Murdoch

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  1. [Taberna] El Chichi de la Puerca

    (Esta es la lista aproximada de lo que habría en el Chichi ahora mismo; sin perjuicio de que por los roles la oferta pueda ampliarse o modificarse). [...] HABITACIONES *** Alcoba de huésped. (12 por noche, 70 por semana) El Chichi cuenta con un puñado de cuartuchos fríos y pequeños diseminados a lo largo del pasillo. Lo mejor que puede decirse de ellos es que tienen solo una o dos camas, y procuran una intimidad que es desconocida en la mayoría de fondas del arrabal. Las comodidades son las justas, desde luego. Paredes y techos carcomidos por la humedad, muebles viejos, alguna gotera, mantas raídas y bastante suciedad. No es un palacio, y cualquiera que espere algo así ya debería intuir su decepción al comprobar los precios. Banco en el salón común. (5 por noche) Por un puñado de monedas, el mesonero te puede sacar una manta y dejarte dormir en algún banco, o en el propio suelo una vez que se han cerrado las puertas. Tal vez estés huyendo del rodillo de tu parienta, o simplemente no tengas dónde caerte muerto. Tranquilo, todos podemos pasar por una mala racha. Por supuesto no será la noche más memorable, ni cálida, ni cómoda, pero es mejor que pasarla al raso. Eso sí, a primera hora, te echarán fuera. BEBIDA *** Agua del pozo. (1 por jarra simple, 4 por jarra hervida con hojaplata o flor de paz) La elección predilecta de virtuosos y ascetas, aunque ni el propio Caleb la recomienda. Por el arrabal el agua suele correr turbia, y los días reposando en los toneles del Chichi no ayudan a mejorarla. Quizá nadie haya muerto aún por beberla pero podrías acabar con una buena indigestión. Mejor hervirla antes, por si las moscas. Algún tontaina ya ha pagado algo más por un poquito de agua hervida con hierbajos resecos de los que la oronda esposa de Caleb guarda en la despensa, de manera que si te gusta pagar el triple por un poco de agua manchada, estás de enhorabuena. Sidra de manzana. (3 por jarra) En el Chichi no se sirven zumos. Lo más parecido por su escasa graduación son las sidras en las que el mesonero convierte las manzanas que están a punto de echarse a perder completamente. Tienen un sabor dulzón e intenso, y beber de más podría tenerte pegado a la letrina durante un par de días. Cerveza. (3 por pinta, 2 por media-pinta) La piedra angular de todo el bebercio en el tugurio. Se trata de una rubia algo ligera porque ha sido rebajada con agua. Aunque pocos replican a esto, tal vez por lo barata que resuelta. No será la mejor que sirvan en la villa, ni siquiera a este lado de las murallas, pero se deja tragar con cierta amabilidad. Y eso a Caleb le parece un éxito del que sentirse orgulloso. Vino. (3 por jarra) Un caldo peleón que se deja beber. No suele estar picado, y eso ya es mucho decir en esos lares. Se sirve directamente desde la barrica y no en botella. Es después de la cerveza una de las elecciones más frecuentes. Cuando aprieta el frío muchos lo piden caliente y especiado, tal vez para disimular un poco más el sabor. Destilados. (unos 3 por vaso, y 12 por botella) Whisky, ron, bourbon, aguardiente o incluso vodka enano. Del Siete Rosas de Poniente al Meado de Trogg, la variedad está lejos de ser impresionante, pero al menos existe. Varias hileras de botellas cogen polvo en el estante detrás de la barra; la calidad de todas ellas deja bastante que desear (son poco más que matarratas) así que sus precios rondan una misma horquilla. Se sirven solo en vasitos metálicos, rellenados hasta la altura de tres o cuatro dedos huesudos, o por botella entera. Una jarra equivaldría a un par de vasos. COMIDA *** Estofado de la casa. (1 por cuenco) La especialidad del Chichi. Cada día el mesonero y su esposa se afanan por preparar una olla de este peculiar guiso parduzco. A veces es más espeso y otras más acuoso, ¡qué incertidumbre! Suele contener algún tropezón menudito flotando para darle algo de gracia. La receta ancestral es un misterio, de lo que no cabe duda es de que se trata de un puchero con mucho cuerpo. Huele fuerte, no muy bien, y no es precisamente una delicia para el paladar, aunque más de uno (incluido el propio Caleb) se lo zampa cada noche sin mucho reparo, de tal suerte que podríamos aseverar que en general no es venenoso. Algunas malas lenguas dicen que puede dar cagalera a los estómagos más finos, pero eso son solo burdos rumores. ¿No, Hadrian? Queso, pan y embutido. (5 por platillo) Para paladares más exigentes y bolsillos algo más llenos, en las despensas del Chichi quedan algunas piezas de queso, cecina, chorizo y demás encurtidos que han logrado salvarse de las ratas y la podredumbre, acompañada por un buen mendrugo de pan duro. Manzanas. (1 por pieza) Detrás de la barra siempre hay un cesto repleto de manzanas. La mayoría algo resecas y maduras; otras sencillamente agusanadas. Nada que un buen lavado no pueda solucionar. OTROS SERVICIOS *** Cuba de agua. (12 por uso) Con un pellizco de jabón. Esta bañera de madera es lo suficientemente grande para permitir que un adulto encogido quepa en ella. Por algunas monedas podrás quitarte toda esa roña que tienes pegada. O incluso frotar esa camisola amarillenta que algún día fue blanca. La tinaja está en la cocina, en la antesala del sótano, pero se te procurará cierta intimidad para que chapotees agusto. Por algunos cobres más el desgraciado mesonero podría hacer que alguien te la llevara a tu misma alcoba (por otros más, incluso que te echen una mano con el baño, todo puede hablarse), para que disfrutes de un placer de reyes tan poco comprendido en estos tiempos. Letrina. (2 por uso) Todos los huéspedes tienen derecho a usar la letrina que hay construida fuera del barracón sin soltar ni un cobre. Los demás podrán evitarse por tan solo un par de moneduchas el jaleo de tener que evacuar las entrañas en medio de la calle, y limpiar con la mano las secuelas de tal hazaña. Por consideración a las buenas gentes de la vecindad, ráscate el bolsillo y usa la letrina.
  2. [Taberna] El Chichi de la Puerca

