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  2. [Evento Maestre] Hør Vårt Kall

    // Horarios próximos Sábado día 22 20:30-01:00 - Renegados: Introducción Domingo día 23 20:00-01:00 - Renegados: Primera Parte Lunes día 24 00:00-02:00 - Enanos: Segunda Parte Martes día 25 19:30-01:00 - Humanos: Segunda Parte
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  4. [Ficha] Tiagus Rollers

    Atributos 7 Físico 8 Destreza 6 Inteligencia 5 Percepción Valores de combate 28 Puntos de vida 18 Mana 6 Iniciativa 8 Ataque CC (Desarmado (Equilibrado)) 7 Ataque a Distancia (Ballesta ligera) 10 Ataque CC (Espada pesada) 9 Ataque CC (Daga) 10 Defensa Físico 2 Atletismo 1 Desarmado (Equilibrado) Destreza 1 Ballesta ligera 2 Espada pesada 1 Daga 1 Cabalgar 1 Escalar 2 Defensa 1 Nadar 1 Robar bolsillos 1 Sigilo 1 Trampas/Cerraduras Inteligencia 1 Sanación/Hierbas 1 Tradición/Historia Percepción 1 Advertir/Notar 1 Callejeo 1 Disfraz 1 Reflejos 1 Rumores 1 Música (Canto) // El -2 con la ballesta no es un error, es un penalizador autoaplicado, como nota para futuras correcciones de habilidades.
  5. Tiagus Rollers

    Nombre del personaje: Tiagus Rollers Raza: Humano Sexo: Hombre Edad: 31 años Cumpleaños: 08 de Enero Altura: 1’75 m Peso: 70 kg Lugar de nacimiento: Villadorada, Bosques de Elwynn, Reino de Ventormenta Ocupación: Intentar matar dragones (y fallar), intentar no perder órganos no-vitales (y fallar), intentar no morir (con milagroso éxito) y meterse en problemas (con rotundo éxito). Mercenario, pero no le gusta que le llamen así o te parte la cara. Es un héroe y los héroes no son mercenarios. Descripción física: Un adulto moreno de constitución ligeramente delgada pero bien entrenado y de excelentes condiciones físicas. Tiene una cicatriz que le cruza de manera vertical por donde debería estar su ojo derecho, pero lleva un parche. Su cabello es negro y largo en forma de melena, grasoso y mal lavado (o quizás no lavado en lo absoluto). El aire tiende a volverse más denso en su presencia, emanando un aura similar a “Probablemente no ha tocado el agua en los últimos 12 meses”. De ojo verde y una mirada llena de energía y determinación. Descripción psicológica: Buscapleitos de energía inacabable. A veces se dice que perro que ladra no muerde, pero no es su caso. Ladra muy fuerte y luego muerde aún más fuerte. Tiene intenciones de salvar Azeroth de todo lo que él considere un peligro desde su posición claramente objetiva y racional. Es especialmente grosero con los miembros de otras razas. Es especialmente grosero con otros humanos. Es especialmente grosero con los animales. Es especialmente grosero con las autoridades. Es especialmente grosero con las clases bajas. Le gusta los gatos y beber leche en la taberna. Pero es especialmente grosero con los taberneros. Te parte la cara. Te mete un espadazo que te revienta. Luego te invita a comer. A veces quiere ser gracioso pero no le sale bien. Peligro de depresión extrema al charlar de temas muy concretos. Pero se le pasa con comida. Historia: 101 años atrás… Año 70 antes del Portal Oscuro Teigan y Rodrick Ridley -¡Vamos Teigan, llegaremos tarde a las lecciones de historia del viejo Wayne!- Teigan y Rodrick Ridley se trataban de dos gemelos de 15 años. Aunque nobles de nacimiento, su casa había carecido de tierras o importancia desde hacía ya más de 50 años, haciendo del apellido poco más que un honorario inútil, aunque en la práctica era lo único que había hecho que su madre, Helen Ridley, hubiese sido llamada como consejera de una casa menor de Lordaeron para encargarse de la administración y las cuentas que los señores se negaban a hacer con sus propias manos tras años de orgullo y arrogancia. Helen tenía ahora 40 años y llevaba 20 de servicio a la casa de su señor, los Wilton, habiendo contraído matrimonio con un plebeyo de clase baja dos años luego de llegar y tres años luego de casarse, tuvo a sus dos hijos gemelos: Teigan y Rodrick. Desde entonces ambos niños habían crecido bajo la tutela de su madre y bajo el cobijo del señor al que su madre debía lealtad: Lord Wilton. El “viejo Wayne” se trataba del comandante de las fuerzas de la casa noble, que había crecido apegado a ambos jóvenes con el correr del tiempo y a quienes, fruto de su avanzada edad, adoraba dar lecciones de historia en su tiempo libre a ambos jóvenes mezcladas con lecciones marciales. El “viejo” Wayne tenía la esperanza de poder sacar un sucesor digno de entre ambos jóvenes para comandar las fuerzas de los Wilton cuando él ya no estuviese… Y el tiempo probaría si su juicio estaba equivocado, o en lo cierto. 93 años atrás… Año 62 antes del Portal Oscuro Teigan y Rodrick Ridley -Comandante Rodrick Ridley, ¿eh?- Teigan se cruzó de brazos sonriendo de medio lado a su hermano. La breve y modesta ceremonia del nombramiento de un nuevo comandante en la casa Wilton ya había acabado y los pocos que se habían acercado a ver en la hacienda de la familia ya se dispersaban. Uno de los gemelos se encontraba ataviado con su vestimenta más elegante, con un peto con grabados y un sable colgando de su cintura, además de una insignia con el símbolo de la casa Wilton en su brazo derecho que ahora lo identificaba como el comandante de sus fuerzas. -Supongo que el viejo peto del viejo Wayne no te queda tan mal- continuó Teigan mientras su hermano lo miraba con seriedad y una mirada analítica. Tras eso Rodrick se acercó un par de pasos y colocó su mano derecha sobre el hombro de su hermano. -¿Podemos hablar?- Ambos gemelos se habían alejado ya unos metros hacia un pequeño bosque de pinos cercano a la hacienda. -Lord Wilton me ha pedido que te diga algo, Teigan- comentó con tranquilidad el ahora comandante mientras caminaba con su hermano con las manos tras la espalda, observando con detalle el bosque. Su hermano simplemente se iba desperezando por el camino con total despreocupación y una sonrisa constante. -¿Sí? Digo, claro que sí. Entiendo que no puede nombrar a DOS comandantes, pero ya sabes. Sé que las levas de Lord Wilton son pocas, pero tenga esta increíble idea de crear aún así dos mandos por DEBAJO DE TI ¡y así yo podré ser algo!- Mientras Teigan comentaba sus ideas, Rodrick de pronto se frenó y se giró hacia su hermano con la mirada envuelta en seriedad. -Teigan, eres un pésimo comandante, Lord Wilton no te dará un puesto de mando de nada relacionado con sus hombres. Además son pocos, y con un comandante es más que suficiente.- Teigan para ese momento ya había borrado su constante sonrisa, pero antes de poder replicar Rodrick continuó -Careces de cualquier habilidad mágica, por lo que no puedes ser el asesor mágico de Lord Wilton, careces de educación religiosa para pedir a la Iglesia que te acepte como capellán y te designe aquí, tienes… Nulas capacidades administrativas, por lo que dudosamente puedas ocupar el puesto vacante de madre… Y tienes la habilidad diplomática de una piedra con musgo- Acabó sentenciando Rodrick con la mirada seria. Su hermano gemelo hacía rato que había borrado su sonrisa y se le había ido de la cabeza cualquier línea de diálogo para poder quejarse de lo que su hermano decía. Era todo verdad, pero el modo en el que había sido expuesto le había dejado de piedra… Y se lo había dicho nada menos que su hermano gemelo, con quien había crecido, incluso si había sido por orden de Lord Wilton. -Pero…- -Sin peros, Teigan. Encuentra algo en lo que ser útil o…- Rodrick apartó la mirada y entrecerró los ojos, con las manos tras la espalda y una pesadez indescriptible en su tórax. -O tendrás que irte. Lord Wilton no quiere cargar peso muerto.- El bosque se quedó en silencio y una suave brisa sopló, moviendo algunas hojas muertas por debajo de ambos gemelos. -Entiendo.- Y el bosque volvió a estar en silencio… 92 años atrás… Año 61 antes del Portal Oscuro Teigan y Rodrick Ridley -¡Atrapadlo!- Los ladridos de los perros de caza de Lord Wilton sonaban por todo el bosque. Era de noche y hacía frío, pero no tenía otra opción. Teigan corría por el bosque a toda velocidad, saltando obstáculos, trepando los que no podía saltar y cortando con su espada aquellos contra los que no podía hacer ninguna de las otras dos cosas. Su respiración era agitada y un sudor frío le corría por el rostro por debajo de la capucha y el embozo. Por un segundo se detuvo junto a un diminuto río a recuperar el aliento. Aún con los ladridos de los perros de fondo y la adrenalina haciendo que sus latidos retumbasen en sus oídos, metió las manos en el agua y dio un trago. Luego volvió a tomar del suelo el pesado saco que tantos problemas le estaba dando, emitiendo varios sonidos metálicos dentro, y observó en todas direcciones, pensando un modo de sortear el río. No podía saltar, trepar ni cortar a espadazos su camino a través de esto. Intentó correr por la orilla del río hasta dar con un puente, un árbol caído o rocas que le permitiesen pasar, pero apenas un par de docenas de metros más adelante fue interceptado por un joven moreno con un sable en la mano y un peto con grabados, que rápidamente se abalanzó y se interpuso en su camino, bloqueándole la carrera. -¡Eso es propiedad de Lord Wilton! ¡Devuelve lo que has robado, ladrón, y quizás se te perdone la vida!- Teigan tragó saliva. ¡No! No era momento de dudas. Aferró el saco con más fuerza en su mano izquierda y se dio la vuelta para correr en dirección opuesta, pero el joven moreno no tardó en seguirle detrás. Como un chico que había crecido haciendo bromas en la haciendo de Lord Wilton para luego huir de los consejeros, correr rápidamente y evitar obstáculos era el ambiente natural para Teigan. Pero su destreza en evitar obstáculos no podía ni siquiera equipararse al buen estado físico del comandante que le seguía por detrás. Finalmente la suerte le dio un revés a Teigan como siempre lo hacía, y tropezando con una enorme raíz de árbol en su camino cayó al suelo, el saco voló dos metros por delante y cayó al suelo derramando varias monedas, así como una diadema de plata que Teigan reconocía, pues la había visto siempre durante su infancia: era aquella que portaba el heredero primogénito de Lord Wilton. Estaba seguro de que valía bastante, y saber en donde la dejaba el primogénito durante las noches para descansar le había ayudado a hacerse con ella con facilidad. Pero ahora de poco importaba, pues tan pronto trató de ponerse de pie sintió la bota del comandante en su espalda impidiéndoselo y, aunque no lo veía, sabía que el sable estaría apuntando en su dirección. -Ríndete, ladrón- Dijo entre jadeos el comandante de las fuerzas de Lord Wilton. -Vendrás conmigo y devolveremos lo que has robado a su señor, y luego serás entregado a las fuerzas de Lordaeron para que sentencien tu castigo.- El comandante, de ojos verdes y pelo negro, hizo al ladrón darse la vuelta y entonces removió con brusquedad la capucha y el embozo. Ambos hombres permanecían en completo silencio mientras los ladridos de perros de caza y los gritos de algunos hombres sonaban haciendo eco en la lejanía del bosque. -… Teigan…- La voz de Rodrick fue la primera en sonar, como un hilo tensado hasta su límite que estaba ahora a nada de romperse en dos. Teigan permaneció en silencio, con un nudo en la garganta impidiéndole responder nada en ese momento a su hermano. -¿Qué has hecho? No puedes ser tú…- Teigan tragó saliva. Entonces el nudo en su garganta se desató -¡No tenía otra opción, Rodrick! Lord Wilton no me quiere aquí, ¡BIEN! ¡Pero si me iba a obligar a irme, al menos quería tener una vida decente!- Los ojos de Teigan se humedecieron, y los de Rodrick no tardaron en hacer lo mismo. Los del primero llenos de ira, los del segundo… De pena. -Esto es un crimen muy grave. Tú… Deja las cosas de Lord Wilton atrás y vete. No vuelvas jamás o te delataré, Teigan. Simplemente…- Los ojos de Teigan en aquel momento eran del tamaño de dos lunas -¡NO PUEDES HACERME ESTO! ¡Solo quería- -¡No tiene justificación, Teigan! Solo… Vete. No me importa a donde, otro reino, ¡Gilneas!... no lo sé. Solo vete.- Rodrick se acercó al saco y comenzó a juntar las monedas y la diadema, arrojándolo todo dentro de la bolsa. Teigan se puso de pie lentamente, observando con un aire de derrota a su hermano. -Sin ese dinero no podré hacer nada…- -No me importa. Esto no es tuyo.- Rodrick se colgó el saco a espaldas y comenzó a avanzar entre los árboles, dejando a su hermano gemelo atrás. No tuvo la fuerza de mirar atrás. Solo pudo oír un leve sollozo de su hermano antes de largarse a correr por la orilla del delgado río, buscando un sitio por donde cruzar y huir de allí. Rodrick ya había vuelto a la hacienda y devuelto sus cosas a Lord Wilton, quien había quedado completamente satisfecho. Se habían levantado algunas sospechas sobre Teigan al nadie encontrarle en la hacienda, pero trató de aliviarlas diciendo que se había llevado a Teigan a perseguir al ladrón y se separaron. Había mentido también sobre la descripción del ladrón, diciendo que era un joven pálido de 17 años que, luego de arrebatarle lo que había robado, había huido. Los días pasaron. Rodrick no supo más nada de Teigan, pero con sus cosas de nuevo en su poder, Lord Wilton no se molestó en indagar más. Teigan Ridley fue dado por desaparecido. Rodrick continuó con su vida como consejero marcial de Lord Wilton… Y sus caminos con su hermano jamás volverían a cruzarse en esa vida. 86 años atrás… Año 55 antes del Portal Oscuro Rodrick Ridley y Teigus Rollers El viento soplaba pacífico fuera durante la noche. Un aire de tranquilidad se respiraba luego de que el médico del nuevo y más joven Lord Wilton hubiese asistido al parto de Rodrick y su esposa. Una pequeña niña había nacido. La educaría para algún día ocupar su lugar… Y la llamaría Helen. Helen Ridley. Y sería la mejor comandante de los bosques de Tirisfal. Rodrick sonrió a su esposa ligeramente, que se encontraba agotada por el esfuerzo. Se asomó con la pequeña niña y la abrazó. Eran lo único que tenía ahora. Eran su nueva familia… ______________________________________________________________ El viento soplaba pacífico a su alrededor durante la noche. Un aire de tranquilidad se respiraba mientras el ahora autoproclamado Teigus Rollers abrazaba a su pareja mientras observaba las tierras que acababa de comprar. La vida no le había resultado fácil, había tenido que huir lejos de Lordaeron luego de la traición de su hermano y el intento de robo a Lord Wilton… E incluso había tenido que dejar su viejo nombre atrás por el temor de que, si algún día se daba a conocer su grave crimen contra la nobleza, fuesen capaz de rastrearle hasta su nuevo hogar en Gilneas y poner en peligro a la nueva familia que estaba tratando de comenzar. Ahora que trabajando duramente en ese nuevo reino como mercenario y explorador, revendiendo toda cosa que obtenía en sus viajes y aventuras por Gilneas, había logrado al fin comprar un pequeño trozo de tierra en el que trabajar algunos cultivos era hora de pensar en armar una nueva familia con el amor de su vida. Estaba listo para asentarse y transmitir una nueva vida de paz a sus descendientes, trabajando la tierra y lejos de los problemas del pasado, incluso si había perdido su apellido noble por el camino. Los Rollers era un nuevo comienzo… 19 años atrás… Año 12 Tiagus Rollers -¡Vamos Isaac, debemos encontrar a ese perro!- Tiagus Rollers, un muchacho de 12 años, correteaba por las calles de Villadorada; con su cabello negro, su piel morena y sus ojos verdes llenos de energía. La guerra contra los orcos los había afectado duramente a él y a su amigo, Isaac Person. Ambos habían pasado un tiempo refugiados en Lordaeron con sus madres, en donde se habían conocido, y ambos habían visto a sus padres salir a luchar contra los orcos. El único que había regresado, sin embargo, era el de Tiagus. -¿Y luego qué?- Preguntó Isaac, un muchacho rubio, de piel clara y ojos celestes que parecía tener un año más que Tiagus. -¡Y luego le damos su merecido!- -¿Por qué?- -Bueno, ¡¿por qué más?!- Tiagus se frenó y se dio la vuelta, con los mofletes hinchados -¡Por perseguir a ese gatito hasta el árbol!- -¿Y cómo le darás su merecido?- -¡Con una PATADA SUPERGIRATORIA ROLLERS!- Gritó con entusiasmo el muchacho moreno alzando los brazos -No creo que funcione. Y oye, ¡podrías hacer daño al perro!- -Pffff, ¡claro que no! Es un perro, esos bichos resisten lo que sean- -Oye, a mi me gustan los perros- Ambos muchachos volvían a corretear por el pueblo, buscando al susodicho animal e intercambiando gritos de un lado al otro -¡Pero a mí no! Prefiero los gaaaaah!- Tiagus tropezó y cayó al suelo, raspándose la rodilla -Ugh…- -¿Estás bien?- Comentó Isaac acercándose y tendiéndole la mano. Cuando Tiagus estuvo de pie solo se sacudió un poco la tierra y asintió. -Claro, ¡ahora sigamos buscando a ese perro!- El muchacho rubio simplemente se rascó la nuca en respuesta -Sobre eso, tengo que ayudar a mi madre con algunas cosas, así que creo que deberíamos abortar la misión- Ah, bueno… ¡Claro! Lo terminaré solo, ¡por nosotros!- -Claro. Nos vemos, Tiagus- -¡Adiós!- Tiagus alzó y sacudió la mano, pero Isaac ya estaba de espaldas y se alejaba. Bajó la mano lentamente. Buscó el perro durante casi una hora más por su cuenta, pero la búsqueda no tuvo frutos. Pero al menos había logrado tomar prestada una manzana del mercado para la vuelta a casa, si por tomar prestada se entiende el tomar sin permiso y sin fecha de vuelta. Como un muchacho creciendo con una gran autonomía había aprendido toda clase de trucos por la ciudad, y a veces incluso se escapaba a los peores barrios arrastrando a Isaac con él, alegando que eran aventuras. A veces le regañaban por ello. Pero en ese momento, debía darse prisa por volver a casa tras acabar su manzana. ¡Tenía un increíble raspón que mostrarle a su padre! ¡Una prueba más de la resistencia de Tiagus Rollers! 