero limada por la paciencia de quien ha visto y vivido mucho. Aun así, guarda un carácter protector con quien se le asemeja, entendiendo que la guerra se gana como manada, no como individuo. Ficha Rápida No (600 palabras mínimo)
  20. Psique

    [Ficha] Griska O'Sullivan

    Griska O'Sullivan Atributos 9 Físico 5 Destreza 7 Inteligencia 6 Espíritu 6 Percepción Valores de combate 32 Puntos de vida 28 Mana 7 Iniciativa 10 Ataque CC (Combate sin armas - Equilibrado) 7 Ataque a Distancia (Rifle de chispa) 7 Defensa Habilidades Físico 2 Atletismo 2 Combate sin armas - Equilibrado Destreza 1 Escalar 1 Defensa 1 Lanzador 1 Nadar 1 Robar bolsillos 1 Sigilo 1 Trampas/Cerraduras Inteligencia 1 Leyes (Reinos Humanos) 2 Sanación/Hierbas 2 Cirugía/Anatomía 2 Alquimia Poción de sanación menor Veneno entorpecedor Espíritu 1 Voluntad Percepción 1 Rifle de chispa 1 Advertir/Notar 1 Buscar 1 Callejeo 1 Reflejos 1 Rumores Escuelas/Especializaciones Alquimista (completo)
  21. Ultima revision 06/12/2021 Habilidades nivel 2
  22. Malcador