    ÍNDICE Comida, bebida y servicios. Personal, y otras gentes. Sótano. [...] El Chichi es una posada de mala estampa como tantas otras que abundan en las callejuelas sórdidas y fangosas del arrabal de Villadorada. Desde fuera puede parecer poco más que un largo barracón de madera erigido en mitad del Callejón del Tordo, al que el tiempo ha maltratado hasta hacer lucir su estructura algo desvencijada y añeja. Sobre el umbral de la entrada un viejo rótulo aún permite adivinar el nombre gravado sobre la roña. Y clavada a la puerta, para que cualquiera que ose adentrarse lo tenga presente, cuelga una adusta tablilla que enmarca las leyes de la casa: “A todos los hombres y mujeres de bien, sed bienvenidos a esta honrada fonda. Afuera quedan las riñas y los lances. Los sabuesos pueden entrar, la chusma no. No se sirve a traidores: los hijos de Alterac y de Gilneas no tienen lugar aquí.” Al otro lado el viajero hallará un salón amplio y lóbrego, con algunas mesas y sillas esparcidas por toda la estancia, y un angosto pasillo flanqueado por varias alcobas para los huéspedes. Quizá algún ingenuo lo haya descrito antes como un rincón pintoresco y hogareño, pero la cruda realidad es que se trata de un tugurio con todas las letras: la humedad carcome techos y paredes, el polvo se amontona en los estantes, y la limpieza brilla por su ausencia. Hace frío, aunque las brasas arden en la chimenea durante casi todo el año para caldear el ambiente, y por ahí cuelga la jaula que confina tras sus barrotes a un desagradable pajarraco desnutrido y feo, que aletea y grazna ajeno a la miseria que lo rodea. Tan entrañable lugar solían frecuentarlo parroquianos locales ávidos de enterrar el morro entre el indulgente seno de la bebida, o de matar una noche más jugando a los naipes y los dados después de curtirse el lomo trabajando arduamente toda la jornada. De cuando en cuando, algún incauto trotamundos se afincaba de paso en sus habitaciones por la única causa de ser más pobre que una rata, antes de proseguir el camino hacia tierras más gentiles. Pero las últimas semanas han caído como un jarro de agua fría sobre el negocio; rumores de peleas y problemas han ahuyentado a parte de la clientela y ahora tan solo un menguado grupo de harapientos se deja caer por allí tras el ocaso: el resto del día suele estar miserablemente vacío, con la honrosa excepción de quienes se hospedan en aquellos lares. Resumen de situación actual. El establecimiento conocido como El Chichi de la Puerca es propiedad de su dueño y mesonero: Caleb (ST – masteado por @Murdoch, pero que cualquiera podéis interpretar para cosas rutinarias sin problema). Después de vuestros arriesgados tejemanejes James Hoat se ha convertido en el administrador de facto con la bendición de Jake Bedlam. El contenido del acuerdo negociado con el prestamista no solo le da derecho a recuperar íntegramente la deuda de Caleb con intereses, que asciende a 70 monedas de plata, sino también a 1/3 de las ganancias recaudadas por cualquier actividad, legal o ilegal, ejercida en el local a perpetuidad, sin participar en modo alguno en las pérdidas. En su magnanimidad, Bedlam ha acordado hacerse cargo de la seguridad de la posada (que él mismo había perturbado) y para ello os ha enviado a dos niñatos armados que se pasan el día jugando a los dados y malgastando el tiempo: Will y Brutt. A la práctica se han dedicado a espiaros sin rubor, y a hacer correr a los suyos toda la información. La hija del mesonero, Elizabeth, continúa raptada y en paradero desconocido. Tenéis un mes para demostrarle a Jake Bedlam que podéis hacer del Chichi algo más rentable que el inútil de Caleb. Aún no se ha celebrado ninguna pelea en el sótano. Notas offrol. Venimos de aquí (enlace): Problemas en el Paraíso. E iba siendo hora de darle a esto cierta apariencia por el foro. Se trata de un foco de rol abierto, para todos los personajes que alguna vez os dejéis caer en el arrabal de Villadorada. En este momento la trama “principal” relacionada con el negocio y su dueño sigue su curso, y otras líneas o tramas menores pueden desplegarse. Por supuesto, puede albergar toda clase de rol casual, o servir de escenario para escenas, reuniones, o sucesos en las tramas y eventos de otros personajes aunque estas no estén relacionadas con el desarrollo del negocio. Sentíos libres de hacer, y de preguntar. Durante los próximos días la información que se recoge en este hilo se irá ampliando, hasta intentar que quede plasmado algo medio decente. Así se queda esto, ¡un saludo peña!
  3. Problemas en el Paraíso.