13 años atrás… Año 18 Tiagus Rollers Tiagus pasó una mano por las marcas en uno de los árboles a las afueras de las murallas de Villadorada, con Isaac a su lado. Ambos eran ya jóvenes “adultos” de 18 años. -Y pesar que solías golpear este árbol con una vara y los puños y… Un cuchillo de la cocina para entrenarte como luchador- Comentó Isaac cruzado de brazos, dos pasos por detrás de Tiagus. -Y ahora soy uno de los mejores espadachines de Elwynn- Comentó Tiagus con un aire solemne, dos pasos por delante de Isaac -Yo no iría tan lejos, campeón- Comentó Isaac con un aire burlesco, dos pasos por detrás de Tiagus. -A que te parto la cara- Comentó Tiagus con un tono ligeramente hostil, dos pasos por delante de Isaac -Paso- Comentó indiferente Isaac, dos pasos por detrás de Tiagus. De la espalda del joven moreno colgaba ahora un manto de color gris, y del mismo modo colgaba de su cintura un sable y un carcaj con algunos virotes para su ballesta. Caminando cerca de la muralla se acercó otro muchacho de casi la misma edad que Tiagus, con el mismo manto y de cabello marrón -Eh, Tiagus. Solo faltas tú para partir- -Ah, claro Jericho. Ya voy, dame un segundo más con Isaac- El joven de cabello marrón asintió y se retiró de nuevo caminando cerca de la muralla al interior del pueblo. -Entonces te vas de verdad- Dijo Isaac detrás de Tiagus -Bueno, debería de ser solo un par de años, o tres, ya sabes… El primogénito tiene que cerrar algunos tratos con algunas casas del norte- Tiagus se dio finalmente la vuelta, observando a Isaac con las manos apoyadas sobre la cintura -Le tomará algún tiempo, pero su padre cree que servirá para pulir su habilidad diplomática- Acabó por comentar. -Bueno, solo trata de no morir en el camino o algo- Dijo su amigo, y comenzaron a caminar al interior de Villadorada. -¿Me acompañarás hasta el puerto? Estoy seguro que no te querrías perder como el mejor espadachín abandona la tierra madre, embarcándose en una importante misión en las lejanas tierras del norte- -Una importante misión de oír nobles todo el día lanzándose indirectas por la espalda- -Sí, bueno, estoy en proceso de convertirlo en una misión más épica. Improvisaré algo.- -Vamos, deja de hablar y démonos prisa o encima llegarás tarde al puerto y te dejarán atrás.- 12 años atrás… Año 19 Tiagus Rollers -¡Y así, fue como derroté al terror de Elwynn!- Lilián soltó una risilla ante el comentario de Tiagus. Se trataba de una muchacha joven de cabello marrón, ojos grises y piel clara nativa de Costasur: la segunda parada del señor al que Tiagus había jurado servir, y el cual de alguna forma le había nombrado a él encargado de liderar a su guardia personal en el norte. -No necesitas mentir Tiagus, eres impresionante sin necesidad de las exageraciones.- La muchacha se inclinó y depositó un beso en los labios de Tiagus, antes de levantarse de la mesa de la posada. -Iré a revisar como está mi madre- -¡Te acompaño!- Tiagus se puso de pie rápidamente, pero Lilián le posó una mano sobre el hombro -Los médicos te prohibieron la entrada, ¿recuerdas?- Esbozó una leve sonrisa y se dio la vuelta -Nos vemos esta noche en el puerto- Y tras eso la muchacha se dirigió a la salida. Ahora estaba solo y necesitaba encontrar algo con lo que entretenerse. Se dirigió fuera de la taberna y comenzó a caminar lentamente. Costasur le parecía una ciudad simpática del norte. Algo en su pecho y sus fuertes sentimientos por Lilián le decían que quizás sería un buen sitio para asentarse, pero no quería renunciar a una vida de aventuras tan pronto, además de que le ligaba un juramento a un señor del sur. Pero le había prometido a la mujer que tan pronto el hijo del señor al que servía acabase todos sus asuntos en el norte, volvería al sur e intentaría persuadir al señor mismo de liberarle de su juramento, aunque en el fondo sabía que era una fantasía que quizás no tuviese éxito. Pero por el amor a la Luz, era Tiagus Rollers y no iba a rendirse sin haberlo intentado al menos un millón de veces. Habría agradecido si hubiese tenido un gemelo al cual cambiarle de lugar, darle su puesto en la guardia del primogénito y la paga y todo lo que significaba a cambio de la libertad. Y a pesar de eso le dolería, pues en el fondo también sentía aprecio por la casa a la que servía y que había acogido a un muchacho revoltoso de Villadorada entre sus sirvientes. No todos los días veía algo así ocurrir; y justo le había ocurrido a él. Aburrido y con aún un par de horas por delante antes de rencontrarse con Lilián, Tiagus se dirigió a revisar como se encontraba el primogénito… 11 años atrás… Año 20 Tiagus Rollers Tiagus estiró en la cama. Era una cama espaciosa para dos personas, y girando la cabeza pudo ver que la luz del día brillaba ya con fuerza fuera, aunque había varias nubes. Dirigió la mirada a su derecha, pero el otro espacio en la cama estaba vacío. Lilián ya se habría levantado. Estiró la mano tomando su ropa y comenzó a vestirse. Se acomodó bien el manto gris sobre su espalda y acomodó su sable en su cintura. Saliendo de la habitación no pudo ver a Lilián. Tampoco le preocupaba, solía ir por las mañanas a visitar a su madre al cementerio de la ciudad, así que aún se encontraría allí. Tomó la copia de las llaves y cerró la puerta al salir, encaminándose a la posada. Había encontrado una pequeña falla en su plan al quedarse: No tenía trabajo en Costasur. Pero Lilián pronto había solucionado eso, consiguiendo que aceptaran a Tiagus como asistente en la cocina de la taberna. Sabía hacer una o dos cosas, pero no estaba a la altura de una taberna y al final le habían acabado destinando a atender a los clientes. Al menos ganaba unas monedas. Sin embargo, se detuvo un segundo a medio camino hacia la posada. Sentía una presión indescriptible en el pecho. Desde hacía varios meses había sabido ya que Lilián llevaba un niño en su vientre… Pero aún no sabía como reaccionar. Lentamente se desvió de su camino a la posada y se encaminó hasta el puerto, en donde se sentó observando el mar. Hacía medio año había tenido que tomar la decisión más difícil de su vida: Se le había presentado la oportunidad de continuar viajando por el norte y dejar a Lilián atrás como un romance pasajero, o ceder las aventuras y permanecer junto a Lilián. Había escogido la segunda opción, pero ahora… Ahora ya no estaba tan seguro. Ahora Lilián esperaba un niño y, ¿qué ocurría si él no estaba listo para esa clase de vida? Era un paso muy grande, un paso enorme que cambiaría su vida… Le ataría. Le cortaría las alas. Nunca más podría moverse de esa ciudad hasta que el niño o niña no fuese mayor, tendría que ser un padre… ¡Y él era aún demasiado joven! ¡Lilián también! En el fondo sabía que sus pensamientos eran despreciables, pero eran solo pensamientos. Era una persona de honor. Protegería a Lilián y a su futuro hijo o hija a como diese lugar, incluso si debía sacrificar su vida en el proceso, su libertad… Todo. -¡EL NORTE! ¡EL NORTE ESTÁ EN GUERRA!- Un grito proveniente de detrás suyo le despertó de sus pensamientos. Parecía que había una enorme conmoción en la entrada a la ciudad, así que se puso de pie y se dirigió corriendo. Cuando llegó, todo lo que podía ver era a los soldados de Lordaeron en la puerta y un hombre que no dejaba de gritar de manera casi desquiciada algo sobre una guerra y muertos vivientes. Pronto más refugiados habían llegado en apenas minutos y toda la ciudad se encontraba en estado de alarma, con los soldados de Lordaeron corriendo de un lado al otro. Ya había escuchado que no se tenía noticias de la capital desde hacía un día, pero esto… ¡Una guerra! ¿Contra criaturas oscuras? Lilián apareció entre la multitud, parecía haber estado buscando a Tiagus y le aferró la mano al encontrarlo. -¡Tiagus! ¿Qué ocurre?- -Algo ha ocurrido al norte del reino. Ve a la casa- Lilián dudó un segundo, pero pronto se dio la vuelta y se dirigió de manera apresurada a su hogar. Tiagus tragó saliva y se acercó a uno de los refugiados -Tú, ¿qué ha ocurrido con el norte?- Saltando directo al grano, Tiagus observó de manera detenida al refugiado. Estaba mal herido, pero vendado lo suficiente para poder alcanzar Costasur. -¡Es Lordaeron, ha caído! ¡Todo caerá! ¡Los muertos se alzan de su descanso y atacan a los vivos, por todos lados!- El refugiado se encontraba claramente trastornado por lo que sea que hubiese visto. Las palabras “Muerto” y “Viviente” eran sencillamente difíciles de imaginar juntas, pero allí estaba él, espetándolas a los cuatro vientos. Él y otros muchos refugiados que le daban credibilidad a una historia que, bajo otras circunstancias, habría sido imposible de creer y desechada. -Quiero que los exploradores tracen un perímetro y vigilen los alrededores- Podía oír de fondo a los soldados ya tomando acción, a los ciudadanos cotillear alarmados, los refugiados. Pero era la noticia lo que le aturdía más que los sonidos. Una guerra significaba que el hijo del señor estaba en peligro, aquel que había intercedido ante su padre para reclutar a Tiagus, un revoltoso de Villadorada y su amigo. Si lo que los refugiados decían era verdad, todos estaban en peligro. Y fuese lo que fuese ponía en peligro también a Lilián si no era detenido. No tenía otra opción… O quizás simplemente quería creer que no tenía otra opción. ¡En cualquier caso, Lordaeron le necesitaba ahora más que nunca! Necesitaba evitar que el avance de las criaturas descritas por los refugiados llegasen a Lilián. Se encaminó corriendo a la casa y entró. Lilián estaba allí -¡Tiagus! ¿Qué está ocurriendo fuera? Todo el mundo se oye preocupado- -Han llegado refugiados afirmando que Lordaeron ha caído a mano de unas criaturas. Tengo que ir a luchar, Lilián.- Se hizo el silencio algunos segundos -¡Tiagus, te necesito aquí!- -No lo entiendes, Lilián. Yo…- Por un segundo iba a decirle que todas las personas que conocía se encontraban en el corazón de Lordaeron, que tenía que ir a por ellos… Pero no. -¡Simplemente tengo que ir, Lilián!- Tiagus apartó la mirada, pero la muchacha tenía un don para leer a las personas y saber cuando no debía intervenir o indagar más. Simplemente asintió con la mirada apagada. -Te escribiré en cuanto pueda, si las cosas se ponen difíciles lárgate al sur- Tiagus dio un último beso a Lilián -Adiós, Tiagus…- Fue lo último que dijo, antes de que Tiagus se diese la vuelta y saliese de la casa. Todo hecho, solo quedaba una cosa por hacer. Se encaminó a la salida de la ciudad y emprendió la marcha junto al primer grupo de exploradores de Costasur lo suficientemente valiente o estúpido como para intentar adentrarse más al norte e indagar sobre la situación de Lordaeron. El viaje por el camino de Costasur se hacía más espeso con cada paso que daban y el pánico claramente comenzaba a invadir el corazón de los hombres alrededor de Tiagus. En un par de ocasiones había intentado animar la marcha y aligerar el ánimo, pero no era el tipo de persona que servía para ese tipo de cosas; uno creería incluso que había empeorado la moral del pequeño grupo de 5 valientes. Finalmente tras mucho rato caminando habían encontrado el suicidio que buscaban, y la respuesta a una terrible incógnita. De los lados del camino aparecieron horribles constructos de carne y hueso que parecían tener más garras que carne. No tenían un nombre para llamarle en ese momento más que “Los muertos”, pero más tarde serían denominados por el mundo como “Necrófagos”. Aquellos horrores habían cortado la armadura de los dos soldados mejor armados del grupo como si fuese papel, pero por desgracia no venían solos. Mientras el grupo trataba de defenderse malamente contra la emboscada por los lados de aquellas criaturas infernales por el camino aparecieron auténticos esqueletos con espadas y escudos cargando contra los soldados. Flanqueados por los lados y con un ataque directo por el frente el grupo rápidamente estaba comenzando a ceder, pero el peor momento del combate llegó para Tiagus cuando uno de los esqueletos alzó su espada y asestó en la cara del espadachín, realizando un horrible corte vertical y, como cabría esperar, cegándole del ojo derecho. En ese momento le era imposible distinguir si se trataba de ceguera temporal o permanente, pero tampoco tenía tiempo para pensarlo, con un veloz arrebato desarmó al esqueleto, pero cuando lo creía ganado un necrófago le flanqueó por el lado ciego tras acabar con uno de sus compañeros, arrojando al espadachín contra el suelo. Pudo sentir un golpe en la nuca y sus sentidos fallarle por unos segundos, pero no había llegado a perder la consciencia por el golpe. Llegó a ver varios destellos de luces doradas mientras trataba de ponerse de pie, pero solo podía ver la sangre caer desde su cara en donde debería tener el ojo. Finalmente, tras un enorme destello de luz blanca el dolor y la pérdida de sangre le hicieron sucumbir, y todo pasó de un completo brillo blanco y cegador a una nada vacía y oscura…. 9 años atrás… Año 22 Tiagus Rollers Un anciano de larga barba permanecía sentado en una silla mecedora a su lado, fumando de una pipa. -¿En dónde estoy?- Preguntó aún aturdido Tiagus, tratando de recobrar sus sentidos. Podía jurar que había algo que no iba bien… -¡Vaya, la princesa durmiente ha despertado! Eso sí que es una sorpresa. Estás en mi casa, desde luego. Es una cabaña un poco en el medio de la nada, pero bueno… ¡Parece el mejor sitio para estar estos días, cuando estás rodeado de criaturas oscuras!- Soltó una risa que pronto se mezcló en una tos a causa seguramente del humo de la pipa. Tiagus pestañó varias veces y entornó la mirada, aún notaba algo mal que le incomodaba pero no podía resolver qué era. Solo lo notó cuando se refregó los ojos somnoliento. Tenía algo sobre uno de sus ojos… -¡Eh, tranquilo muchacho! Yo no movería el parche de su lugar si fuera tú. Esa cosa te hizo un buen destrozo, pude salvar tu ojo y, más importante, tu vida pero… Bueno. Digamos que tu visión seguramente no corra tanta suerte.- El anciano inhaló de la pipa y exhaló el humo hacia una de las ventanas. Parecía una cabaña pequeña con apenas lo suficiente para sobrevivir. Fuera llovía y parecía estar el bosque. Tiagus probó a levantar y bajar varias veces el parche, comprobando que efectivamente había perdido la visión. Con algo de suerte sería temporal. -Tengo que levantarme y- -No tan rápido, chico- Comentó el anciano con seriedad, pero Tiagus ya se encontraba poniéndose de pie y buscando sus cosas. -Estás rodeado por muertos en todas direcciones de esta cabaña, este es el sitio más seguro donde te puedes quedar, no nos encontrarán- Tiagus ya se encontraba vistiendo -He protegido las cercanías con algunos símbolos sacros. No sobrevivirás si sales ahí fuera- Tomó su sable y lo colgó en la cintura, y finalmente se acomodó el manto gris -Muchas gracias por los cuidados, pero no me puedo quedar. Tengo que ir al frente de batalla y- -El frente de batalla ha caído, muchacho. ¿Eres consciente que llevas en esa cama dos años?- De pronto la realidad se congeló para Tiagus, a un metro de la puerta que salía de la cabaña. Se había congelado todo menos sus pensamientos. -¿Dos… Años?- -Claro. He tenido que estarte dando comida en forma de puré y obligándote a tragar, pero bueno… Eras al único que había podido traer con vida, supongo que me sentía un poco responsable- Tiagus tragó saliva y retrocediendo un par de pasos se dejó caer sentado a los pies de la cama en la que seguramente había pasado todo ese tiempo. -Dos años… ¿Y la guerra…- -Se perdió- Comentó el anciano con la voz seca -¿Cómo me has salvado?- -Soy un ermitaño con un cariño especial por la Luz- Se hizo un silencio varios minutos. -¿Sabe algo de Costasur?- -Nada. Mucho temo que hemos estado aislados aquí. Los alimentos y el agua no fueron problemas, hay un pozo fuera y planté un par de tomates y patatas antes de que todo estallase.- Tiagus suspiró y se pasó las manos por el cabello. Eso significaba que todos a cuantos conocía en el frente… Seguramente habían caído. Lilián, su padre, su madre… Era probable que todos hubiesen simplemente asumido que había muerto. -Oye, chico. Se te nota algo decaído. Yo me alegraría más, has salvado la vida. Y sé que ahora estamos un poco aislados en el medio del territorio enemigo pero… Já, bueno, encontraré un modo de sacarnos de aquí.- Tiagus simplemente permaneció en silencio, con la mirada en el suelo. Lilián… El hijo que llevaba… -¿Cómo te llamas?- -Tiagus Rollers.- Respondió con la voz seca el espadachín... -El mayor espadachín de toda Ventormenta…- 1 semana atrás… Año 31 Tiagus Rollers -¿Y el resto de la historia?- Preguntó una niña en el orfanato de Costasur que Tiagus acababa de visitar. -¿A qué te refieres?- Tiagus se estaba ya acomodando el manto gris a espaldas para irse. -Que no nos has contado el final de la historia… Has llegado aquí hace una semana, te faltan 10 años de historia- -Ah- Tiagus simplemente continuó acomodándose el manto gris. -…- -…- -… ¿Y nos lo vas a contar?- -Es que estoy cansado, niña. Que me he tirado todo el día contando la puñetera historia.- -…- La mirada de pena, sin embargo, penetró el alma de Tiagus soltando un pesado suspiro. -Está bien, si de verdad necesitas saber puedo resumirlo. El sacerdote ermitaño y yo nos pasamos cuatro años en la cabaña planeando nuestro escape, como pasar por entre las líneas de no-muertos y no morir en el intento. ¡Estábamos en el medio de Bosques de Argénteos, sabes! No era tarea fácil llegar hasta aquí.- Pronto los niños se habían vuelto a reunir para oír el final. -¿Y qué ocurrió con el ermitaño?- Preguntó uno de los niños -Bueno, no sobrevivió.- Se pudo oír varios suspiros de decepción entre los jóvenes -Fue muy valiente, los no-muertos nos habían visto y nos pisaban los talones así que… ¡Bueno! Dijo que a mi me quedaban más años, tomó sus cosas de sacerdote ermitaño y se quedó atrás para darme tiempo a salir de esos bosques malditos.- Tiagus se preparaba para marcharse de nuevo, pero la niña perspicaz no pudo evitar hacer otro comentario que le encadenaría al orfanato durante al menos varias palabras más. -Pero eso deja todavía un vacío de 5 años antes de llegar a Costasur- Tiagus suspiró. Se dio la vuelta y ladeó la cabeza. -Traté de hacer mi vida entre los pueblos fronterizos, sin levantar la atención y ayudando a quien lo necesitase. No tenía la fuerza de volver a ver a Lilián, ni el dinero para regresar al sur. Ahora, si me disculpan…- -¿Y qué te hizo cambiar de opinión?- Preguntó uno de los niños -¿Qué?- Tiagus parecía atónito por la pregunta -Te habías ido a los pueblos fronterizos a mantener un perfil bajo, pero has vuelto. ¡Y nos has dicho que para matar a muchos dragones y salvar a muchas doncellas! ¿Por qué ahora?- Tiagus por un segundo había quedado atónito, siendo incapaz de entender como un niño podía tener tanta perspicacia. Pero simplemente le sonrió de medio lado. -Eso se queda entre mis pensamientos y yo.- Tiagus finalmente se dio la vuelta y comenzó a andar fuera del orfanato, camino a la salida de Costasur y con el viento ondeando en su capa mientras el sol se ponía en el horizonte… Había oído rumores horribles sobre el norte, y era hora de que un auténtico justiciero alzara su espada por el pueblo…
  6. [Evento Maestre] Hør Vårt Kall

