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Malcador

[Los Baldíos] La Serpiente que Asustó a la Tormenta

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Desde el día en que al mundo llegamos
y nos ciega el brillo del sol.

Hay más que mirar,
donde otros sólo ven,
mas que alcanzar en lugar de soñar.

Son muchos más los tesoros
de los que sí podrán descubrir.

Y bajo el sol protector
con su luz y calor
aprender todos a convivir.

 

El verano había sido especialmente duro en las tierras de los habitantes de las llanura. Las planicies de hierba ocre se habían convertido en socarrales resquebrajados. Los lagos en lodazales llenos de moscas, crocoliscos hambrientos y cadáveres infectos de ñues y zhebras. 

Con la escasez de recursos y del agua , que todo lo envuelve y ordena, las tierras secas se habían alimentado con la sangre derramada alrededor de los pocos recursos en una lucha por la supervivencia brutal y despiadada: Tauren ,orco, jabaespín, centauro, hombre, arpía. Una cacofonía de muerte y dolor que cada año se repetía, incesante.

Ese es el ciclo. Vida, prosperidad, decadencia, muerte, y de nuevo, vida.

 

Pero algo estaba haciendo que el ciclo se trastocase este año. La etapa de muerte se alargaba demasiado. Los ancianos chamanes de las tribus de las planicies observaban los cielos. Donde los primeros haces de nubes deberían haber hecho acto de presencia, no había si no un cielo claro, coronado por un sol ardiente e inmisericorde. Las danzas y las ofrendas no parecían contentar a la Madre Tierra ni a los Ancestros, y los elementos no respondían los llamados , ya casi de auxilio de sus hijos.

 

Up10Pf3.jpgLos Correbruma, una pacífica tribu de taurens, amigos tradicionales y leales de los Elfos de la Noche y algunos de los mejores adeptos en las energías naturales entre los tauren, recorrían las posiciones de sus hogares en su flujo migratorio.

El conocido como Campamento Taur-ajo (Refugio del Pueblo, en taur-ahe) era el hogar atávico de esta tribu que había decidido conservar sus tradiciones migratorias. Habitualmente, su ubicación variaba entre cinco posiciones de caza ancestrales, cada una ganada con sangre y dolor hacia décadas o incluso siglos, que rotaban según el flujo de las estaciones y los movimientos de las grandes manadas del sur de las sabanas centrales de Kalimdor.

Una de esas regiones, donde se refugiaban a pasar los primeros meses del año, les había sido negada con la llegada de los refugiados de Lordaeron hacía casi una década, que habían alzado grandes fortalezas costeras para proteger sus rutas marítimas.

Otra, al borde de los acantilados que regalaban a los ojos con la visión de la maravilla natural conocida como las Mil Agujas, la habían perdido en una costosa escaramuza frente a los Totem Siniestro, que se había saldado con el matrimonio forzoso de tres hijas y tres hijos de varios de los Valientes más veteranos de los Correbruma con Valerosos de los Totem Siniestro, en una tregua humillante que reforzaba aun más el dominio de los guerreros de la Meseta Nube Negra.

Con sus hogares ancestrales reducidos solo a tres, los pacíficos tauren de los Corre Bruma se vieron obligados a pasar largos periodos asentados en lugares poco idóneos para su supervivencia, cuando las manadas ya habían partido y solo quedaban pequeños grupúsculos de animales, enfermos o heridos. Más los Correbruma perduraron, y aun perduran, pues pese a sus pacíficas costumbres son tenaces adeptos de las enseñanzas de la Gran Madre: Sobrevivir, no importa lo duro de las circunstancias.

Más esta vez eran duras, muy duras. ¿A qué se debía semejante retraso tras un verano tan arrasador? Normalmente, los periodos estivales especialmente calurosos eran seguidos por unas torrenciales lluvias que traían un refresco vital a la sabana. Los chamanes consultaron, no solo entre ellos y con los sabios de otras tribus. Incluso con los propios chamanes orcos, y algún valeroso y osado Correbruma llegó a adentrarse en las profundas cuevas donde el Archidruida Naralex y sus discípulos habían desaparecido años atrás, más no llegó a saberse de él.

No fue en tauren, orco o elfo de la noche que los Correbruma encontraron respuesta. No. Fue en la figura de un anciano trol, perdido entre las callejuelas de El Cruce.

Entre orcos semi inconscientes por la sed y el calor, puercos rebuscando entre basura y goblins golpeados , esquilmados de su ultimo cobre por matones de mano amputada, un viejo trol, por todos conocido como un loco, sentado sobre sendo caparazón carmesí, habló palabras pérfidas, que anunciaban oscuridad:

"Lo notais en el aire. Lo notais en el agua.. El fuego arde, sus hijas se agitan ansiosas porque su padre regresa. La sangre se derrama, la tierra la absorbe, pero esta no desaparece, nunca se pierde. Mirad, mirad, pues la sangre fluye siempre hacia un lugar."

 

Extrañados, los veteranos chamanes tauren marcharon durante semanas para llegar a las costas de Durotar, más cuando desearon embarcar hacia el archipiélago de las Islas del Eco, los trols de la aldea de pescadores de las costas le negaron un acceso que antaño les habrían concedido sin mayor impedimento en señal de amistad. Esquivos, no dieron grandes detalles. Al parecer, los Lanzanegra se preparaban para la llegada de algo, los ritos vudú y los inciensos ardían, los totem se alzaban, y las Islas del Eco no debían ser perturbadas por presencia extranjera.

Vol'Jin no deseaba correr riesgo alguno: No permitiría que los resguardos de su pueblo sucumbiesen.

Editado por Malcador
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