    CAPÍTULO IV. Otra vuelta de tuerca. Varno deslizó el dedo por la superficie agrietada de uno de los toneles, arrastrando la gruesa capa de polvo y pelusa que había tenido ocasión de macerar allí durante al menos una década. Luego tosió una pizca. Las palabras de Caleb no se quedaban cortas, el sótano del Chichi era un agujero purulento, sembrado de trastes viejos, polvo y basura, donde las motas flotaban a trasluz a la vera del menguado candil, y la humedad había corroido el ambiente hasta el mismo tuétano: el aroma denso de la tierra húmeda se pegaba a la nariz, y varios charcos de agua turbia habían anegado ya el suelo pobremente adoquinado. Aunque desde luego lo peor eran las ratas. <<Gordas y tiernas>>, había dicho el hosco mesonero, y Varno no pudo sino reprimir una arcada al recordar sus palabras ahí abajo cuando una sombra peluda serpenteó entre los cajones a su zurda. Para los escasos iniciados en los secretos más herméticos del tugurio ya era cosa conocida el que esas groseras alimañas solían constituir la piedra angular del puchero acuoso y parduzco que tenía el honor de ser presentado como estofado de la casa. La mujer de Caleb se afanaba cada tarde en despellejar y trocear a las presas que su marido había cazado en su propio sótano hasta dejar pedazos de carne tan menudos que bien pudieran pasar por pollo, conejo o cerdo, si eran advertidos flotando entre el caldo. Resopló, mirándose alrededor. Ese asunto debía ser resuelto antes de que se corriera la voz, y nadie quisiera probar bocado. Al igual que debían despejar la bodega de tan molesta plaga si de veras pretendían organizar allí esos combates. Las escaleras crujieron bajo el peso de bota ajena, y pronto el ceño estoico de Caleb emergió de entre las tinieblas para caer al abrazo de la trémula luz del farolillo; aquello le confería un aspecto aún más desagradable, casi tétrico. —Tienes razón. —pronunció Varno, mirando al posadero—. No creo que traer un gato baste para resolver lo de aquí abajo. A lo mejor hasta se lo comen ellas, o yo que sé. Va a hacer falta algo más de ayuda. —Las hijas de puta se han puesto moradas a costa de mi comida, por eso están tan gordas. Me han dejado la despensa vacía. —Ya…~ —volvió a musitar el joven, mientras asentía tres o cuatro veces para sí, quizá tratando de hacerse a la idea de una situación que aún le era extraña—. Lidiaremos con esto. Y saldremos adelante. —trazó algo parecido a una sonrisa, con cierta expresión de tristeza en la mirada, que apenas lograba adivinarse entre la penumbra—. Solo espero que no me destrocen la cara por el camino. Es lo único que han hecho bien mis queridos padres. *** Resumen. —Cada uno en su medida, habéis empezado a tratar de que las arcas del Chichi arrojen beneficios para Jake Bedlam este mes. Nora se ha pasado las noches haciendo cuentas, y se ha adjudicado la organización de la primera pelea, consiguiendo a uno de los contendientes. Hoat y Varno han comenzado a negociar el suministro de ron con un nuevo proveedor, y han conseguido algunas manos más para ayudar en la taberna de cuando en cuando. —Brandon "el Largo" apareció por allí en compañía de dos muchachos de aspecto arrabalario: Will y Brutt, bastante canijos y rondando las quince o dieciséis primaveras. Se han acomodado en una de las habitaciones y desde hace días se pasean por el tugurio con la orden de mantener la paz, aunque cualquiera diría que se han dedicado a poco más que a dormir, beber o matar el tiempo jugando a los dados y los naipes. Tal vez podáis sacarles alguna otra utilidad. O no. Lo que sabéis de buena tinta es que os han espiado miserablemente, y Bedlam está al corriente de todos los entresijos y affaires que encierra la taberna. —La tercera reunión de Nora con Jake Bedlam ha sido un desastre con todas las letras. El prestamista ha adulterado el plan que la mujer fue a proponer hasta tornarlo una humillación para vosotros, particularmente para Varno. Nathaniel, el luchador de Nora, pasará a estar apadrinado por el prestamista, mientras que ha de ser Varno (saldando así la cuenta pendiente que tenía con uno de los muchachos de Bedlam después de darle una buena tunda en la pelea que inició todo) el que se enfrente a él bajo severas amenazas para que todo salga tal y como Jake desea. —Habéis decidido darle la vuelta a la tortilla y apuñalar por la espalda a vuestro bien amado socio. Para la conjura acordasteis una reunión secreta fuera del Chichi. Es un plan muy delicado, y peligroso; cualquier error lo echará a perder. Consecuencias. —Tenéis compañía: Will y Brutt se pasean por el Chichi como si lo hicieran por su propia casa. Quizá podáis dormir más tranquilos sabiendo que hay otro par de almas custodiando el lugar, pero desde luego sabéis que vuestra intimidad ya no está a salvo. —Caleb ha comenzado a trabajar en el problema de las goteras, espoleado por Nora. Pero la solución irá para largo. El estofado de la casa seguirá horneándose con la receta ancestral hasta que podáis permitiros probar algo nuevo. —Habéis comenzado a negociar con Kenway el suministro de su ron más corrientucho y barato, y quizá el acuerdo pueda llegar a buen puerto. —Aurora ha solicitado un puesto como ayudante de Caleb en la barra, y lo ha aceptado a cambio tan solo de algo de rancho. La habrán puesto a fregar vomitadas secas y servir jarras las noches en que ronde por el tugurio. Sin duda con trabajadores así se levantará el Imperio en un santiamén, pero es difícil evitar pensar que alguien te está timando. —Hadrian ha aceptado hacerse cargo de la plaga de ratas del sótano a cambio de tener un techo en el que caerse muerto durante algunos días. No es el destino más honroso para un hombre de armas del Norte, pero la vida es así de dura. —Hoat ha traído a un pajarraco horrendo y medio moribundo, y lo ha bautizado como Piticli. Ahora su jaula adorna el estante de la chimenea, desde donde grazna en de cuando en cuando y repite alguna palabra que oye. Pasará a ser una cara conocida más de todos los parroquianos, por más que de pena y dolor quedarse mirándolo un rato. Duración: Unas 12 o 13 horas, en sesiones sueltas.Máster: Varno — @Murdoch Personajes participados y habilidades usadas: @Murdoch como Varno: Callejeo / Comercio / Música [laúd/canto] / Pistola de chispa [instrucción] / Espada ligera [instrucción] @Beretta como Alondra: Callejeo @Akross como Doyran: Callejeo / Combate sin armas @Webley como Hadrian: Callejeo / Combate sin armas @Kira como Nathaniel: Callejeo @Barbas como Kenway: Callejeo / Comercio @Nora Folch como Nora: Callejeo / Comercio / Pistola de chispa [instrucción] / Espada ligera [instrucción] / Cuchillo [instrucción] @ElCapitan como Hoat: Callejeo / Comercio @Titobryan como Aurora: Callejeo Notas offrol. Otro más. Añadido índice, y aviso offrol en la primera página. ¡Un saludo!
  4. Problemas en el Paraíso.

    CAPÍTULO III. Pactando con el diablo. —Es buen momento para que os retiréis a descansar, jefe. —musitó Brandon, mirando a un Jake casi desplomado en la silla—. Ha sido una noche larga, y una gran juerga, pero mañana querréis estar sereno. ¿Os escolto a casa? El prestamista se limitó a perfilar una sonrisa taimada, quizá ajeno a lo que su hombre de confianza le decía. Irguió el mentón, y dejó que la nuca se recostara contra el respaldo. Había fumado mucho, y bebido más aún. A sus pies entre el montón de cajas, toneles y trastes de toda guisa que cogían polvo en aquel almacén dejado de la mano de la Luz algunos de los suyos se habían desplomado ya, y yacían exhaustos por un suelo sembrado de cristalillos y manchas de whisky o vómito reseco. Había tres muchachas por ahí desplomadas, también, tal y como sus madres las habían traído al mundo, quizá mujeres de mala vida, pero ninguna era oronda. —Jefe, ¿me estáis escuchando? —volvió a insistir el larguirucho pelirrojo, con tono cortés. Entonces Jake trazó de nuevo una sonrisa maliciosa. El opio había esculpido una expresión de apatía e indolencia en su gesto. Tenía el torso desnudo, y la larga melena azabache cayéndole por los hombros. Sus ojos azules miraron a Brandon con aire vacuo y ausente, y luego pronunció muy despacito. —Escoge a dos de los muchachos y llévalos mañana a ese tugurio. —se humedeció los labios, resecados por el humo, tal vez tratando de recordar el sabor de la mujer que apenas un ratito antes acababa de besar—. Que les preparen una habitación. No va a moverse ni una hoja ahí dentro sin que yo lo sepa. —Desde luego, Jake. Esto me da mala espina. —convino el otro, repasando el destrozo de una noche de jolgorio en el viejo almacén—. Pero tengo que reconocer que esa Nora le ha echado valor para venir aquí sola una segunda vez. —forzó una sonrisa amable, mirando cómo Bedlam se aferraba a su silla para no desplomarse a un lado—. Por un momento creí que le rajaríais el cuello con el cuchillo, o le bajaríais las bragas. —Yo también. —se limitó a pronunciar el prestamista, con una sonrisa bobalicona y maliciosa danzándole en los labios. Sin aclarar a cuál de las cosas se refería. —¿Vais a contárselo a Don Zavros? —escupió al fin, en tono delicado. Como si esa fuera la pregunta que llevara un rato martilleándole las sienes. —No. —concluyó el otro con presteza, y volvió a dejar que la sonrisa le bailara entre los labios—. No quiero molestarlo con estas tonterías. Y además… esto va por mi cuenta. Brandon asintió, dos o tres veces. Y volvió a mirar a su jefe. Aquello no era más que un almacén destartalado en un arrabal lóbrego que en nada se parecía a un palacio, pero por un instante no pudo sino pensar en esos reyes de las historias antiguas. Jake Bedlam le devolvió la mirada, desde su trono de madera roñosa, y luego dejó que sus ojos se perdieran en silencio por la pequeña corte de huérfanos, putas e hijos de la miseria que le rendían pleitesía a los pies. *** Resumen. —Después de trazar un plan común, Nora y Hoat se han reunido con Jake Bedlam para llegar a un acuerdo. El prestamista quedó satisfecho ante la promesa de Hoat de poder pagar él toda la deuda del Chichi el mismo día siguiente, pero no fue tan necio como para caer en el ardid de ir personalmente a examinar el cobertizo que Hoat le ofreció en el bosque para guardar su mercancía. Siendo así, Nora regresó algunas horas más tarde, bien entrada la madrugada, en calidad de asistenta de Hoat para renegociar el acuerdo. Ha salido más o menos bien, pero habrás pasado uno de los peores ratos de tu vida. Consecuencias. —Os habéis asociado con vuestro adversario, y no podéis olvidar el contenido del acuerdo: Bedlam quiere recuperar setenta monedas de plata (las sesenta de la deuda de Caleb, mas otras diez de intereses por incumplir la primera promesa de pago), y recibirá a perpetuidad un tercio de las ganancias del Chichi sin asumir ni un cobre por los gastos. Ha consentido en que montéis el negocio de las peleas en el sótano, pero os ha dado un mes para demostrar que podéis hacer del tugurio algo rentable. —Hoat le ha prometido a Bedlam el uso de un pequeño cobertizo en el bosque, y sorteado así la inicial intención del prestamista de guardar su mercancía de contrabando en el sótano del Chichi. Brandon "el Largo", su hombre de mayor confianza, irá con Hoat a examinarlo. —En un acto de generosidad, Jake os ha prometido también enviar a dos de los suyos para mantener las cosas calmadas en el Chichi, y proteger el negocio. O sea, básicamente a espiaros. —Hoat pasa a ser el administrador del Chichi de la Puerca con la venia de Jake Bedlam. Aunque técnicamente Caleb aún conserve la propiedad de su negocio, aquejado de una cuantiosa deuda. Nora sería, según le ha dicho al prestamista, su asistenta. Duración: 8 horas.Máster: Varno — @Murdoch Personajes participados y habilidades usadas: @Murdoch como Varno: Callejeo @Beretta como Alondra: Callejeo @Akross como Doyran: Callejeo @Nora Folch como Nora: Callejeo / Comercio / Advertir @ElCapitan como Hoat: Callejeo / Comercio / Advertir Notas offrol. Ahí vamos con otro capitulo pendiente. Queda colgado aquí también. ¡Un saludo!
  5. Problemas en el Paraíso.