    // Próximos horarios Jueves día 20: 20:45-00:00 - Humanos: Primera Parte Viernes día 21 20.45-23:00 - Humanos: Segunda Parte 23:15-01:00 - Enanos: Segunda Parte
  7. Ausencias.

    Mejor tarde que nunca. Estuve ausente ya un rato y es que he cambiado el pc pero se le unio la universidad asi que no he podido estar tan activo como antes, asi que hasta finales de noviembre volvere a rolear en forma, aun asi si se me necesitara para algun rol *tos* el llamado de la manada*tos* pues podria entrar algun fin de semana.
  8. [Evento Maestre] Hør Vårt Kall

    Introducción: Humanos Costasur se encontraba en un estado de agitación. Con una gran cantidad de mercenarios y aventureros acudiendo, las historias sobre los gigantes invasores eran a cada cual más imaginativa e inverosímil, pero el rastro de destrucción que dejaban a su paso era innegable e increiblemente preocupante. Por ello, el Ayuntamiento y el Alguacilazgo, desbordados por los conflictos en sus tierras, decidieron recurrir a la ayuda de terceros. La tarea era simple. Localizar a las fuerzas invasoras, y descubrir el método por el cual, eran capaces de moverse de una aldea a otra sin dejar rastros. 10 platas por cabeza al grupo que los localizase, 20 por cabeza si descubrían sus métodos de transporte. Un precio increíblemente suculento que hizo que muchos se lanzasen sin tener realmente idea de a lo que se enfrentaban. Pero a diferencia de estos grupos de mercenarios, el Alguacilazgo no se iba quedar de brazos cruzados. Varias patrullas de carácter militar fueron enviadas a rastrear al enemigo, como cabía esperar. Una de estas fue compuesta con ayuda externa. Se solicitó la ayuda de un ex-sargento del Ejército, veterano explorador y que en el pasado ya había ayudado a Costasur. Un Escudero de la Mano de Plata, ordenado por su superior en la ciudad en ayudar en lo que fuese posible. Eso, sumado a un grupo de voluntarios y al escuadrón de exploradores de la cabo Suárez, bajo órdenes del Sargento Raleigh, de la Cuarta Compañía de la Doceava Legión, conformaría uno de estos grupos militares. La información era escasa: La primera aldea en ser arrasada, Lubecka, se encontraba en las provincias más occidentales de Trabalomas, pero la mayoría de asaltos siguientes habían tenido lugar en la provincia de Merburry. Armados con su ingenio, un mapa de la zona, provisiones y las herramientas que considerasen necesarias, el grupo partiría para cumplir su cometido, o morir en el intento. Mapa de la zona. Introducción: Enanos Dun Garok se encontraba anímicamente apagada. La ciudad-fortaleza enana se encontraba en un dilema interno desde que la Legión de Piedra había dado su vida en batalla por sus aliados humanos. Muchos opinaban que tal acto merecía una respuesta militar contundente, pero otros, entre ellos el Thane Colina de Piedra, decidieron respetar las tradiciones y no responder ante la muerte de aquellos que ya estaban muertos. Entre las voces más discordantes, se encontraba la de Garun, sobrino del Thane e hijo de Durin, el comandante de la Legión de Piedra, fallecido en Arathi. Su tío hizo oídos sordos a su insistencia, hasta que el joven enano, incapaz de soportar más la vergüenza de quedarse sin hacer nada, marchó junto a un grupo de parientes cercanos hacia el Oeste, con la intención de ir a cazar y matar renegados donde más abundaban actualmente, en la frontera con Bosque de Argénteos. Tal señal de desobediencia enfadó considerablemente al Thane, pero cuando las noticias de que su sobrino habían desaparecido, esta dejó paso a la preocupación, tanto familiar como política. No podía dejar que el hijo de su hermano desapareciese de esa manera. Y menos, con los rumores que habían llegado incluso a la fortaleza, respecto a invasores monstruosos en la zona en la cual sus parientes habían justo desaparecido. Con este motivo, organizó a numerosos grupos de montaraces que partieron hacia el oeste. Pero tras semanas, ninguno de los que regresó trajo noticias sobre su paradero, o por lo menos, sobre su destino. Esto llevó al Thane a hacer una muestra de humildad, y solicitar ayuda de enanos voluntarios que estuviesen por la fortaleza. Aquellos que lo hiciesen, se ganarían la gratitud del Clan Colina de Hierro. Y fue así que varios de estos voluntarios, acompañando a uno de los grupos de Montaraces más novatos de la fortaleza, partiría al Oeste con el objetivo de traer de vuelta a los familiares del Thane. O al menos, descubrir que había sido de ellos. Retrato de Gurin, hijo de Durin: Descripción: Enano jóven, de apenas 47 inviernos. Barba corta, de color castaño, cabeza libre de pelo, afeitada y con runas tatuadas en ella. Complexión ligera, alto para un enano. Armadura de acero de calidad, pintada de negro con runas blancas, siguiendo el estilo de las armaduras de la Legión de Piedra. Hacha de doble filo, de torio. Resto de Desaparecidos: Puren - Hermano de Mera, Primo Segundo Oedesen - Sobrino del Thane por parte de Tía Eughen - Sobrino del Thane por parte de su Prima Mera - Prima Segunda de Garun
  9. Ausencias.

    Ahora que he empezado de nuevo los estudios voy muy mal de tiempo para rolear, así que por lo menos hasta navidades estaré ausente, salvo quizás algún fin de semana puntual.
  10. [Evento Maestre] Hør Vårt Kall

    Los rumores se habían extendido como la pólvora por toda la región de Trabalomas. A pie, a caballo o en ave, los mensajes alarmantes se extendían. Era habitual que las poblaciones humanas de la franja Oeste ardiesen, y las columnas de humo en la distancia eran una constante para los habitantes que quedaban en las aldeas de la zona, pues los asaltos renegados llevaban ocurriendo desde hacia más de un año. Pero esto era distinto. Las tropas de Costasur habían marchado tras los avisos, y habían llegado a Lebucka para comprobar que eso no había sido obra de ningún renegado. Los edificios estaban destruidos, los cuerpos destrozados, descuartizados, obliterados en trozos que repartidos como un impuesto sangriento recubrían el suelo de la ciudad. Eso no había sido un asedio o una incursión, había sido una hecatombe. Y lo peor, las pesadas huellas que quebraban el suelo empedrado y se hundían en la tierra, suficientemente grandes para que un hombre adulto cupiese en ellas, encogido sobre si mismo. Aldeas arrasadas, escuadras y patrullas renegadas desaparecidas, y el sobrino de un Thane en paradero desconocido. Trabalomas era una tierra que había sido siempre bañada por el conflicto, desde que la Horda orca desembarcó en ella en la segunda guerra. Pero lo que se avecinaba era algo como nunca antes visto en el continente. // Buenas tardes a todos. El evento empezará mañana lunes 17 a a las 19:00 hora España. El horario para los primeros días del evento será el siguiente (Las horas de inicio y finalización de cada parte son aproximadas): Lunes 17: 19:00-22:00 -> Introducción Humana 22:15 -01:00-> Introducción Enana Martes 18 19:00-22:00->Introducción Renegada 22:15-01:00 -> Primera Parte Renegada Miércoles 19: 19:00-22:00 -> Primera Parte Humana 22:15-01:00-> Primera Parte Enana Añado a continuación una lista de los ST's enviados para el evento. La gente podrá, durante los primeros días, seguir enviando historias y fichas como se indica más arriba para unirse al evento sin problema alguno, iré revisando cada día antes de empezar. Si el ST de algún usuario fallece, podrá enviar otro para re-incorporarse sin problemas. Esto no significa que vayan a tener que morir sí o sí, pero espero que todos sean conscientes, tanto usuarios con ST's como usuarios con personajes, donde están entrando (Si me he olvidado de alguien, por favor, que me lo comunique): -Throm Piedraforjada, Montaraz Colina de Hierro ( Imperator ) - Kedran Piedraforjada, Montaraz Colina de Hierro ( Reluctant Hero ) - Sven, Guardia de la Muerte ( Akross ) Pongo también aquí los compuestos y artigulos especiales de Boticarios Renegados y Artilleros Colina de Hierro para futuras referencias: Boticario Renegado: Venenos: Veneno de Gárgola: Un veneno de efecto rápido que entumece el cuerpo y las extremidades. Aplicado en suficientes dosis ocasiona petrificación parcial y/o total de las extremidades, el cuerpo, y los órganos internos. De gran valor y escasez, pues su componente principal es la sangre y saliva de gárgola salvaje: Aplicable en arma cuerpo a cuerpo, virote de ballesta o flecha de arco. Una aplicación dura tres golpes/disparos. Dura en el arma 5 minutos antes de disiparse. Infligir daño bajo la mitad de la salud del objetivo, o que reduzca al objetivo de ese limite, le envenena. Un objetivo envenenado recibe un -1 a todas sus tiradas relacionadas con el Físico y la Destreza hasta ser tratado, o con el paso del tiempo, perdiendo una aplicación de veneno por cada 2 días de descanso. Un objetivo que es envenenado repetidas veces acumula el penalizador hasta un máximo que depende del tamaño y fisionomía del objetivo. Una vez alcanzado ese máximo, los órganos internos del objetivo dejan de funcionar, petrificados y fallece: Humanos/Altos Elfos: 3 aplicaciones. Orcos: 4 aplicaciones Trols: 5 aplicaciones Enanos: 6 aplicaciones. Memento del Príncipe: Veneno inhalable, se destila a partir de Volatus Menethile. champiñones mutados por la Plaga, de las tierras de la Peste del Oeste. Contagia al individuo parcialmente de la enfermedad de la Plaga, lo que hace que células de su cuerpo se conviertan en caníbales infecciosos necróticos, activando una respuesta inmune increíblemente agresiva. Al ser inhalado, esta infección se concentra especialmente en el cerebro, lo que hace que el objetivo entre en un estado berserker, incapaz de diferenciar amigo de enemigo. La infección no es lo suficiente potente como para alzar al objetivo como no-muerto, pero el objetivo envenenado acabará irremediablemente muerto, en un estado de descomposición avanzado pese a su muerte reciente. Dosis demasiado pequeñas para ser arrojadas. Ha de hacerse inhalar el veneno al objetivo directamente. Un objetivo afectado por este veneno tarda 3 turnos en perder la cordura. A partir de ese momento, atacará a su objetivo más cercano. Si no hay objetivos válidos, entrará en un estado de furia desenfrenada destruyendo y golpeando todo lo que tenga cerca, ahullando y corriendo en direcciones aleatorias hasta que en cierta cantidad de tiempo, fallezca. Tiempo hasta la muerte: Humanos/Altos Elfos: 7 minutos Orcos: 8 Minutos Trols: 10 Minutos Enanos: 20 minutos Baba de Alcantarilla: Ácido corrosivo e irritante de gran viscosidad recogido de los grandes canales venenosos de Entrañas, producidos por las grandes abominaciones no-muertas del Aphotecarium. Arrojable al objetivo en ánforas de barro diseñadas para tal fin, impactan en escudo, armadura o carne, la cual corroen con velocidad inusitada, pero en contacto con el aire las babas se oxidan con velocidad, perdiendo sus propiedades en unos pocos segundos y evaporándose en un gas apestoso y espeso.Si las babas impactan, estass impactarán en el escudo, si el objetivo defiende con uno (Si el objetivo decide esquivar el proyectil, no podrá usar el bonus de defensa del escudo), en su armadura, si no, y en su carne, si ya no tiene armadura. Un escudo pequeño solo puede defender un impacto de Baba de Alcantarilla antes de volverse inútiles y dejar de dar bonus a la defensa. Un escudo mediano puede aguantar 2. Un escudo pesado puede aguantar 3. El estorbo se conserva incluso en un escudo inútil. Cada impacto en armadura reduce la absorción de la armadura en 1 permanentemente hasta que esta sea reparada. Una armadura con 0 de absorción no concede protección. Si el objetivo no tiene armadura, o su armadura tiene 0 de absorción, Baba de Alcantarilla ocasionará 2d6 de daño. Este daño no genera dados adicionales aunque se saque un 6 en la tirada de daño. Artillero Colina de Hierro Armas: Mortero: Los morteros enanos son armas sofisticadas, sólidas, compactas. Manejadas por dos artilleros, llevan la muerte y el caos a las filas enemigas desde posiciones seguras, normalmente tras un muro de escudos enano o una posición elevada en la retaguardia. Alcance: 3-12 Turnos de Distancia Daño: Proyectiles explosivos: 2d6 de daño (No genera dados extra de daño). Ignora armadura. Impacta al objetivo y todo objetivo en su zona de influencia (Distancia meele) Balas pesadas: 4d6 de daño. Ignora armadura. Impacta al objetivo. Reglas especiales: Recarga Artillero y avistador: Hacen falta dos individuos para disparar con precisión un mortero. Se sumará la tirada y habilidad de Artillería de ambos individuos a la hora de determinar si se acierta o no en el objetivo. Artilugios: Piedra del Hogar: Granada que al explotar genera un fuerte estallido sonoro y lumínico, que aturde a todo objetivo que esté encarado hacia ella a una distancia próxima. Debe su nombre al hecho de que cuando se es víctima de una, uno es mandado metafóricamente a casa, por la fuerte contusión que genera. Objeto arrojadizo, si se acierta al objetivo o al punto donde se arroja, todo objetivo que esté encarado hacia la posición donde cae la granada, y hasta 1 turno de distancia, habrá de tirar una tirada enfrentada de Iniciativa vs Dificultad 15 (Para cubrirse a tiempo). Si falla, quedará cegado durante 2 turnos (-5 en sus ataques cuerpo a cuerpo. Incapacidad de atacar a distancia) Deposición del Hierro Negro: Artilugio compacto de metal con forma de disco. La parte inferior tiene ganchos para acoplarse con velocidad a una superficie rugosa. Usada como arma de asedio para destruir muros débiles, abrir puertas, etc... una vez enganchada, se le ha de dar una palmada en la cara superior y correr, pues en 3 segundos su cara inferior estallará con violencia en un torrente de fuego extremadamente concentrado capaz de fundir la roca y el metal. Enganchar este artilugio en un enemigo requiere una acción de ataque normal. Esta no hará daño. Si el objetivo tiene un aliado en distancia meele, este puede consumir su próxima acción para retirarle el artilugio. Si no, el artilugio estalla. El objetivo muere, normalmente con un gran boquete en el pecho. O debería.
  11. Más temprano
  12. Carta para Terenar Joshech

    Consejo de guerra Imperial Fecha- 14/09/32. Periodo Estival Informe de prueba de ascenso. Informe de campo: La estrategia que siguió estaba dentro de lo estipulado por la Doctrina imperial, ejecutó bien los pasos a seguir y utilizó adecuadamente a los exploradores para que fueran observadores he informadores de los movimientos enemigos. La composicion de los grupos que formó era homogenea dada la escasez de informacion que tenia del enemigo. Protegió los flancos, lo cual en uno de ellos logró habatir a dos enemigos, a la par que perdia otros dos en el flanco derecho. Falló en la ejecucion de la ultima carga contra los cuatro tiradores, siendo asi derrotado tal como estipulan las normas. Se evaluó su capacidad de analisis La capacidad motriz para leer el campo de batalla Toma de decisiones rápidas Ordenes precisas Desarrollo de una estrategia Ejecucion de la tactica. Tras haber debatido y analizado los resultados que se obtuvieron en la prueba de acceso a cabo que efectuó, le concedemos el ascenso, como Cabo. Estara a las ordenes de su sargento o un cabo de mayor experiencia que usted. Desde hoy poseerá dicho rango y las responsabilidades que ello implica hacia y la humanidad. Que la luz este con usted, Cabo Terenar.
  13. El Archivium: Dudas de Lore y Rol