    [Ficha] Baal

    Ultima revision 06/12/2021 Habilidades nivel 2
  23. Malcador

    Garnet

    Ultima revision 06/12/2021 Habilidades nivel 3
  24. Brahen

    Garnet

    Ficha Generada Atributos 7 Físico 7 Destreza 6 Inteligencia 8 Espíritu 5 Percepción Valores de combate 28 Puntos de vida 32 Mana 7 Iniciativa 10 Ataque CC Sutil (Espada de una mano) 9 Defensa Habilidades Físico 3 Atletismo Destreza 3 Espada de una mano 2 Defensa 3 Sigilo Inteligencia 2 Tortura Espíritu 2 Voluntad 3 (14) Energia Vital. Toque Vampírico 2 (14) Energia vital. Encantamiento Sanguijuela 2 (14) Energia Vital. Detectar Vitalidad Percepción 2 Reflejos (14) Energia Vital. Toque Vampírico (14) Energia vital. Encantamiento Sanguijuela (14) Energia Vital. Detectar Vitalidad Escuelas/Especializaciones Energia Vital
  25. [Día 1] Guiados por aquellos más fuertes y tenaces, los trols más jóvenes componen las líneas de infantería básica de los trols en busca de gloria y servicio. Aunque muchos pueden perder la vida en escaramuzas, muchos otros alcanzan la veteranía y el respeto de su tribu. Aunque la mayoría va a pie y lucha con hachas arrojadizas o pesadas, así como con escudos de madera que sirven de una ligera defensa, otros se han ganado el derecho a montar en Raptor, siendo una caballería ligera pero mortífera.
  26. Danzas elementales de la granjera Pandaren Pacificación Elemental Toque Elemental: Detección Elemental: Barrera Elemental: Purificación Elemental: Anécdotas de la vida y sucesos de una granjera ashigaru Eventos asistidos Eventos mastreados
  27. Prólogo: Las lechugas crecen bien La azada subía y bajaba, removía la tierra roturada y dejaba huecos en ella. Metros de campo tenían ya brotes verdes: Patatas, lechugas, nabos… y zanahorias protegidas por una valla de madera, para protegerlas de los trúhanes Múres. El sol ya se recogía pasando tras el Muro del Espinazo del Dragón, por lo que en poquísimas horas se quedaría sin luz. Por lo que la joven granjera empezó a recoger sus herramientas, dejando la fauna por hoy. Todo se hacía en silencio, sólo el ruido de las cigarras y grillos se escuchaba no muy lejos de la pequeña parcela. La joven granjera ya se había acostumbrado a esta nueva vida, que no difería de la de antaño, sólo que ahora pasaba más tiempo sola. Cuando todo estuvo recogido y el cielo se tornó en un leve azulado grisáceo, fue cuando Sayori se sentó en las escaleras que subían a su pequeña casa, que para ella era un palacio, pues como he dicho, vivía ahora sola. Sayori comía una vara de bambú que medía un metro por lo menos, la roía y devoraba con presteza, pero con la mente en otro lado… Ella pensaba más en su familia, que en la comida. ¿Piensas que sus padres habían muerto y esta es la parte dramática? Ah no, ni mucho menos. La verdad es que sus padres seguían vivos, pero ahora vivían en el Bosque de Jade, en Floralba, pues a los suertudos les había tocado el premio gordo del juego: Panda Tope. ¿Y cual era el premio? ¡Un pequeño retiro con todo lo necesario para no preocuparse nunca más por trabajar en el campo! - Un día, yo también ganaré una lotería… -Decía la joven, mientras seguía devorando la vara de bambú. Sayori en verdad era feliz viviendo así, sus padres le habían regalado unas pocas tierras y la casita donde vivía, todo con lo que habían logrado por vender sus antiguos campos y casa más grande. Ahora era independiente, ahora ella se ganaba la vida como sus padres antes… Y aunque estuviera sola, no lo era del todo cierto. Capítulo I El Hozu se ha llevado las lechugas La pandaren hembra sudaba, su piel estaba caliente, su pelaje erizado y revuelto, así como su cabello que permanece recogido de mala forma. - Es… es tan pequeñita, tan frágil. Además, apenas tiene pelo. Que cosita más curiosa. - Así somos todos al nacer. No seas tonto y acércate para cogerla. - ¿¡Qué!? -El gran y fornido pandaren blanco y negro, negó con manos y cabeza - ¿Por qué no? Venga, ahora que está dormida. Al final el macho Pandaren se acercó, titubeando. Era cómico ver a un pandaren tan grande y robusto, que con su brazo podía sacar volando un hozu, pero ahora tenía un miedo atroz por simplemente coger a su cría recién nacida en brazos. - Por Chi-ji… Si no pesa nada, ja..ja..ja. -La cría era una bolita rosada con algo de pelaje blanco - Niuzao le dará fuerzas y será … casi tan grande y fuerte como tú. -La madre Pandaren estaba exhausta, pero se mantenía sonriente y alegre por ver a su marido con su cría en brazos. - ¡Já! Me conformaré con que sea tan inteligente como tú… Aunque un poco de fuerza no le vendrá mal, no. Y ese día, más caluroso de lo normal y cerca de la noche, fue cuando los Katsumuto del sur del Alcor, pasaron a ser tres miembros. Los Katsumuto siempre habían vivido en el Valle de los Cuatro Vientos, eran un clan de agricultores, aunque había algún ganadero y unos cuantos otros artesanos. También era costumbre que el primogénito tomara su tiempo en los ashigaru pues para el clan, era un deber para con los demás, así como un buen método de granjearse amistades, aprendizaje, disciplina y ejercicio. Fue así, como el granjero cuida y observa su campo, es como creció Sayori. Tutelada por su madre y protegida por su padre. Su infancia pasada en el campo, en compañía de primos repartidos por todo el valle y con amigos de la familia. Era una vida simple y cotidiana en el campo, como muchos otros Pandaren de una zona tan tranquila y sólo hubo una vez en la que