    CAPÍTULO II. El rapto de la doncella. Despuntaba el alba, y afuera llovía. Las gotas zarandeadas por el viento frío golpeaban incesantemente los ventanucos de la posada, reventando contra sus sucios cristales. Llevaba toda la semana haciéndolo sin apenas tregua, y Varno había dejado de molestarse ya en limpiar el fango que cubría sus botas. El arrabal más merecía el nombre de lodazal en aquellos días, sembrado de escoria, porquería y despojos. Pero aquel tiempo de perros no le desagradaba del todo. <<Es casi como volver a estar en casa>>, pensó, mientras escudriñaba las callejuelas desde la ventana. Sus pensamientos fueron a divagar durante algún tiempo, tanto que para cuando el quejido chirriante de la puerta amartilló sus tímpanos hubiera jurado que llevaba un buen rato dormido de pie, apoyado contra el cristal. Caleb irrumpió en su propio mesón, calado hasta los huesos y jadeando como un sabueso después de una larga cacería. Traía un ojo morado, y la larga melena hirsuta apelmazada contra la cabeza, revelando con mayor saña que de costumbre la pronunciada calvicie que lo atenazaba. —Ya estás de vuelta. —musitó Varno, quizá saliendo del sopor, y recalcando lo obvio. —Así es genio. —replicó el otro, con su habitual desdén—. ¿Qué cojones haces ahí? Nunca te había visto levantarte tan temprano. —No me he acostado. Te estaba esperando. —Varno lo miró, de pies a cabeza. Una segunda vez, y paseó la vista por todo el Chichi, que estaba completamente vacío—. Te han pegado. —terminó sentenciando de nuevo el capitán obvio. —Me puse algo idiota. —se limitó a responder el vejestorio, lacónico. —Ya…~ —suspiró, asintiendo una pizca dos o tres veces—. Alondra ha oído que tienen a alguien de tu familia. ¿Vas a contarme qué ha pasado de una vez? Caleb soltó un bufido, y palideció como un muerto por un instante. Negando para sí. Se hizo un breve pero incómodo silencio en la desolada taberna, antes de que el viejo volviera a abrir la boca con voz más rota que de costumbre. —Se han llevado a mi niña. —pronunció, y Varno pudo paladear un dolor sincero en sus palabras—. A mi hermosa y lozana Elizabeth. Qué hijos de puta. Varno frunció el ceño, y tragó saliva, afilando la mirada. Tardó un ratito en poder deshacer el tenso silencio que volvió a adueñarse luego de la conversación. —¿Por qué? ¿Quiénes son estos tipejos y qué tienen contra tí? —La puta escoria faldera de Bedlam.—bufó, de nuevo, e hizo un gesto para abarcar con su mano todo el tugurio—. Cuando levanté esto tuve que pedirle dinero a su padre. Él era un buen hombre. No un idiota, pero desde luego tampoco un sádico. Supongo que por eso está muerto. Este barrio destroza a las personas decentes. —había un deje de rabia en su tono, algo como un lamento sordo que se adivinaba en sus palabras. —¿Era un prestamista? —Sí. Y ahora lo es su hijo mayor. Después de los destrozos que nos causaron los hombres-perro en el asedio tuve que volver a pedir algo de dinero. —resopló—. Creía que era un pipiolo, y que recordaría que su padre y yo éramos amigos. Pero las cosas han empezado a irle demasiado bien, y se ha convertido en un auténtico soplapollas. —Tal vez haya hecho amigos. Por aquí nadie medra sin un buen padrino, ¿no? —inquirió Varno, con la curiosidad y la ignorancia de quien no lleva más de unos meses en tan sórdido agujero. —De eso no me cabe duda, rapaz. Hace medio año era un imbécil al frente de un negocio arruinado, y ahora tiene ese almacén lleno de trastes, y a una docena de putos criajos armados para servirlo mientras juegan a ser mayores. Qué puta fortuna tengo. Tienen a mi Elizabeth, y no van devolvérmela hasta que no les de lo suyo. —Ya…~ —Varno asintió, apenado, y se mordisqueó los labios—. ¿Y cuánto debes? —Sesenta plateadas. —musitó el viejo, tras un breve silencio remolón. Hundiendo la mirada en alguna mancha de sangre seca del duelo. —¡¿Sesenta?! —Varno alzó la voz, y abrió mucho los ojos. Pero no quedaba ya nadie despierto para escucharlos—. ¡¿Y en qué te las has gastado, Caleb, si esto está que se cae?! *** Resumen. —Brandon ‘el Largo’ y su hatajo de matones aparecieron una noche en el Chichi, después de la pelea, y se llevaron a Caleb escoltado al almacén de su jefe. Algún necio estuvo a punto de provocar una desgracia, pero la situación se relajó cuando el mesonero decidió ir por su propio pie sin oponer resistencia alguna. Alondra, Dickon y después Varno siguieron a la cohorte de harapientos hasta un humilde almacén del arrabal, no lejos de la taberna. La muchacha se acercó a poner la oreja por alguna rendijilla, y tras comprobar que no estaban destripando a nadie al otro lado, regresasteis. Consecuencias. —La barra del Chichi quedó desatendida, y más de uno pudo saquear a placer alguna botella antes de que Varno echara la llave de la posada. —Caleb ha vuelto con un moratón en el ojo, y hecho polvo. Ha terminado confesándoles a algunos el lío en que anda metido, tan desesperado como para (ahora sí) aceptar cualquier ayuda. —Conocéis la ubicación del almacén donde se llevaron al hosco mesonero, y el nombre del prestamista: Jake Bedlam. Duración: 4 horas.Máster: Varno — @Murdoch Personajes participados y habilidades usadas: @Murdoch como Varno: Sigilo / Rastrear / Advertir / Callejeo @Beretta como Alondra: Sigilo / Rastrear / Advertir / Callejeo @Akross como Doyran: Sigilo / Rastrear / Advertir / Callejeo @Blues como Jaelle: Callejeo @Blazerunner como Mathew: Sin armas / Rastrear / Advertir / Callejeo @Barbas como Kenway: Callejeo @Nora Folch como Nora: Callejeo @ElCapitan como Hoat: Callejeo / Rumores Notas offrol. No sé si se me pasará alguien de los que estabais en la taberna, porque fue ya hace un par de semanas. Si eso ya sabéis, me dais un toque y edito. Lo dejo posteado para poder colgar otro par de capítulos que quedan pendientes y en el horno. Sé que voy un poco tarde, pero la vida es así Edito para citaros a todos bien, ahora sí. ¡Un saludo!
  6. Problemas en el Paraíso.