    Buenas tardes Psique. Ciertamente, es una lista extensa de respuestas. No me explayaré tanto como podría explayarme en todas las respuestas, pues realmente todas se responden con mucho más contexto en la guía (Que será la siguiente en ser publicada. Palabra del niño Thrall). Pero las responderé todas para darles una base para que puedan desarrollar sus roles mientras tanto. - Posturas idiológicas y políticas en la sociedad sindorei. Se que esta pregunta podría responderse de manera escueta, pero me encantaría de paso consultar algún nombre sobre las castas más sonadas en el alto reino y una descripción mínima sobre cada vertiente. Primero, en el alto reino no hay castas. Asumo que por castas se podrá referir a los grupos políticos, o a las corrientes filosóficas similares a las descritas en la guía Pandaren. Los Sin'dorei no tienen ese planteamiento, pues eso es único de los Pandaren en base a la naturaleza tan oriental de su raza. Pero eso no significa que los Sin'dorei no tengan distintas corrientes idearias políticas. En grandes rasgos, la sociedad Sin'dorei se podría dividir en tres grupos, con uno destacando sobre todos los demás. Obviamente, no toda la población tendrá una gran implicación con las distintas corrientes, pese a que tengan sus simpatías (De la misma manera que aunque en nuestro mundo la gente se auto denomine de izquierdas, de derechas, etc... los que ejercen activamente su ideario político son una minoría, la mayor parte de la población se limita a vivir su vida) Los Lealistas: En este grupo se puede englobar de manera más activa o pasiva a la mayor parte de la población Sin'dorei. Son fieles creyentes del mensaje de los Nacidos de la Sangre promulgado por el príncipe en el exilio Kael'thas. Creen que el futuro Sin'dorei viene de abandonar las viejas costumbres, y aceptar la nueva situación en el mundo que les ha tocado vivir para prosperar. Pese a que veneran la figura de Kael'thas como el príncipe prometido, la mayoría en su fuero interno no creen realmente en su regreso, y aceptan a Lor'Themar como el verdadero líder y guía de los Sin'dorei. No son tan radicales en su rechazo a las costumbres como otros grupos, y por ello entre los lealistas el Culto de la Luz Sagrada está recobrando fuerza, puesto que es abanderado por los Caballeros de Sangre, la organización que más representa a este grupo. Las figuras más prominentes de este grupo son claramente el Regente Lor'Themar, y la Orden de los Caballeros de Sangre. Los Realistas: Este grupo, más minoritario, pero el segundo en cuanto a número, se podría entender como los "Tradicionales". Consideran que la situación actual del Alto Reino es necesaria, pero pasajera, y confían en la vuelta de Kael'thas para que Quel'thalas vuelva a su estatus de antaño. La mayoría consideran a Lor'Themar un heroe, que ha dirigido a su pueblo en momentos difíciles, pero cuya labor es temporal, y no el líder definitivo del pueblo élfico. Entre este grupo es donde más cogida ha tenido el renacimiento del Culto de la Luz Sagrada, pues entre muchos de ellos nunca lo habían abandonado. Las figuras más prominentes de este grupo serían Lady Liadrin (La cual se encuentra en una dicotomía, pues es la líder de una orden militar que representa la nueva senda Sin'dorei, pero que busca reconducir), Lord Halduron, General Forestal y la Real Hermandad de Forestales de Quel'thalas. Hago un pequeño apunte, pues entre los Realistas/Tradicionales habría otro sub-grupo menor, representado por parte de los Magisters restantes y sus afiliados, los cuales buscan una restitución de la Magogracia previa al ataque de la Plaga, mientras que el grueso del grupo Realista busca un sistema donde los magos tengan mucho menos poder. Irónicamente, Rommath, representante y líder del Consejo de Magisters, podría englobarse dentro de los Lealistas, pues es firme seguidor del regente Lor'Themar y de la nueva senda del pueblo élfico. Los Radicales: En este grupo englobamos a dos extremos, igualmente minoritarios, pero relevantes en la sociedad Sin'dorei Los Quel'dorei reprimidos: Casi en su totalidad, Forestales y simpatizantes, son Sin'dorei que creen en que la senda de los Sin'dorei ha sido un error, y deberían aprender de sus hermanos Quel'dorei, abandonando sus lealtades actuales y recuperando el reino de antaño. Pese a todo, decidieron quedarse en el Alto Reino y no marchar al exilio por toda clase de motivos personales: Tal vez confiaban en actuar desde dentro para redirigir a sus hermanos descarriados, tal vez tuvieron miedo de marchar al exilio, etc... Los Magisters corruptos: Pese al nombre, no todo elfo en este grupo es magister ni usuario mágico, pero en este grupo ideológico entrarían aquellos elfos que se vieron seducidos por la influencia vil en el corto periodo en el cual los Cristales Ardientes estuvieron en el Alto Reino. Son los más radicales, y los más peligrosos, especialmente porque algunos de los magisters más poderosos, pese a su lealtad superficial, entran en este grupo. No se pueden definir como seguidores de la Legión Ardiente, pues en su mente está el bien de los Sin'dorei, pero creen en su capacidad de doblegar las energías demoníacas. A sus ojos, el regreso de la Luz es un ancla que condenará a los Sin'dorei a ahogarse en estos nuevos tiempos tumultuosos. - ¿Gobierna un consejo? ¿Es real la regencia de corte militar? Quel'thalas es oficialmente una Regencia Militar con carácter de dictadura, cuyas decisiones son tomadas por un Triunvirato compuesto por Lord Lor'Themar, primus inter pares, Halduron, General Forestal, y Rommath, Gran Magister. - ¿En qué situación se encuentran actualmente los Amani? ¿Son el enemigo más persistente y peligroso en tierras del Alto Reino actualmente? Los Amani sufrieron el ataque de la Plaga. No al nivel de los Quel'dorei, pues no eran el objetivo, pero también sufrieron pérdidas ante las hordas no-muertas. El líder actual Amani es Zul'jin. En el año 25, apenas 5 años tras el ataque de la Plaga a Quel'thalas, los Amani lanzaron una escaramuza a gran escala contra los Sin'dorei, aprovechandose de su debilidad para acabar con ellos de una vez por todas. Fue con la ayuda Renegada, lo que cimentaría su relación actual, que los Sin'dorei pudieron sobrevivir. Los Amani, derrotados, se retiraron a sus bosques en las cordilleras orientales del Alto Reino, y desde entonces han permanecido más o menos tranquilos, con las habituales escaramuzas, aun que en los últimos años su agresividad y osadía ha ido en aumento. En efecto, son actualmente el mayor enemigo de los Sin'dorei, si ignoramos los tejemanejes políticos internos. - ¿Dónde se halla la mayor concentración de fuerza militar actualmente? La capacidad de proyección de fuerza de los Sin'dorei es increiblemente reducida. Su cuerpo militar es muy pequeño, especializado, y sus fronteras estan de cara a enemigos increiblemente hostiles y peligrosos. La mayor concentración militar Sin'dorei se encuentra actualmente en la frontera sur de las Tierras Fantasmas y norte de Tierras de la Peste del Oeste, enzarzada en escaramuzas contra la Cruzada Escarlata y contra la Plaga, y en la frontera Este de todo el Reino, contra las incursiones amani. También hay destacamentos de Forestales actualmente desplegados en Gilneas bajo ordenes de la Reina Alma en Pena. - ¿Muertehogar pertenece a los Renegados? Muertehogar está abandonada, semi derruida tras haber sido asediada y derrotada por Sin'dorei y Renegados. Estos segundos la saquearon de toda posible información relevante. Actualmente los Sin'dorei la mantienen vigilada, pues las Tierras Fantasma son demasiado extensas y están demasiado corruptas, con numerosos grupos de no-muertos salvajes y errantes en ellas, como para que puedan llevar a cabo la titánica tarea que sería destruir completamente Muertehogar, la cual recordemos, a diferencia de como se ve offrol, es básicamente una ciudad/bastión de la Plaga construido en las montañas. Pero la destrucción total de Muertehogar está en los planes futuros de los Sin'dorei. - ¿Hay algún objetivo que se haya planteado el gobierno de a futuro ya que la situación comienza a estabilizarse? No me los imagino siendo, por ejemplo, expansionistas, pero por preguntar. En general, cada zona/raza tiene una "trama" global de cara a futuro, a ser desarrollada en una mezcla entre eventos maestre y acciones de los jugadores. Ocaso por ejemplo, tiene la trama de los huarguen y tenía la trama del Nigromante, la cual pasó a la siguiente fase. Bosque de Elwynn tenía la trama de los Gnolls. Vallefresno tiene la trama de los Sátiros, la de los Naga, y la de los Furbolgs. Los Sin'dorei tienen varias tramas. La más obvia, que son los Amani. La restauración de las Tierras Fantasmas, son otra. Luego hay otra trama, que entra en "objetivos que se haya planteado el gobierno a futuro". Que sería la conquista de Dalaran, la Ciudad Violeta, con el fin de instaurar la hegemonía mágica de los Sin'dorei en todo Azeroth. - Todas las castas son nobles, no hay plebeyos, ¿pero quienes destacan y por qué? ¿Por influencia? ¿Territorio? ¿Cargos políticos? Todos son nobles, igual que técnicamente todos somos iguales ante la ley en nuestro sistema (Salvo el rey). Eso no significa que no haya pobres y ricos, gente famosa y gente que no conoce nadie. En la sociedad Sin'dorei los valores que más tienden a destacar son las aptitudes arcanas, y en el nuevo sistema de regencia militar, al igual que en los renegados, si uno quiere ascender en la sociedad Sin'dorei a nivel de autoridad política, ha de hacerlo en los distintos cuerpos militares o mediante influencia mágica (Es por esto que los "alcaldes" Sin'dorei, siempre son Magisters/Magistrix, aunque tras el paso de una Magocracia a una Regencia Militar, ahora estos siempre van acompañados de autoridades militares). Eso no significa que el cuerpo civil no tenga relevancia. Aunque el dinero no sea algo tan relevante en los elfos, pues su nivel de vida en general tiene un mínimo común muy superior, sigue siendo un factor. También la influencia social y los contactos. Luego tenemos otras cosas más ajenas pero igualmente importantes como la importancia que puedan tener grandes artistas, actores, músicos, grandes artesanos, investigadores, pintores, etc... - ¿Qué tipo de gobierno es? ¿Cómo se asciende? ¿Es una meritocracia tal vez? Ya lo he respondido en la anterior pregunta pero lo repito. Es una Regencia Militar con tintes magocráticos. Las maneras de ascender políticamente son dos: Mediante influencia mágica (Es decir, ganar poder mágico, relevancia mágica mediante el descubrimiento, creación, de nuevos hechizos, artefactos, la creación de dinastías de magos, contactos, etc...) o mediante la rama militar, la cual no creo que haga falta explayarse pues es conocida por todos. Si uno forma parte del cuerpo militar le serán asignados puestos de administración. Las administraciones civiles siempre están supeditadas a las administraciones y supervisión militar y/o mágica. - ¿Cual es la pena por el asesinato de un elfo inocente? Depende de como suceda. No es lo mismo un accidente que un asesinato premeditado (Aunque soy consciente de que un accidente no sería un asesinato si no un homicidio), con alevosía. Los Sin'dorei no son especialmente amigos de la pena de muerte. El destierro, o la cadena perpetua son las penas para esta clase de crimenes. En el caso de que haya sido un accidente honesto, décadas de prisión y compensación a la familia seria el castigo. - ¿Qué delitos suponen la pena máxima? Asesinato (Y otros delitos de carácter similar con violencia extrema tanto física como sexual), Traición, Práctica de la Nigromancia y Práctica de la magia vil. - ¿Cuales son las competencias reales y prácticas que distinguen a la Orden de Sangre de los Errantes más allá de llevar arco? La Orden de los Caballeros de Sangre son un cuerpo de élite encargado de ocupar tanto las primeras lineas como los labores de apoyo mágico en la guerra. En cuanto a competencias fuera de la guerra, hablamos de que se ocupan de los conflictos contra los no-muertos y la persecución de demonios y otras criaturas o simpatizantes dentro de las fronteras del Alto Reino (Con apoyo de las fuerzas arcanas del Régimen). La Real Hermandad de Forestales de Quel'thalas se ocupan de la protección de las fronteras del Alto Reino, especialmente las boscosas con el Imperio Amani. También se ocupan de proteger los caminos que conectan las diversas aldeas y ciudades élficas separadas por grandes espesuras de bosque unas de otras, y de interceder en toda clase de delito que pueda cometerse en los bosques, que aunque no sean muy comunes, pueden darse de vez en cuando. En Tierras Fantasma, las labores de caza de bandas de no-muertos suelen hacerse conjuntamente con miembros tanto de los Forestales como de la Orden de los Caballeros de Sangre, pues mezclan competencias de ambos cuerpos, y estos trabajan juntos pese a la rivalidad que hay entre ellos para obtener mejores resultados. - ¿Qué ocurrió realmente en Quel'danas? ¿Participaron solo demonios o también brujos y elfos traidores? ¿aún quedan algunos en el reino? Aunque la Campaña de Terrallende no está muy explayada, he de mencionarla para responder a esta pregunta. Igual que pasó en el Lore Oficial, cuando Terrallende se reabrió y las naciones de Azeroth entraron en contacto con los que habitaban Terrallende, los Sin'dorei acabaron entrando en contacto con los que habían marchado con Kael'thas años antes. Estos les informaron de que su príncipe y la cúpula superior de allegados habían desaparecido de Terrallende, en busca de la cura definitiva de la sed de magia y algo que volviese a los Sin'dorei a su gloria pasada. La mayor parte de estos Sin'dorei, simplemente regresaron al Alto Reino, siendo recibidos por sus hermanos y hermanas como heroes (Tal y como pasó en el Lore oficial, pese a que en TBC nos pasemos toda la expansión matando Sin'dorei, a posteriori se menciona como realmente la mayoría simplemente regresaron a Quel'thalas). Hubo un grupo que se quedó en Terrallende, los Arúspices, los cuales antes incluso de la desaparición de Kael'thas veian en Illidan una criatura demasiado vil como para que los Sin'dorei pudiesen obtener la redención obedeciendole, y al igual que en el Lore oficial, una vez fueron enviados por Illidan a atacar Shattrath, depusieron sus armas y juraron lealtad a los Naaru. Pese a esto, hubo otro grupo, reducido, que en la Tormenta Abisal escucharon otras voces mucho más dulces y acabaron por jurar lealtad a la Legión Ardiente. Estos simpatizantes Sangrevil fueron los que atacarian Quel'thalas por sorpresa en actos de terror, secuestrando a M'uru de la Orden de Sangre, y procediendo a intentar invocar a Kil'jaeden en Quel'danas. Públicamente, lo que realmente sucedió en Quel'danas está altamente manipulado. Draenei y Sin'dorei se aliaron para acabar con los traidores y detener sus planes, y lo lograron, con el sacrificio de M'uru, el cual purificó el Pozo del Sol en el proceso (La omisión de su conversión en Dios del Vacío es algo premeditado). Públicamente no se sabe cuales eran los líderes o los números de estos traidores, y sus nombres han sido públicamente eliminados de todo registro. La mera mención de su existencia se considera un insulto que revuelve el estómago de cualquier Sin'dorei de bien. ¿Quedaría alguno con vida y en el Alto Reino? Podría ser. Pero antes de rolear nada referente a ellos, será mejor presentarme un proyecto para su validación, pues no seria correcto que salgan Sangrevil supervivientes en cada rol de intriga política que se vaya a hacer de aquí a futuro. - ¿Existe algún problema social relevante a parte de la excasez de población resultado de la invasión de la Plaga? Los Altos Elfos son un pueblo de costumbres y tradiciones. Existe una increíble fricción social por la cantidad ingente de cambios que han sucedido en Quel'thalas en tan poco tiempo. Aunque superficialmente el pueblo Sin'dorei esté unido y presente un frente sólido, internamente cada grupúsculo de elfos tiene sus ideas propias de como deberían hacerse las cosas. Lo que ha evitado que estallen conflictos son varios factores: El hecho de ser elfos, y no humanos, que dan mucho más valor a las resoluciones a largo plazo y desdeñan las reacciones impulsivas y en caliente, la baja población y el estar rodeados de enemigos más poderosos que ellos, su subyugación a la voluntad renegada, que son unos ojos siempre presentes para recordar a los elfos que su futuro no es realmente suyo. Pero los elfos son ante todo, superficiales. Los modales y las costumbres son su bandera, y dos elfos no discutirán a gritos en una taberna respecto a como resolver tal o cual problema, pero las miradas y silencios incómodos ante la aparición de ciertos temas de conversación serían una constante en el día a día de casi todos los Sin'dorei. Todo elfo sabe que hay muchas cosas que están mal en el Alto Reino. Pero pocos están dispuestos a ser directos y honestos respecto a ellas, prefiriendo un status quo incómodo, hipócrita y superficial. - ¿Existen movimientos radicales dentro del reino? Ya fue respondida en la primera pregunta. Espero que esto haya resuelto sus dudas. Si le ha generado más, como siempre, le animo a preguntar sin problemas.
  14. El Archivium: Dudas de Lore y Rol

    Buenos e intempestivos días! Hoy vengo con una remesa densa, extensa y cansina de preguntas sobre los muy olvidados sin'dorei por parte de Blizzard. Dada la ausencia de una guía que en calidad narrativa cubra las demandas e intrigas roleras de la zona que nos puedan surgir, como la Pandaren o la enana, dejo aquí mis dudas para que sirva a quien le interese y se tengan en cuenta de cara a una futura publicación. Consultándolo con los que asiduamente roleamos en esta raza, me he dado cuenta de que a pesar de que la ambientación es distinta y atractiva, el "progreso" está bastante estancado. No parecen tener un objetivo claro que seguir como raza, y más si nos plantamos en el contesto de PyE donde ya han retomado Muertehogar y las ruinas han sido reconstruidas (si no me equivoco). Empiezo a necesitar un contesto social, político y económico más profundo para poder desarrollar una ambientación más rica y en consonancia con lo que desde el Staff quisisteis plantear. Porque ir a matar Amanis de vez en cuando no está mal, pero siendo la raza como es, limitarse a enfocar el rol en un mata-mata es como querer rolear Vampiro solo para darse de golpes con la Cábala. Empiezo a echar en falta un contexto social que de pie a desarrollar tramas sociales/políticas sin miedo a dar un paso en falso. Sin más comienzo con las preguntas: - Posturas idiológicas y políticas en la sociedad sindorei. Se que esta pregunta podría responderse de manera escueta, pero me encantaría de paso consultar algún nombre sobre las castas más sonadas en el alto reino y una descripción mínima sobre cada vertiente. - ¿Gobierna un consejo? ¿Es real la regencia de corte militar? - ¿En qué situación se encuentran actualmente los Amani? ¿Son el enemigo más persistente y peligroso en tierras del Alto Reino actualmente? - ¿Dónde se halla la mayor concentración de fuerza militar actualmente? - ¿Muertehogar pertenece a los Renegados? - ¿Hay algún objetivo que se haya planteado el gobierno de a futuro ya que la situación comienza a estabilizarse? No me los imagino siendo, por ejemplo, expansionistas, pero por preguntar. - Todas las castas son nobles, no hay plebeyos, ¿pero quienes destacan y por qué? ¿Por influencia? ¿Territorio? ¿Cargos políticos? - ¿Qué tipo de gobierno es? ¿Cómo se asciende? ¿Es una meritocracia tal vez? - ¿Cual es la pena por el asesinato de un elfo inocente? - ¿Qué delitos suponen la pena máxima? - ¿Cuales son las competencias reales y prácticas que distinguen a la Orden de Sangre de los Errantes más allá de llevar arco? - ¿Qué ocurrió realmente en Quel'danas? ¿Participaron solo demonios o también brujos y elfos traidores? ¿aún quedan algunos en el reino? - ¿Existe algún problema social relevante a parte de la excasez de población resultado de la invasión de la Plaga? - ¿Existen movimientos radicales dentro del reino? Muchas gracias por su trabajo, @Malcador
  15. Buenas tardes a todos, comunidad. Vengo a vosotros tras un largo periodo estival de ausencia y pausa en las ejecuciones de las labores administrativas del servidor fruto de una ausencia por motivos laborales tanto mía como del resto del equipo supervisor de rol del Concilio. Pero esa pausa ha llegado a su fin, y por ello vengo a anunciar PyE 2. He deliberado mucho en como buscar un sistema en el que, tanto pueda mantener una atención constante para con vosotros, sin dejar cosas pendientes durante meses, lo cual es totalmente inaceptable y que daña el ritmo natural del rol, pero sin acabar yo mismo agotado como ha pasado previamente, donde periodos de increíble actividad, con semanas de más de 8 horas diarias de atención al servidor, se siguen por periodos refractarios de varias semanas, o incluso meses. Con ese fin, he aquí que presento como, a nivel personal y a partir de ahora, gestionaré mi tiempo para con el servidor. Los Lunes, Martes, Jueves y Viernes, estaré disponible de 17:00 a 19:00 hora española. En ese periodo, atenderé: -Dudas, roles de carácter protocolario (Ingresos en organizaciones, ascensos/degradaciones menores, reuniones con NPC's de organizaciones o fuera de ellas a petición usuario), revisión de habilidades, respuesta de misivas y otra clase de mensajes en el foro. Los Fines de Semana quedarán exclusivamente para roles que requieran de mayor tiempo, masteos de carácter maestre, u otras cosas, todo a discreción personal mía. Si un usuario es imposible por las diferencias horarios, que sea atendido en este horario, como siempre, se hablará individualmente para acordar un horario que le sea posible, aunque no atenderé a más de un usuario al día de esta forma, fuera de horario habitual. También anuncio que antes de que esta semana acabe, será posteado el Sistema de Juego 2.0 del servidor, con la actualización final de las Ramas Mágicas que faltaban, un repaso a las ya puestas, y cambios de calidad de vida en el sistema en otros apartados que necesitaban explicación (Sigilo, Combate a Distancia montado) o cambios de equilibrio. Comunico también que se realizará este Septiembre el evento que por un cambio ajeno a mi de mis fechas de trabajo hubo de ser aplazado: Evento Comenzará el Lunes 17. Esta semana entrante iré poniendo posts. Los que vayan a participar con ST's, tal y como aparece en el post, por favor, re-envíen las historias/Fichas, incluso si ya las habían enviado antes. Esto es todo. Solo me queda disculparme por la falta de comunicación durante el verano. Espero que no se hayan sentido demasiado abandonados, pero les animo a quitar las armaduras, armas, equipaje, herramientas y pergaminos del armario, porque retomamos las aventuras. A partir de mañana, Lunes 10, entrará en vigor esto aquí indicado. Empezaré por la revisión atrasada de habilidades, seguida por la revisión de habilidades personales pendientes, seguida por la respuesta y resolución de roles que requieran de interpretación de NPC's por un maestre. Un saludo y buena tarde.
  16. Terenar Joshech

    El soldado caído. Ya hacia tiempo que había vuelto de Tierras de la Peste, pero simplemente su cabeza lo recuerda como si fuese ayer. En sus sueños, aún está en el campo de batalla, aún pelea contra las hordas de no muertos, contra sus amigos levantados, contra el mal. El rostro de sus camaradas, pidiendo ayuda, y él... Él simplemente parado, ahí. Paralizado, sin poder hacer nada, impotente. Busca moverse, poder ayudarles pero su cabeza se resiste, hace que no se pueda mover y que cada vez le pesé más la armadura. De repente todo esta en silencio. La batalla ha terminado, han ganado pero a un costo demasiado alto. Camina pisando los cadaveres putridos y los que no están tan pútridos.Y de repente... La ve, la ve a ellá. Parada a unos metros de él, lleva el atuendo común que utilizaba, la ultima vez que vio antes de que la ahorcaran. Eso le fulmina, se esfuerza por no llorar y lo expresa con ira. Pero desde siempre se ha movido más por las emociones y su cuerpo falla, le duele el corazón y eso desenvuelve en el la perdida de su voluntad. Cae de rodillas al tiempo que ellá se acerca a él, con una sonrisa y un andar lento. Ya están juntos, Terenar rodea la cintura con sus brazos y la aprieta contra su pecho en busca de tranquilidad y cariño. Y lo recibe, ellá le acaricia la cabeza y le dice que todo irá bien, pero esa satisfacción se desvanece a los segundos pues un grito irrumpe en su mente. Se remueve por la cama, jadeando, chorreando pura adrenalina. -¡Erika! -Grita sonambulo- La ve, a ellá siendo ahorcada. Ve como su ultimo aliento se disipa de su boca y le dedica una ultima mirada. Escucha otro grito, alguien se le acerca. La figura, borrosa, se acerca gritándole. De repente, cuando ya esta nariz a nariz reconoce el rostro que le ordena que se levante. Le toma del brazo y de un tirón ya esta de pie, otra vez frente al campo de batalla, esa imagen horrorifíca de nuevo, parpadea un par de veces y se da la vuelta. Horror, miedo, terror... Inundan el corazón de Terenar al ver una carga de no muertos enemigos mientras le ordenan que vuelva a la fila. No le da tiempo a ponerse en la fila y algo le embiste mientras le araña en casco y le grita con voz de ultratumba y... Se despierta. Hiperventila, su corazón le va a mil por hora. Se oprime el pecho, otra vez ese maldito sueño. Mira por la ventana, ya es de dia y su turno empezará pronto. Es hora de trabajar.
  17. [Desaparecida] Feevere Raynould

    Tengo una propuesta para ti, así comenzó, no te arrepentirás de esto, continuó. Y por algún motivo el punto de la conversación en la que se dejó vencer y accedió a aquella idea se desvaneció de su mente. Seguramente le dijo que si, porque decirle que se había apagado en ese momento era demasiado engorroso. O tal vez no quería apagar esa vena entusiasta. Seamos honestos, la vivacidad es un tesoro de muy pocos cuando te pasas la eternidad entre cuatro paredes, dejando que los vapores vuelvan flácida tu piel y pierdas la sensación de que el tiempo realmente pasa. Pero allí estaban, allí estaba ella a punto de arrepentirse. Estaba segura de que se arrepentiría. Y efectivamente ocurrió. Cuando las cadenas gimotearon hasta ceder, el músculo comenzó a desgarrarse y esa cosa a la que su inventor tuvo la genuidad de llamar "Obrego", decidió que era hora de salir de su cautiverio. No se volvió a hablar del tema, se procuró que los reportes fueran debidamente suaves y que pagase por el error quien fuera menos importante. En cuanto a Feevere, bueno. Cuando un tren descarrila, alguien se lleva la peor parte. No tengo espacio para más personajes y este está fuera de uso, así que lo dejo en desaparecido.
  18. Markus Kruber