presenció algo “anormal” y fue un intrépido Hozu que se presentó en las tierras de su padre. - Hola pequeña granjerita ¿Este campo es tuyo? -Dice el Hozu, saludando de forma extraña con un movimiento de mano a la altura de la frente - Es de mi padre, señor mono -Sayori repitió el saludo, no tan grácil como el Hozu - ¿Señor mono? ¡Puajajaja! Ains… Llámame Julu, pequeña. ¿Dónde anda tu padre? - En el Alcor, yo cuido del campo. -Era pequeña por ese tiempo, pero no tímida en trato, además el Hozu le parecía amistoso y nunca había visto uno de cerca - Entonces es contigo con quien tengo que hablar si quiero unas pocas verduras… ¿Me darías dos lechugas y algunas cebollas? - ¿Y qué me darías a cambio, Julu? - ¡Vaya! ¿Tengo que darte algo a cambio? ¿No basta con que lo necesite? - ¡Pero yo también necesito las verduras! -Bramó la pequeña Pandaren, que no media más que el Hozu - Mmmh… Que temperamento para ser tan pequeña. Bien, pues volveré en una semana y te ofreceré algo a ti y a tu familia, a cambio de verduras. Y así fue como pasado una semana, el Hozu volvió, con un pequeño carro de una rueda. - ¡Aquí estoy, como prometí! -Dijo el Hozu, saludando a la familia Katsumuto que se encontraba toda en el campo - Estos Hozen pillos… -Murmuró el padre de Sayori, dispuesto a darle con el rastrillo, pero su mujer se lo impidió y fue a hablar con él - Saludos, debes ser Julu el Hozu. Mi hija ha dicho que vendrías a darnos algo a cambio de que te cedamos unas verduras. - ¡Ajá, ajá! Me ofrezco yo. Pero saber que no aceptaré trabajos manuales, eso es para Pandaren. - Bien es sabido de las artes de los Hozen en la lucha, la caza y demás cosas de gran vigor. - Julu es bueno, pero no es Julu Julu. ¿Pero qué necesitáis? No creo que haya que proteger vuestras verduras, no hay peligros por aquí. - No deberás proteger nada… Sólo entrenar y enseñarle lo que puedas a mi pequeña. Sayori tuvo un brinco en el corazón… Su padre por el contrario yacía estupefacto. - ¡Julu puede hacer eso! A cambio de verduras, Julu enseñará algunas cosas a la pequeña pandaren. -Sonrió mostrando todos sus dientes, sobretodo al macho pandaren que hizo crujir la madera de su rastrillo. Era curioso y digno de ver, como cada semana Julu el Hozu venía en busca de algunas verduras y entrenaba a la pequeña Sayori en artes como otear los campos, ejercicios variados tanto físicos o perceptivos… O simplemente hacían los tontos por mera diversión. También fue más curioso que el Hozu se convirtiera en gran amigo de su padre, luego de que otros Hozen fuera a pedirle verduras, esta vez dando algo de valor a cambio. Capítulo II Tuve que haber sembrado nabos Con el paso de los años, Julu el Hozu dejó de enseñar a Sayori, el pobre estaba mayor y ya no tenía la agilidad de antaño, además la pandaren ya había crecido y había tenido otros maestros como los Eremitas que pasaban por el Alcor cada cierto tiempo a enseñar a los más jóvenes. Su madre había pasado la adolescencia y parte de la madurez en uno de los numerosos templos de los Danzarines de los Elementos que había dispersados por toda Pandaria, y Sayoria había crecido viendo a su madre danzar en el campo, llamando a elementos del agua para que regaran el campo cuando hacía falta, o usando ese mismo elemento para revitalizar la tierra misma. Por lo que a Sayori le tocó seguir los pasos de su madre y fue con ella hasta el templo de Yonghe -Palacio de Paz y Armonía- allí sería enseñada en el arte del baile acorde al elemento de la tierra. La separación con la familia podría ser dura, pero Sayori tenía convicción y quería aprender lo que su madre hacia con tal gracia, quería que sus campos también florecieran … ¡Por lo que armada de valor, fue y pasó unos cortos años hasta que llegada la mayoría de edad, volvió a casa convertida en … Bueno, al menos sabía los pasos! Aunque también es cierto, que no había manifestado nada, sólo sabía bailar, pero… Ningún Elemental había llegado a ella, y aunque Sayoria no se sentía derrotada, sentía más un impulso por seguir. Puesta al día de nuevo, volviendo al hogar y con su familia a su lado. Sayori puso en practica lo aprendido y por días, dedicaba horas a bailar por los campos de labranza. Da igual que lloviera, da igual que hiciera un sol que rompía piedras, que no hubiera comido o estuviera cansada… Ella seguía, seguía bailando sin parar. Pero nada pasaba, por mucho que pusiera en practica los movimientos y las enseñanzas, que “sintiera” la tierra, no lograba… hasta que un día su madre se unió a ella. - No lo entiendo, mamá. ¡Hice exactamente todo lo que me habían enseñado! Todos los pasos, todos los movimientos, las formas…Pero nada ocurre, no logro que pase nada. - Ya veo, hija… ¿Pero ¿qué has hecho desde que has vuelto? Han pasado años desde la última vez que cuidaste el campo, labraste la tierra, viste los frutos del esfuerzo florecer. - Pero… -Entonces lo entendió. ¿Cómo esperaba estar en consonancia con los elementos? ¿Cómo esperaba que estos vinieran a ella por su baile, si no ponía verdadero interés por lo que representaba? - El pescador que no cuida el mar, ya puede ir todos los días a pescar… El granjero que no riega y limpia su campo, no puede esperar que salgan buenos frutos. Has puesto mucho en tu baile, es hermoso, Sayori… pero te falta el cuidado por el medio, el equilibrio por el todo. Cuida y ama al campo, bríndale de bailes, sé uno con lo que cuidas y entonces tendrás su favor. Sayori reanudó con normalidad el