    CAPÍTULO I. El Chichi de la Puerca. Las luces de la mañana comenzaban a asomar entre los sucios ventanucos; afuera aún llovía, y soplaba un viento gélido. Desde luego el invierno se había empeñado en pegar sus últimos coletazos, poco dispuesto a dejar paso a días más apacibles. Y aquel lugar era poco más que un viejo barracón destartalado que se alzaba en algún rincón del arrabal de Villadorada, un agujero sórdido con unas cuantas mesas, una chimenea y media docena de habitaciones angostas, donde los lugareños se dejaban caer por las noches para empinar el codo hasta perder el sentido o echar una buena partida de naipes. Varno repasó con la mirada la alfombra de cristales rotos que todavía cubría el suelo; las mesas y sillas volcadas ya estaban en pie, pero aún quedaban algunas manchas de sangre seca impregnadas en los tablones. Agarró una escoba de esparto y empezó a amontonar los cristalillos en silencio. No pudo evitar lanzar una mirada velada al mesonero: un tipejo hosco y mal encarado, con una sempiterna mueca de desagrado esculpida en el rostro —habría visto ya sus cincuenta inviernos y en la melena grasienta, azotada por una incipiente calvicie, ya brillaban las hebras plateadas de la edad—. Estaba mudo y de rodillas, a la vera de una tinaja de agua, frotando como si no hubiera mañana algún trazo reseco de sangre que pringaba su suelo. Así que Varno lo observó durante otro ratito, aún callado, mientras arrastraba porquería con la escoba, hasta que al fin se atrevió a carraspear para quebrar el incómodo silencio. —¿Llevas toda la noche limpiando? —inquirió. Pero el otro se limitó a alzar la mirada, apenas durante un instante, para posarla en Varno. Luego la entornó de nuevo y continúo frotando con saña. —Vamos, Caleb —insistió Varno, mirándolo—. Llevo tres meses aquí y apenas hemos hablado. ¿Tienes problemas con alguien? —Sí. —espetó seco, sin alzar la mirada de los tablones—. Con mi parienta, para empezar. Está más gorda que un tonel y medio barrio se la ha follado ya. Ella me inspiró para ponerle nombre a este sitio. Varno resopló, sin saber si sonreír o no a semejante chascarrillo. Y negó para sí. —Te estoy hablando en serio. ¿No sabes quién puede estar detrás de esto? —No. —volvió a espetar, levantando los ojos—. Pero te juro que cuando enganche a esos mocosos les voy a arrancar los cojoncillos a mordiscos. —Tal vez pueda echar una mano con eso. Y después volvemos a hablar del precio de la habitación. —¿Si? —pronunció con desinterés el vejestorio, de nuevo afanado en la limpieza del suelo—. ¿Y por qué no empiezas por dejar de preguntar tanto y te acercas aquí para ayudarme a frotar, chico? —Ya…~ —dijo Varno, dejando la escoba apoyada en la pared—. A lo mejor te ha venido bien. La última vez que limpiaste esto la Emperatriz todavía mamaba de la teta. *** Resumen. —Media docena de harapientos indeseables irrumpieron de madrugada en el Chichi para poner patas arriba el lugar. Os visteis sorprendidos en mitad de la refriega; y durante unos pocos minutos que parecieron eternos volaron jarras, sillas y botellas, volcaron algunas mesas, y partieron unas cuantas caras. En cuanto las tornas se pusieron en su contra y habiendo armado ya buen revuelo, maltrechos pusieron pies en polvorosa para perderse en las sórdidas callejuelas del arrabal, entre el frío y la lluvia. Consecuencias. —Algunos golpes y magulladuras fruto de la pelea. Sin duda la peor parte se la llevó Mathew, después de que una botella de bourbon que alguien arrojó le reventase en la cabeza. Por si fuera poco uno de los alborotadores le propinó una soberana hostia en la cara luego; de manera que se diría que casi eres afortunado de seguir entre los vivos. —Por el barrio bajo se habrá corrido la voz de la pelea en una de sus tantas tabernas. Ni tan siquiera hay muertos, así que es probable que nadie le preste demasiada atención al suceso más allá del mero chismorreo. Duración: 2 horas.Máster: Varno — @Murdoch Personajes participados y habilidades usadas: @Murdoch como Varno: Combate sin armas / Defensa / Reflejos / Callejeo @Beretta como Alondra: Daga / Defensa / Callejeo @Nora Folch como Nora: Defensa / Reflejos / Callejeo @Akrosscomo Doyran: Combate sin armas / Daga / Defensa / Callejeo @Blazerunnercomo Mathew: Combate sin armas / Defensa / Callejeo Fichas de adversarios. Notas offrol. Queda posteado el rol de anoche. Si alguien quiere tirar del hilo, aquí me tiene. Y por favor, absteneos de publicar en este post, para que vaya quedando limpio para lo que tenga que seguir. ¡Un saludo!
  7. Varno de Mardole

    Actualizado a 01/04.
  8. El abismo te devuelve la mirada.