    Nombre del Personaje Markus Kruber Raza Humano Sexo Hombre Edad 33 Altura 1'85 Peso 90 Lugar de Nacimiento Lordaeron Ocupación Recluta Descripción Física Kruber es un hombre fuerte, su cuerpo está marcado por una cicatriz que corta su ojo izquierdo. Un gran mostacho unido a unas patillas ocupan gran parte de su faz. Sus ojos son de un azul propio de la realeza de Lordaeron. Descripción Psíquica Kruber es una persona afable, carismática y leal. Aunque no sea considerado como inteligente goza de astucia. Sufre de PTSD debido a la pérdida de su antiguo regimiento, no obstante, un sentimiento de lealtad y orgullo le impide dejar el ejercito. Ficha Rápida Historia Markus Kruber nació en una pequeña granja de Trabalomas, cansado de la agotadora vida de granjero siempre soñó con viajar y ver mundo, por lo que el entonces joven Markus tras huir de la granja de su familia acabó siendo reclutado por la milicia local de Arathi donde pasaría los próximos tres meses de su vida combatiendo contra enemigos del imperio tales como gnolls, trolls, orcos y la plaga que amenazaba al reino de Stromgarde desde el norte. Sería un nigromante quien arruinaría la carrera de Kruber. Los No Muertos atacaron a las huestes imperiales. El regimiento de Kruber estaba en el flanco oriental, formando una barrera impenetrable contra los guerreros esqueléticos. Por un momento pareció que los vivos podrían ganar, y lucharon con ferocidad adicional para lograrlo. Pero entonces el joven Kruber vio a un viejo liderando una horda de zombis. En un extraño instante sus miradas se encontraron, el nigromante sonrió, y empezó a lanzar uno de sus hechizos. Momentos después, un colosal orbe de oscuridad envuelta en tintes purpúreos barrió a los espadachines, matando a todo lo que tocaba mientras absorbía las almas de los desventurados soldados. Uno de sus compañeros empujó a Kruber fuera de la trayectoria, sacrificando altruistamente su alma. Al final de la batalla, los No Muertos se habían disipado y el Imperio había ganado, pero para Markus fue una victoria pírrica. Sus compañeros de regimiento habían caído y él había quedado traumatizado. Abrumado por el shock, Markus intentó que lo licenciaran, deseando abandonar la vida militar y simplemente volver a casa, pero recibió un no por respuesta. La posterior disputa que tuvo con el joven noble que hizo que todo su regimiento pereciera resultó en un translado a Bosque de Elwynn. Ser enviado desde una de las provincias más ricas del Imperio a una de las más pobres y castigadas por la guerra era claramente un castigo, pero Kruber dio la bienvenida al cambio, esperando encontrar un liderazgo competente y una serie constante de acciones con propósito en su nuevo puesto. A día de hoy se le puede ver patrullando la ciudad de Villadorada en busca de malhechores y alborotadores.
  19. Aurora

    El pensamiento. Ya hacía mucho que no se veía a Abigail, menos conocida como Aurora. Ni siquiera se le veía por los lugares que frecuentaba en el Arrabal o Villadorada. Simplemente, había desaparecido. Reanuda los ciclos de su vida, sus etapas, sus instintos, más en concreto el que llevaba haciendo desde que nació: Correr. Corría por el bosque, atormentada. Iba en busca de alguien ¿De quien? Se lo guardaba aunque ya muchos lo conocían. Por su cabeza corren miles de pensamientos y emociones, pero solo una pregunta, solamente una se acentúa en su mente. "¿Donde estas Darío?". Otra vez más, correr le da una oportunidad, llega a una especie de "aldea", Riosalvaje hace llamarse es ahí donde da contacto con su objetivo. Tras intercambiar un par de palabras llegan a un pacto y Aurora es amordazada para llevársela a la base, es ahí donde queda enjaulada por semanas hasta que se gana su libertad y un puesto en el grupo anónimo. Una vez más, esta cerca del tan codiciado poder. Pero no se concentra, sabe los planes que hay y sabe que tiene que hacer pero hay algo que retumba en su cabeza aparte de las voces casuales, le obstruye, le ahoga, no se va de su cabeza. En la soledad, nada le calma, ni siquiera el dolor ajeno le produce el mismo placer ya, algo ocurre en su interior. Algo nuevo y que nunca se había mostrado en ellá. Para, se detiene, ¿Lo ha encontrado? ¿Ha localizado el causante dentro de sus miles de pensamientos? se relaja estirándose en el tronco de un árbol por segundos antonita, antes de que ocurra lo que nunca había esperado: Llanto. Aurora rompe en llanto, algo le pincha en el corazón y no es precisamente leve, le estruja el corazón sin piedad, le obstruye la garganta y le aprieta hasta el punto que no puede respirar. Algo que ha estado con ellá siempre, falta ahora. Llora y llora con ira, trata de pronunciarlo pero su interior se niega y se aferra a esa idea haciendo que se retuerza de dolor, no puede mencionarlo, solo pensarlo. Algo que al principio empezó como pensamiento fugaz, pero que con el tiempo se volvío una reflexión de pocos minutos, tal era la insistencia que se volvío en ellá una razón y de una razón hasta lo que a dia de hoy habia escondido: una esperanza. ¿Esperanza en una bruja? Se recompone, el ataque cede y puede respirar pero el llanto no se detiene aunque es forzado por el mismísimo cuerpo. Se esfuerza por olvidarlo, por borrarlo de su mente pero eso le causa más dolor y en un ultimo esfuerzo se rinde y le deja entrar haciendo así que su sufrimiento se detenga por breves momentos... Incluso ahora que puede lo pronuncia mientras se acurruca abrazando sus rodillas: "...Darío..." susurra debíl, tan debíl es que hasta el minimo ruido haría que se desvaneciera por completo. Tiembla mientras llora en su soledad. No puede ser. Ellá no es así, se levanta con furia. No va a dejar que vuelva a ocurrir, habla con el lider y la segunda en busca de una solución pero hay cosas más primordiales que la venganza en ellos. Tendrá que trazar ellá sola el plan, como siempre, solo necesita tiempo, cuando vuelva, será la hora de saldar cuentas, piensa ellá mientras se arrima una mochila y se va siguendo el rumbo marcado por su lider.
  20. [Ficha] Seinda Blackbinder

    Atributos9 Físico5 Destreza6 Inteligencia6 Percepción Valores de combate36 Puntos de vida18 Mana7 Iniciativa11 Ataque CC (Espadón Pesado)11 Ataque CC (Martillo de Guerra)>6 Defensa Habilidades Físico 2 Atletismo 2 Espadón Pesado 2 Martillo de Guerra Destreza 1 Defensa 1 Nadar Inteligencia 1 Callejeo 1 Leyes 1 Religión 1 Sanación/Hierbas 1 Supervivencia 1 Tradición/Historia 1 Abjuración Básica 1 Encantamiento Básico 2 Encantar Arma Percepción 1 Advertir/Notar 1 Buscar 1 Etiqueta 1 Reflejos Escuelas/Especializaciones Encantamiento
  21. Seinda Blackbinder

    Nombre del Personaje Seinda Blackbinder Raza Sin'dorei Sexo Mujer Edad 93 Altura 1,80 Peso 77 Lugar de Nacimiento Bosque Canción Eterna Ocupación Mercenaria Historia Apoyó los codos en la barandilla de madera barnizada y contempló el mar en calma. La brisa cargada de salitre le revolvió el pelo y calmó brevemente el calor de una noche de verano. Suspiró de forma apacible, y se permitió sonreír. ¿Qué más se podía pedir en momentos como aquel? Calma, algo que le ocurría en raros momentos y que había aprendido a apreciar, una bebida fuerte para acompañarla y el abrazo de las estrellas. Estiró una mano para asir el jarrón de arcilla lleno de ron que había dejado en un barril, con tan mala pata que el vaivén del barco y su torpeza la derribaron, tirándola por la borda. — ¡No! — Se asomó, y apunto estuvo de alertar a la tripulación y gritar hombre al agua, si no fuera porque ya no había nada que hacer. Lo habían perdido. — Mierda. — Renegó de los dioses grandes y minúsculos, la luz y la sombra, mientras chasqueaba la lengua y volvía a la postura relajada. — Podría ser peor. — Dijo un hombre corpulento, más alto que ella por una decena de centímetros, con la piel tan negra como la noche y los dientes tan blancos como la luna. Era humano, y llevaba el pelo de la cabeza rapado. Seinda estaba a punto de responder cuando, achinando la vista, se fijó en dos estrellas muy raras. Para empezar, no tenían el característico brillo plateado de las demás estrellas, sino que eran de tono amarillento. Y, si eran estrellas, estaban muy abajo, casi tocando el mar. La cara de idiota que se le quedó a la elfa mientras las observaba – en parte inducida por los tragos que había ido dando al difunto ron – se esfumó enseguida cuando el sonido de un brutal impacto la hizo rechinar los dientes y la explosión de astillas de madera la obligó a agacharse, con tan mala pata que se cayó hacia el otro lado de la borde, quedando colgada cuando sus brazos se zarandearon en un esfuerzo por agarrarse a cualquier cosa. — ¡Tenías que decirlo! — Gritó en tono condenatorio a... bueno, a lo que quedaba de Andarú, que eran dos piernas destrozadas que sobresalían unos centímetros de la cubierta, amenazando con caer al mar con cada balanceo de la embarcación. El resto del cuerpo probablemente lo había pulverizado la bala de cañón. Los gritos y el fuego de la explosión le trajeron recuerdos, puntiagudos como espinas, que se clavaron en sus retinas, imágenes nítidas de las que nunca conseguiría librarse del todo, en el mejor de los casos la asaltarían por las noches, durante el sueño. Vio otro fuego y escuchó otros gritos, los que habían tenido lugar en Quel'thalas cuando el ejército de muertos arrasó su ciudad. Para ese entonces su vida era diferente. Era soldado, una mujer bastante seria, que se preocupaba por su familia por encima de todo. Tenía un hermano, además de un compañero y una hija pequeña. No estuvo con ellos cuando murieron. Tardó más de dos semanas en encontrar el cuerpo de su hija. Nunca encontró el de su amor, pero si a sus hermanos, padres... Luchó por defender la ciudad hasta que casi acabaron con ella, algunos dirían que tuvo suerte, ella no estaba del todo de acuerdo. Haciendo fuerza con los brazos consiguió devolverse al interior de aquella bañera de madera. Con los dientes apretados, se obligó a apartar aquellas escenas de su memoria y volver al presente. Observó por la borda, buscando al barco enemigo. Mierda, probablemente habían estado siguiéndolos a oscuras y habían encendido algunos faroles justo antes de atacarles. Y cuando un barco dispara sus cañones a otro no lo hace de uno en uno. La cubierta del Rosa Marina ya tenía más agujeros que la dentadura de un vagabundo, y uno de los mástiles estaba amenazando con caerse, sin decidirse del todo a hacerlo. Más luces de aquellas aparecieron a no mucha distancia. La elfa echó a correr hacia el otro lado de la cubierta, pero tropezó por el camino, la rodilla izquierda le había vuelto a fallar. Cojeaba desde que se la habían roto en la guerra, y era un milagro que corriera sin tropezar una de cada tres veces. — Hijo de... — Sacudió el pie, cada vez con más fuerza. — … ¡puta! — Se levantó a medias, avanzando agachada. Los marineros ya estaban corriendo, los que no estaban abajo amorrándose a los cañones estaban por ahí despejando el suelo y echando mano a las armas. Daba igual, los tenían encima, si no los hacían picadillo a cañonazos, los matarían cuando abordaran. La ida había ido bien, sorprendentemente bien, lo que la hacía sospechar ahora de que los piratas les habían dejado llegar a puerto y cargar la bodega. A ella le pagaban por proteger el barco, y le pagaban un poco más que a otros porque sabía algo de magia y era competente en antiguo arte de matar cosas. La rosa marina era un barco mercante que hacía algunas rutas peligrosas, sabía donde se metía al aceptar aquel trabajo. Aún así era mejor que estar en casa, con tantas cosas recordándole todo aquello que había perdido. — ¿A dónde vas? — La pregunta sonó a sus espaldas por encima del ruido que hacían los gritos. Miró por encima del hombro mientras ponía un pie en las escaleras que se hundían hacia dentro del barco. — A por mis armas. ¿Tu qué crees? — Gruñó y siguió bajando. Una bala de cañón destrozó uno de los escalones por los que acababa de bajar pocos segundos antes. Maldiciendo a su suerte sorteó como pudo a los que corrían hacia fuera y se internó en una cámara con varias literas. Tirado encima de la cama estaba su espadón. Al final iba a resultar que sí le habría ido bien tenerlo encima. No había tiempo para ponerse la armadura, así que que el sol la protegiera. Salió justo a tiempo para encontrarse con el abordaje. Los piratas eran casi todos humanos, y para su suerte, tampoco vestían ninguna armadura más allá de trozos de cuero como protecciones. El primero al que se enfrentó casi choca contra ella de bruces cuando subía las escaleras. Fue más rápido que Seinda y le hizo un tajo en el brazo derecho antes de que se diera cuenta. Ella compensó su torpeza con la fuerza y la altura, y cuando el pirata se apartó hacia atrás, sonrió viendo su error. Si se hubiera quedado cerca no habría podido usar el espadón, pero al darle algo de espacio le permitió maniobrar. Blandió la pesada hoja contra el pirata, que interpuso una espada corta. No consiguió parar el golpe y el mandoble se hundió en su cuello, liberando un chorro de sangre cuando lo arrancó. Ya estaba alerta y antes de que se le tirara encima otro pirata cargó hacia delante y empujó a uno de ellos por la borda. A punto estuvo de caer con él pero se agachó y se agarró a la barandilla. Los piratas les superaban en número, aún así los mercenarios contratados por La Rosa estaban dando bastante guerra. Estaban mejor organizados y menos borrachos. La mayoría al menos. Volvió a ponerse en pie con un gruñido de dolor por la rodilla y clavó el espadón en el estómago de un pirata. No era un arma hecha para pinchar, aquel pobre imbécil casi se le había echado encima de la espada. — ¿Ves a su capitán? — Le gritó a uno de los mercenarios que trabajaban con ella, justo antes de recibir un corte en la pierna. Se cayó sobre la rodilla buena y echó el cuerpo hacia atrás para evitar un golpe más mortal. El pirata que acababa de herirla no se esperaba que blandiera el espadón estando de rodillas, había subestimado su fuerza. Mejor para ella. — ¡Está luchando con Jamison, allí! — Siguió su dedo hasta una pelea bastante reñida. Era el único de los piratas que llevaba una armadura más o menos decente, y unos cuantos le rodeaban vigilándole las espaldas. Jamison era bueno con la espada ropera, un duelista nato, pero los piratas no jugaban limpio, y lo estaban acorralando. Bueno, ella tampoco jugaba limpio. Se apoyó en el espadón, clavando la punta al suelo y se levantó. Ante la mirada de escepticismo de su compañero echó a correr hacia los piratas, un par se apartaron al verla correr con aquel mandoble hacia ellos, otro le salió al paso y consiguió clavarle una daga por encima de la clavícula, ella siguió adelante empujándolo con el hombro y cayó sobre encima del capitán pirata. Solo llegó a empujarlo, lo suficiente para que cayera de rodillas. Jamison no desaprovechó la oportunidad de matarlo ahí mismo. Aquello tuvo un efecto inmediato en la moral, tanto de los piratas como de los mercenarios... . . . Se estiró hacia atrás y alargó un brazo para alcanzar una copa de vino. Sin querer derramó otra, recibiendo una mirada airada por parte de la chica que repartía la bebida. — Perdón. — Se disculpó. Cuando bebía podía llegar a ser muy torpe. Se remojó la garganta y levantó la vista. —Y eso fue más o menos todo. Tuvimos suerte aquella vez, si no nos hundieron fue porque querían la carga del barco. Murieron muchos, a los que sobrevivimos nos pagaron un extra. — Gruñó mostrando cierto desagrado por las palabras que acababa de pronunciar. — No valió la pena. — El elfo que estaba sentada ante ella, al otro lado de la mesa hizo una mueca. Tenía el pelo oscuro y llevaba una fina perilla. — Eso no contesta a mi pregunta. — Su frase interrumpió a Seinda dando un trago a su copa. La bajó y alzó una ceja. — ¿Qué habías preguntado? — Él frunció aún más el ceño. — ¿Por qué has vuelto? — Aquellas palabras cortaron más que muchas espadas. — Por Ildía. Me escribió una carta. ¿Cómo lleva el embarazo? — Aquel hombre era el padre de su difunto marido, el que había sido abuelo de su hija, cuando aún vivía. Su otra hija, Ildía, estaba embarazada, eso ponía la carta que había recibido hacía... ¿Cuanto, un mes? — Su hijo ya ha nacido. — La noticia la pilló por sorpresa. — Las cartas tardan en llegar... — Cuando la recibió había creído que todavía tenía unos cuantos meses por delante de embarazo, no pensó en cuanto tiempo hacía que le había escrito. — Mejor aún, quiero conocer a mi sobrino.
  22. Dos notas para Elegost Faler

    Las moscas revoloteaban por los campos de Costasur, acompañando al ganado que rezumaba por el lugar. El montaraz había saludado a los vigías, contado alguna anécdota y puesto rumbo a la posada, para descasar luego de la larga marcha desde la torre. Quizás alguna persona le seguía: ¿La elfa aquella? ¿Nadia? ¿Audrey? Daba igual, a Elegost no le importaba la compañía, él ponía rumbo a trancazos y se despreocupaba. Una vez ya en la posada demacrada pero bulliciosa, Elegost recibió el acompañamiento de dos mercaderes, que le habían escuchado nombrarse. Muy raro era aquello, porque siempre que le reconocían, era para pedirle algo o portaban malas nuevas. En este aquel eran dos malas nuevas de Santiago. En la soledad del rincón y aún extrañado por el hecho de que Santiago pagara tal holgadamente a los comerciantes por unas simples notas, se dispuso a leerlas. La primera le causó una mueca y la segunda... Bueno, leyó el primer párrafo y saltó al último. Su bro, su compañero de aventuras, su fiel soldado, su espada.... Y Elegost tiró las cartas y siguió con su vida. Más tarde se entero de que Alay había desaparecido. Pero como eso siempre lo hacía, tampoco le dio importancia ni relevancia alguna. Al fin y al cabo, había asumido que Santiago moriria algún día de forma estúpida y que Alay se marcharía algún lugar sin pensarlo y luego se mataría al caer de una montaña. Elegost se frotó la barbilla... era cruel pensar eso, quizás era cruel... Pero nadie iba a leerle los pensamientos, así que se encogió de hombros y pidió el almuerzo. @SwordsMaster@Rupphire
  23. [Quel'dorei] Selama Ashal'anore