trabajo de campo, ayudando a su familia y llevando lo recolectado al Alcor. Lo único que ahora cambiaba, es que bailaba mientras hacia todo eso, con movimientos rítmicos acompañaba sus acciones, hasta que cada baile era para algo determinado y éste se volvía un ritual cualquiera. Y un día, revisaba su campo, colocaba maderas para alzar las plantas caídas o espacia agua y bailaba al son de sus acciones, notó que algunos brotes se movían con vida propia y esta crecía de forma notable. Las semillas eran esparcidas y en menos tiempo germinaban. Sayori siguió y seguiría bailando y cuidando su campo, al final muchas otras cosas las hacía bailando, por lo que se volvió costumbre y formó ya parte de ella. Epílogo La vida en el campo no es nada fácil Sayori ya llevaba dos varas de bambú. El sol ya se había ocultado y el campo era oscuridad. Otra vez se había quedado soñando despierta mientras tomaba su “chuche” - Me voy a hacer la cena, que mañana hay que levantarse tempranito. -Y un bailoteo cómico, fue subiendo los escalones hasta entrar en su casa y prepararse un plato caliente de verduras. Otro día más pasaba para la joven. Otro día de esfuerzo, labranza y paz. No todo era monotonía, pues desde que sus padres se habían mudado, ella se había inscrito voluntaria para la guardia Ashigaru, así que no todo era trabajar el campo y bailar, a veces tenía que recorrer los campos de cultivo o pasar un tiempo en Alcor. Era gratificante, divertido y honorable portar la armadura de su padre -la cual había sido adecuada a su cuerpo- y sus viejas armas, un orgullo de sentirse parte de una herencia de su clan, así como de la defensa de su pueblo. Los caminos del Valle eran vigilados por Sayori, que no paraba de bailar y nunca dejaba de sonreír.
  28. Sayori del Clan Katsumuto Nombre: - Katsumoto Sayori Sexo: - Hembra Edad: - 23 años (Cumpleaños 23 de Chóu/19 de agosto) Altura: - 1,90 cm Peso: - 140kg Lugar de nacimiento: - El Alcor/Valle de los Cuatro Vientos Ocupación: - Granjera/Ashigaru Descripción física: Sayori es una joven Pandaren desarrollada. Teniendo una altura baja y un peso normal, sin despuntar en su físico. Está acostumbrada al trabajo de campo y las largas marchas, aunque eso no quiere decir que tenga un físico que sobresalga, pues como he dicho: Es normal en cuanto a su anatomía. De un pelaje entre anaranjado y marrón claro, que se intercala con tonalidades blancas. Las manchas anaranjadas le cubren los ojos, quedando como un medio antifaz. Sus ojos de un verde oliva, grandes y vivaces, con largas pestañas como hebras oscuras. El cabello es de una tonalidad más oscura que el pelaje y retazos de blancura como las partes de su pelaje también recorren el cabello. En cuanto al estilo del cabello: Suele ser no muy largo, tendiendo a ser recogido, pero cuidado con mino y detalle. Su cola que comparte en gran parte la tonalidad anaranjada, acaba en una punta blanca. Siendo mullida y con una longitud casi como de su mismo brazo. Descripción psicológica: Para la joven Sayori, hay tres cosas, tres pilares morales. El primero es el trabajo: Esfuerzo, dedicación, sudor y lágrimas vertidas en el campo, en la tarea que se disponga a hacer. Todo por el bien común, todo entregado en justa retribución, pero nunca pensando en ello, si no pensando en el conjunto. Su esfuerzo y trabajo es su contribución al mundo donde vive. El segundo es la lealtad: Haber hecho o dicho “algo”, significa que ese “algo” le pertenece. Es responsabilidad suya hacerse cargo de las consecuencias que le carguen por sus acciones. Nunca romperá su palabra, lealtad con honor. Las palabras dichas serán sus huellas: le seguirán por donde quiera que vaya. Y la última pero no menos importante, es la honestidad, sinceridad absoluta: Cuando dice que hará algo, es como si ya lo hubiera hecho. No “da su palabra” no “promete”, el simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer. Hablar y hacer son la misma acción. Esos tres pilares rigen su vida y para ella lo son todo pues como mejor ve de llevar la vida. Aunque la edad hace estragos, la lucha interna por el control emocional es algo que controla con el disfrute por las artes de la música o el baile, así como el trabajo de campo. El trabajo comunitario y el del campo, es lo que conoce desde siempre. Y no hay otra cosa que le guste más que el mismo campo. No le desagradan las urbes grandes, pero está más acostumbrada a las planicies del Valle de los Cuatro vientos, aunque el interés por conocer otros lugares… siempre puede nacer con fuerza. En el ámbito social es amable, extrovertida y animada por conocer a nuevas personas, disfrutando por conocerlos, escuchar sus historias o simplemente sentado a su lado y beber un té ante la vista del atardecer. Por muy dura que sea la jornada, por muy largo y duro sea la marcha, no hay cosa que más disfrute al final del día, que sentir su cuerpo dolorido por el esfuerzo y descansar su cuerpo mirando el horizonte, bebiendo y comiendo para acompañar la escena. Es lo que la hace sentir que lo ha dado todo y que la recompensa será mayor. No se decanta a una de las dos corrientes filosóficas Pandaren. Si bien ella misma diría que sigue más la senda del Tushui, su juventud la puede traicionar y dejarse llevar por el Houjin. En general y por ella misma, diría que se decanta por según la situación… aunque alguien joven puede cambiar y lo que se vive nos marca para siempre.
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