    CAPÍTULO II. Amistades peligrosas. —Por las barbas de mi madre, chico. No se te puede dejar solo: estás hecho un desastre. Varno escudriñó el rostro de su viejo camarada de correrías, aún lívido. Lo cierto es que tenía una pinta tan deplorable como la última vez, quizá peor. Era un enano grandullón (o al menos lo era entre los suyos) y corpulento, tuerto y atenazado por los rigores de la vida en alta mar, con una larga barba enmarañada tan negra como una bala de cañón pegada al rostro duro. Estaba algo más delgado, y desde luego un poco más calvo; aunque ya se había acostumbrado a rematar su pronunciada corona de laurel con una trenza larga y grasienta que le descendía hasta la mitad de la espalda. —Estoy bien, Tarnn. De verdad.—replicó el joven, mordisqueándose los labios. Ambos estaban sentados al borde del par de camastros de la habitación de Varno, uno frente al otro. El joven se había acomodado en el catre raído y roto, tal vez por temor a que si fuera su socio quien aposentara las posaderas allí este acabara por romperse del todo, provocando la furia del infausto mesonero que una y mil veces lo había advertido de que esa cama no debía usarse. —¿Bien?—repitió el enano, oteándolo desde enfrente con la mirada cristalina de su único ojo—. Te he encontrado durmiendo con los puercos ahí fuera. Estás lleno de porquería, y hueles peor que mis calzones. —esbozó una sonrisa amplia, jocosa, que dejaba entrever la pareja de fundas de oro que relucían entre su dentadura—. Si esa es tu idea de que las cosas vayan bien… Era cierto. Varno tenía la ropa llena de barro y mierda de cerdo, y la boca aún le sabía a vómito. Se había desplomado en la porqueriza de madrugada, mientras regresaba a la posada. —Solo ha sido esta vez. Anoche un soldado me dio algo de fumar que…~ no me sentó muy bien. —pronunció las palabras despacito, avergonzado por las trazas tan poco dignas en las que había tenido la mala fortuna de ser hallado por el enano. —Ya. Un soldado…—repitió el otro con sorna, acostumbrado a pillar al joven en más de un embuste, de dos, y de tres—. Todavía me miras como si estuvieras viendo a un fantasma. —No es muy diferente a eso. Quería pensar que aún no te habían matado, pero imaginaba que seguirías en la Bahía, o en algún otro puerto desastroso de los Mares del Sur. Gastándote hasta el último cobre en aguardiente y fulanas. —lo miró un instante, y trazó una sonrisa leve, algo melancólica—. Ya sabes, como en los viejos tiempos. —Qué mas quisiera. Pero las cosas se pusieron feas. —tomo una bocanada de aire, corta. Y la dejó escaparse en un suspiro hondo y grave—. Tengo poco tiempo. Me ha llevado toda la mañana encontrarte y ya debería estar de vuelta. —¿De vuelta en dónde? —interrogó Varno. —Déjame hablar, mocoso. A eso he venido. Tengo un negocio que proponerte, y los dos podemos sacar tajada. —el enano irguió la espalda, sentado al borde de la cama. Mirando a Varno—. Llevo todo el invierno trabajando con unos tipos. Son tan pazguatos como tú, o más. ¿Recuerdas lo bien que se me da manejar el esquife? Pues al desgraciado que lo hacía con ellos antes no se le ocurrió otra cosa que morirse. Así que necesitaban reemplazarlo. Yo estaba en Ventormenta, y alguien les habló de mi en un lupanar del puerto. —¿Has vuelto al contrabando? —volvió a inquirir Varno, aunque el tono no se antojaba un reproche. —Sí. —alzó los hombros, y los dejo caer, con indolencia—. Pero escúchame rapaz. Me he cansado de ellos. No es que sean mala gente, pero creo que los voy a mandar a tomar por el culo. Y he pensado que como decís vosotros “para lo que me queda en el convento, me cago dentro”. —sonrió, volviendo a mostrar los dientes de oro—. Hará un par de semanas recogimos una mercancía que me hizo acordarme de ti. No es ninguna baratija, te lo aseguro. Y puedo decirte dónde está nuestra guarida, qué días saldremos a remontar el río… —Vas a pedirme que les de el palo por ti. —sentenció Varno, interrumpiéndolo, antes de trazar una sonrisa, a medio camino entre la resignación y la sorna. —No me mires así piltrafilla. Será sencillo, ya lo verás. Te diré todo lo que tienes que hacer. Luego hablamos de cómo nos repartimos el pastel. —le devolvió la mirada, clara, y torció algo el gesto—. Y además me lo debes. Después de todas las que me he comido yo por ti. [...] —Te lo juro jefe. Un petardo. Y luego empezó a salir humo. —repitió el mozo, delante de sus compinches. Hacía frío, aunque el sol ya brillaba en lo alto cuando la mesnada de contrabandistas se reunió a la vera del pantalán en un corrillo. No eran más de una quincena, la mayoría muchachos jóvenes y harapientos salidos de las aldeas cercanas. Y Tarnn, el enano, estaba entre ellos. Aquel era un lugar casi desolado. Un viejo puesto de aduanas, quizá, que en otro tiempo habría tenido un aspecto más solemne. El abandono y la guerra lo habían reducido a poco más que una ruina: un cobertizo roñoso, un pantalán que a duras penas se erguía sobre el río, y el par de cabañas desvencijadas que daban cobijo a tan desnortada banda de pillastres. Las aguas del río descendían con cierta premura bajo sus pies; iban a reencontrarse con el gran Nazferiti, que en su ancho y calmado caudal discurría hacia poniente. —Sois imbéciles. Os he dicho mil veces que quiero que estéis de guardia cuando salgamos a hacer negocios. —bramó el tipejo que parecía su cabecilla, un hombre alto y esmirriado, calvo y con una espesa barba taheña—. ¿Qué se han llevado? —Pues he estado toda la noche haciendo inventario. —se atrevió a decir alguno—. Está todo. Menos un baúl. Ese que nos dieron tus amigos de los páramos la otra semana; el verde. —¿El verde? —el jefe soltó un bufido—. No me jodas, hombre. Ese lo tenía apalabrado con una gente de la capital. —el hombre le pegó una patada a una piedra, con rabia, tal vez por no dársela a alguno de sus compinches en los morros—. Qué puta suerte. Me han robado en mi casa, y mientras la mitad de mis hombres estaban holgazaneando y jugando a las cartas. Os juro que os vais a enterar de lo que vale un peine. Alguna sonrisa ladina se dibujó entre la turba, tímida y avergonzada. La calvicie de su líder solía ser motivo de mofa habitual, pero solo a sus espaldas. —¡¿Qué cojones os hace gracia, gilipollas?! —rugió, casi fuera de sí—. Aquí algún hijoputa se ha ido de la lengua. Y cuando me entere de quién ha sido más le vale rezar lo que sepa. *** Resumen: —Habéis ayudado a Varno a dar el palo a la banda de contrabandistas. Llegasteis a su guarida poco después del crepúsculo, y aprovechando la oscuridad sorteasteis cada obstáculo, eludiendo la mirada de los cuatro tipejos que montaban guardia fuera. En más de una ocasión estuvisteis a punto de ser descubiertos, pero al final nadie os ha visto. Todo ha salido casi bien, y eso no está nada mal. Consecuencias: —Nadie os ha visto, pero habéis dejado claro que estuvisteis allí. El petardo-trampa de Doyran para cubrir la huida, y el cerrojo del almacén forzado por Alondra son pruebas palpables de la incursión. —Alondra se ha llevado una señora hostia al caer desde el tejado del almacén al suelo, entre el fango. Recompensas: —Baúl verde, algo roñoso y mas bien pequeño. Qué será, qué tendrá. Duración: 7 horas (4 de evento, y 2 o 3 de preparación). Máster: Varno — @Murdoch Personajes participados y habilidades usadas: @Murdoch como Varno: Sigilo / Escalar / Advertir / Ilusión básica / Buscar @Beretta como Alondra: Sigilo / Escalar / Advertir / Cerraduras / Buscar; y como Runa: Advertir @Nora Folch como Nora: Sigilo / Escalar / Advertir @Akrosscomo Doyran: Sigilo / Escalar / Advertir / Armas arrojadizas Notas offrol: La trama personal de Varno vuelve de entre los muertos. Ahora que tengo más tiempo que cuando la empecé voy a seguirla, y meterle caña. Así que aquí queda esto. Muchas gracias a los que estuvisteis en el rol de anoche, seguiremos haciendo. Y como siempre, por favor, evitad postear cualquier cosilla en este hilo, para que vaya quedando despejado para los capítulos que estén por venir.
  9. [Sondeo] La nueva identidad de Rol Errante