    Mapa orientativo de los territorios aledaños a Quel'danil 1 - Aguja Plumargenta reconstruida (Actualmente base principal del grupo Hath'lorien) 2 - Restos de la Atalaya Paso del Sol y asentamientos trol 3 - Poblado Trol (Se presume la ubicación) 4 - Guarida de la Lechubestia (Actualmente fallecida) 5 - Asentamiento de Delkan’zen, líder de la tribu trol Taintedswamp (Ver misiones) 6 - Camino rumbo a Pico Nidal 7 - Poblado MartilloSalvaje a cargo del earl Haldrad Thunderfist (Ver misiones) 8 - Mansión en construcción del comerciante Eldorell Suncrow 9 - Excavación propiedad de Eldorell 10 - Ruinas Martillosalvaje abandonadas // Abriendo el link de la imagen se puede ver más grande //
  24. El viento helado cortaba la cara de la elfa y hacia que su desgastada capa gris hondeara con el viento. Avanzaba a duras penas por un rocoso paso, bajo un cielo plomizo que prometía nieve. Avanzaba lentamente, tratando de no tropezar o sorteando rocas de mayor tamaño. Al sur. De vuelta a casa. Según uno de los vigías del camino que se había cruzado, ya debería estar cerca del refugio de montaña. No había abandonado aun los limites de Stromgarde. Costosamente, llegó a la cima. Miró hacia atrás. Cansada. Las primeras luces se comenzaban a encender en un pueblo, distante. Y súbitamente, se sintió aislada. Como si a pesar de que cada punto brillante fuese una persona, ella estaba allí. Lejana. Inalcanzable. Distante. Pero nadie mas que ella se había puesto en esa posición. ¿Qué más podía esperar? Una mujer sin patria. Una mujer sin familia. Una elfa. Una refugiada. Había intentado encajar. Había intentado demasiadas cosas, a decir verdad. Se abrazó a si misma. El frio le calaba en los huesos. Dio la espalda al valle y siguió el ascenso, tiritando. Para cuando los primeros copos de nieve comenzaron a caer, aun no había rastro del refugio. Volvió sus pensamientos a quienes supo llamar familia. Elegost… Se habían distanciado. Desde el asunto del prisionero. Torcio el gesto debajo de la tela que usaba como bufanda. No. Mucho antes. Lo quería muchísimo. No podía decir que lo amaba. Pero le tenía un gran afecto. Era su familia después de todo. Elegost. Aquel humano que demostró un mínimo de respeto e interés por ella. Elegost. El humano gentil y caballeroso. Elegost…el humano inflexible y tosco. ¡ELEGOST! Aquel que dejo morir de hambre a un bandido maniatado. ¡ELEGOST, ELEGOST! Tantas cosas a veces irreconciliables que confluían en aquel humano. Elegost…aquel que no siempre podía saber que es lo que ella quería…pero la quería de todos modos. Ele…el que la forzó a arrojar a un lado las mascaras y mentiras que ella misma se había dicho tantas veces. Ele…aquel que hacía que evocar sus facciones en su mente le generara un nudo en la garganta. La elfa apretó los puños. ¿Era así como se iba a despedir de él? Una vez más se marchaba. Como muchas veces le había recriminado a él. Tan perdida estaba en el pensamiento que no se dio cuenta cuando trastabilló. Un dolor punzante recorrió toda su pierna izquierda. Pero eso no fue lo peor ya que empezó a caer, colina abajo. Trataba de aferrarse a algo pero nada parecía parar su caída. Excepto un par de brazos fuertes. Un elfo. De brazos fuertes y mirada serena. Una mirada verde, del color de los demonios. -Bendito sea el Sol de que te haya atajado a tiempo. Sino seguirías rodando. Alay había quedado aturdida. Intento zafarse pero aunque el elfo no se lo impedía, el dolor en el pie le hizo soltar un alarido. -No sea testaruda, mi señora…déjeme llevarla al refugio. Yo también me dirijo allí a pasar la noche. La elfa torció el gesto. Pero en esta situación no le quedaba mas que confiar. Y ahora que notaba, poco podría haber hecho. Sus cosas quedaron desperdigadas en la caída. -Soy Ilmarin.Ilmarin Solarasta. Encantado de conocerla. Alay no respondió, buscando sus cosas con la mirada, camino arriba. -Descuide, buscare sus cosas, aguarde aquí-la ayudó a sentarse en una roca y raudo y veloz buscó sus cosas. Tras unos pocos minutos regresó con la mochila, la espada, el escudo que había conseguido recientemente, su arco y carcaj y el laúd. -Mi…mi laúd… -Lo siento, mi señora. Creo que no lo logró. El mástil estaba partido a la mitad y la caja tenia un enorme hueco, suficientemente grande para que un puño pasara por este. Probablemente había atajado la caída de la elfa un par de veces. El elfo se lo entregó solemnemente. Y Alay suspiró. Y apretó los labios. -Era mi último…lo último…mi único…-no alcanzaba a decir nada. Nada era suficiente. Su laúd. El ultimo recuerdo de su esposo y su principal medio de vida. Ilmarin la acompañó hasta el refugio. Una excavación en la roca, resguardada por un parco muro de roca. El elfo dejo su arco y su mochila a un lado. E intentó improvisar un fuego, para aplacar el frío que la nieve traía consigo. Pero las pocas ramas que tenía no eran suficientes. -Usalo…-dijo Alay tendiéndole los restos de su laúd. -Mi Dama, no creo que sea… -Usalo.Y no me llames “Mi Dama”. Solo soy la Dama de una persona. Llámame Alay. -Vale-dijo buscando evitar mucho más conflicto. El humilde fuego ardía minutos más tarde. Alayratiel solo lo observaba en silencio, aprovechando su calor. Extrañaba el fuego del hogar. Sus pensamientos se dirigieron ahora a Lylia y Fergus. Seguramente a esta hora estarían cenando. Un fuego más calido ardería en la chimenea. Ele II estaría retozando en el pórtico. Fergus quizás habría ido allí y Lylia lo haría dormir en el sofá. Pero él no se quejaría demasiado. La sensación de nostalgia le hizo lagrimear los ojos. ¿Por qué no se había quedado allí? -¿Estás bien, Alay?-Ilmarin la sacó de su ensoñación. En su mano extendida, un pañuelo. Alay lo tomó y se secó las lagrimas. -Estoy bien. Solo extraño un poco mi hogar. Pero pronto estaré allí. -¿Hogar? ¿Quel’thalas? Alay hizo una mueca de molestia. -No. Villadorada, en Elwynn. -¿Te has…quedado entre los humanos? -Sí. ¿Dónde mas? -No sé. Pense que quizás vivirías entre los nuestros, en QUel’danil. -No. He decidido pasar el resto de mis días entre ellos. -No suenas feliz con ello. ¿Sabes?-el elfo dudó unos segundos-Si quisieras, podrías volver a Quel’thalas. Alay miro fijamente al elfo. Este sonreía levemente, no parecía decir nada de todo eso con mala intención. -¿Volver? Asintió. -No habría problemas. Claro, estarías bajo investigación y vigilancia un tiempo pero…probablemente tras un año o menos estarías andando a tus anchas por nuestro hogar. Regresar…la idea la tentó. Regresar a casa. Quizás encontrar algunos familiares, si eso. Volver al hogar que su familia tenía, el Torreón del Molino. Observar a las ovejas pastar desde la colina. Ver la frontera desde su pórtico. Los recuerdos la hacían sonreír. Compartir la dicha de estar entre aquellos que comprendían su dolor. Y quienes de verdad podían aligerarla. -No es problema si dices que no. Ilmarin notó que lo meditaba. Pero no quiso insistir mucho más. Alay asintió. -Quiero volver a Quel’thalas-dijo súbitamente. Alay despertó con el sonido de las aves cantando. Era una mañana soleada y fresca. Ilmarin le sanó la pierna con un poco de Luz, lo que le permitió caminar mas cómodamente. Observó la fogata, ya apagada, donde nada quedaba de su laúd. De la misma forma, creyó, nada quedaría pronto de Alayratiel. La elfa que vivió entre los humanos. Ilmarin la guió por un sendero mas apartado, donde podrían retomar otro camino hacia el norte, menos transitado. Desde allí podrían marchar hacia terreno de los Renegados, que les permitirían un viaje en barco a Lordaeron. No se sentía cómoda con la idea, pero tuvo que aceptarlo. Lo que fuera por volver. A medida que avanzaban por el estrecho sendero, poco frecuentado en efecto, Alay meditaba aun más. Ilmarin mencionaba detalles de las refacciones y mejoras en Lunargenta. Y como todo ahora se veía mejor. Como Lor’themar había establecido áreas seguras en el bosque sur. Como cada día le ganaban más terreno a la Plaga. Pero Alay poco escuchaba. Aun dudaba. -¿No has escuchado nada de lo que dije, no? -Lor’themar reforzó las atalayas al sureste del Camino Real. Sí. -Ah, estabas oyendo. -Si. -Pero…no estabas escuchando. ¿Tienes arrepentimientos, Alayratiel? ¿has dejado algo sin hacer? -No, nada. Pero ella sabía que era mentira. Que sí dejaba atrás personas. A Lylia, a Fergus, a Elegost. ¡Pero eran humanos! Ellos la olvidarían eventualmente. Todo lo que ella viviese de todos modos con ellos, se olvidaría. -Alayratiel. Debes estar segura de volver. No hay marcha atrás una vez lleguemos. -Lo estoy. -No,no lo estás. -Deja de insistir, Ilmarin. No es tu problema. -Alay. Si…si…bueno, si te…-buscaba la palabra adecuada,uniendo las yemas de ambas manos-Entremezclaste con ellos…quizás deberías quedarte. -¿¡Qué!? No, no. Te haces la idea equivocada. No es nada de eso. -Pero sé que algo dejas…-dijo mientras aun avanzaban. Quería creer que no. Lylia estaría bien. Ella era fuerte. Los humanos eran resilientes. -Ilmarin.-dijo horas luego de abandonar la montaña y comenzar a entrar en senderos bajo un amplio bosque-¿Crees que soy una traidora? -No. No lo creo. Simplemente tomaste otro camino. Creo que todos somos concientes de las decisiones que tomamos. Y vivimos con ello ¿no? -Supongo que si. -Si decidiste marcharte o no regresar ¿quizas fue por algo importante? ¿quizás encontraste algo más en el mundo de los humanos? ¿o tal vez algo que nuestra gente no podía ofrecerte? Yo mismo viajo seguido fuera de Quel’thalas porque…bueno, no siempre me encuentro cómodo allí. Algo allá afuera. De repente estaba otra vez, siendo la niña enfermiza que miraba hacia la frontera. Deseando ver el mundo. Y en otro momento era la esposa de Elrys, deseando cantar junto a él y que sus voces recorrieran el mundo. Que las lágrimas brotaran al oírla cantar. Y que las penas se aligerasen al escuchar el rasguido de su laúd. De repente entendió también el porque quería ser sacerdotisa. Tarea en la cual había fallado estrepitosamente. La vida de Alay era un fallo tras otro. En su salud, sus deberes maritales, su poco inspirada carrera musical, en sus intentos de ser parte de la humanidad. En su relación con la Luz. Y en su lazo con Elegost. Practicamente era una vida larga desperdiciada. Ni siquiera había podido criar a Lylia como se esperaba. Era verdaderamente un fallo. Lo mejor que podía hacer, creía ahora, era regresar a Quel’thalas. Y quedarse allí a esperar ser de utilidad. Alay habia visto actos de mucha crueldad y egoísmo de parte de los humanos. Había recibido acusaciones injustificadas y prejuicios. ¿Por qué volver a todo eso? ¿Por qué querría quedarse en un lugar que no era el suyo? -Creo que estoy haciendo lo correcto al volver a Quel’thalas.-dijo como única respuesta a Ilmarin. Cuando la tarde comenzaba a morir, llegaron al destacamento de los Renegados. Una serie de empalizadas protegían el campamento en forma de medialuna. Los seres cadavéricos la miraban con recelo y el hedor a muerte rondaba por todo el lugar. En el centro del campamento había una elfa. De cabello rojizo y mirada vivaz. -¿Qué tenemos aquí, Ilmarin? ¿Qué trae nuestro explorador? Ilmarín carraspeó. -Es Alayratiel Aureaster, Lady Lyris. Desea regresar con nosotros a Quel’thalas. -Vaya…-la elfa rondaba a Alay, examinándola-Y debemos creer que este zancudo cobarde es de fiar ¿verdad? -Deseo regresar a mi hogar, Lady Lyris-Alay trató de mantener la calma. La presencia de la mujer era sumamente intimidante. -Eso dices. Pero veamos que dice tu corazón. -Lady Lyris esto me parece sumamente irregular y no creo que sea correcto-Ilmarin estaba tenso y tomó a Alay del brazo. -Yo decidiré si es correcto o no. Lyris apartó a Ilmarin y atenazó a Alay de ambos lados de la cara. Luego dijo solo una palabra. Alayratiel sentía como si un cuchillo se metiere profundamente dentro de su cabeza. Movio los ojos frenéticamente y atinó a mover los brazos para intentar zafarse pero un par de no muertos le sostenían los brazos. -¡Sueltala, Lyris! -Apártate, elfo-un renegado mas aparto a Ilmarin. El cuchillo que sentía en su mente la hacía chillar de dolor. Y este obligaba a su vez, a que todos sus recuerdos se volvieran vívidos en su mente. La presencia de Lyris violaba su mente y su alma y la llenaba de terror y dolor. En tanto la forzaba a vomitar todos sus recuerdos y sus mas profundos anhelos. Y toda la información que éstos tenían. -¡Ah! Nuestros caminos se habían cruzado antes…así que eres la mascota de ese humano que me atacó. Elegost Faler. -¡DEJAME IR! ¡POR FAVOR BASTA! -No. Tienes datos. Datos que nos serán útiles. Y tu mera presencia es idónea. -¡BASTA POR FAVOR! ¡NO MAS! -Me ayudarás. Oh 1como ayudarás. Esto será lo menos que recibirás, por tu traición tan alta a tu propia raza. Mezclarte con los humanos. Grotesco. Y tras terminar eso a arrojó a un lado, cual muñeco de trapo. -La quiero encerrada y en buena salud. Que el profesor la visite antes de medianoche. Ilmarin tomó a Alay entre sus manos, que había quedado en un estado de shock. Su espalda rígida y sus manos atenazaban a Ilmarin, buscando cobijo en el elfo. Cobijo que duró poco cuando fue arrancada del abrazo del elfo y arrastrada sin mucha resistencia a una jaula dentro de una tienda. ¿Era asi como iba a terminar? ¿Siendo torturada y usada para sacar información? ¿Ayudando a traicionar a los seres con los que convivió? ¿destruyendo ese mundo tan extraño del que formó parte? Todo parecía apuntar a que sí. Que estúpida fue. Oh que estúpida. Ahora no era más que una prisionera. Engrilletada y sola. Ella sola se habia metido en esto. El profesor era un renegado. La examino como quien examina un animal. Revisó sus dientes metiendo sus putrefactas manos en su boca. Abrió sus ojos. Revisó sus orejas. Rompió con facilidad sus ropas y tanteó sus costillas y sus caderas.La obligó a pesarse y la midió. Y luego escribió unas marcas en sus pies, muslos y brazos. Y una final en su nuca. Y tras taparla con una manta la dejo una vez mas en su jaula. Alay aun sentía un dolor acuciante. Un miedo que la paralizaba. Y aunque aún podía pensar, temía hacerlo. ¿Estaba aún Lyris dentro de ella? No lo sabía. Quizás nada de lo que pensaba era suyo ya. Quizás ya estaba muerta. Se mantenía de rodillas dentro de su jaula. Mirando el suelo. La luz de la hoguera central se mostró ante ella y la ilumino durante unos segundos cuando alguien descorrió la tela dela tienda. Pero no levantó la vista -Alay…-era la voz de Ilmarin- Alay, escúchame, lo siento mucho. No había mucho que hacer. Sus disculpas no le servían. -Alay yo…necesito que te levantes. No respondió. -Alay…voy…-miraba a ambos lados-Voy a liberarte. Te trataré de conseguir tiempo pero debes ser rápida. Podrás volver con tu compañero humano. Alay aun no se atrevía a responder. O al menos no encontraba el arrojo para hacerlo. -Alay por favor. Reacciona. Debes irte. Debes irte si quieres vivir. ¿No hay nada que quieras hacer? Se oían voces fuera. -Algo debe haber que te mantenga viva. Por favor. Ilmarin puso una mano sobre el pecho de la elfa y su palma se llenó de Luz. Una sensación cálida invadió a Alay. Y luego un sentimiento. La cándida sensación de afecto. Podía jurar que veía hasta una imagen. -¿Quién es?-preguntó, parpadeando varias veces-Vi..a alguien. -Es mi esposa. Ella espera por mi. -Tienes familia. -Tenía. Ya no está. Algún día iré con ella. Alay no comprendía. ¿Cómo podía hacer de ese dolor un recuerdo feliz? ¿Cómo podía una persona que dejó un vacío tan grande…hacerte feliz? Pero comprendió que eso hacían ellos. Eso hizo Lylia cuando la dejo marchar. ¿Por qué se había centrado en los recuerdos infelices o en la pena de no poder tener más ciertas cosas, si podía hacerlas su escudo? ¿si la ausencia no volvía un recuerdo dulce, amargo? Todo este tiempo...siendo capaz de convertir las cosas. De denegar la pena. De sanarse y sanar a los demas... Ilmarin la liberó de sus grilletes. En la oscuridad de la noche cerrada se escabulleron. Durante algunos segundos Alay temió que les descubriesen. Pero no temía. Su miedo y su arrepentimiento se habían vuelto su motor para huir. Y el reunirse con Elegost su destino. Una vez estuvieron ya lejos del campamento le habló a Ilmarin -Elegost es un humano. Uno muy bueno. Fijo te caería bien. Bueno…es algo bruto pero…no es mala gente en el fondo. Es..es tan inspirante cuando quiere. -Ya veo…-decía con una sonrisita. Aun estaba tenso. -Y…y le interesan mucho los elfos. ¡Ah, si hasta adoptamos una niña! Lylia. -¿Adopt…asteis? Pues que extraña relación. -Lo oigo seguido, creeme. Y bueno...nos distanciamos mucho. Pero aun lo quiero muchísimo. Volveré con él. Y lo traeré a casa. Quiera o no. Volveremos y criaremos a Lylia. Y no me volveré a mover de allí. -En realidad te gustan los humanos ¿eh? -He visto cosas malas y buenas en ellos. Los he visto matarse y ayudarse. Y creo que Quel’thalas era muy hermosa y aun desearía poder volver… -¿Pero? -Pero los humanos son fascinantes. Son seres extraños. No creo que aún viviendo toda mi larga vida entre ellos llegue a comprender el porque de sus mecanismos. De sus odios y amores encarnizados. Del porque y como de todo lo que hacen…pero quiero intentarlo. Quiero estar entre ellos. Quiero ser humana. Quiero elegir la vida entre los mortales. Quiero elegir a Elegost, eventualmente. Y hacerle feliz... Ilmarin no respondió. Pero al hacerlo su voz parecía algo quebrada. -No sé si eres sumamente estúpida o la elfa más lúcida que he conocido. -Yo tampoco lo sé. Y me da igual. Sé que viviré más. Sé que no sabré ser jamás una de ellos. Y que jamás me verán como una igual. Pero allí estaré. Y los cuidaré, e inspiraré a partes iguales. Como sacerdotisa…como bardo…como lo que soy. Ilmarin no sabía que responder. Solo asintió. -Alay…-dijo luego de un momento de silencio-No estoy para nada de acuerdo.Pero espero que lo logres. Nunca pensé que diría esto a una elfa pero…espero que seas una buena humana. -Gracias, Ilmarin…espero volver a verte y que podamos… Un aullido cruzó la noche. Y luego otro. Y finalmente un cuerno de caza. -No… Los ladridos se hacían cada vez mas cercanos. Y el avanzar de los caballos también. Todo avanzaba como ralentizado. Pronto les darían caza. Pero Alay no iba a volver a correr en su vida. O lo que le quedara de ella. A menos de diez metros un trio de caballos esqueléticos avanzaban como figuras fantasmagóricas. Alay se mantuvo firme frente a ellos. -Lylia.Elegost. Parece que no llegaré a verlos. Alzó la mano, más determinada que nunca. Ahora lo comprendía. Ahora ahí, en esa planicie nevada, bañada por la luz perlada de la luna. Alayratiel Aureaster lo sintió como una cándida presencia que se agolpaba en su pecho y pugnaba por salir y recorría su cuerpo haciéndola tener que reprimir una sonrisa. La Luz. Impulsado por ese amor que siempre negó. Pero que ahora, se daba cuenta, no debía hacer nada para recibir o ser merecedora del mismo. Solo aceptarlo. Su palma brilló hasta alcanzar una luz enceguecedora. Los renegados chillaron. Y de pronto todo se difuminó. Como las imágenes a través de un vidrio mojado por la lluvia. Lyris mantenía las manos sobre la cabeza de la elfa. La misma estaba recostada sobre una sucia mesa de pruebas. -Ha dado pelea, pero ya he establecido el enlace de Vacío-dijo apartando las manos-Solo necesitaba ciertos puntos de anclaje emocional y mental para poder comprobar sus impulsos y emociones primarias. Y con solo una sesión de ilusión. Ilmarin había estado mirando impotente como desde que la trajo, Lyris experimentaba con sus memorias y percepciones. -Reacciona bien bajo presión. Es verdaderamente idónea. Buen trabajo, Ilmarin. -No era lo que le prometí. Ella iría de vuelta a Quel’thalas. -Oh…descuida, cariño. No la enviaremos allí. La necesitamos con nosotros aquí.-tomó con ambas manos el collar con el símbolo de la Luz, que colgaba aun del cuello de Alay. Lyris volvió a tomar a Alay entre sus manos. El profesor dibujaba marcas otra vez, en sus pies, manos, nuca y ahora también, lengua. Esta vez con una tinta especial. Las runas se dibujaron y luego se tornaron invisibles. Ilmarin apretaba los puños. -¿Te has encariñado con ella? Ah…que emotivo. Venga…te daré un consuelo. Vuelve al amancer. La noche murió. Pero Ilmarin no pudo conciliar el sueño. EN cuanto el alba despuntó se acercó a la tienda de Lyris. Allí, de pie, en el centro de la misma, luciendo un vaporoso vestido de seda y muselina, se encontraba Alay. Peinada con una sencilla trenza que halagaba su mechón dorado en su mar de plata. Y con una sencilla gargantilla de cuentas de colores, en cuyo centro una linda piedra celeste halagaba sus ojos. -¿Alay?-preguntó Ilmarin-¿Qué está pasando? -Ah, hola Ilmarin-le dedicó una reverencia, tomando su falda para darle mas gracia a su apariencia. Lyris apareció y le hizo entrega de un laúd, que ella aceptó con un gentil cabeceo. -Gracias. -Alay…venga, vamos…te sacaré de aquí. -No será necesario…verás, Lyris aceptó ser mi mecenas. Me ha dado ropa y un nuevo laúd. -Pero…y…y…¿tu familia? -¡Estan todos aquí, en casa de Lyris! Incluso Santiago vendrá pronto. Alay miro a su alrededor. Lyris sacó una varita y apuntó a una esquina. -Elegost…-Alay miró hacia la esquina-Siento mucho todos los problemas que te causé. Pero…he decidido algo. Quiero ser una humana. Si soy una humana…¿entonces podré casarme contigo? Lyris acercó la varita a sus labios y habló. -Mi Dama…te amaría así fueras una enana…que ya casi lo eres. No necesito casarme contigo. Seras siempre mucho más que mi esposa. Serás mi Dama.-Alay miro como si alguien recogiera sus manos. Miró a los ojos a la imagen mental que estaba siendo proyectada para ella. Y entrecerró los ojos y besó el aire. Lyris acercó los labios otra vez a la varita y musitó -Pero no necesitas ser una humana. Eres una elfa y eres más guay así. Además puedo presumir a los otros niños que mi madre es más bonita y delgada que las de ellos. -¡Lylia!-Alay abrazó el aire- Ah,Lylia. No sabes lo mucho que te extrañe. No sabes cuanto. Pero ahora estamos juntos. Y nada volverá a separarnos.-se giró hacia Ilmarin-Gracias, Ilmarin. -¡Ya basta! ¡Deten esto! Alay miró sin comprender…y ante la orden de Lyris sobre la varita, solo miró a la nada, con expresión vacía. -¿Qué le hiciste? -Será nuestros ojos y oídos donde la necesitemos. Siendo elfa atraerá algunas sospechas, pero creo que no habrá demasiados problemas. -¿Por qué tenias que destruir sus recuerdos? -¿Destruir? Le he dado la vida que quería. Ahora es feliz. Tiene una familia armoniosa y unida. Ilmarin solo podía mirar con horror todo eso. Salió huyendo de la tienda. Lyris le restó importancia. Ordenó a Alay sentarse en la mesa. -Veamos…¿por donde empezar? Así Alayratiel, a pesar de sus actos de cobardía. De las muchas mentiras dichas a ella misma y a los demás. De las muchas penas y llantos. Y de sus arrepentimientos y quebrantos. Recibió un final acorde a lo que deseaba. Una vida libre de infortunios. Libre de decisiones. Libre de penas. Solo felicidad. -¿Qué canción desea escuchar, Lady Lyris? Sé unos preciosos himnos de la Luz. ¿O prefiere algo menos sacro? -Cantame alguna canción de romance... -Oh...cuando nos conocimos, Elegost me dedicó una canción ¿sabe? Aun la tengo en mi mochila. //Un final para Alay. No le he dedicado el tiempo que merecia, pero me he divertido con ella. Por otro lado, ahora tengo más tiempo, pero menos ganas de rol. Si regreso, probablemente regrese con cualquiera de mis otros pjs. Pero nunca más con Alay. Se cierra el telón.
  25. Dos notas para Elegost Faler