    Pues a mi Pluma y Espada (PyE) no me disgusta. Quizá la pega sea que no hace alusión ni al rol, ni a Warcraft, así que no sé hasta qué punto será atractivo de puertas para afuera. Pero vaya, tampoco se me ocurre nada que recoja alguno de esos conceptos y suene bien. En cualquier caso, me parece una buena opción. +1 al nombre de Curly, en resumen.
  10. Problemas en el Paraíso.

    ÍNDICE Capítulo I El Chichi de la Puerca. Capítulo II El rapto de la doncella. Capítulo III Pactando con el diablo. Capítulo IV Otra vuelta de tuerca. AVISO OFFROL Estos roles están abiertos a todo aquel que tenga una razón coherente para inmiscuirse en ellos. De hecho, mi idea era animar las cosas y mover el rol en el arrabal de Villadorada, visto que somos unos cuantos los que merodeamos por allí. Así que por supuesto, estaré encantado de sumaros y encajaros a todos los que queráis. Como siempre, esto va para largo, y va con calma. Hasta ahora he masteado yo mismo todos los roles, pero es probable que en el futuro algún otro tenga que animarse. Habrá también varias “líneas” y ramificaciones en la trama, más allá de los eventos principales. Quiero dejar claros aquí algunos avisos que son de rigor. Cada maestrillo tiene su librillo, y con el tiempo todos vamos perfilando nuestro estilo y preferencias a la hora de planear y narrar tramas o eventos. Supongo que también todos hemos coincidido con personas que narran de una manera por la que venderías tu alma al diablo por imitar, y del mismo modo hemos estado en roles que nos dejan bastante más indiferentes. Como decía, esto va de gustos y estilos, y sobre ello no hay nada escrito, mejor o peor. A mi personalmente no me entusiasma tomarme los roles como una sucesión de desplazamientos y combates cuyo final ya tenemos más o menos previsto de antemano para que nuestros personajes puedan sacar algún beneficio que queremos para ellos. Creo que la clave de esto está en sentir la libertad de elegir, las consecuencias de cada acto, y nutrirse de las aportaciones y las ideas de los demás personajes participantes. Así que en primer lugar tengo que advertir que el contenido de lo que se rolee en determinados momentos podría ser susceptible de clasificación PG-18 por fuerte, visceral o explícito. Y también de que existe riesgo de muerte y mutilación de los personajes. Que quede claro que nunca por un mal dado en un momento concreto, pero sí por las acciones y decisiones que los personajes tomen a lo largo de la trama. La gracia es hacer un esfuerzo por tratar de razonar y actuar conforme al sentido común que tendrían nuestros personajes, y no como personas que al fin y al cabo están jugando a un juego detrás de un monitor. El combate fácil no siempre es la mejor opción, y hacerse el héroe o el bravucón para subir las habilidades puede acabar haciendo que algo tan poco épico como un mocoso con sombra de pelusilla en el bigote te mate de un disparo a bocajarro en las tripas. Lo mismo si dais por hecho que los ST's son monigotes estúpidos cuyo único peligro depende de las estadísticas que tengan en su ficha. Nunca he tenido que llegar a grandes extremos, pero para todo hay una primera vez, dicen. De manera que eso, estoy encantado de tener a cuantos más personajes mejor, pero por la cuenta y riesgo de cada uno, visto además que las acciones de uno van a repercutir en los demás. Me dais un toque por el juego o por Discord, y vemos cómo os podemos ir enganchando. ¡Nos quedamos viendo, chavales! ***
  11. [Ficha] Tarnn 'Ojovago'

    Nombre: Tarnn Ojovago Atributos 6 Físico 8 Destreza 6 Inteligencia 6 Percepción Valores de combate 24 Puntos de vida 18 Mana 7 Iniciativa 10 Ataque a Distancia (Trabuco de chispa) 10 Ataque CC Sutil (Lanza ligera [arpón]) 10 Ataque CC Sutil (Sin armas [equilibrado]) 10 Defensa Habilidades Físico Destreza 2 Trabuco de chispa 2 Lanza ligera [arpón] 2 Sin armas [equilibrado] 2 Defensa 1 Nadar Inteligencia 2 Comercio 1 Fauna 2 Navegar 1 Supervivencia/Cazar 2 Arqueología Percepción 1 Advertir/Notar 1 Reflejos
  12. Tarnn 'Ojovago'

    TARNN 'OJOVAGO' • Nombre: Tarnn 'Ojovago'.• Estatura: Un metro y cuarenta centímetros.• Peso: Noventa y pico quilos.• Edad: Ciento veinte inviernos.• Raza: Enano.• Origen: Khaz Modan.• Ocupación: Lobo de mar; contrabandista. • DESCRIPCIÓN FÍSICA: • CARÁCTER • HISTORIA
  13. Varno de Mardole

    Creados. El abismo te devuelve la mirada. Problemas en el Paraíso. Participados. Fuera lo viejo, dentro lo nuevo. El caso Wanda Stamper. Un nuevo horizonte. Rumbo al sur. Una caravana un tanto cara. Feria del león; torneo del Pomo Dorado. ¡Se busca vivo!
  14. [Trama] Bajo la sombra de la montaña.

    PRÓLOGO. El saqueo de Valdecuervo. Waldo osciló la espada una vez más, y la hoja hendió las tripas y desgarró el vientre del desgraciado pillastre que tenía frente a si, dejando que los intestinos afloraran por la herida. De un tirón arrancó el acero de la carne de su adversario, y recuperó la guardia. En apenas un instante la muerte se había cernido sobre la aldea. Oía una docena de gritos elevándose en la noche como una sinfonía díscola y abominable. Los había de cólera, bañados en el fragor de la liza; viscerales y secos como una verdad amarga. Pero también de miedo, de incomprensión, de súplica y de dolor. Unos y otros se mezclaban al filo de la madrugada entre el barro, la sangre, y la miríada de siluetas que a la luz de sus antorchas se afanaban por huir, por matar, por violar, o simple y llanamente por entonar aquellos alaridos desgarradores y lastimosos. Vio a una joven con su retoño en brazos caer asaeteada en mitad de la calle. A un anciano mutilado arrastrándose por el lodo en sus últimos estertores de vida. Su corazón se encogió como una fruta madura. Quienes morían a su alrededor no eran rostros ajenos ni extraños, sino sus propios vecinos, sus parientes y amigos, con los que había compartido tantas y tantas noches al calor de las brasas; tantas chanzas, risas y canciones. Había pasado media vida tratando de proteger a esa gente, y en aquel instante se sintió viejo, cansado y derrotado. Hinchó los pulmones, y pegó un alarido, que tronó en mitad de la calle. —¡Bharbo!—bramó, tratando de encontrarlo con la mirada entre el caos reinante—. ¡Llevad a la gente a la Cierva! ¡Aquí en medio estamos expuestos! El otro asintió, y entre golpes de espada, hacha y lanza, retrocedió hacia la posada del pueblo. Waldo lanzó otro tajo, y abrió el gaznate de un infeliz más. Sacudió la cabeza para apartar la melena grisácea del rostro, y entonces atisbó a vislumbrar cómo una hilera de ballesteros formaba al final de la calle. Buscó a los hombres de su milicia en un rápido vistazo alrededor. —¡Escudos!—vociferó, al tiempo que descolgaba el suyo de la espalda— ¡Conmigo hermanos! ¡Muro de escudos! Cuando la primera salva cruzó la única calle de la aldea tan solo un puñado habían tenido tiempo de formar junto a su capitán con los escudos en ristre. Otros tantos cayeron atravesados. Pocos podían presumir de contar con uno entre sus pertenencias, y menos aún habían podido pertrecharse adecuadamente antes de aprestarse a la defensa de sus hogares. Waldo notó cómo un par de virotes se incrustaban en su pavés, tras duro impacto. La punta de uno llegó a atravesar una pizca hacia el otro lado. Cuando bajó un poquito el escudo vio a varios salteadores cernirse sobre ellos. Volvió a interponerlo y la hachuela se estrelló contra la madera. Un golpe, otro, y otro. Intercambió algún empellón, y cruzó aceros. Llegó a cercenar el brazo de uno de sus oponentes a la altura del codo. Pero justo en aquel momento una saeta certera le atravesó el cuello. Era un hombre recio nacido y criado en esas ásperas laderas, y acostumbrado a soportar mil penurias a lo largo de su ya medio siglo de vida. Esta sería la última de todas ellas. Se desplomó allí mismo, con el regusto de la sangre pegado al paladar. Pronto esta le atragantó la boca, manando a bruscos borbotones. Tenía frío. Todo comenzó a oscurecerse mientras luchaba en vano contra espasmos y sacudidas. El cielo por fin había escampado y las estrellas titilaban en lo alto. *** —Tomad algo de agua, querida. Os ayudará a recuperar el aliento. Mavis acercó un vasito roñoso a la joven, que apenas logró dar un par de traguitos antes de que las lágrimas asomaran en sus ojos. Tenía el pelo revuelto y enmarañado; estaba sucia, sudada y mojada, como un perro tras una larga jornada de cacería. Cuando separó el vaso de los labios, y a buen seguro por causa del tembleque, este se escurrió de sus dedos, y se estrelló contra el suelo derramando el contenido y yendo a rodar por las cocinas. —No os preocupéis. Os serviré otro.—pronunció el gordinflón, sin aguardar a la disculpa. —Lo que contáis es terrible.—dijo Edric, después de recoger el vasito caído y volver a plantarlo sobre la mesa. Mirando a la muchacha. —Oh, lo es. Sin duda. Lo es. —aseveró Mavis, mirándola también a los ojos un instante. Edric carraspeó, y escanció él mismo otro chorro de agua desde la jarra. Luego lo deslizó por la mesa hasta acercárselo. —Conozco el lugar. Mi padre solía decir que Valdecuervo tenía el mejor venado de estas montañas. No está lejos del Risco. Así que debéis haber caminado más de un día hasta llegar aquí.—espiró algo de aire por la nariz, y posó su mano sobre el hombro de la joven, que tan solo pudo corresponder el gesto con un sollozo hondo—. Con razón estáis exhausta. —Con razón, querida.—volvió a apuntillar el orondo mercader. Edric lo miró, esbozando una mueca seria. Antes de levantar la mano del hombro de la muchacha, y pasearse por la cocina con gesto meditabundo. Ya era de noche, y ahí dentro no había más luz que la que concedían un par de velitas. Se veía el polvo flotar a trasluz. —Esos riscos llevan décadas acogiendo a forajidos de toda ralea. Pero me sorprende que hayan sido capaces de hacer algo semejante. —se volvió, para mirarla—. Hacen falta muchos hombres para saquear una aldea entera, y los creía demasiado ocupados matándose entre sí. —Oh.—Mavis chasqueó la lengua, alternando la mirada entre ambos—. Estoy convencido de que nuestra joven amiga ha tenido suficientes conjeturas por hoy, Edric. No osemos atormentarla más. Edric asintió, con un cabeceo seco. Y se dejó caer sobre la silla más cercana. Inquieto. —Os llevaré a vuestra alcoba Rachel.—dijo Mavis, tomándola con delicadeza del brazo—. Quedaréis bajo mi cuidado hasta que todo este desaguisado termine por resolverse. Hay hueco para vos en esta casa, y podréis ayudarnos con la limpieza y la cocina. Ambos se perdieron en silencio, dejándose engullir por la oscuridad de la casona. Edric se quedó allí, a solas. Descansó las manos en el alféizar de la ventana, y dejó que su mirada se perdiera en la lejanía. Allá, tras las colinas, las luces de Villa del Lago alumbraban la noche, y la Dama Blanca danzaba sobre las aguas del Sempiterno.