    La primera nota era la peor y más desconcertante. Llegaría primero a manos de un comerciante, un rollo de tela. Al ser desenrollada... "LOS LIBERARÉ A TODOS S.S" escrito con sangre. Quizás un buen conocedor de la naturaleza como, digamos, un Montaraz, sabría que se trata de sangre animal y no humana. La segunda nota llegaría casi un día luego que la primera, también a manos de un comerciante que se encontraba buscando a Elegost. Ambos pedirirían una enorme paga en monedas que se les había prometido por el viaje. La segunda nota, más larga y mucho mejor escrita. Tenía la tinta de algunas letras algo borroneada, indicando que alguna clase de líquido acuoso fue derramado en varias ocasiones sobre el papel mientras era escrito. No poseía la introducción formal de una carta, y en su lugar iba directo al grueso del texto. La caligrafía era conocida. Muy conocida. Muy familiar. Quizás demasiado. Elegost. Espero que el norte te haya tratado bien mientras estaba fuera. Probablemente deberías estar en la torre, pero si no... Bueno. Solo ignora la última... ¿Nota? No era yo mismo. Ahora mismo me encuentro de camino a Costasur, o ya estoy allí dependiendo de cuanto hayas tardado en recibir la nota. Sé que normalmente no te alarmas por nada, tienes nervios de acero. Así que iré al grano. He ido a Costasur porque tengo cuentas que ajustar. Necesito que entiendas que mi futuro... Lo que me queda de futuro, no es tu culpa. No has sido mal maestro. Yo he sido mal aprendiz. Voy a enunciar cada uno de mis crímenes a las autoridades del Imperio. Ambos sabemos lo que eso significa. No estoy seguro de en donde me dejarán. Quizás en Costasur, cerca de Lilián, o quizás me envíen a Stromgarde. En cualquier caso... El Imperio no va a enviarme al sur, por razones más que entendibles. Muy costoso por un criminal. Mantente firme, Elegost. Sé que no estaremos en el mismo sitio cuando ambos hayamos muerto pero... Si puedo mantenerte vigilado desde el más allá, juro que lo haré. Y también juro que te arrancaré la cabeza si te haces daño, y tienes la tendencia a hacerlo. Ahora Alay y tú son lo único que le queda a Fergus y Lylia en el sur. Por favor, vuelve con ellos. Abandona esta empresa sin sentido en el norte. Ten la vida que tú y ellos merecen: Tienes una casa, tienes una puta elfa, tienes un mocoso y una pilla adoptados... Tienes todo y más de lo que cualquier habitante medio del Imperio necesita para vivir una vida pacífica, no lo sé... ¿Labrando la tierra? Te recuerdo también que en mi casa en el sur está mi testimonio. Lo necesitarás si no quieres que el Imperio se haga con mi casa y mi carpintería. Quizás puedas dejársela a Fergus para que se entretenga. En cuanto a tí. Gracias por ser el mejor amigo que habría podido desear jamás, y yo siento no haber estado a la altura de lo mismo. Y también siento ser el segundo amigo que tienes que perder. Al menos el otro fue heroicamente en la guerra, ¿mh? Solo cuídate. Yo no estaré ahí para asegurarme que sales vivo la próxima vez, ¿me lees? En cualquier caso. He hecho las paces con mi destino. Esto debió haber ocurrido hace mucho tiempo. Me iré sabiendo que he hecho finalmente lo correcto. Lo siento por no despedirme cara a cara, pero si tratase... No sé si podría mantenerme firme en mi decisión entonces, y todo simplemente sería peor. Tu amigo y Sumiller de Corps: Santiago de Sveri @Stannis the Mannis
  26. [Muerte] Pero nadie vino... (Santiago de Sveri)

    Llevaba una hora caminando por el bosque. Santiago de Sveri, cabo del Ejército Imperial. Ese era su nombre. Siempre lo había sido. Los enormes pinos se alzaban imponentes en todas las direcciones observables. Al menos ya no hacía tanto frío como más al norte en las montañas. Había vuelto de una expedición a ese sitio, con Jared Miller, el paladín... Un buen hombre. Hacía una hora que lo había visto por última vez, le dijo que se adelantase y volviese a la torre sin él, que tenía que hacer algo y luego le alcanzaría. Pero... Vamos, eso era mentira, ¿no es así? Santiago se había distinguido a lo largo de estos años como una persona engañosa. No podía evitarlo, estaba en su naturaleza, mentir era una excelente herramienta de supervivencia. ¿Por qué se había separado, por qué no estaba de camino a la torre junto con el resto? No lo tenía claro. Quizás simplemente no quería volver a ver esos adoquines derruidos esperando remodelación, o quizás simplemente no quería ver a nadie. Se sentía como lo último. En una hora de caminata por el bosque le había dado tiempo a recoger hojas, ramas, una manta vieja y con agujeros que solo la Luz sabía como había acabado en el bosque... Los ingredientes perfectos para un refugio en el bosque. La noche ya había caído sobre el bosque. Solo entonces, cuando su refugio estuvo acabado, se paró a pensar en lo que había hecho. Se dejó caer de espaldas contra el césped y observó las estrellas. ¿Estaría Jared preocupado? Probablemente sí. ¿Habría encontrado a alguien en la torre, o habrían sido asesinados todos por bandidos? Pensándolo mejor, quizás no quería saber la respuesta a la última pregunta. Otro buen motivo para no querer volver. Aunque observando la Estrella del Norte en el cielo le llenaba de una cierta certeza de que Elegost estaría vivo, fuese en la torre o en otro sitio. La hoguera crepitaba a su lado. Naturalmente, había tenido que encender una si no quería sufrir por el frío de la noche. Dio un mordisco a la carne seca. Tenía aún algo en la mochila, quizás para un día más. Sinceramente, había sido un desastre de expedición, ¿verdad? Ahora Loras continuaba su camino solo. Quizás a estas alturas ya estaría muerto. Muerte era una palabra ya común en su vocabulario, a fin de cuentas, y le costaba sorprenderse ante tal pensamiento. De hecho, le resultó completamente mundano. Pero, ¿por qué se había alejado de Jared realmente? La torre... Quizás estaba a dos horas de donde estaba en ese momento. ¿Por qué se había alejado realmente?... La pregunta le volaba de un lado al otro de su mente, molestando y haciendo ruido como el zumbido de las abejas en un campo de flores durante la primavera. ¿Tenía que tener una respuesta? Realmente... Sentía que sí. Pero él no tenía esa respuesta, ¿verdad? Todo lo que sabía era del peso que sentía oprimiéndole el pecho, impidiéndole querer volver en lo absoluto. ¿Quizás era una maldición de los renegados? Leonardo ya había desaparecido también, ¿quién podía afirmar que no había sido del mismo modo? Pero... No. Inventar excusas no iba a cambiarlo. Estaba allí porque estaba cansado. Era un chico listo, tampoco es como si no supiese la respuesta, pero la mera idea solo conseguía oprimirle más el pecho, en un bucle de dolor. Estaba allí, lejos de todos y en el medio de la nada, porque no se sentía digno de estar entre aquellas personas. Guerreros de la Luz, sacerdotes, capellanes, incluso Fergus o Lylia, lejos en Elwynn... En el fondo, todos ellos eran mejor que él en un solo, primordial aspecto: No eran malos. Llegar a términos con la idea era algo que Santiago había estado tratando de hacer... Durante años. ¿Quizás su modo de hacer el bien simplemente era distinto al del resto? No mataba gente por placer, eso estaba claro. ¿Entonces por qué mataba en lo absoluto? ¿Por defender algo? No tenía fe en el Imperio. Los Imperios se alzan y caen, y siempre había puesto al Imperio de Arathor como el primer ejemplo del ciclo. ¿Por la Luz? Claramente no luchaba por la Luz, era incapaz de recordar la última vez desde que tomó un arma en el que había cumplido con alguno de sus principios más básicos... Simplemente no podía hacerlo. ¿Por su familia? ¿Qué familia? Estaban todos muertos... Los gnolls los habían matado a todos, ¿no era así? quizás... Pero no. Si quedase alguno vivo lo habría sabido, estaba seguro de ello. Definitivamente no podía estar luchando por su familia si creía que estaba muerta. ¿Por Elegost?... Los minutos pasaron dándole vueltas a la pregunta. ¿Cuan triste podía ser su vida, si todas sus muertes se centraban en defender a una persona?... Pero la alternativa era más deprimente, y lo cierto era... Que tampoco luchaba por Elegost. Más de una vez le había dejado atrás en combate, sabiendo que podía morir, para salvarse a sí mismo. Eso dejaba solo una alternativa... O luchaba por sí mismo, o todos y cada uno de sus crímenes y pecados contra la humanidad y los valores básicos de la misericordia y el perdón habían sido por nada... En vano. Al menos por sí mismo tenía que luchar, ¿no? Era un superviviente, nada valoraba más que su vida... Pero... Ya se lo había dicho a Elegost una vez, ¿verdad? Eso, también... Era mentira. No luchaba por sí mismo, o por defender un legado... Siempre había dicho que ni siquiera pensaba tener hijos o esposa, E incluso así, quedando solo él... ¿No luchaba por su supervivencia? Claro que no. Sus viajes, su perseguimiento del peligro... Nada de eso parecía tener sentido en una persona innatamente carente de coraje hasta que no se evaluaba una única variable: Buscaba la muerte. ¿Era esa la respuesta? Tan deprimente como sonaba... ¿Luchaba, mataba, masacraba porque quería morir? Claramente no lo era todo, sabía que había sentido ira y odio en cada ocasión que habían matado a alguien delante suyo. Había entrado en auténticos trances psicóticos buscando matarlo todo en su camino por mero odio... Pero, pensándolo en frío, nunca era odio por el muerto. Muchas veces, incluso en el último viaje, ni siquiera conocía a las personas a las que con tanto esmero y rabia había tratado de vengar en momentos de completo descontrol. No era por ellas, su odio iba más allá. Odiaba la humanidad. Odiaba a los elfos. Odiaba a los renegados. Odiaba a los gilneanos. Odiaba... Los odiaba a todos, en lo más profundo de su ser, una retorcida espina clavada en su alma. ¿Cómo no podía hacerlo? Había visto una y otra vez la naturaleza de los seres, vivos y muertos por igual, y nunca había sido agradable. Claro que habían buenos momentos, ¿pero qué pasaba con los malos? ¿Qué pasaba con esos momentos en los que veía al resto retorcerse, ceder ante el egoísmo, el ansía de poder, los placeres más macabros... Brujos, asesinos, bandidos, la Emperatriz o el Rey de Gilneas; todos de alguna u otra forma condenaban a cientos a morir cada día. Su odio, su ansiedad por venganza y sangre, no era nada más ni nada menos que simple resentimiento atrapado en su pecho contra las peores facetas de Azeroth. ... Quizás entonces, solo quizás... Estaba allí, apartado de todos... Porque cada vez era más difícil no dar rienda suelta al odio. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Día 3. Día 7. Día 13. Día 19. Día 21. Día 26. Día 29. Día 30. Los días iban pasando a un ritmo acelerado en su refugio, aislado de todo y todos. Donde era seguro. Donde no hacía daño a nadie. Donde no podía matar. No podía derramar sangre. No podía quemar pueblos. No podía usar magia para derribar estructuras en llamas sobre un montón de civiles inocentes. ¿De verdad había hecho eso? Vaya, ¡parecía que sí! ¿No había sido durante la expedición? Sí, durante la expedición. Un espectáculo de llamas y gritos que lamentaba. Aunque siendo honestos, un pueblo en la mitad de la nada, gente inculta y salvaje del norte... ¿Acaso había alguno entre las llamas y los trozos de casa derruida que arrojó sobre ellos que no fuese un pecador, que no hubiese alguna vez cometido un crimen o pensado en asesinar a ese peor enemigo suyo que le pidió prestadas diez platas una vez y nunca se las devolvió? Eran pueblerinos. Todos eran así. Quizás había hecho bien. No, ¿en qué estaba pensando? No estaba bien. Esa gente tenía vidas, familias... Pero honestamente, ¿qué eran las familias? ¿Importaban? ¿Por qué se le enseñaba a la gente que eran lo más importante, lo más preciado a proteger, si luego la mayor parte de la gente que conocía habían salido adelante incluso con familias masacradas o desaparecidas? Quizás el tiempo en soledad le pasaba factura. Había cazado. Un conejo. Sería su almuerzo. Nunca había sentido pena de matar animales, a fin de cuentas no eran inteligentes. Pero ahora, solo durante semanas, no podía evitar preguntarse, ¿acaso se necesita ser inteligente para sentir? ¿No tenían los animales cazados por cada cazador desde el comienzo de los tiempos familias en el bosque? ¿Crías quizás? La mayoría cazando por dinero. Algunos nobles por el prestigio quizás. Sabía que el tiempo a solas le hacía mal. Cuanto más tiempo pasaba allí, evitando el volver a la torre con el resto, más desapegado se volvía por todo. Cuanto más pensaba en todo, menos importaba todo. Cuanto más pensaba en la vida, menos importaba la vida. Cuanto más pensaba en la muerte, menos importaba la muerte. Todo cuanto podía pensar, cada situación que traía a su cabeza, cada intento de justificación por sus actos o atrocidades, cada segundo pensando le hacía darse cuenta que a pesar de los mejores esfuerzos de las civilizaciones por proteger Azeroth, eran estas mismas... Las que más mal habían traído. ¿Acaso habían derramado más sangre los orcos en tres guerras, o la humanidad en milenios de conflictos políticos? ¿Había matado más gente la Plaga en una sola guerra brutal que todas las civilizaciones vivientes de Azeroth a lo largo de los años? Los demonios quizás... ¿Pero de cuántas muertes eran realmente responsables seres corruptos y misteriosos de los que apenas se sabía la punta del iceberg y que necesitaban de complejos rituales para materializarse en el mundo? Los mayores asesinos del planeta... Eran aquellos que lo defendían. No podía escapar de esa verdad. Nadie podía. Una existencia de hipocresía y contradicción era todo a lo que había logrado resumir al Imperio, a los enanos, a los gnomos, a los elfos... A todos en estas semanas de soledad. ¿Acaso merecían vivir? Si ÉL no se creía digno de caminar en este mundo por sus muertes y asesinatos, ¿qué daba el derecho al resto a mantenerse vivos, cuando todos mantenían mecanismos genocidas y de asesinato en masa mucho mayores de lo que él mismo era? ¿Qué sentido tenía ser soldado entonces, ser del ejército, del Imperio, de Gilneas? ¿Acaso importaba? Muertes, sangre, muertes, sangre. Todo se resumía a eso. ¿Había enloquecido? Se sentó contra un árbol, dejó caer su presa del día a un lado del suelo. Se llevó las manos a la cabeza, se jaló el cabello y apoyó la cabeza sobre sus rodillas, sollozando. Quizás no debía haberse separado, viendo su situación actual. Quizás había sido su mayor error hasta ahora. ¿Pero qué otra opción tenía? La vida que tenía solo le reportaba miseria y dolor que incrementaban de manera exponencial con cada día que pasaba. Estaba allí porque allí no podría hacer daño a nadie, pero había fallado. Incluso solo, aislado, viviendo como un hermitaño; incluso entonces todo lo que sabía hacer era daño. Si no podía hacer daño al resto, acababa haciéndose daño a sí mismo con sus propios pensamientos. No estaba bien. Nada estaba bien. Su cabeza no estaba bien. La soledad, el bosque, los sonidos, los recuerdos de angustia y dolor, la civilización; nada en lo que había tratado de distraerse pensando estaba bien. El mundo entero estaba mal, él incluido. Llorando y con la cabeza entre las rodillas, finalmente tuvo un arrebato. Tomó su espada, tomó su arco, tomó sus flechas. Con el brazo se limpió las lágrimas, con los ojos enrojecidos. Revisó la mochila que había improvisado luego de perder la suya durante la expedición. Nada de papel. Nada para escribir. Necesitaba encontrar algo... Tomó el trozo de tela blanca, sucia y rota con la que había improvisado su refugio. Cortó un trozo. Abrió el conejo que había cazado por la mitad y metió la mano, comenzando a escribir sobre el trozo de tela. Lo dejó secar sobre el sol. Tomó un rato. Él comió. Cuando estuvo acabado, hizo el trozo del trozo de tela un rollo y lo ató bien, varios nudos para que no se viese su macabro interior. Entonces se dirigió a los caminos. Y allí esperó, acompañado únicamente de una pata de conejo asada que le había sobrado para mantenerlo con energía durante casi 7 horas. Finalmente el sol estaba cayendo y se estaba por rendir, pero entonces lo vio, en el horizonte. Un comerciante venía desde el camino oeste, justo lo que necesitaba. Cuando lo tuvo en frente le tendió el trozo de tela y todo su dinero; no lo iba a necesitar. Le dijo al comerciante que sería su paga si lograba hacer llegar ese trozo de tela a Elegost Faler, dándole indicaciones de donde encontrar la torre. Si no estaba allí, lo buscaría. Le dijo que habría otra paga igual de generosa si encontraba al montaraz, pero era desde luego una mentira. Solo necesitaba incentivar al mercader para de verdad cumplir con la tarea y no arrojar el trozo de tela a medio camino. La gente era egoísta y codiciosa, y haría lo que fuese por dinero. Él lo sabía. En cuanto a qué decía el trozo de tela... Es solo Elegost lo sabría, llegado el momento. Por ahora todo lo que importaba era que había tomado una decisión. Cuando el comerciante estuvo lo bastante lejos rió, y rió, y rió. Reía solo en el camino, ¿por qué? Por muchas cosas. La absurdidad de la vida. La absurdidad del Imperio, del planeta, del universo. De todo el tiempo que se había preocupado en responder a la pregunta de si era mala persona, de todo el tiempo que había pasado preocupándose de que iría al Vacío Abisal, y no junto a la santa Luz a tener paz junto a su familia. Se reía porque podía, porque estaba vivo para hacerlo. Se reía por ningún motivo en particular y por todos los motivos posibles y no posibles. Se reía porque, por primera vez, lo había comprendido. Era el mundo. El mundo, su oscuridad, su crueldad. ¡EL MUNDO ENTERO LE HABÍA HECHO ESTO! No era su culpa. Claro que no era su culpa. ¡Él era lo que habían hecho de él! Era una víctima de las circunstancias, de un mundo corrupto y oscuro que descendía viciosamente en la oscuridad con cada hora que pasaba. Reía porque era hora de ajustar las cuentas. Caminó durante un largo rato por el camino, sin rumbo. Sin un mapa. No sabía a donde iba. Simplemente usó lo mejor de sus habilidades hasta lograr rastrear a la civilización misma. Parecía unas pequeñas granjas fronterizas, dos cabañas... Más dos vecinos rurales compartiendo la tierra que una sola granja individual. Estaba lejos, penas los lograba ver en el horizonte. Pero no tan lejos venía una carreta de una granjera, con una mula que le recordó bastante a Roberta, y esbozó una leve sonrisa de lado. El carro detrás con algunos vegetales, no parecía que fuese buena época de cosecha. Probablemente morirían de hambre pronto, o de enfermedades insertadas artificialmente por los renegados... O quizás simplemente se los llevarían a todos vivos para sus macabros experimentos. Les iba a ahorrar el dolor que Azeroth les tenía reservado. Iba a mejorar su suerte. Iba a usar la única cualidad en la que era bueno para un bien. Era su deber. Un gran poder conllevaba una gran responsabilidad, ¿no era así como lo decían?. Tan pronto la granjera con la carreta pasó por en delante suyo, una flecha voló de entre la cima de unos de los árboles hasta dar con la cabeza de la mujer. Una muerte rápida y misericordiosa comparada a lo que le habrían hecho los renegados o los bandidos en el camino, y una mujer menos en esa tierra maldita que quizás habría traído a un niño al mundo solo para sufrir en aquel entorno. Tomó la flecha, parecía aún sana y re-utilizable, así que la guardó en el carcaj. La mujer llevaba un farol y algo de aceite para el mismo. Tomó el aceite y lo arrojó sobre los vegetales y la carreta, para luego quemarla junto a la granjera. No iba a dejar comida para los bandidos ni cuerpos para los renegados. También se aseguró de quemar a la mula. Estaba seguro de que el fuego atraería la atención de los granjeros, así que rápidamente dejó la zona, adentrándose en el bosque. Ese era su entorno. Comenzó a dirigirse hacia las dos casas a lo lejos, usando el bosque y las sombras de la noche como su cobertura. ¿Qué diría Elegost si le viese ahora? No, no podía pararse a pensar en eso. Tenía una misión. Una misión de misericordia. Los montaraces hacían esas cosas, ayudaban a la gente. Quizás esta era la misma conclusión a la que el antiguo capitán de los montaraces había llegado... Pero, ¿no lo había matado Elegost por ello? En cierto punto había oído a un par de hombres en el camino, dirigiéndose hacia la carreta. Pero ya habían quedado atrás, ya que iban en direcciones contrarias. Ellos hacia la carreta, él hacia la casa de sus esposas e hijos. Ya cerca del par de casas, fue pan comido. Era de noche, las pocas personas viviendo allí dormían, una mujer preocupada observaba fuera hacia el camino por el que se había ido quizás quien era su marido y el de la granjera a la que había dado paz. Comenzó a caminar hasta la casa en donde la mujer esperaba fuera, y que ahora observaba al joven muchacho inquietada. Llevaba un tabardo del ejército, claro... Pero cierto era también que su tabardo estaba sucio y roto, lleno de cortes y trozos faltantes que durante la expedición al norte había usado para hacerse vendajes. Pero fue el tabardo el punto clave para que la mujer no se esperara lo que siguió. El joven, que ahora apenas si podría reconocerle alguien como el mismo muchacho que había ido en una expedición para obtener dinero y ayudar a la gente del norte, rápidamente desenfundó la espada y la enterró en el vientre de la mujer, apartando la mirada en el proceso y presionando su hombro con la mano libre. La mujer llegó a profesar un leve grito durante menos de un segundo, antes de que este fuese ahogado por la obstrucción del sangrado. La dejó caer al suelo. La luz de una vela se encendió en la casa que la mujer tenía a sus espaldas, tras una de las ventanas. Santiago no dejó que quien fuera llegase a salir, él entró primero y cerro la puerta. A su derecha estaba la puerta cerrada a la habitación donde había visto la luz. Avanzó unos pasos, pero la puerta se abrió antes de que él llegase a ella. Un niño rubio, de cabello corto y piel sonrosada de no más de 11 años que solo pudo atinar a soltar un grito al ver a un extraño en su casa con una espada ensangrentada. Santiago no le dejó sufrir mucho, no era la primera vez que acababa con la vida de un niño. Simplemente fue otro cuerpo a sus pies, antes de oír otro grito fuera. Agudo. Una mujer. Joven. Quizás 20 años. Habría visto el cuerpo de su amiga fuera. La oyó salir corriendo por el camino hacia donde se habían ido los dos hombres. Rápidamente salió fuera, cargando una flecha en el arco... Pero ya no tendría sentido, la muchacha se encontraba lejos y no atinaría. Tenía que guardar flechas. Guardó el arco y comenzó a escalar por un lado de la casa, ayudándose de los marcos de las ventanas hasta llegar al tejado. Era de tejas y con forma clásica de dos aguas, volviéndolo perfecto para esconderse detrás de una de las mitades y esperar mientras vigilaba al camino. Finalmente aparecieron los dos hombres. Uno gritó de agonía y dolor ante la escena, al otro lo llegó a ver apretar los puños con rabia. El segundo tenía los ojos rojos. Había llorado. No les dio tiempo a reaccionar, comenzó un descenso de flechas sobre estos antes de que pudiesen avistarle en el último lugar imaginable; el tejado. Uno recibió una flecha en el hombro y otra en el cuello mientras el otro reaccionaba. Tenían hachas, pero él había visto suficiente sangre y muerte y combates como para saber que el pobre diablo no podía hacer nada a tiempo. Intentó arrojar su hacha, pero una enorme hacha de leñador no está hecha para ser arrojada, y simplemente rebotó contra la pared de la pequeña casa bastante por debajo de la posición de Santiago, quién simplemente pudo limitarse a tomar más flechas y acabar con la vida del granjero. En un momento de realización pudo entender cómo era que a los renegados les resultaba tan fácil atacar granjas fronterizas. Hombres, mujeres y... Niños, abandonados de la mano de la Luz en la frontera. Ni el Imperio, ni la Iglesia ni nadie movilizaría un gran número por aquellos pobres diablos. La prioridad era Gilneas. La prioridad era asegurar el poder político de la emperatriz. Cuan necia era la humanidad... La otra mujer la dio por perdida. Habría seguido corriendo. No la culpaba, nadie quería morir. Pero él les estaba ofreciendo una mejor alternativa que ceder inevitablemente a los no-muertos y servirles a ellos o alimentar un mecanismo genocida como lo era el Imperio. Solo que no lo sabían. Pobres diablos, cegados de los verdaderos horrores que él había visto en el planeta... ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Al otro día había sido un amanecer nefasto en la granja. Un olor a quemado llenaba el ambiente. No había dejado nada para los renegados. No había dejado nada para los bandidos. No había dejado nada para el Imperio. Se pasó una mano por la cara marcada de ojeras, al borde de uno de los tejados y observando las cosechas y los cuerpos quemados a varios metros de distancia. ¿Qué había hecho? Había actuado como un auténtico crío. Se había enfadado con el mundo, le había pasado todas las culpas... Y había atacado. Ya en frío y capaz de pensar solo podía observar con impotencia la única gota que faltaba para derramar el vaso que era su cordura. Elegost lo había dejado claro muchas veces, se lo había tratado de enseñar... No con palabras, si no con acciones. No culpar los errores a otros, asumirlos, responsabilizarse. ¿Acaso había aprendido algo?... Claro que no. La prueba estaba delante. Sus manos, su espada manchada de sangre... En un momento de lucidez pudo reconocer que había acabado de enloquecer. Ya no tenía un propósito en la vida, pero sabía que si se quedaba... Tras ver lo que él mismo había hecho en un ataque de completa locura y desacato mental... Si se quedaba solo podía hacer más daño. Podía ocultar lo que había hecho... Mentir. Volver. Ver al resto. Continuar su vida... Nadie se enteraría. Solo habían sido unos granjeros fronterizos. Podría estar con Elegost... Vivir más aventuras con él, odiar a Alayratiel por las espaldas, revolver el cabello de Audrey y explicarle por qué lo que sentía no era amor de verdad, o explicarle que había escogido la persona equivocada. Burlarse del Tudesco... Ver al cartero aquel del cual ya había olvidado el nombre. Volver a Elwynn. Ver a Lylia más crecida, enseñarle magia como le había dicho en broma a Elegost una vez... Incluso ver al mocoso de Fergus y burlarse de que seguramente le tuviesen fregando los suelos de la capilla. Ver a Nahlia y Amelia, espiarlas con Visión Lejana Arcana desde la muralla... O simplemente patrullar la villa y atender las quejas de Brog. Cualquier cosa. Podría simplemente volver y nadie lo sabría. Bueno, alguien lo sabría. Él. Su consciencia pesaba ya tanto, sin dudas más que la del resto. Y aquello... Esa noche, no tenía ni idea de qué había hecho en esa noche, enajenado de la realidad y asesinando gente por un capricho de venganza personal contra el mundo entero, por el simple hecho de no asumir... Que había matado un montón de gente por nada. El problema era él. Era un peso con el que estaba cansado de cargar, y cada vez que su cansancio llegaba al tope las peores cosas ocurrían. Esta ocasión había sido la peor, probablemente empeorado por el mes entero de soledad. Solo le quedaba una cosa por hacer. Solo le quedaba acabar su búsqueda. Bajó del tejado y entró a una de las casas. Tomó papel, pluma y tinta. Los antiguos habitantes ya no iban a necesitarla, de todos modos. Ya no habían habitantes. Se acercó a una mesa y comenzó a escribir. Tres veces tuvo que levantarse a buscar papel nuevo, tras arrugar con frustración varias notas que no le convencían. Finalmente arrancando una hoja en blanco de un pequeño libro que el niño rubio usaba como diario pudo acabar la nota. En cuanto al diario... Lo había leído, quizás simplemente como martirio. Era un chico corriente. Pensando en cosas de chico corriente. No "sufría" en lo absoluto a pesar de las circunstancias, o el lugar... O la guerra. Entendió que había tanto que se podía aprender de los niños... Pero no él. Para él ya había pasado el momento de aprender. Había fallado rotundamente, primero en aprender de su familia, luego en aprender de Elegost y, finalmente, en aprender de la vida. Era la encarnación de un fracaso viviente. Acabada la nota salió fuera y comenzó a recorrer el camino de tierra de vuelta hasta llegar al camino principal. Tenía ojeras, no había dormido. Habría tenido pesadillas. De nuevo esperó a un nuevo comerciante. Le rugían las tripas. No había comido nada. Su aspecto era lamentable. Finalmente un mercader pasó. A este le ofreció todo el dinero que puedo recoger de entre las casas de los granjeros, y le contó la misma mentira que al comerciante del día anterior. Pero esta vez era por una nota que de verdad merecía la pena llegar a Elegost, no... Aquello que había escrito en su ida mental. Se le revolvía el estómago solo de pensar en que Elegost tendría que leer un trozo de tela escrito con sangre de conejo, y aún más de pensar en aquello que decía. Pero aquella sería la última vez que haría daño a alguien por no saber asumir sus propios problemas. Le pidió al comerciante que le llevase hasta cerca de Costasur, ya que le quedaba de paso. Y así lo hizo. Ya cerca de la ciudad solo tuvo que caminar hasta su entrada. Cruzarla. Incluso saludó a un par de milicianos. Pero, si aún quedaba alguien allí que le conociese, sabía que algo no iba bien. De camino al cuartelillo de Costasur se detuvo en el cementerio. Se acercó a la tumba de Lilián y allí dejó un único lirio blanco con un trozo de papel que decía escuetamente "Perdón por no encontrar a tu hijo. El otro vivirá mejor, Elegost se asegurará de ello". Finalmente llegó frente al cuartelillo. Allí solicitó hablar con el sargento, quien esperaba un reporte tras su expedición con Loras. Pero, cuando lo tuvo frente a frente en el corazón del cuartel, no le dio un informe de le expedición. Le dio un informe de sus crímenes y faltas en cada ocasión que había estado portando el tabardo y cuando no. Enunció cada muerte, cada asesinato, cada crímen, cada robo, cada abuso de poder, cada amenaza, cada falsa persecución de brujería que realizó, cada mentira y cada acto cuestionable, que comenzaban desde la misma fundación de Falveri. Enumeró el robo de herramientas a granjeros y mineros, mentir sobre ser un noble a un guardia, los asesinatos de leñadores en el bosque, el robo de un hombre en la barriada al que posteriormente mataron... Por un trozo de lona. Cada crimen hasta el presente, acabando por enunciar que había acabado con la vida de dos hombres, dos mujeres y un niño. El sargento escuchó solemnemente y en silencio durante casi media hora, quizás una entera en donde Santiago enunció cada atrocidad por menor que fuese que había cometido. No hubo piedad. Como debió haber sido desde hacía mucho tiempo. El sargento ordenó la detención de Santiago, quien no ofreció resistencia. Fue arrastrado hasta los calabozos y allí fue arrojado. Pasaron varios días, mientras el sargento avisaba de la declaración a los altos mandos en Stromgarde. La respuesta fue que Santiago fuese trasladado allí para un juicio militar. Una semana más tarde estaba siendo trasladado a Stromgarde, engrilletado y en un carromato lleno de rejas de metal, cubierta la jaula con un enorme manto para ocultar aquella vergüenza para el Ejército Imperial. Le recordaba incluso a cuando se habían llevado a Érika. Ahora le resultaba casi irónico y doloroso pensar en ello. Quizás el único motivo por el que entregar a esa bruja le había marcado tanto era el hecho de que siempre había sabido que él no era mejor. El juicio en Stromgarde fue como debía ir. El cabo no negó nada. Fue todo rápido y conciso. Le volvieron a encerrar y se le avisó de que su ejecución sería en tres días. La lista de crímenes que le enumeró el letrado era más detallada de lo que él lo había explicado, pero ciertamente conocía cada palabra. Crímenes contra la corona, crímenes contra el Imperio, crímenes contra la ciudadanía, abuso de poder, asesinatos no autorizados como militar, asesinatos como civil, robo como militar, robo como civil... Y la lista seguía. Cuando al tercer día salió la primera luz del sol, estaba preparado. No sabía qué habría ocurrido mientras estaba encerrado. Si Elegost habría recibido sus notas, si le habría buscado... Si se habría anunciado su ejecución a alguien o si en cambio sería silencioso. No sabía nada. Estaba cansado y los ojos rojos de llorar. Ni siquiera tenía las fuerzas para alzar la mirada y ver si alguien estaba mirando. Le rodearon el cuello lentamente con una cuerda. Era hora de ajustar cuentas --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- El viento sopló sobre las calles de Stromgarde, moviendo algunas hojas. Había nevado hacía pocos días debido a los cambios inexplicables en el clima de la región, los cuales nadie había logrado solucionar. Pero ahora hacía una calidez digna de la primavera, con el sol bañando las calles y una suave brisa, mientras la poca nieve era derretida por el sol. Los pájaros cantaban y las flores florecían. Se oía un grupo de niños corriendo por las calles de la ciudad, entre gritos y juegos dignos de la edad e ignorantes del mundo que les rodeaba. En un rincón olvidado del cementerio de la ciudad se había enterrado al cabo, pues transportarlo a Ventormenta no era una posibilidad. Se habían recitado unas pocas palabras a un par de personas que se habían juntado allí, quizás viejos soldados conocidos que había hecho en su tiempo en Stromgarde, y un sacerdote al que había salvado un día, quizás incluso alguien más en un rincón del cementerio observando desde lejos. En cualquier caso no era muchos, y todo había pasado sin pena ni gloria. No era el peor criminal que el Imperio había enterrado, pero estaba lejos de ser el más piadoso al que habían ejecutado. Muy lejos. Quizás ahora, habiendo hecho las paces con su naturaleza y sus crímenes, tuviera la más mínima, minúscula, ínfima posibilidad de encontrar algún descanso en el más allá, pero se había ido creyéndolo poco probable. La única cosa que había lamentado era no poder despedirse de la persona que más la importaba en persona, pero si había recibido la nota... Quizás sabría donde encontrarle ahora. La historia de Santiago de Sveri había tocado a su fin // Esto es totalmente auténtico. En un año entraré a facultad y podré estar mucho menos tiempo, lo cual significa que no iba a poder rolear ni aunque quisiera. Además llevo ya muchos meses sin ganas de rolear, como muchos sabrán porque básicamente se los he dicho sin miramientos. Y dudo que los vuelva a tener, porque sencillamente la etapa del rol ha llegado a su fin para mí. He tenido todas las buenas aventuras que he podido tener, pero para mí es el final del camino, y como tal no me gusta dejar personajes a los que he dedicado años en forjar sin una conclusión. Esta es la conclusión de la historia de Santiago, que se alejaba mucho de una conclusión feliz por el sencillo desarrollo del personaje. Me iré con los buenos recuerdos. Lo cual viene siendo esas noches de sexrol salvaje con Elegost y alguno más que se sumaba a la orgía. Nos vemos rol. Mangachito/Mangas/Tiagus/Santiago o como sea que me hayan conocido: out.
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